"YO SOY EL CAMINO"
(jN. 14, 6)

Momentos y oraciones

ORACIÓN PARA ANTES DE COMENZAR NUESTRA PEREGRINACIÓN

Padre Santo que antiguamente fuiste camino y guía para el pueblo que peregrinaba en el desierto, protégenos ahora que vamos a emprender este camino. Acompáñanos, Señor, en nuestro camino.

Hijo de Dios, único Camino para llegar al Padre. Haz que Te sigamos con perseverancia. Acompáñanos, Señor, en nuestro Camino.

Espíritu Santo que guías la Iglesia que camina en este mundo hacia el Padre. Haz que buscándote por encima de todo corramos por el camino de su inspiraciones con tu fuerza. Acompáñanos, Señor, en nuestro camino.

Señor, Tú nos diste a María siempre Virgen como modelo y ejemplo del seguimiento de Cristo. Haz que la tengamos ante la mirada para andar siempre en una nueva vida y que sintamos siempre su protección maternal en este camino a Compostela.


AL COMENZAR UN NUEVO DÍA Y UNA NUEVA JORNADA, UNA ALABANZA A DIOS

I

Alegre la mañana que nos habla de Ti,
alegre la mañana.

En nombre de Dios Padre, del Hijo y del Espíritu,
salimos de la noche y estrenamos la aurora,
saludamos el gozo de la luz que nos llega
resucitada y resucitadora.

Tu mano acerca el fuego a la sombría tierra
y el rostro de las cosas se alegra en tu presencia.

Silabeas el alba igual que una palabra,

Tú pronuncias el mar como sentencia.

Bendita la mañana que trae la gran noticia
de tu presencia joven en gloria y poderío;
la serena certeza con que el día proclama
que el sepulcro de Cristo está vacío.

 

II

Alfarero del hombre, mano trabajadora
que de los hondos limos iniciales
convocas a los pájaros a la primera aurora,
al pasto los primeros animales.

De mañana te busco, hecho de luz concreta,
de espacio puro y tierra amanecida,
de mañana te encuentro, Vigor, Origen, Meta
de los sonoros ríos de la vida.

El árbol toma cuerpo y el agua melodía;
tus manos son recientes en la rosa;
se alegra la abundancia del mundo al mediodía
y estás de corazón en cada cosa.

No hay brisa si no alientas, monte si no estás dentro,
ni soledad en que no te hagas fuerte.

Todo es presencia y gracia, vivir es este encuentro:
Tú por la luz, el hombre por la muerte.

¡Que se acabe el pecado! ¡Mira que es desdecirte
dejar tanta hermosura en tanta guerra!

Que el hombre no te obligue, Señor, a arrepentirte
de haberle dado un día las llaves de la tierra.

Liturgia de las horas


EN EL ATARDECER, OTRA ALABANZA A DIOS

 

Junto a tí al caer de la tarde,
y cansados de nuestra labor,
te ofrecemos con todos los hombres
el trabajo, el descanso, el amor.

Con la noche, las sombras nos dejan
y regresa la alondra a su hogar;
nuestro hogar son tus manos, ¡Oh, Padre!,
y tu amor nuestro nido será.

Cuando al fin nos recoja tu mano
para hacernos gozar de tu paz,
reunidos en torno a tu mesa
nos darás la perfecta hermandad.


ANTES DE CERRAR LOS OJOS, SEGUIMOS ALABANDO A DIOS...

Gracias, porque al fin del día
podemos agradecerte los méritos de tu muerte
y el pan de tu eucaristía, 
la plenitud de alegría
de haber vivido tu alizanza;
la fe, el amor, la esperanza,
y esa bondad de tu empeño,
de convertir nuestro sueño
en una humilde alabanza.

 


Y A SU SANTÍSIMA MADRE

Dios te salve, Reina y Madre de Misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra.

Dios te salve.

A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva,
a Ti suspiramos, gimiendo y llorando
en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, Abogada Nuestra,
vuelve a nosotros esos, tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

Oh, clementísima, oh, piadosa,
oh, dulce siempre Virgen María.


EN LOS MOMENTOS DE CANSANCIO...

 

En esta tarde, Cristo del Calvario,
vine a rogarte por mi carne enferma,
pero, al verte, mis ojos van y vienen
de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.

¿Cómo quejarme de mis pies cansados,
cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías,
cuando las tuyas están llenas de heridas?

¿Cómo explicarte a ti mi soledad,
cuando en la cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor,
cuando tienes rasgado el corazón?

Ahora ya no me acuerdo de nada,
huyeron de mi todas mis dolencias.
El ímpetu del ruego que traía
se me ahoga en la boca pedigüeña.

Y sólo pido no pedirte nada,
estar aquí, junto a tu imagen muerta,
ir aprendiendo que el dolor es solo
la llave santa de tu santa puerta. Amén.

OTRA ALABANZA A DIOS

ORACIÓN DE LOS PEREGRINOS

Oh, Dios, que sacaste a tu siervo Abraham de la ciudad de Ur de los Caldeos, guardándolo en todas sus peregrinaciones, y que fuite el guía del pueblo hebreo a través del desierto; te pedimos que nos guardes a nosotros, siervos tuyos, que por amor de tu nombre, peregrinamos a Santiago de Compostela.

Se para nosotros
compañero en la marcha,
guía en las encrucijadas,
aliento en el cansancio,
defensa en los peligros,
albergue en el camino,


sombra en el calor,
luz en la oscuridad,
consuelo en los desalientos,
y firmeza en nuestros propósitos.

Para que, por tu guía, lleguemos sanos y salvos al término del camino y, enriquecidos de gracias y de virtudes, volvamos ilesos a nuestras casas, llenos de saludable y perenne alegría. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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