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Suministro de agua (1706):Los pozos y norias que mandó el primer Adelantado se abrieran en terrenos próximos a la costa del Real o campamento de Santa Cruz de Añazo, estaban secos la mayoría desde el s.XVII, en cuyo tiempo el agua de abasto público venía de la fuente de Tamaide. En 1660 se pone otra a disposición del vecindario, con mayor caudal, a cargo de Sebastián Hernández "El Pulgo" que llega al Lugar por pésimas atarjeas. Por eso en todas las viviendas había un aljibe que recogía la lluvia, sistema doméstico que llegó, en muchísimas casas, hasta bien entrado el s.XX. La aguada a los buques se traía en barriles, a lomos de cabalgaduras, de La Laguna, los valles cercanos y San Andrés. Un antecesor de Valhermoso, el capitán general de Canarias Agustín de Robles y Lorenzana (1705-09) dotó de agua corriente a Santa Cruz, con mejores conducciones y obra de distribución, como la pila de basalto que mandó a colocar en la plaza del Castillo, en 1706, y que desde ese momento -y hasta principios del s.XIX- se llamaría "Plaza de la Pila". Aquellas conducciones mejoradas consistían en canales de madera, pagados por la Real Hacienda, pósitos del Cabildo y personas del lugar santacrucero. Para su buena conservación y los debidos reparos, se impuso a las naves, beneficiadas también de ese racional aprovechamiento del agua, los siguientes derechos:
Los Capitanes Generales nombraban a un "Alcalde de agua" para la administración de esos derechos, cobrados por la Real Aduana y de los cuales disponían aquellas máximas autoridades para afrontar todos los gastos de ese servicio, eficaz recurso para la recalada de gran cantidad de navíos que "llegan a Santa Cruza refrescarse y a hazer aguada".
Suministro de agua a barcos s.XIX:
Desde fines del siglo XVIII el agua se servía a los navíos directamente en el muelle, si se trataba de embarcaciones pequeñas, o por lanchas que transportaban las pipas del muelle a los navíos. Había en efecto un sistema de conducción de agua desde la pila hasta el muelle, por medio de una atarjea continuada por caños de madera introducidos profundamente en la obra. Había también, desde la misma época, una pila que servía para las aguadas, situada en la esquina que formaba el muelle con la playa, por debajo de la alameda de Branciforte; era tan cómoda como la otra, con la diferencia que había que descargar los barriles o rodarlos un poco por la playa, para llegar al surtidero. Hacia 1811 se estropeó la cañería del muelle y la dificultad de poner otra nueva sin descomponer todo el muelle hizo que se quedara abandonada. A partir de esta época, la aguada se hizo exclusivamente en la pila del muelle. En 1856 Juan Cumella fue autorizado para poner a espaldas de la fuente de Isabel II un depósito de agua , con cañería propia para conducirla a la punta del muelle, con el propósito de surtir los buques directamente, pagando el 10% de la recaudación al ayuntamiento. Hacia 1881 se disponía de un buque cisterna o aljibe flotante, con una capacidad de 77 pipas, para llevar el agua al flanco del navío. En 1957 se surtía el agua de dos depósitos cubiertos de 6.000 y 2.000 metros cúbicos respectivamente, por medio de tuberías que la conducían a los muelles, con un rendimiento máximo de 350 metros cúbicos por hora. Ambos depósitos pertenecen a la Junta de Obras del Puerto, quien administra ahora el servicio de la aguada; el depósito mayor está en situado en el barranco de la Leña y el menor en las proximidades del dique del Este.
(Cioranescu)
Riegos con agua residual urbana: La situación de los recursos hídricos de Tenerife necesita el aprovechamiento de fuentes alternativas a las tradicionales de origen subterráneo: pozos y galerías, fundamentalmente. Por ello actualmente se está haciendo uso de otras fuentes de suministro de agua: las desaladas para uso urbano y/o agrícola, y de las depuradas para uso agrícola. Dentro de este contexto, la reutilización de aguas depuradas en la agricultura ha atenuado el efecto negativo que la disminución de la disponibilidad de agua subterránea ejerce en la isla. El agua depurada procedente de Santa Cruz de Tenerife llega hasta la balsa de Valle San Lorenzo, donde se deposita. A lo largo de su recorrido, se incorporan caudales procedentes de pozos para disminuir su conductividad eléctrica. Una parte de ella se desala y se mezcla con agua sin desalar: la cantidad de agua desalada está en torno al 15%. Tras un filtrado en la estación de filtrado de la balsa, se distribuye a los regantes mediante una red de riego a presión. En cada finca hay un hidrante, unidad en la que están instalados los siguientes elementos: contador, regulador de presión, regulador de caudal y contador. De este modo, el agricultor puede regar con presión suficiente sin necesidad de usar un equipo de bombeo, salvo que deposite el agua en un estanque. Por otra parte, sólo paga el agua que pasa por el contador y que es la realmente consumida. El empleo de aguas residuales depuradas para el riego es una práctica cada vez más extendida porque las técnicas de reciclaje suponen un importante ahorro de este recurso escaso. Sin embargo, también conlleva algunos riesgos agronómicos derivados de su uso continuado sin ninguna restricción. Características agronómicas del agua residual: Según análisis del Departamento de Ingeniería Química de la Universidad de La Laguna, el agua depurada resulta moderadamente salina. En el periodo 1995-99, la conductividad eléctrica media fue de 1250mS/cm., con oscilaciones de 900-1600 mS/cm. El valor medio es similar al de las aguas blancas empleadas en la zona. Para cultivos medianamente sensibles a la salinidad como la platanera, es conveniente no regar exclusivamente con agua depurada, sino que no se debe emplear como máximo un 70% de agua depurada y el 30% restante usar agua "blanca". Una buena norma podría ser dar dos riegos con agua depurada y un riego con agua blanca. En cultivos más sensibles como aguacates, mangos, ornamentales, no se aconseja su uso, y en todo caso no superar el 40% del riego con agua depurada. En general, un buen manejo del riego, con las dosis y frecuencias adecuadas, no tiene más riesgos si se utiliza agua depurada que si se emplea agua blanca. Uno de los problemas que se presentan en el riego con aguas depuradas en las fincas es la oscilación de conductividad que se produce, por lo que algunos agricultores han optado por la instalación de programadores de riego que, entre otras cosas, controlan la conductividad del agua con abonos, evitando así problemas de exceso de conductividad al fertiirrigar el cultivo y, en definitiva, la salinización del suelo. El ph medio del agua en el periodo citado fue de 7,8, con oscilaciones entre 7,5-8. El ph de equilibrio osciló entre 7,1 y 7,6. Son valores inferiores a los de las aguas blancas de la zona. Por ello, las cantidades de ácido a emplear en las instalaciones de riego localizado para evitar problemas de obturaciones en los emisores son menores cuando se emplean aguas depuradas que cuando se usan aguas blancas, con el consiguiente ahorro económico. Con el uso de los programadores de riego se controla automáticamente la cantidad de ácido, siempre que el mantenimiento sea el adecuado. Autor: Juan José Hernández Cruz
Consumo anual de agua en Canarias:
Pluviosidad en Canarias: |