Ayora
 

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qui a sa casa ve.

                          

La

Velleta

Verda

   Ayora tiene un castillo en el que vivió largas temporadas la virreina Germana de Foix, segunda esposa de Fernando el Católico. A escasos quilómetros del pueblo se encuentra el Castellar de la Meca, el mayor poblado ibérico del País Valencià. En los montes que la separan de Albacete se encuentran las pinturas rupestres de la Cueva de Tortosilla y el Barranco del Sordo. Estos lugares son mágicos, en cuanto que allí vivieron civilizaciones antiguas que tenían sus ritos, sus creencias y sus santuarios.

   

Ayora y el Castellar de la Mecas

El Arco de San Pascual

      Tenemos que ir a las Casas del Herrero y por un sendero pedregoso llegaremos al valle donde se halla el santuario ibérico. Se trata de una balma que tiene una pequeña fuentecilla y, a su lado, una piedra que parece un animal prehistórico: se trata de una piedra horadada.  Estas piedras son el símbolo de la matriz divina. Pasar por el agujero implicaba la regeneración por la mediación del principio cósmico femeníno, pero significaba también liberarse del ciclo kármico y del cosmos (O. Beigbeder "La Simbología" Edt. Oikos-Taus). Muy cerca de allí, en línea recta, podemos  ver las pinturas rupestres de la Cueva de la Vieja de Alpera.

       

Las dos primeras son del Abrigo del Sorde y las tres restantes de la Cueva de La Vieja

      El santuario parece una gran torturga y hay multitud de grabados o petroglifos que hacen referencia a los ritos de fertilidad. Matilde Pepín dice que "las cazoletas y canales que confluyen en la poza madre, tenían una finalidad en éstas celebraciones de los equinocios. Vertiendo líquidos propiciaban la procreación y la abundancia en la vida vegetal y humana".  Estos líquidos en un principio fueron sangre humana y después sangre animal.  Frazer vió el orígen de los rituales agrícolas europeos de la siega  en los sacrificios humanos: en Suecia se ata y se intenta quemar a la mujer que entra en los campos durante la siega; en la Vendée es la propia granjera que se pone debajo de la trilladora y se mantea como si fuese el cereal; en la Europa central se amenaza de muerte, bromenando, al extranjero que se  acerca a un campo que se está segando; en Alemania atan al extranjero y tiene que pagar un rescate por su libertad; en Pomerania, cuando tienen al extranjero atado, el jefe de los segadores canta:

Los  hombre está dispuestos,

las hoces están curvadas,

el trigo está grande y pequeño.

¡Vamos a segar al caballero!

 

      Se supone que los íberos del Castellar de la Meca  bajaban hasta la gruta y bebían de su agua sagrada, rodeaban el altar y se celebraban sus ofrendas con la sacerdotisa vestida o desnuda.

 

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Última modificación: 20 de noviembre de 2003