HISTORIA
DOCUMENTOS
Mallorquines y aragoneses



Viera y Clavijo, Historia General I.Canarias (1772): Mallorquines y aragoneses (1360):
Sin embargo, hay algunas pruebas de que una parte del armamento que disponía se avanzó desde los puertos de Cataluña a observar el país, Luis Benzoni, en su tratado de las Canarias, incorporado a la Historia del Nuevo Mundo, asegura que dos de aquellas embarcaciones penetraron hasta estas islas y que también había en Gran Canaria tradición y monumentos incontestables de que por este mismo tiempo (1360) habían aportado a aquellas islas dos bajeles con tripulación mallorquina y aragonesa. ¿Serían quizá los mismos que estuvieron en La Gomera? Referían los canarios que este desembarco se hizo por el puerto de Gando; que [mucha parte del equipaje descendió a la playa y] se internaron las tropas sin mucha precaución; que los teldeses y agüimeses se pusieron en defensa echándose furiosamente sobre los europeos; que mataron e hirieron muchos y que los demás se rindieron prisioneros, entre los cuales se contaron cinco religiosos de San Francisco. Añadían que los isleños habían tratado humanamente a los extranjeros en los primeros años de cautividad, en que éstos se mostraron complacientes; pero que, habiendo mudado de conducta, determinaron los isleños deshacerse de todos y darles a una misma hora la muerte, como lo ejecutaron. Estos bárbaros respetaban a los religiosos franciscanos más que a los otros prisioneros, y quizá por eso los distinguieron en el género de suplicio. Hay en el término de Jinámar, camino de Telde y media legua distante de la costa del mar, una caverna o abismo profundo, cuyo paradero se ignoraba. Precipitándolos en ella y como, pasados algunos días, aparecieron parte de sus vestidos en el mar inmediato, conocieron entonces que éste se comunicaba con aquellas cavernas inferiores. Cuando se considera esta crueldad de los isleños para con unos huéspedes que les habían plantado muchos higuerales, fabricándoles casas cubiertas de madera labrada, enseñándoles el secreto de abrir en los cerros covachuelas más cómodas y, sobre todo, sembrándoles las primeras semillas del evangelio, erigiendo dos pequeñas ermitas de piedra seca, donde colocaron algunas santas imágenes a fin de acostumbrarlos a los misterios y cultos de la religión católica; cuando se considera, digo, todo esto, es menester sospechar que los vicios de aquellos cristianos fueron mayores que sus virtudes. Los historiadores Bontier y Le Verrier afirman que, en el primer desembarco que el señor Gadifer de la Salle hizo en aquella isla, se descubrió el testamento de unos trece cristianos que habían muerto doce años antes a manos de los bárbaros, por causa de que escribían a Europa algunas cartas de aviso en perjuicio suyo. Estos cristianos se daban a sí propios el testimonio de un celo infatigable en anunciar a aquella nación durante siete años los artículos de la fe y prevenían a todo el mundo que nadie se fijase jamás del buen semblante de los naturales, porque a la verdad eran traidores. Don Pedro del Castillo, ilustrando este pasaje de nuestra historia francesa, dice que, al tiempo de hacerse a la vela la embarcación del señor Gadifer de la Salle, llegó nadando a ella un canario con un zurroncillo al pescuezo, de donde sacó ciertos papeles que, enjutos al sol y leídos, referían cómo haciendo viaje se Sevilla a Galicia el navío de Francisco López, en 5 de julio de 1383, le había arrojado una tormenta al barranco de Guiniguada de Canaria, y que el guanarteme de la isla los puso luego en libertad, dándoles cabras y tratándoles con cariño; que estos españoles eran trece; que habían instruido en su idioma y religión a algunos niños, y que, pasados doce años, habían dado a aquellos isleños la muerte a los mismos españoles.


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