CANARIAS
Textos



"El viejo y el mar", Ernest Hemingway:
- El mejor pescador es usted.
- No. Conozco otros mejores.
- Qué va -dijo el muchacho-. Hay muchos buenos pescadores y algunos grandes pescadores. Pero como usted ninguno.
- Gracias. Me haces feliz. Ojalá no se presente un pez tan grande que nos haga quedar mal.
- No existe tal pez, si está usted tan fuerte como dice.
- Quizá no esté tan fuerte como creo -dijo el viejo-. Pero conozco muchos trucos y tengo voluntad.
- Ahora debiera ir a acostarse para estar descansado por la mañana.
- Usted es mi despertador -dijo el muchacho.
- La edad es mi despertador -dijo el viejo-. ¿Por qué los viejos se despertarán tan temprano? ¿Será para tener un día más largo?
- No lo sé -dijo el muchacho-. Lo único que sé es que los jovencitos duermen profundamente y hasta tarde.
- Lo recuerdo -dijo el viejo-. Te despertaré temprano.
- No me gusta que el patrón me despierte. Es como si yo fuera inferior.
- Comprendo.
- Que duerma bien, viejo.
El muchacho salió. Había comido sin luz en la mesa y el viejo se quitó los pantalones y se fue a la cama a oscuras. Enrolló los pantalones para hacer una almohada, poniendo el periódico dentro de ellos. Se envolvió en la frazada y durmió sobre los otros periódicos viejos que cubrían los muelles de la cama.
Se quedó dormido enseguida y soñó con Africa, en la época en que era muchacho y con las largas playas doradas y las playas blancas, tan blancas que lastimaban los ojos, y los altos promontorios y las grandes montañas pardas. Vivía entonces todas las noches a lo largo de aquella costa y en sus sueños sentía el rugido de las olas contra la rompiente y veía venir a través de ellas los botes de los nativos. Sentía el olor a brea y estopa de la cubierta mientras dormía y sentía el olor de Africa que la brisa de tierra traía por la mañana.
Generalmente, cuando olía la brisa de tierra despertaba y se vestía y se iba a despertar al muchacho. Pero esta noche el olor de la brisa de tierra vino muy temprano y él sabía que era demasiado temprano en su sueño y siguió soñando para ver los blancos picos de las islas que se levantaban del mar y luego soñaba con los diferentes puertos y fondeaderos de las Islas Canarias.
Un canario en Cuba, Francisco González Díaz, La Habana, 1916:
    ...Aún tomó el "Balmes" más pasaje en nuestros puertos, en Las Palmas, Santa Cruz de Tenerife y Santa Cruz de La Palma; por manera que cuando de este último puerto salimos para las Antillas, ya sin otras escalas que las de Puerto Rico, la cubierta de la nave ofrecía el aspecto que debieron ofrecer antaño los buques fatídicos y terribles con que se realizaba la trata de negros.
    Trata de blancos son, sin duda, estas modernas contrataciones o expedicones de emigrantes hechas en forma que constituye un agravio para la humanidad y una afrenta para la civilización...
    ...aquellos fugitivos van hacia el trabajo y la libertad en tierra extranjera que les parece propia por lo bien que se les acoge, menos dura que la patria política porque les da abrigo, porque les da pan...humildes en su ambición, si ambición puede llamarse el deseo y la necesidad de vivir...Aceptan mínimos jornales y trabajan de buena fe, con todo su esfuerzo...se muestran irreflexivamente dichosos. Son conformistas y optimistas...hipnotizados por el océano...Se apoyan los unos en los otros de manera instintiva...
No menos de seiscientos emigrantes, procedentes de Canarias, llevaba el "Balmes" hacinados en sus bodegas y cubiertas. Estos pasajeros de tercera clase nos ofrecían a los de primera el penoso espectáculo de su desamparo y sordidez. Cuando nos asomábamos a la boca del infierno retrocedíamos espantados creyendo ver allí la suma de todos los humanos dolores. Muchos estaban tendidos en posiciones durísimas, como bestias enfermas; otros, la mayor parte, reían y cantaban al son de destempladas vihuelas. Los niños se arrastraban en torno a sus madres o retozaban sobre montones de inmundicias. Salía del antro un vaho pestilente, irresistible. Todos se agitaban entre las sobras como larvas inquietantes y obscuras. Aquella tripulación de fantasmas en la negra entraña del buque nos pesaba como un remordimiento.
Diario clandestino, José Ana de San Blas, Venezuela 1950:
Velero "Delfina Noya"con 231 personas a bordo
Viernes 19:
Está amaneciendo y aún no hemos llegado a tierra.
Cunde el descontento entre los pasajeros y tripulantes; pues está demostrada la incompetencia del patrón y al dueño le faltan energías para saberse imponer y evitar tantos trastornos que ocasiona.
El viento arrecia y la marejada se hace cada vez más fuerte.
El mar entra por borda y borda; y la gente se pone imposible de contener.
Las malas operaciones del tal patrón antes dicho se repiten y tal parece dejar ver cierta mala fe para que el viaje no se efectúe y se malogre en esta isla que es donde se termina su contrato verbal y donde cobrará la cantidad de 20.000 pesetas.

[ Menú principal | Menú documentos | Recuerdos 1914 ]