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   Muchas de las extrañas historias que  voy a narrar surgen de la constatación de la existencia de seres deformes, resultantes de extrañas mutaciones como malformaciones genéticas, enfermedades raras… Todos estos elementos unidos al miedo que provoca lo extraño y a las supersticiones de los ambientes rurales y  barrios superpoblados de las ciudades son los que generan las leyendas.

Monstruo dibujado por A. Paré

 

      Unicornios, dragones, monstruos marinos y lacustres, basiliscos, centauros, gigantes, hombres peces y sirenas... son alguno de los monstruos medievales que ahora observamos con curiosidad, pero con un escepticismo total. Sólo se vuelven reales  cuando algún éxito cinematográfico los recrea de nuevo y, a su alrededor, se monta todo un negocio de ventas de sus reproducciones. Pero ya no ocasionan miedo ni a los niños, que los tienen como juguetes mascota en sus habitaciones. Sin embargo, nunca debemos olvidar que los monstruos medievales personificaban los deseos y temores inconscientes del ser humano.

      Por supuesto que un ser mitad caballo, mitad humano o mitad pez ya no asusta a los hombres actuales, porque no en balde han pasado varios cientos de años desde su creación y sus anomalías han devenido en familiares para todos nosotros. Pero en el fondo, en lo más profundo de nuestro cerebro, allí donde reside la parte más automática de los procesos humanos, donde la razón no impera, sólo el instinto, continúan desarrollándose extraños procesos psíquicos que influyen en el pensamiento y en la forma de actuar de muchas personas de nuestro tiempo. Muchos parecen irracionales, personas que no cultivan para nada el raciocinio y cuyas actuaciones devienen en atrocidades horribles, como el caso del caníbal de Rottemburg que filmó por internet el asesinato de su compañero, al que después devoró delante de la cámara de video.

      Regresemos al tema de los monstruos medievales. Para los hombres de esta época la existencia de seres extraños no era cuestionable; el mundo era un lugar enorme, inexplorado, en el que existían todas las maravillas imaginables. La Tierra era el reino en el cual todo puede ser, pero con una peculiaridad: las cosas insólitas y extraordinarias no formaban parte de la cotidianeidad del hombre. Lo monstruoso no habitaba en los lugares conocidos, sino en los más remotos: en los inmensos desiertos y selvas inexploradas de continentes que apenas se conocían, como Africa y Asia.   

      Para Lillian von der Walde Moheno en su artículo electrónico titulado "Lo Monstruoso medieval", siguiendo en esto a Claude Kappler en "Monstruos, demonios y maravillas de fines de la Edad Media", los monstruos son siempre manifestaciones de dos temores primordiales del ser humano: el miedo a la muerte (Thánatos) y el miedo al sexo (Eros). Uno de los temores más terribles es el que siente el ser humano a ser devorado, a sufrir una muerte lenta mientras nota en su cuerpo como unas mandíbulas le van arrancado la carne; otro temor sería el de ser entrerrado vivo, el miedo al más allá. En los viajes extáticos de los chamanes prehistóricos se vislumbraba el más allá, un lugar en el que en muchas ocasiones se luchaba con monstruos; cuando el chamán despertaba del estado cataléptico narraba o pintaba sus experiencias para las otras personas que no podían entrar en éxtasis.

      La civilización se fundamenta en la represión de la sexualidad de sus miembros: los órganos sexuales caen en la órbita de lo sucio y de lo malo. La única sexualidad admitida es la que sirve para la procreación, sin valorar en nada el placer. Se representa en los monstruos que reflejan los temores sexuales las tendencias homosexuales o andróginas del ser humano. Mandeville habla de una isla habitada por unos hombres y mujeres "que se tienen en uno pegados, y no tienen más de una teta. E tienen miembros de hombre y de mujer cada uno dellos; y usan de aquel que quieren, y el que para como mujer, aquel se empreña y pare hijos".

      Uno de los temores más universales es el que tiene el hombre a la mujer. En alguna parte hemos visto como los  médicos medievales hablaban de una "mujer venenosa", del temor que causa la menstruación en los hombres. Maria Cecilia Salas, de la Universidad de Antioquía (Colombia) dice que los seres humanos construyen y transmiten de una generación a otra representaciones míticas, en las que depositan en la palabra y en la imagen la oscuridad de lo no sabido. Los hombres crean el "monstruo femenino", una especie de mujeres que ejercen una seducción fatal sobre los hombres, a los que acaban devorando (Complejo de Circe). Estos monstruos femeninos surgen, en primer lugar, del temor masculino de ser infectado de feminidad: de ser devorado y castrado. Y en segundo lugar, son el testimonio de la existencia de la protesta femenina ante la sociedad patriarcal que sólo les deja el papel de hija obediente, esposa complaciente y madre sacrificada. Los monstruos que reflejan nuestros temores son la esfinge, íncubo femenino que abraza matando; las sirenas simbolizan lo inferior de la mujer y a la mujer como lo inferior; las lamias son el símbolo de los celos de la mujer sin hijos; las estrigas son horribles pajarracos que chupan la sangre de los jóvenes y les arrancan las entrañas, expresando el temor que tienen las madres de que sus hijos caigan en poder de una mala mujer; son las serpientes la representación de la mujer como el origen del pecado; las amazonas copulan únicamente con extranjeros a quienes matan luego de ser fecundadas y sólo crían a las hijas, mutilando y matando a los hijos varones; las bacantes eran unas mujeres lascivas, enamoradas de Dionisos, entregadas al culto orgiástico, mujeres atroces devoradoras de hombres, niños y fieras, verdaderas perras rabiosas. En la Europa del medioevo se recogen todas estas tradiciones, este imaginario surgido en gran parte de las experiencias extáticas de los chamanes centroeuropeos, y se lo deposita en la figura de las brujas, mujeres que se reunían en aquelarres que terminaban en una bacanal en la cual copulaban con animales y con el diablo, ofrecían sus hijos a Satanás y se los comían.  José Miguel Cortes en "Orden y caos: un estudio sobre lo monstruoso en el arte" (Edt. Anagrama, Barcelona 1997) convendría en todo lo que hemos dicho arriba y, además, dice que Goya refleja en sus pinturas el temor del hombre a la mujer, viéndola como bruja, como prostituta, fuente del deseo, el vicio y la fealdad.

Lillian von der Walde Moheno, “Lo monstruoso medieval”,

      Otra de las representaciones del miedo a la mujer se ve en el tema de la mujer vampiro. Los orígenes de las chupadoras de sangre los podemos documentar en Egipto, pasando por la etapa clásica hasta la Edad Media. Fue el poeta E.T.A. Hoffmann quien inaugura en la literatura actual la figura de la mujer vampiro. La vampira simboliza el amor maldito, la oscuridad sexual, en estrecha  vinculación con la muerte. La vampira es la sustitución del monstruo feo, por una belleza hermosa y seductora. Al respecto, recordemos que las sirenas también son seres bellos, símbolo de la atracción sexual y de los peligros del deseo. Lo siguió Egdar Allan Poe en los relatos de Ligeia, que muere y regresa de su tumba para presentarse ante el amado; o en Berenice, el relato de una mujer vampiro de blancos dientes. Charles Baudelaire en "Las flores del mal" también deja sentir su repulsión hacia el ser perverso y de sexualidad excesiva que residen en las mujeres.

      Pintores modernos como Dalí, Willen De Kooning y Edward Munch han reflejado en su obra el temor a la mujer. De Kooning pinta mujeres agresivas y frenéticas, prostitutas burlescamente maquilladas, madres caníbales, mientras que los hombres aparecen sanos y limpios. Munch pinta una mujer desgraciada y abandona, al estilo de las brujas medievales definidas por Julio Caro Baroja. Dalí ve a la mujer como un animal devorador que practica el canibalismo sexual.

      Una de las maneras en que los hombres exorcizan su miedo a la mujer es en la contratación de prostitutas. La prostituta es la manera de acceder a la mujer, sin castración y sin que el hombre se sienta devorado o que haya caído sin remisión en sus brazos, perdiendo su libertad. Hemos visto anteriormente, en los orígenes de la brujería alemana, como los germanos creían que las mujeres disponían de un cierto carácter sagrado, por lo que prestaban gran atención a sus consejos, avisos y advertencias. Sin embargo, recelaban del carácter de la mujer y advertían que si caías en sus brazos y te apretabas contra su seno, rehusarías a ejercitar tus derechos políticos, no trabajarías, huirías del trato de los demás hombres, no comerías... ( Complejo de Circe).  Con las prostitutas los hombres pretenden saciar los excesos que la mujer con velo no permite, no se requiere amor ni deseco, basta con el dinero.

       Para Xabier Pereda Suberbiola y Nathalie Bardet existen manifestaciones excéntricas de las ciencias naturales, disciplinas que se encuentran al margen de la ciencia. Entre ellas tenemos la criptozoología dedicada a la búsqueda de animales ocultos o misteriosos, la descripción de los animales del mundo futuro se denomina futurozoología y el tratado de los seres extraordinarios surgidos de la mente de los hombres de ciencia responde al nombre de parabiología (o fantazoología). La criptozoología nació como disciplina con pretensiones científicas en 1955 con la publicación del libro Sur la piste des bêtes ignorées, obra del zoólogo belga Bernard Heuvelmans. Muchos criptozoologos realizan exploraciones en lugares lejanos para localizar al Mokele-Mbembe, un supuesto dinosaurio que se oculta en los pantanos del norte del Congo; a las montañas del Cáucaso en busca del Almass, una especie parecida al Yeti, o rastrean el lago Ness de Escocia en busca de Ness,  un plesiosaurio con aletas en forma de rombo al que denominaron Nessiteras rhombopteryx [Scott y Rines, 1975], basándose en unas fotografías en las que se veían estas aletas, fotos que se supo con posterioridad que habían sido retocadas [Merino, 1987]. El hombre de Minesotta, al que bautizaron como Homo pongoides, se exhibió por las ferias americanas hasta que se descubrió que se trataba de un muñeco de látex.  Irónicamente la mayoría de los criptozoologos sólo se interesan por animales grandes, por la "caza mayor", no importándoles nada la búsqueda de nuevas especies de insectos en zonas tropicales o de aves en las islas del Pacífico. Este interés ha hecho que no se enteraran de la presencia del saola, un bóvido descubierto recientemente en Vietnam, ni participaron en la caza del celacanto, ni vieron el okapi, un giráfido africano,  ni otros muchos mamíferos y reptiles descubiertos en pleno siglo XX.  Estos pretendidos  científicos sólo aportan pruebas de tipo testimonial y las escasas pruebas circunstanciales no se ven respaldadas por especímenes completos ni en evidencias físicas irreprochables. En el mejor de los casos, se trata de fotos borrosas o restos anatómicos de dudosa procedencia [Napier, 1973; Binns, 1984; Diamond, 1985].

     

      En cuanto a la zoología futurista el paleontólogo británico Dougal Dixon  imaginó, basándose en los conocimientos actuales sobre la evolución, cómo sería la vida animal en la Tierra dentro de 50 millones de años. Así nació After man: a zoology of the future, un bestiario ilustrado de la vida futura en nuestro planeta [Dixon, 1981], al que siguió  cómo sería el mundo actual si el asteroide que cayó sobre la Tierra hace 65 millones de años, y supuestamente aniquiló a los dinosaurios y muchos otros organismos, no hubiera existido (The new dinosaurs: an alternative evolution).  La última experiencia futurozoológica de Dixon es a la vez la más delirante y decepcionante de todas:  Man after man es una extrapolación de la evolución del hombre dentro de cinco millones de años.

     

Un "Vacumorph", un hombre del futuro y un roedor depredador.

      Otro de los inventores de una fauna extravagante fue el fisiólogo alemán Gérolf Steiner que publicó, con el pseudónimo de Harald Stümpke, un libro cuyo objetivo era ayudar a sus alumnos a comprender los mecanismos de la evolución biológica. Imaginó unos seres extraños, llamados rinogrados, que tenían la facultad de desplazarse sobre sus apéndices nasales e inventó todo un mundo nuevo inspirándose en la selección natural. La parabiología alcanza cotas extremas de excentricidad cuando la imaginación se desboca y aparece la nummulosfera de Randolph Kirkpatrick, el cual consideraba que la rocas de la corteza terrestre, incluyendo las volcánicas, estaban hechas  nummulites -foraminíferos en forma espiral-, lo mismo que los meteoritos también estaban hechos de nummulites y propuso que la forma en espiral de la concha de estos organismos unicelulares era la "expresión de la esencia de la vida, como la arquitectura de la propia vida" , teoría que fue calificada por el  paleontólogo de Harvard Stephen J. Gould  como "la más demente de las teorías descabelladas desarrolladas en el presente siglo por un naturalista profesional".

   

Okamura, 1983. Una minipersona y caras de  minihombres  

      En nuestra época, algunos chiflados han adoptado la parabiología como una doctrina de tipo religioso. El mayor exponente es el japonés Chonosuke Okamura, director del llamado Laboratorio Fósil Okamura. Observando al microscopio las calizas de Nagaiwa le pareció descubrir un mundo microscópico remoto, identificando cerca de cien especies diferentes, incluyendo plantas, invertebrados, peces, anfibios, tortugas, serpientes, dinosaurios, pterosaurios, aves y mamíferos, incluyendo microseres humanos. Las muestras de Nagaiwa contienen en realidad una fauna paleozoica clásica, formada por foraminíferos, equinodermos, crinoideos, gasterópodos, briozoos, etcétera. Algunas de las microcriaturas no dejan de ser recristalizaciones de calcita que han adoptado formas caprichosas.

   

      Para terminar hablaremos de la exoparabiología, o biología excéntrica de los seres extraterrestres. Algunos hombres de ciencia la practican con fines pedagógicos o especulativos, como Arthur C. Clarke,  Carl Sagan en su célebre obra de divulgación Cosmos [Sagan, 1980],  o la descripción de un marciano hecha por Isaac Asimov.

      Xabier Pereda Suberbiola (Universidad del Pais Vasco) y Nathalie Bardet (Université Pierre et Marie Curie) concluyen su artículo publicado en El Escéptico diciendo que los  "libros de Steiner [1958] y Dixon [1980] son obras de especulación zoológica. Aunque no son manuales de ciencia, ponen en juego los mecanismos de la evolución y pueden ser una excelente introducción para jóvenes de los procesos biológicos. El trabajo de Okamura [1980] es un puro disparate, obra de un chiflado. La parabiología y la futurozoología no son disciplinas científicas sensu stricto porque su tema de estudio es ficticio. Otro tanto puede decirse de la criptozoología, aunque los animales de los que trata nos sean más familiares".

 

Bibliografía


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-LACAN, Jacques, "Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina, en: Escritos 2, México, Siglo XXI, 1984.
 

-Jacques Le Goff, "Lo maravilloso y lo cotidiano en el Occidente medieval". Trad. de Alberto L. Bixio. 2a. ed., Gedisa, Barcelona, 1986

-Juan de Mandavila, "Libro de las maravillas del mundo". Ed. de Gonzalo Santonja. Visor, Madrid, 1984

-Claude Kappler, "Monstruos, demonios y maravillas a fines de la Edad Media". Trad. de Julio Rodríguez Puértolas. Akal, Madrid, 1986


-Diamond, J. [1985]: "Los cazadores de monstruos". Algo (Barcelona), Nº Junio, 55-59.


-Gould, S. J. [1980]: : El pulgar del panda (Ensayos sobre evolución) [The Panda’s thumb. More reflections in natural history]. Trad. de Antonio Resines. Ed. H. Blume y Eds. Orbis. Barcelona 1983 y 1985. 352 páginas. Véase el capítulo 22: "El viejo loco de Randolph Kirkpatrick", 241-249.

-Heuvelmans, B. [1955]: Sur la piste des bêtes ignorées. Ed. Plon. París. 2 vols. Edición inglesa: On the track of unknown animals. Kegan Paul International Ltd. Londres 1965.

-Heuvelmans, B. [1965]: Le grand serpent de mer. Le problème zoologique et sa solution. Ed. Plon. París.


-Izzi, M. [1989]: Diccionario ilustrado de los monstruos. Angeles, diablos, ogros, dragones, sirenas y otras criaturas del imaginario. Traducción de Marcellí Salat y Forja Folch. Alejandría, José J. de Olañeta Editor, Palma de Mallorca 1996. 541 páginas.


-Merino, J. [1987]: "Los monstruos ya no son lo que eran". Algo (Barcelona), Nº Abril, 68.


-Ros, J. [1997]: "Los científicos se divierten". Mundo Científico (Barcelona), Nº 182 (Septiembre). 768-775.

-Sagan, C. [1980]: Cosmos [Cosmos]. Trad. de Miquel Muntaner i Pascual y María del Mar Moya Tasis. Ed. Planeta (Col. "Documento", Nº 86). Barcelona 1982. 366 páginas

-Silverberg, R. (Ed) [1971]: Bestiario de ciencia-ficción [The science fiction bestiary]. Trad. de Augusto Martínez Torres. Ultramar Editores. Mallorca-Barcelona 1986. 220 páginas.


 

 

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