Un bulto negro en la calle
EN UNA
PEQUEÑA LOCALIDAD DE COLOMBIA SUCEDEN CON FRECUENCIA
SUCESOS SIMILARES AL QUE NOS RELATA UN LUGAREÑO
Esto sucedió en el corregimiento de Callejones,
Colombia. Callejones es un caserío cuyo verdadero nombre
es San Fernando.
Hay un camino principal que comunica a San Fernando con el
pueblo de Bolívar, alrededor de este camino hay casitas
de barro muy antiguas y entre casa y casa hay fincas de cacao,
también hay cultivos de maiz, o algodón. Es
costumbre de los hombres de Callejones ir al pueblo a tomar
cerveza y jugar al billar, a veces regresan a muy altas horas
de la noche, borrachos, casi siempre en grupos.
Una de esas noches, Fabio, un pescador de Callejones, decidió
regresar solo a su casa, aprovechando que había comprado
una bicicleta, la noche estaba muy oscura porque no había
luna y los postes de alumbrado tenían los faros rotos.
Fabio justo a mitad de camino, iba pedaleando lento, cuando
de pronto vio algo que le pareció como un borracho
tendido en mitad del camino. Fabio se preocupó por
el posible estado de aquel hombre, así que se bajó
de su bicicleta y le gritó: "¡Despértate!".
Como no pasó nada, Fabio se acercó más
y le dio una ligera patada, cuál no sería su
sorpresa cuando sintió que no era el cuerpo de un hombre,
era como un bulto, de consistencia gelatinosa, que al ser
pateado, salió flotando hacia la finca; los pelos de
Fabio se erizaron y un escalofrío recorrió su
cuerpo.
La borrachera se le fue inmediatamente y como pudo, agarró
su bicicleta e intentó pedalear pero la cadena se había
safado, así que la arrojó y salió corriendo
como alma que lleva el diablo y gritando por todo el camino.
Al llegar a casa, su mamá le abrió las puertas
y él cayó desmayado. Nunca más volvió
a regresar tarde del pueblo.
Muchas historias acerca de los bultos negros se cuentan en
Bolívar, y parece que es cierto, pero no sólo
hay bultos negros, también se sabe de brujas y duendes,
pero eso será en otra ocasión.
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