Castillo Penyíscola
 

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La

Velleta

Verda

El Papa mágico  

     Santo, apóstata, loco, brujo o sabio. Cuentan que los espiritus marinos que acompañaron al Papa Luna en su destierro se irritan y braman por el Bufador. Afirman los habitantes del lugar que algunas noches de luna llena se pasea por las terrazas del palacio la figura papal vestida con la capa y la tiara. Una de las causa por la que se  manifiesta el fantasma es por la maldición y profecía de su enemigo san Vicente Ferrer que dijo que: "Para castigo del orgullo del Papa Luna, algún día, con su cabeza jugarán los niños a modo de pelota!". Hasta que alguien no realice un conjuro que la anule no descansará el espíritu del Papa.

   

Cráeno del Papa Luna y escudos

    Matilde Pepín cuenta que unas amigas suyas, estando de visita en el castillo con otras personas, invocaron al Papa pidiéndole que se manifestara y se oyó un ruido seco y un chizpazo y se apagó la iluminación general, un frio espantoso hizo tiritar a los presentes, las linternas no se encendían y las velas se apagaban...¡menos mal que las baterias de los teléfonos móviles de los vigilantes si que funcionaban!. Los guardianes llamaron a un "anciano acompañado de dos acólitos con faroles" que calmaron al espíritu enfurecido y volvieron las luces. Los artistas de teatro, los documentalistas de TV, es decir, todo aquel que se atreva a tocar la figura del Papa Luna sufre situaciones inauditas que no puede explicar, continúa diciendo Matilde Pepín.  

       D. Pedro de Luna nació en Illueca en 1328 hijo segundo de Juan Martínez de Luna y de Doña María Pérez de Gotor, señores de Illueca, Gotor y Mariana; su alumbramiento se produjo en una de las salas del Castillo recientemente construido en el altozano que dominaba el modesto caserío, no más de 60 familias, a orillas del Río Aranda y fue uno de los protagonistas más relevantes de su época. La familia Ferrench, oriunda de Navarra, adquiere carta de nobleza a manos de Sancho Ramírez en el siglo XI, tras la toma de la localidad de Luna (Zaragoza), cuyo topónimo reciben como nombre de alcurnia. En la parte alta de Luna, en el área en la que actualmente se conservan la iglesia de San Gil, la de Santiago y la torre del Reloj, estuvo situado el Castillo de Luna, en la amplia y llana meseta que se conoce como la “Corona”.  De la rama de los Martínez de Luna, partícipe en las acciones guerreras de la Reconquista y en las luchas intestinas de los Trastamara, nace en el siglo XV una figura relevante en la historia de la Iglesia Católica: Pedro Martínez de Luna, que tras llegar a cardenal se convertiría en Papa cismático con el nombre de Benedicto XIII. Hasta el final de sus días, Pedro de Luna sostuvo la autenticidad de su papado colocando a la iglesia en el dilema del Cisma de Occidente; falleció en su fortaleza de Peñíscola, rodeado por la desconfianza y el miedo a ser asesinado. El feudo familiar se centró a partir del siglo XIV en la localidad de Illueca.

Castillo de la familia Luna en Illueca

   El Papa Luna sobrevivió a varios intentos de asesinato como el acaecido en julio de 1418, un servidor íntimo le ofreció dulces de miel y mermelada, con polvos de arsénico camuflados. Se salvó vomitando el veneno, gracias a la protección de "su lado bueno".  Se cuenta la leyenda de que el Papa, desanimado por la deslealtad de los suyos, una noche quiso bajar hasta el mar, pero no había escaleras por donde hacerlo, así que pidió la ayuda celestial y la escalera fué tallada en la roca viva esa misma noche. El Papa bajó por ella y extendió su manto pontificio sobre las olas y apoyándose en su báculo, empezó a navegar hacia Roma como si fuese una barca  y se entrevistó con sus enemigos que no lo esperaban. Murió en 1423 y su cadáver olía a nardos.  Así lo cuenta la web Aragonesi: "Unos años permaneció el cuerpo incorrupto del Papa Luna en la capilla del castillo de Peñíscola, y transcurrido aquel tiempo el capitán Don Rodrigo, sobrino de Pontífice, y que había defendido, cuidado y servido a su tío fielmente hasta su muerte, deseó trasladar el cadáver de Don Pedro a la alcurniosa mansión de los Luna -solar de la familia-, en el castillo-palacio de la zaragozana Villa de Illueca, habilitando el salón donde naciera el anciano para que descansaran allí sus restos mortales.

   Don Rodrigo pidió, en su nombre y el de los familiares, al Rey de Aragón Don Alfonso el Magnánimo -hijo del fallecido Don Fernando de Antequera- la entrega del cadáver; accedió el monarca y se procedió a la continuación de la exhumación del Pontífice, que, sumido en el descanso dulce y sereno de la muerte, lo contemplaron todos de nuevo el día 9 de Abril del año 1.430, festividad del Jueves Santo, y es fama que otra vez se habló por todo Peñíscola de la agradable fragancia que se esparcía por la capilla y el castillo al aparecer la momia de Don Pedro de Luna ".

      Durante su estancia en Illueca la veneración de su cuerpo incorrupto alcanzó tan enorme popularidad que los autoridades eclesiásticas de Roma y Aragón se alarmaron. Incluso un prelado intaliano, Juan Porro, en el siglo XVI atentó contra su urna, rompiendo los cristales. En la guerra  de sucesión del siglo XIX, los Luna se pusieron del lado de los austrias y al ser vencidos por los franceses saquearon el palacio de Illueca y entraron en la cámara mortuoria y destrozaron a culatazos el pequeño cadáver del Papa Luna, separando la cabeza del resto del cuerpo y lanzaron por la ventana los huesos, que fueron a caer cerca del rio Aranda. Unos labradores encontraron el cráneo del Pontífice y los entregaron a los familiares. Los demás huesos se perdieron. Al paso del tiempo la familia Luna se unió por matrimonio con los Muñoz de Pamplona y se llevaron la calavera del Papa al antiguo palacio de la familia  en Sabiñán (Saviñán). El día 07 de abril de 2000, en el Palacio del Conde de Argillo de la localidad de Sabiñan (Zaragoza), se sustrajo el cráneo de Benedicto XIII “PAPA LUNA” y la urna que lo contenía. Los restos fueron recuperados por la Guardia Civil el 12 de septiembre de 2000 en el interior de una casita agrícola propiedad de dos hermanos de Sabiñan que querían venderlos al ayuntamiento de Illueca por  1 millón de pesetas. Cerca estuvo de cumplirse la profecía de san Vicente Ferrer.

Palacio de los Argillo
 

 

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Última modificación: 20 de noviembre de 2003