Conflictos canario-portugueses en la costa de Africa:
Don Carlos, por la gracia de Dios, electo rey de romanos, futuro emperador semper augusto, doña Juana, su madre, y el mismo don Carlos por la misma gracia reyes de Castilla, etc., a vos el nuestro governador o juez de residencia en la isla de Tenerife o vuestro lugar teniente en el dicho oficio y a cada uno de vos a quien esta nuestra carta fuere mostrada, salud e gracia. Sepades que Andrés Xuares Gallinato, vezino e regidor de la dicha isla e de las otras islas del a Grand Canaria muchas vezes van a saltear y fazer guerra a los moros, henemigos de nuestra santa fee católica, y a pescar en la costa de Berbedía. E diz que yendo a fazer lo susodicho, estando nuestros súditos en tierra, los portugueses les toman los navíos e los prenden e llevan al reino de Portugal e fazen justicia de ellos y los destierran a las islas perdidas, de que no somos deservidos e los vezinos de las dichas islas reciben mucho daño. E nos suplicó e pidió por merced lo mandásemos prover e remediar de manera que de aquí adelante no se faga o les mandásemos a dar licencia para que se puedan entregar del daño que recibieren, o como la nuestra merced fuese.
Lo qual visto por los del nuestro consejo fue acordado que devíamos mandar dar esta nuestra carta para vos en la dicha razón, e nos tovímoslo por bien porque vos mandamos que luego que con esta nuestra carta fuerdes requerido, vos informéis cómo y de qué manera pasó lo susodicho e platiqueis con los regidores de esa dicha isla lo que será bien que se provea para escusar los daños que los vezinos de la dicha isla diz que reciben. E lo enbiad todo ante los de nuestro consejo, signado de escrivano público, para que nos lo mandemos ver y proveer sobre ello lo que más convenga a nuestro servicio e al bien e procomún de esas dichas islas. E non fagades ende al por alguna manera, so pena de la nuestra merced y de diez mill mrs. Para la nuestra Cámara. Dada en la villa de Medina de Rioseco, a veinte e un días del mes de noviembre, año del nascimento de nuestro salvador Ihesucristo de mil e quinientos e veinte años.
Serra Ráfols, E. y Rosa Olivera,n L.
El derecho de conquista sobre Canarias:
Jean de Bethencourt tuvo que negociar el señorío de Castilla con Enrique III por falta de recursos. Gracias a su ayuda completó la conquista de Hierro y Fuerteventura. Tras su marcha a Francia (1405) dejó como lugarteniente a su sobrino Maciot de Bethencourt, quien cedió el reino al conde de Niebla, Enrique de Guzmán y varios años más tarde vendió el señorío a Enrique el Navegante. En dos barcos portugueses se desplazó la fuerza que tomó posesión de Lanzarote. Los habitantes de La Gomera se sublevaron contra los condes de la isla, herederos de los derechos castellanos sobre las Canarias. En esta situación Portugal apeló al Papa negando el derecho a Castilla para intentar siquiera la conquista de las tres islas mayores. En 1454 se reanudaron las conversaciones luso-castellanas en torno a la cuestión y al derecho de exclusiva que los portugueses pretendían tener sobre el litoral africano situado más al sur de Guinea. La querella terminó con una decisión del papa Nicolás V, quien, en la bula Romanus Pontifex, señaló a Portugal como zona de dominio de las costas occidentales de Africa entre el cabo Atlas Major y las ignotas regiones de más allá del Trópico. El archipiélago fue asignado a la heredera de los condes de La Gomera, Inés Peraza de las Casas, casada con el sevillano Diego García de Herrera.
Este señorío feudal autónomo que podía explotar las islas colonizadas y conquistar las tres mayores pasó por otra cesión (1466) del débil Enrique IV de Castilla (casado con una princesa lusa) al portugués Diego de Silva. El problema se resolvió con el casamiento de Silva con María, hija de los señores de las Canarias. Por la proximidad de las Azores la posibilidad de que las islas acabaran en manos de Portugal preocupaba a Isabel I de Castilla, quien al subir al trono hizo que la Corona adquiriese los derechos de conquista sobre Gran Canaria, Tenerife y La Palma (1477), que pasaron a ser territorios realengos. Las otras permanecieron bajo el señorío de la dinastía Peraza, marqueses de Lanzarote y condes de La Gomera. En 1478 Juan Rejón inició la conquista del resto del archipiélago muy dificultado por la heroica resistencia de los guanches.
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