Teosofia
 

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LA TEOSOFIA DE LA SEÑORA BLAVATSKI

 

1.        Cosmogonía.

2.        Los Siete Mundos y el Alma

3.        La formación del mundo y las razas

 

 

LA TEOSOFIA DE LA SEÑORA BLAVATSKI

 

            Si el espiritismo había hollado el terreno de la Iglesia, la teosofía interfirió en el del espiritismo.  Fue la obra de la viuda rusa llamada Blavatsky, la cual dijo que había sido iniciada en el Ocultismo en la India. Se trasladó a Nueva York en 1871 donde armó gran revuelo con sus habilidades para las levitaciones y danzas de mesas. Pero su meta era redactar una doctrina, cosa que hizo después de 1875 cuando fundó en New York la Sociedad Teosófica y publicó su “Isis desvelada”, “La llave de la teosofía” y la “Doctrina Secreta”.

 

Señora Blavatsky

 

      Su continuadora fue Annie Besant (-1933) que completó y sistematizó la doctrina teosófica con sus puntos personales. La teosofía se trata de una forma anglosajona del pensamiento espiritista, del mismo modo que Allan Kardec había representado a la escuela francesa.

 

Annie Besant

 

       Afirman que espíritu y materia son las dos partes de una unidad. Platón estaba en lo cierto cuando decía que las ideas son el origen del mundo. La idea está en Dios; nosotros podemos seguir la pista de la transmisión de las ideas, desde el nivel más bajo, hasta su origen en Dios. El nivel más bajo de la “creación” es el mundo material, al que le sigue el astral, el mental, el búdico o intuición, el espiritual, el angélico o monádico y la esfera divina.

 

      a). La cosmogonía.

 

      La divinidad nos rodea, nos sostiene, nos penetra. Al principio la divinidad se manifiesta en una sustancia material llamada éter. Pasado un tiempo que escapa a la imaginación, introduce en este éter su hálito (Aum). De este modo nació la materia fundamental, sustancia física impregnada de energía . A continuación, el brahmán supremo se comunicó en varias divinidades o logos, emanaciones de él mismo (Cábala). Cada logos se transformó en una nebuloso solar. Nuestro sol es el cuerpo físico de nuestros logos. En un momento dado, cada logos solar, todavía bajo la forma no dividida de nebuloso, agitó la “materia primordial” con torbellinos sucesivos, densificándola diferentemente a cada impulso. El primer mundo formado, el más ligero, el menos denso, es el más inmaterial. El segundo mundo formado reunió átomos más pesados, y así sucesivamente. El séptimo mundo formado es el de nuestro mundo sensible. Cada uno de estos mundos sutiles penetra el sistema. Los átomos ligeros circulan libremente filtrándose a través de los espacios libres dejados por los átomos más pesados de la materia física. Cada nebulosa solar se encuentra  así constituida de siete aureolas de materia cada vez más pesada, estando en el centro el mundo físico. Esta nebulosa se fragmenta a continuación en planetas, y cada planeta arrastra consigo sus siete esferas de materia cada vez más sutil.  Lo planos o esferas existen en cualquier sistema solar, del que existen millones y son los siguientes:

 

      -el plano divino

      -el plano monádico

      -el plano espiritual

      -el plano búdico o plano de la intuición

      -el plano mental

      -el plano astral o emocional

      -el plano físico

 

     

      Todos estos planos habitan en el mismo espacio y en el mismo tiempo, porque su materia vibra a diferentes ondulaciones. Los habitantes de nuestro  mundo físico están construidos para vibrar a las oscilaciones de la octava física, por los que son sordos y ciegos a los otros mundos, los cuales, sin embargo, nos penetran por todas partes.

 

      b). Los Siete Mundos y el alma.

 

      El alma humana es una chispa escapada del mundo gonádico, una parcela del alma global del universo. Cuando el hombre va a nacer, su alma abandona el plano gonádico y atraviesa los diversos planos, cada vez menos sutiles, antes de alcanzar la tierra. En cada uno de estos planos reviste su alma con una envoltura correspondiente a este plano. Entre los tres primeros, los más elevados, le suministran el cuerpo causal; después, descendiendo, se reviste sucesivamente del cuerpo mental, el cuerpo astral (cuerpo etéreo o periespíritu de los espiritistas) y, finalmente, en el seno de su madre humana, un cuerpo de carne. El cuerpo mental nos sirve para emitir los pensamiento desinteresados. El cuerpo astral es el cuerpo de los deseos, de las pasiones, de la afectividad motriz de los órganos físicos.

 

      El hombre, a su muerte, abandona su cuerpo físico y, desde entonces, por una serie de muertes sucesivas, va a consumir el resultado de sus acciones y pensamientos en los diferentes planos de donde provienen. Vestido con su periespíritu, consumirá sus emociones y sus pasiones carnales en el plano astral. Si ha tenido una vida material muy intensa, su cuerpo astral será vigoroso y lo retendrá largo tiempo. Solamente los espíritus cargados de materia, impotentes para librarse de ella, giran alrededor de los hombres en el plano astral, el más próximo al nuestro.

 

      Cuando el cuerpo astral ha agotado sus fuerzas, deseos inútiles, muere en este plano y accede al plano mental, donde encuentra sus aficiones puras, sus búsquedas desinteresadas. Es una existencia de inteligencia y de amor noble. Los planos están a su vez subdivididos en siete subplanos, pero el alma humana no filtra a través de cada uno de ellos. Alcanza  directamente el subplano al que le da derecho su grado de evolución..

 

      Finalmente, el cuerpo mental se extingue, y el hombre se encuentra, con su cuerpo causal, en los planos superiores. Estamos los hombres, en nuestra gran mayoría, tan lejos de semejante pureza de alma, y reina tal luz en esos planos, que permanecemos en ellos inertes y casi inconscientes, como privados de vida. Y es precisamente el instinto  vital el que lleva el hombre hacia un nuevo descenso en el plano físico, en una nueva encarnación .

 

      c) La formación del mundo y las razas.

 

           1. El universo está lleno del Espíritu puro, inmóvil y amorfo.

           2. El universo es ilimitado, infinito, es un círculo cuya circunferencia está en todas partes y cuyo centro en ninguna. El universo es una dualidad formada por lo manifestado y lo no manifestado.

          3. El principio de la vida emana del vórtice (torbellino o remolino hueco) del sol del universo manifiesto.

 

      El universo del Espíritu es un inmenso vacío (el vacío es nada, ni inmenso ni pequeño) del que surgen rayos (¿No estaba vacío?) que inciden en puntos diversos, en los cuales se forman los centros de otros universos más pequeños.

 

      El mecanismo que explica la creación es la dualidad, la involución y evolución. Van de fuera a dentro, de lo infinitamente grande a lo infinitamente pequeño. El foco (o rayo) de la esencia primaria es el centro universal de un universo, este centro es una región de sephiroth, de seres divinos, infinitamente más allá de la cohorte de arcángeles. Esta región es un bultito en medio del infinito océano de amor divino, envuelto por la luz resplandeciente de la Corona. Esta esfera divina es completamente pasiva, el nirvana impera en él. Pero llega el momento de que brote el pensamiento creador de su interior, la blanca luz cesa y en su lugar se dispersan en todas direcciones. Como rayos de fuerza, cada uno con su diferente velocidad, color y poder. Este proceso es la evolución de siete sephiroth activos a partir de la Primera Trinidad (Amor, Sabiduría, Corona). Estos sephirtoh constituyen los siete principios de la naturaleza. Forman siete puntos alrededor del centro-Padre (el sol espiritual). Son los siete estados de la vida angélica de los que nacen todos los átomos de vida del universo creado.

      Cuando comienza un universo la esencia amorfa se reabsorbe y se retira en la esfera sol creativa, donde deja de ser amorfa y se convierte en atómica con el atributo de la polaridad, el cual divide a la sustancia en dos factores: uno positivo y el otro negativo.

 

      La sustancia formada con el rayo negativo es la materia, que integra desde la sustancia etérea que forma los divinos arcángeles del sol hasta las toscas vetas minerales de pesado metal. En Ocultismo la distinción entre espíritu y materia carece de sentido. Para el ocultista el espíritu es el atributo activo o positivo de lo que llamamos materia, la cual es irreal pues es una apariencia producida por el rayo negativo. Esta apariencia es el resultado de:

 

     

      -La polaridad. Es recta y penetrante.

      -Movimiento. Es circular y envolvente.

 

 

      Hasta ahora tenemos que de la Primitiva Tríada surgen los siete estados angélicos o siete esferas que son un reflejo de los siete principios que constituyen la mente divina. De su reflejo nacen las razas angélicas (secundarias en poder mental y potencialidad respecto a sus padres). Luego se producen estados celestiales aún más bajos que se van haciendo más materiales. Así prosigue la involución, descendiendo esfera tras esfera en una espiral, hasta que se llega al estado más bajo que da origen a la primera raza etérea de los seres humanos, o Edad de Oro de las grandes mitologías.

 

      Hay dos escuelas de enseñanza para el hombre, la de la Naturaleza y la del Espíritu Deífico, que nos enseña la sabiduría celestial. El hombre recibe el poder, la sabiduría, el curativo, las lenguas… a través del Espíritu. Dios concede dones diversos a través del Espíritu. El primer hombre en inventar o descubrir algo es un artista que ha recibido el don del Espíritu. Los demás hombres son imitadores. 

 

      La teosofía condena explícitamente la evocación de los difuntos: esta practica atrae junto a los hombres los elementos desencarnados más materiales, más burdos, más perniciosos, la “larvas”. Las almas más elevadas transitan rápidamente del plano astral al plano mental. En cuanto a los muertos recientes que se pueden invocar, puesto que atraviesan obligatoriamente el plano astral va en sentido contrario a su evolución, retarda su acceso a los planos superiores y su beatitud. El mayor daño que puede hacerse a un ser querido que esté muerto, es retornarlo sobre la tierra.

 

      Tanto los espiritistas como los teósofos atribuyen al Evangelio un sentido secreto, esotérico, de origen hinduista, que Jesús tendría en común con los esenios. 

 

 

 

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Última modificación: 07 de mayo de 2004