CARNAVAL

El Carnaval de Canarias. Por Juan Cruz:
Donde se ha producido mejor ese espejo deformante -y saludable- de las islas ha sido en los carnavales. De dimensiones pantagruélicas -más de una semana de festejo callejero-, los carnavales se han metido tanto en la idiosincrasia del insular que ni siquiera la puritana dictadura, en sus momentos más beligerantes, fue capaz de eliminarlos. Siguieron vivos entonces, llamados con el eufemismo de fiestas de Invierno, y siguen ahora extraordinariamente vitales como carnavales propiamente dichos y con todas sus consecuencias. La gente se disfraza, baila y se burla, de sí misma primero y de los otros inmediatamente después. Como un oxígeno que se hubiera aplicado la sociedad, el Carnaval ha contribuido al desarrollo de aquel sentido común que tiene el humor insular:

En esos días, que parecen interminables fiestas de Don Carnal y de Doña Cuaresma, los canarios bailan al son que mejor les parece, y casi siempre, especialmente en los últimos tiempos, ese sonido que les sirve de música de fondo a su risa es la salsa. Poco a poco, y cada vez con mayor intensidad, las islas han acentuado su parecido esencial con Iberoamérica, sobre todo en aquellos extremos en los que resulta más placentera la vida. El toque canario lo dan las murgas, agrupaciones aficionadas a reírse de todo lo que se mueve, y que se han consolidado de tal modo que hoy parecen un poder fáctico del estilo de la milicia o la religión. La gente ha convertido, pues, el Carnaval en una tradición. (Juan Cruz)


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