Los escitas
 

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La

Velleta

Verda

El origen euroasiático

 

      a). Los escitas.

      b). Las colonias griegas del mar Negro

      c). La secuencia histórica.

 

 El arte animalista

El origen euroasiático 

Extracto del libro de Carlo Ginzburg "Historia nocturna". Ediciones Península. Barcelona 2003

a). Los escitas. 

      Los griegos llamaban escitas a un conjunto de poblaciones, nómadas y seminómadas, con los que habían entrado en contacto en la región del Mar Negro. No conocían la escritura y lo que sabemos de ellos es a través de observadores extranjeros, como Herodóto, y por las tradiciones de una población de lengua iraní –los osetas- descendientes de los alanos y de los rosalanos, a su vez descendientes de los escitas. Al final del período clásico, estos habitantes de las estepas fueron desplazados hacia las fronteras de su tierra natal por los pueblos de habla Altaica, los Hunos y los Turcos. Algunos emigraron hacia Afganistán, el este de Irán, el oeste de la India, y otros invadieron el imperio Romano como conquistadores o mercenarios de apoyo. Muchos de ellos emigraron hacia Bretaña, Italia, Francia, España y el norte de África. Otros se retiraron a Polonia, la Rusia Europea y los Cáucasos. Se supuso que los escitas, las sub-tribus de los iazyges, sarmatianos, alanos, etc. se desvanecieron sin dejar rastro. Pero, aparentemente, eso no fue así. Parece claro, después de repasar la evidencia, que los habitantes de las estepas se convirtieron en la aristocracia Europea. Otro grupo de los Alanos se retiró a los Cáucasos y sobrevivió como un grupo étnico llamado los osetas, o osetianos, en lo que ahora se conoce como la República de Georgia.  

      Los escitas, tras haber sepultado a sus muertos, se purificaban del siguiente modo: levantaban tras pértigas inclinándolas unas hacia otras, las cubrían con telas y se sentaban debajo, alrededor de un caldero lleno de piedras rusientes, sobre las cuales echaban semillas de cáñamo. El humo aromático que se desprendía del cáñamo los hacía gemir de placer. Es decir, los escitas del norte del mar Negro realizaban prácticas chamánicas dedicadas a alcanzar el éxtasis. Esto lo demuestran los yacimientos arqueológicos de Pazyryk, en las montañas del Altai oriental, donde se han encontrado restos arqueológicos con el caldero conteniendo semillas de cáñamo de la variedad cannabis sativa y cannabis ruderalis Janish, junto con un tambor y un instrumento de cuerda similares a los utilizados, dos mil años más tarde, por los chamanes siberianos.  

      La primera oleada de poblaciones nómadas del Asia Central comenzó en el siglo VIII a.C., con incursiones al altiplano iraní, en la franja comprendida entre Mongolia y China. Fue una doble oleada: unos dirigidos a Occidente y otros a Oriente. ¿Qué provocó esta oleada? Se supone que hacia el año 1000 a.C. hubo una sequía en Asia central que acabó con la agricultura, convirtiendo a los habitantes en pastores nómadas: los escitas. Esta gente, entre los siglos IX y VIII a.C. se establecieron en el altiplano iraní, de donde fueron expulsados por los medos, instalándose en el norte del mar Negro. A ellos les compraban los griegos oro, ámbar y pieles. De su etapa en el Asia central obtuvieron los escitas los elementos chamánicos de su religión, así como la de Zoroastro. 

b) Las colonias griegas del mar Negro 

      Se asentaron desde el siglo VII a.C. a orillas del mar Negro, absorbiendo los rasgos chamánicos presentes en la cultura escita, como lo demuestra la leyenda del griego del Helesponto, Aristea de Proconeso, que es una pequeña isla del mar de Mármara, del cual se decía que caía en estado cataléptico cuando quería, momento en el que hacía salir el alma de la boca en forma de cuervo; al volver de estos viajes extáticos predecía pestes, terremotos e inundaciones. 

      Hemos visto que entre los osetas, a finales del siglo XIX, habían individuos llamados burkundzäutä que caían periódicamente en éxtasis, tras lo cual se dirigían en espíritu al mundo de los muertos, al más allá, en el que penetraba, por ejemplo Soslan, uno de los protagonistas de las leyendas osetas de los natri, es un lugar donde se reciben premios o castigos por los actos cometidos en la tierra. Este más allá es igual para todos los pueblos altaicos (tártaros, buriatos…). 

c). La secuencia histórica. 

      La secuencia de la difusión histórica que vamos a narrar, sería la siguiente: la cultura de los cazadores del norte pasa a los nómadas de las estepas, que influye en los escitas, que la llevan a Tracia donde impregnan la cultura griega y a los celtas que allí llegaron, después se difundió por el occidente europeo. 

      A principios del siglo VI a.C. tribus escitas dejaron las riberas del mar Negro y, tras vadear el Dniester y el Danubio, se asentaron en Tracia. Allí influyeron, a principios del siglo IV a.C. a las poblaciones celtas. Esta confluencia de escitas, tracios y celtas puede descifrar la fisonomía de la diosa seguida por la compañía de las ánimas u la distribución geográfica de su culto. En la Edad Media se la conocía como Diana y Herodíades, tras ella se escondía la protagonista de cultos locales como Bensozia, Oriente o Richella, las cuales derivaban de divinidades celtas como Epona, las Matres y Artio. La diosa céltica a caballo –Epona- recordaba a la diosa tracia Bendis, a la que Herodóto asimiló con Ártemis. Bendis era venerada en Atenas junto a una diosa tracio-frigia llamada Adrastea, homónima de una de las nodrizas cretenses de Zeus, que Diodoro Sículo identificaba con las diosas madres de Engyon (Sicilia). Estas diosas madres han sido comparadas con las ninfas celtas del santuario tracio de Saladinovo. Artemio era venerada por muchachas vestidas de osa y, sus rasgos, recuerdan a una diosa venerada en la prehistoria en el norte del mar Negro, culto del que se apropiaron los cimerios a comienzos de la Edad del Hierro, época en la que invadieron la región. Los escitas, hacia el 700 a.C., echaron a los cimerios y adoptaron el culto de esta diosa, medio mujer y medio serpiente (recuerda a la Lilita sumeria o a Eva) rodeada de gran cantidad de serpientes, a semejanza de la diosa llamada en la Iliada la “Señora de los animales”, que es también el epíteto de Ártemis. Así pues, Ártemis, “Señora de los animales”, tiene un orígen euroasiático y está emparentada con la diosa mediterránea semianimal, que se representa rodeada de animales, la cual ha sido comparada con la “madre de los animales” de las poblaciones siberianas de yacutos y tungusos, a la que consideran progenitora de los chamanes. 

     Así pues, en la diosa nocturna semianimal o rodeada de animales, como centro de un culto extático de tipo chamánico, llamada Diana por los canonistas e inquisidores, hemos reconocido a la heredera de las divinidades euroasiáticas protectoras de la caza y del bosque. 

      Entre las poblaciones tracias del lago Tritón, según se refiere Ovidio en la “Metamorfosis”, había unos individuos capaces de transformarse en pájaros, después de sumergirse nueve veces en el lago (inmersión ritual), lo cual recuerda a las inmersiones de los licántropos en una laguna de Arcadia antes de adquirir, durante nueve años, rasgos animales. A los neura osetas se les atribuía la capacidad de transformarse periódicamente en lobos, y eran quizás una población tracia.  De las mujeres escitas, decía Ovidio, son capaces de transformarse en pájaros si se untan los miembros con ungüentos mágicos. 

      Desde las llanuras de Tracia estas creencias chamánicas se propagaron hacia Occidente y hacia el norte. Los escitas llegaron al Báltico, pero antes, en el siglo III a.C, convivieron con los celtas en la zona del bajo Danubio y Europa central. Esto explica la presencia en Irlanda de leyendas ligadas a los licántropos, los elementos chamánicos de algunas sagas celtas y la convergencia entre la epopeya oseta y el ciclo artúrico. 

      En el Báltico vemos la explicación y la unión entre los licántropos de Livonia y las batallas por la fertilidad en estado de éxtasis de los burkundzäutä osetas.

 

 El arte animalista 

      Una de las fuentes de información sobre las creencias chamánicas nos la ofrece el arte prehistórico, que puedes estudiar aquí, y sobre todo, el “arte animalista” o “arte de las estepas”, un conjunto de objetos, a menudo decorados con motivos zoomorfos, que se extienden por un ámbito comprendido entre China y la península escandinava entre el  1000 a.C. y el 1000 d.C.  

      ¿A partir de cuando y de donde se producen los intercambios? Los escitas son los que actúan de puente entre Asia y Europa. Ellos llevaron elementos del arte de las estepas a zonas sarmáticas, escandinavas y celtas. El arte surge entre los cazadores siberianos, pasa a los pastores nómadas de las estepas de Asia Central, a los escitas, tracios y celtas. Se utiliza el nombre Saka para referirse a los escitas cuyos yacimientos se encontraron al norte de la actual Rusia, en Liberia. Los escitas desparecen el el siglo II a.C, vencidos por el pueblo sármata de etnia eslava. 

Adorno de alfiler en forma de ciervo de la Cultura Saka realizado en madera y piel. Siglos V-IV a. C. 

      De las luchas entre animales representadas en el arte de los pueblos nómadas se ha dicho que son la representación de las luchas entre las ánimas, transformadas en animales, de los chamanes euroasiáticos. Es extraordinaria la difusión del icono del “galope volador”: lo encontramos en la cultura micénica, entre los escitas, en Siberia, Persia, China… Este motivo volvió a occidente a mediados del siglo XVIII, gracias al pintor genovés Giuseppe Castiglione que lo sacó del arte chino, pasando después a Gericault

     

 

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Última modificación: 29 de noviembre de 2003