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En el primer soneto, siguiendo las llamadas de los asteriscos, se podrá ver a qué poesías se alude, de los poetas consagrados.

En el segundo soneto, siguiendo las llamadas numeradas se verá a quién se alude.

Quisiera ser...

 

P O E T A

Quisiera ser ese genial poeta
para captar la esencia de las cosas.
Con las aladas almas de las rosas
(*1)
Vagar mi mente en libertad completa.
                                                                          
A un olmo seco hacerle una cuarteta,
(*2)
Escribir de un ciprés las bellas glosas,
(*3)
relatar mil historias portentosas
y verter la emoción de una saeta.
(*4)

Volver con las oscuras golondrinas,
(*5)
a cualquier hoja seca haber cantado,
(*6)
evocar con nostalgia las encinas,
(*7)

suspirar por un arpa arrinconado,
(*8)
decir piropos a una triste higuera
(*9)
y después de morir ser recordado.


 

P A Y A S O

Quisiera ser también un gran payaso
para reírme de las cosas serias
y tristeza sentir por las miserias
de esas gentes a quien nadie hace caso.                     

Con unos zapatones no dar paso,
que una silla me sirva de trapecio,
(1)
pequeño de estatura, flaco,
(2) recio,(3)
serio,
(4) mudo(5) o de bigote...  escaso.(6)

Una chaqueta a cuadros, remendada,
un sombrero de hongo,
(7) una chistera,(8)
calva de goma y sonrisa pintada.

Esconder una lágrima sincera,
¡provocarles la enorme carcajada!
Llorar por dentro y reír por fuera.
(9)


 

P I N T O R

¿Y pintor?   Ser pintor también quisiera
por retratar las cosas que uno siente;
esa impresión que flota en el ambiente,
una febril visión o una quimera.

Quiero ser un pintor de dentro afuera
aunque no me comprenda cierta gente;
al pintar con el alma no se miente,
se expresa siempre la intención sincera.

Tertulias de café, nobles entierros;
reyes, batallas, mujeres morenas,
cristos, bufones, palomas y perros.

Damas desnudas, sílfides, sirenas,
árboles, nubes, llanuras y cerros.
Crueles diablos y vírgenes buenas.

--

o  o  o

--

¿Qué más quisiera ser?  Ya me conformo    
con ser un poquitín de cada cosa:
un poco de pintor, algo payaso,
sentir en verso y escribir en prosa.
                                                                           
Lo demás de este mundo no lo anhelo
aunque sea bello lo que no se tiene.
Del pasar por la vida sólo queda
lo que se escribe, se pinta y se siente.

 

-----Jesús Herrera Peña-----

 

 

      (*1)            ELEGÍA

(En Orihuela, su pueblo y el mío,
se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería...)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas,
y órganos mi dolor sin instrumentos,
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler, me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano está rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes,
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero mirar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera,
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas
y tu sangre se irá a cada lado,
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas,
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

                                           Miguel Hernández

(*2)     A UN OLMO SECO

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo,
algunas hojas verdes le han salido.
¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises la arañas.
Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas de alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.                            
                                                                Antonio Machado
                                                                     Soria, 1912





(*3)    EL CIPRÉS DE SILOS

Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.

Mástil de soledad, prodigio isleño;
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando te vi, señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.
                                              
                                         Gerardo Diego

(*4)     LA SAETA

                               ¿Quién me presta una escalera
                               para subir al madero,
                               para quitarle los clavos
                               a Jesús el Nazareno?

                                                                                 SAETA POPULAR  

¡Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en la mar!

                                          Antonio Machado

(*4)     LA SAETA

                        I
                                                                       
                      «Míralo por dónde viene
                       el mejor de los nacidos...»

 
Una calle de Sevilla
entre rezos y suspiros...
Largas trompetas de plata.
Túnicas de seda...  Cirios,
en hormiguero de estrellas,
festoneando el camino...
 
El azahar y el incienso
embriagan los sentidos.
Ventana que da a la noche
se ilumina de improviso,
y en ella una voz -¡saeta!-
canta o llora, que es lo mismo:
  
                    «Míralo por dónde viene
                    el mejor de los nacidos...»

 
 
                        II
 
Canto llano... Sentimiento
que sin guitarra se canta.
Maravilla
que por acompañamiento
tiene..., la Semana Santa
de Sevilla
 
Cantar de nuestros cantares,
llanto y oración.    Cantar,
salmo y trino.
Entre efluvios de azahares
tan humano y, a la par,
¡tan divino!
 
Canción del pueblo andaluz:
...de cómo las golondrinas
le quitaban las espinas
al Rey del Cielo en la Cruz.
                                   Manuel Machado
                                                  Sevilla 1874-Madrid 1947

(*5)            LIII

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala en sus cristales,
jugando llamarán;
pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha al contemplar;
aquellas que aprendieron nuestros nombres,
ésas... ¡no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aún más hermosas,
sus flores abrirán;
pero aquellas cuajadas de rocío,
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer, como lágrimas del día...,
ésas... ¡no volverán!
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón, de su profundo sueño
tal vez despertará;
pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido..., desengáñate,
¡así no te querrán!
                                            Gustavo Adolfo Bécquer

(*6)  HOJA SECA

Hoja seca solitaria
que te vi tan lozana ayer
¿Dónde de polvo cubierta
vas a parar? -No lo sé;
lejos del nativo ramo
me arrastra el cierzo crüel,
desde el valle a la colina,
del arenal al vergel.

Voy por donde el viento me lleva,
resignada por saber
que ni suspiros ni ruegos
han de templar su altivez.
Hija de un pobre lentisco,
voy adonde van también
la presunción de la rosa,
la soberbia del laurel.

                                     Juan Nicasio Gallego
                                              (Zamora 1777--Madrid 1853)

(*7)   LAS ENCINAS
                             
                             A los señores de Masriera, en recuerdo
                             de una expedición al Pardo.

¡Encinares castellanos
en laderas y altozanos,
serrijones y colinas
llenos de oscura maleza,
encinas, pardas encinas;
humildad y fortaleza!
Mientras que llenándoos va
el hacha de calvijares,
¿nadie cantaros sabrá,
encinares?
El roble es la guerra, el roble
dice el valor y el coraje,
rabia innoble
en su torcido ramaje;
y es más rudo
que la encina, más nervudo,
más altivo y más señor.
El alto roble parece
que recalca y enmudece
su robustez como atleta
que, erguido, afinca en el suelo.
El pino es el mar y el cielo
y la montaña: el planeta.
La palmera es el desierto,
el sol y la lejanía:
la sed;
una fuente fría
soñada en el campo yerto.
Las hayas son la leyenda.
Alguien, en las viejas hayas,
leía una historia horrenda
de crímenes y batallas.
¿Quién ha visto sin temblar
un hayedo en un pinar?
Los chopos son la ribera,
liras de la primavera,
cerca del agua que fluye,
pasa y huye,
viva o lenta,
que se emboca turbulenta
o en remanso se dilata.
En su eterno escalofrío
copian del agua del río
las vivas ondas de plata.
De los parques las olmedas
son las buenas arboledas
que nos han visto jugar,
cuando eran nuestros cabellos
rubios y, con nieve en ellos,
nos han de ver meditar.
Tiene el manzano el olor
de su poma,
el eucalipto el aroma
de sus hojas, de su flor
el naranjo la fragancia;
y es del huerto
la elegancia
el ciprés oscuro y yerto.
¿Qué tienes tú, negra encina
campesina,
con tus ramas sin color
en el campo sin verdor;
con tu tronco ceniciento
sin esbeltez ni altiveza,
con tu vigor sin tormento,
y tu humildad que es firmeza?
En tu copa ancha y redonda
nada brilla,
ni tu flor verdiamarilla.
Nada es lindo ni arrogante
en tu porte, ni guerrero,
nada fiero
que aderece su talante.
Brotas derecha o torcida
con esa humildad que cede
sólo a la ley de la vida,
que es vivir como se puede.
El campo mismo se hizo
árbol en ti, parda encina.
Ya bajo el sol que calcina,

ya contra el hielo invernizo,
el bochorno y la borrasca,
el agosto y el enero,
los copos de la nevasca,
los hilos del aguacero,
siempre firme, siempre igual,
impasible, casta y buena,
¡oh tú, robusta y serena,
eterna encina rural
de los negros encinares
de la raya aragonesa
y las crestas militares
de la tierra pamplonesa;
encinas de Extremadura,
de Castilla, que hizo a España,
encinas de la llanura,
del cerro y de la montaña;
encinas del alto llano
que el joven Duero rodea,
y del Tajo que serpea
por el suelo toledano;
encinas de junto al mar
-en Santander-, encinar
que pones tu nota arisca,


como un castellano ceño,
en Córdoba la morisca,
y tú, encinar madrileño,
bajo Guadarrama frío,
tan hermoso, tan sombrío,
con tu adustez castellana
corrigiendo,
la vanidad y el atuendo
y la hetiquez cortesana...
Ya sé, encinas
campesinas,
que os pintaron, con lebreles
elegantes y corceles,
los más egregios pinceles,
y os cantaron los poetas
augustales,
que os asordan escopetas
de cazadores reales;
mas sois el campo y el lar
y la sombra tutelar
de los buenos aldeanos
que visten parda estameña,
y que cortan vuestra leña
con sus manos.

         Antonio Machado             

(*8)        VII

Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueño tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo,
veíase el arpa.

¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!

¡Ay!   Cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz, como Lázaro, espera
que le diga: «Levántate y anda!»

                                                   Gustavo Adolfo Bécquer

 

 

 

al primer soneto >>

(*9)   LA HIGUERA

Porque es áspera y fea,
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.
En mi quinta hay cien árboles bellos:
ciruelos redondos,
limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.
En las primaveras
todos ellos se cubren de flores
en torno a la higuera.
Y la pobre parece tan triste
con sus gajos torcidos, que nunca
de apretados capullos se visten.

Por eso,
cada vez que yo paso a su lado
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:
"Es la higuera el más bello
de los árboles todos del huerto".
Si ella escucha,
si comprende el idioma que hablo,
¡qué dulzura tan grande hará nido
en su alma sensible de árbol!
Y tal vez a la noche,
cuando el viento abanique su copa,
embriagada de gozo le cuente:
"Hoy a mí me dijeron hermosa".
                                                                  Juana de Ibarbourou
                                                             (Juana Fernández Morales)
                                                                     Uruguay, 1895--1979

(1)  a Charly Rivel, payaso catalán universal

(2) a Stan Laurel, payaso inglés

(3) a Oliver Hardy, payaso inglés

(4) a Buster Keaton, payaso estadounidense

(5) a Harpo, de los Hermanos Marx

(6) a Charles Chaplin, payaso inglés y a Cantinflas, payaso mexicano.

(7) a José Luis Coll, humorista español

(8) a Luis Sánchez Polak "Tip", humorista español

(9) a todos los payasos del mundo.

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 este archivo no es otra cosa que una prueba para hacer prácticas de sonido y cada poco tiempo cambiará