|
Fernando de Magallanes:
Este navegante portugués fue el descubridor del estrecho austral que lleva su
nombre, y que comunica los océanos Atlántico y Pacífico. La expedición que lo
llevó hasta él dió la vuelta al mundo por primera vez, aunqe Magallanes murió
antes de completar la hazaña.
Fernando de Magallanes pertenecía a una noble
familia lusitana. Nació en la región portuguesa de Trás-os-Montes hacia
1480. En 1505 s integró en la expedición de Francisco de Almeida, el
primer virrey portugués del lejano oriente, que debía contener el poderío
musulmán en Africa y la India. Como en Portugal no le fue como él quería, pues
sus peticiones al rey eran rechazadas, Magallanes marchó a España y ofreció sus
servicios al rey Carlos I (luego emperador Carlos V).
Según el tratado de Tordesillas, España había adquirido la posesión de las tierras occidentales de
América, entonces, los españoles vieron la necesidad de hallar un canal que
comunicara los océanos Atlántico y Pacífico a través de América, a fin de
utilizarlo en el camino hacia la India evitando la ruta del cabo de Buena
Esperanza, que quedaba dentro del dominio portugués. Magallanes propuso al Rey
emprender la búsqueda de ese canal, proposición que fue aceptada en 1518.
El encargo consistía en descubrir una vía que permitiera alcanzar las Islas
Molucas, en el Pacífico Sur, ricas en especias.
Las capitulaciones firmadas por Magallanes y su compañero Rui Faleiro, preveían que a ellos y a sus
descendientes les correspondería el gobierno de todas las tierras que
encontraran, además de una vigésima parte de las ganancias que obtuvieran de sus decubrimientos.
La corona española proporcionó las cinco naves que realizaron la
expedición, las cuales fueron equipadas en el Puerto de Sevilla: la
"Trinidad", la "San Antonio", la "Concepción", la
"Santiago" y la "Victoria".
Sólo esta última sobrevivió a la travesía y de los 250 hombres que emprendieron viaje sólo lo lograron 17.
Fernando de Magallanes murió antes de terminar la travesía, unos nativos en
Filipinas le quitaron la vida el 27 de Abril de 1521. Sin embargo el viaje no se
detuvo por eso, sino que continuó al mando de Juan Sebastián Elcano. La única
nave sobreviviente regresó, cargada de especias al puerto español de Sevilla, el
8 de Septiembre de 1522, después de haber dado la vuelta al mundo. Con esto se
demostró la esfericidad de la tierra y se abrieron para España las rutas de
oriente.
El viaje alrededor del mundo:
El hombre que tuvo el coraje de cambiar la historia. Por Giles Milton:
[...] Fernando de Magallanes, un caballero de gran temple, el cual sostenía desde hacía mucho tiempo la creencia de que existía una ruta mucho más rápida hacia las Islas de las Especias que el largo viaje alrededor del Cabo de Buena Esperanza, y estaba seguro de que Cabot había acertado al poner proa al oeste a través del Atlántico. En su juventud, Magallanes había viajado a las Indias Orientales, y ciertamente habría regresado allí si las circunstancias se lo hubieran permitido. Pero tras participar en un campaña militar en Marruecos, le acusaron de traición y el rey portugués le informó de que ya no necesitaba sus servicios. El rey Manuel había cometido un grave error al despedir a Magallanes, pues éste era un navegante experto y había estudiado a fondo las teorías geográficas de su época. Argumentaba que el único motivo de que Colón y Cabot no hubieran encontrado las Islas de las Especias era que no habían hallado un paso a través del continente americano.
Magallanes viajó a la corte del emperador Carlos V de España en 1518 e informó al emperador de que las islas Banda y las Molucas [eran] el único almacén natural de la nuez moscada y el macis. El rey comprendió de inmediato que Magallanes le ofrecía la mejor oportunidad de poner a prueba la posición al parecer invencible de los portugueses, y le asignó el mando de una flota que zarparía hacia el sur a lo largo de la costa brasileña, buscaría un paso par acceder al océano Pacífico y luego navegaría hacia el oeste hasta llegar a las islas de Banda. Es una suerte que Magallanes llevara consigo a un experto llamado Antonio Pigafetta, quien registró fielmente todo lo sucedido en aquella histórica primera travesía española a las Islas de las Especias. El diario de Pigafetta, a su vez, llegó a manos del culto vicario inglés Samuel Purchas, cuya monumental antología de las exploraciones, Purchas His Pilgrimes, inspiraría a los mercaderes aventureros ingleses.
La travesía de Magallanes empezó con buen pie: se abasteció de nuevo en las islas Canarias, cruzó el ecuador y llegó a la costa sudamericana al cabo de tres meses. Aquí, el rencor de que se había ido incubando entre la tripulación española y su capitán portugués estalló en un motín, y Magallanes se vio obligado a ahorcar a los perturbadores en un patíbulo levantado a toda prisa. Entonces cesó el motín.
La atención de los restantes amotinados pronto se desplazó hacia el comportamiento extraordinario de los nativos, entre ellos los pobladores, altos como gigantes, de la Patagonia, de los que observó Pigafetta; "Cuando están enfermos del estómago se meten una flecha hasta media vara garganta abajo, lo cual les hace vomitar bilis verde y sangre". Su remedio para los dolores de cabeza no era menos espectacular: se hacían un corte en la cabeza y así libraban la sangre de impurezas. Y en cuanto percibían los primeros fríos del invierno, "se ataban con cuerdas de manera que el miembro genital quedara oculto en el cuerpo".
Un año después de haber zarpado de Tenerife, el barco de Magallanes avanzó lentamente por el estrecho que hoy lleva su nombre y penetró en las cálidas aguas del Pacífico. "Estaba tan contento que las lágrimas brotaron de sus ojos", escribió el redactor del diario de la expedición. Magallanes había estado en lo cierto desde el principio: ahora sólo tenía que seguir las brisas cargadas de aroma de especias hasta las Indias Orientales.
Por desgracia, no era tan sencillo. Al igual que la mayoría de los exploradores de su época, Magallanes no tenía ni idea de las enormes distancias que debía recorrer y, cuando llevaba más de tres meses en alta mar sin avistar tierra, los tripulantes empezaron a padecer hambre. "Habiendo consumido todas las galletas y otros víveres, cayeron en tal estado de necesidad que se veían obligados a comer los restos pulverizados que quedaban en los barriles, ahora llenos de gusanos y hediondos, como la orina, debido al agua salada. El agua potable también estaba putrefacta y se había vuelto amarilla". Pronto incluso los restos agusanados se terminaron, y los hombres se vieron obligados a "comer trozos de cuero, que rodeaban ciertos grandes cabos de los barcos, pero esas pieles eran muy duras, debido al sol, la lluvia y el viento, y las sumergían en el agua, pendientes de una cuerda, durante cuatro o cinco días, a fin de ablandarlas". No era ésa una dieta para hombres enfermos, y pronto se cobró su tributo: "Debido a esta hambruna y a la sucia alimentación, a algunos las encías se les hincharon tanto sobre los dientes que murieron atrozmente de hambre".
A pesar de las terribles penalidades, los barcos prosiguieron su lento avance hasta llegar a las Filipinas, donde los hombres supieron que se estaban aproximando a su objetivo. Pero Magallanes no estaba destinado a ver las Islas de las Especias, pues cometió el error de involucrarse en una lucha por el poder local y murió en la refriega. Su muerte fue un golpe devastador par todos los supervivientes, y Pigafetta, conmocionado, se esforzó por expresar el sentimiento que les había causado su pérdida: "Allí pereció nuestro guía, nuestra luz y nuestro apoyo".
Tantos hombres habían muerto que se tomó la decisión de abandonar uno de los barcos. Los buques restantes zarparon hacia la más septentrional de las Islas de las Especias, y avistaron el cono volcánico de Tidore, cubierto de clavo, en la primera semana de noviembre de 1521. De repente las descripciones pintorescas que caracterizan el diario de Pigafetta adoptan un tono más práctico. Los hombres de Magallanes habían recorrido medio mundo a fin de hacer fortuna, y a lo largo de varias páginas Pigafetta registra todos los pesos y medidas concebibles que se usaban en la isla.
Cargado con veintiséis toneladas de clavo, nuez moscada y sacos de canela y macis, los dos barcos restantes de la expedición abandonaron finalmente las Islas de las Especias en el invierno de 1521. El Trinidad no llegó más allá del puerto: deteriorado, embarcando agua y con una sobrecarga excesiva, necesitaba grandes reparaciones antes de efectuar el viaje de regreso. Tras una emocionada despedida, el Victoria zarpó en solitario. Los hombres se enfrentaban a un espantoso viaje de regreso, y más de la mitad murieron de disentería. Piafetta, diligente como siempre, anotaba cada enfermedad y muerte, e incluso le parecía digan de mención la manera en que los cadáveres flotaban. "Los cuerpos de los cristianos flotaban con la cara hacia el cielo, pero los indios lo hacían boca abajo".
Nueve meses después de haber partido de las Islas de las Especias, el Victoria llegó por fin a Sevilla y, tras anclar frente al muelle, "descargó toda su artillería en señal de júbilo". Aunque la tripulación estaba medio muerta y Magallanes había sido enterrado mucho tiempo atrás, el emperador Carlos V no cabía en sí de gozo, y una de sus primeras acciones fue honrar al capitán , Sebastián Elcano, con un escudo de armas en cuyo diseño figuraban tres nueces moscadas, dos palitos de canela y doce clavos. (Giles Milton)
|