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Relaciones de Palos de la Frontera con el Algarve a finales del siglo XV.
Aunque los orígenes míticos o legendarios de Palos de la Frontera se remontan a épocas antiquísimas, y ciertamente, sin la entidad que estas fuentes le otorgan, el poblamiento de la zona está confirmado desde el Paleolítico Superior, podemos considerar que la Villa de Palos nace a la Historia en 1379, cuando Juan I se la concede a Alvar Pérez de Guzmán, que por aquel entonces contaba con unos catorce años, como compensación de las villas de Huelva y Gibraleón que le había arrebatado para otorgarlas a la Duquesa de Medinaceli.
Y fue Alvar Pérez, verdadero padre y fundador de la Villa, quien en 1385 consigue una carta de repoblación, eximiendo de tributo real, a las cincuenta primeras familias que se asentaran en Palos, sobre todo lo que produjeran para su propio consumo. Esta medida consiguió su objetivo. Sin embargo la escasa población y, sobre todo, las actividades agropecuarias que penosamente la sustentaban, no ofrecían realmente una notable diferencia con épocas pasadas.
A medida que iba creciendo el número de habitantes de la Villa palerma, se ponía dramáticamente de manifiesto que su escasez de tierras, 4873 Hectáreas, poco fértiles y mal regadas por un clima parco en precipitaciones, no iban a permitir su crecimiento y normal desarrollo. En cambio poseía la zona unas condiciones muy favorables para dedicarse a las actividades marítimas.
I. El Puerto de Palos. I.1. Ubicación. El histórico Puerto de Palos, hoy prácticamente desaparecido, aunque mejor conocido por los recientes estudios de que ha sido objeto por el Departamento de Geofísica Aplicada de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Minas de Madrid y el Departamento de Arqueología de la Universidad de Sevilla, estaba ubicado en el curso inferior del río Tinto, llamado en esta zona Canal de Palos, a unos cuatro kilómetros de su desembocadura en el Atlántico y confluencia con el Odiel, donde, por influencia de las mareas, se han creado estuarios que albergan, desde hace siglos, excelentes puertos.
El Puerto de Palos debió surgir de forma coetánea al crecimiento de la propia villa. En sus inicios sería sólo un fondeadero para pequeñas naves dedicadas, casi exclusivamente, a la pesca en playas y esteros, y a ocasionales transacciones comerciales de abastecimiento de la reducida población.
Cuando se habla del Puerto de Palos suele pensarse en en un Muelle, influidos tal vez por la triste imagen del viejo muelle de la Calzadilla. Es un error. En las Ordenanzas Municipales de Palos (1484-1521), dedicadas en su mayoría a regular las actividades marítimas de la villa, jamás se utilizan los términos de puerto o muelle. Las carabelas palermas "aportaban a la ribera", donde se descargaban las mercancías y se procedía a la subasta o "almoneda" del pescado. Es decir, las actividades portuarias no se concentraban en un punto, sino que se repartían a lo largo de la orilla del Tinto, lo que, obviamente, es más lógico teniendo en cuenta el volumen de naves y mercancías, relativamente elevado, que debían atender.
Porque, a pesar de que Palos poseía una extensa línea litoral que abarcaba toda la fachada atlántica desde la desembocadura del Tinto hasta el Río de Oro, lindante con el término de Almonte, donde se integran las playas de Julián, Morla y Mazagón, las características de esta costa de configuración rectilínea, con abundante arena y expuesta a los vientos, la descalificaban para el asentamiento humano y el establecimiento de un puerto estable.
En cambio, el río Tinto ofrecía magníficas condiciones para la creación de un puerto interior o fluvial: fácil acceso al mar y resguardo contra los vientos y ataques piráticos, principales inconvenientes de los puertos marítimos. La existencia, además, de marismas con inextricables canales, acentuaban su carácter de refugio para los navíos.
Progresivamente, el río se convirtió en la principal vía de comunicación para los palermos, y el Puerto en el eje de sus relaciones con las otras villas de la comarca. Esta orientación marítima modificó la estructura de poblamiento cónico que, alrededor de la Iglesia y el Castillo, se había desarrollado desde la fundación. La calle de la Ribera, que unía el núcleo del pueblo con su Puerto se convirtió en la arteria principal de la localidad, y el Puerto en el auténtico corazón de la economía palerma.
A partir del primer tercio del siglo XV, el Puerto de Palos experimentó un auge continuo que rebasó el estrecho marco comarcal alcanzando dimensiones internacionales, como lo atestigua el hecho de que naves inglesas, bretonas, flamencas e italianas fondearan en sus aguas con cierta frecuencia. En vísperas del Descubrimiento de América, toda la ribera comprendida entre los actuales muelles de Palos y La Rábida debió ser testigo de las actividades portuarias de la Villa. Las carabelas anclaban en el centro del río, donde la profundidad era suficiente para sus calados, y pagaban por ello los derechos de anclaje correspondientes. Desde ellas, barcas y chinchorros cargaban o descargaban las mercancías "amarrando en la ribera".
Por otra parte, a través del estero, actualmente seco, que conectaba con la ría, los marinos podían llegar a un embarcadero situado junto a la Fontanilla, en el núcleo de la población. Y era utilizado, sobre todo, por los vecinos del lugar, ya que los marinos de otras zonas se aposentaban en las instalaciones de la Ribera, fuera del casco urbano.
I.2. Principales instalaciones.
Cerca de la orilla del Tinto existía un edificio para bodegones y almacén conocido con el nombre de ALOTA. Era en este bodegón de la Alota donde se procedía al registro de las mercancías que llegaban a la villa por mar, y también era el lugar donde se subastaba el pescado. En la Alota palerma se contrataban las pesquerías de buena parte de la comarca, e, incluso, dos palermos, Juan Venegas y Pedro Alonso Cansino, se encargaban de conceder licencias para pescar en agua atlanticoafricanas, en la zona comprendida entre el Cabo Bojador y el Río de Oro, que tenían arrendada a los Reyes Católicos.
La Alota, propiedad señorial, era además arrendada como Mesón o Posada para marinos forasteros. El arrendador del bodegón de la Alota se comprometía a conservar el edificio y "las dos chozas que tiene fuera, la fuente y el horno". Asimismo, se obligaba dicho arrendador a estar siempre suficientemente provisto de pan, vino, carne, fruta, sal, etc.., para servir a sus huéspedes cuyo número debió ser considerable, nunca inferior a un centenar, considerando el volumen del tráfico de embarcaciones foráneas.
Otra importante instalación del Puerto era el ASTILLERO, donde los artesanos mejor considerados de Palos en aquella época, los carpinteros de ribera y los calafates, construían embarcaciones, sobre todo carabelas, cuya calidad dio tanta fama a la villa como las actividades marítimas que desarrollaron.
Este tipo de navíos, de escaso calado y velas latinas, se adaptaba perfectamente a las necesidades de los marinos palermos, ya que era muy adecuado para navegar a lo largo de la costa, para remontar los ríos y avanzar contra el viento, especialmente al regreso de Guinea. La CARABELA se conocía ya en la comarca a mediados del siglo XV, cuando los marinos del Tinto-Odiel la copiaron de los portugueses. No obstante, la carabela andaluza, tipo que se construyó en Palos, presentaba algunas diferencias respecto a la portuguesa: (casco angosto, popa bastarda, timón a la navarina, tolda, aparejo redondo con cebadera y mesana latina). La capacidad de producción de estos astilleros era considerable. Documentalmente existe constancia de que podían realizar más de ocho carabelas al año. Aunque verdaderamente Palos contaba, al menos, con otros dos astilleros: uno junto a la fuente de Villafrías en la desembocadura del Tinto, y otro en Mazagón en un lugar "do dizen Huesas".
Enlazando estas instalaciones entre sí y con la Villa, existía una Calzada de una legua de longitud (5,5 kms.) que estaba empedrada en el tramo más próximo a la Ribera. Con semejante longitud, sólo cabe una posible trayectoria: que la Calzada, llegando al Río, discurriese paralela al Tinto en dirección a la Rábida durante uno o dos kilómetros. Este sería el tramo empedrado que se correspondería con el espacio de ribera donde se realizaban actividades portuarias.
La distribución y situación exacta de estas instalaciones no están determinadas documentalmente. Es muy probable que las más importantes de ellas se ubicasen a lo largo de unos centenares de metros a uno y otro lado del actual muelle de la Calzadilla, y el que podríamos denominar Muelle Colombino en las proximidades de la Fontanilla. Precisamente, las excavaciones realizadas en la zona durante los dos últimos años por Departamento de Arqueología de la Universidad de Sevilla, que contó con las prospecciones previas del Departamento de Geofísica Aplicada de la E.T.S. de Ingenieros de Minas de Madrid, han localizado en las proximidades de la Fontanilla unos cimientos y pavimentación que, por sus características y dimensiones, así como por su cercanía a los restos de un horno deben corresponder a la citada Alota, la instalación más importante del Puerto de Palos, como ya hemos dicho.
I.3. Capacidad
La densidad de habitantes del Puerto de Palos debió ser similar a los del pueblo. Al menos, así cabe deducirlo de la Ordenanza Municipal que prohibe portar armas en la Ribera por estar allí las gentes "tan aparejadas como en la Villa".
En cuanto al número de naves que componían la flota palerma a fines del siglo XV, es muy difícil establecerlo con exactitud. No obstante, si tenemos en cuenta que, en 1484, el Concejo mandó construir ocho carabelas para ocupar a los marinos desempleados de la Villa, y considerando que esta población marinera desocupada oscilaba en torno al 15 % del total de la población activa, podemos deducir que Palos contaría con no menos de 50 carabelas, además de un número indeterminable de embarcaciones más pequeñas. La Carabelas tenían una capacidad media de 35 o 40 toneladas, según se desprende de la clasificación de navíos que realiza el Concejo para la percepción de impuestos.
II. Los inicios de la expansión atlántica.
II.1. La Pesca
Demasiado a menudo, las espectaculares acciones llevadas a cabo por los palermos en actos de corsarismo han ensombrecido el resto de las actividades que realizaron en la mar. Y sin embargo, es la pesquera la primera y más importante de las actividades por ellos desarrolladas, si bien es cierto, que no podemos establecer una clara diferencia entre la pesca, el comercio y el corsarismo. De hecho, los palermos fueron, en primer lugar y antes que nada, pescadores. Fue el trabajo en las pesquerías africanas durante generaciones, lo que les dio un auténtico conocimiento de la navegación en el Atlántico. Y no obstante, no es nada extraño que encontremos a los mismos hombres pescando alosas en Azamor y asaltando una carabela portuguesa. No fueron sino dimensiones diferentes de una misma realidad.
Dos fueron las áreas pesqueras más frecuentadas por los palermos. La primera, que abarcaba el ámbito del Tinto, se caracterizaba, sobre todo, por la pesca en los esteros y el litoral palermo, continuándose en aguas gaditanas hasta Sanlúcar de Barrameda. L a segunda gran zona pesquera, que es la que ahora nos interesa, se encontraba en la costa noroccidental africana, desde Marruecos a Guinea.
La pesca en aguas africanas, llevada a cabo por los palermos a lo largo del siglo XV, reviste una especial importancia no sólo desde un punto de vista económico, sino por la coyuntura histórica en la que se encuadró. Las actividades marítimas de los palermos en esta zona se desarrollaron en una época de rivalidad castellano - portuguesa por el dominio de las costas africanas. A consecuencia de ello, sufrieron grandes altibajos en función de la política regia, hasta que una serie de tratados fueron mermando paulatinamente las áreas pesqueras a las que podían acceder los andaluces.
Los marineros de la Baja Andalucía faenaron en aguas africanas desde el primer tercio del siglo XV, o incluso antes. En el mar, los castellanos se limitaron a seguir la estela de las navegaciones portuguesas, auténtica pionera en el Atlántico. Desde el Norte de África, las actividades pesqueras fueron ampliándose hacia el Sur, aumentando progresivamente las áreas de pesca y diversificándose las especies capturadas. De esta manera:
Esta coyuntura fue aprovechada por Portugal para monopolizar la zona, excluyendo de esos mares a los barcos andaluces, en un primer intento de establecer un "mare clausum". Es importante destacar que la "cuestión guineana" fue abordada por Portugal como una empresa de índole nacional, mientras los andaluces se aventuraban en estas empresas por su cuenta y riesgo, en desigual competencia con la organizada armada portuguesa.
A pesar de este claro dominio portugués de la zona, tenemos noticias de algunos pescadores palermos que iban a capturar cazones más al Sur del Río de Oro, en el Golfo de Sintra. Por una carta otorgada en 1467, los Condes de Miranda y Cifuentes establecieron, con los regidores de la villa de Palos, un acuerdo por el que se comprometían a entregar al mayordomo de la Condesa de Plasencia y a dos mercaderes sevillanos la cantidad de "80.000 caçones alvarynos que vendrían en los navíos de Synca". El intento de los portugueses de controlar la mayor parte posible de la costa africana chocó con la resistencia de pescadores y mercaderes andaluces, lo que dio lugar a un estado de conflicto semipermanente que desembocó en una situación de inseguridad en las aguas africanas.
En el caso estricto de la pesca se llegó incluso más lejos en esta colaboración, cuyo objetivo no era otro sino asegurar la actividad de los pescadores palermos que representaban unos interesantes ingresos para la Corona de Portugal, pues el 1 de Noviembre de 1468 el Rey Don Alfonso V firma en Lisboa un seguro del arrendamiento de las pesquerías en el Río de Oro para el rico armador palermo Álvaro Alonso Rascón, que por cierto llegaría a ser en 1492 Alcalde de Palos junto al famoso Diego Rodríguez Prieto. Con este documento el armador podía envíar tranquilamente a pescar en aquella zona no sólo a sus propias naves, sino a todas las castellanas que le pagaran la licencia correspondiente:
También tuvieron los andaluces que competir por los beneficios de un floreciente mercado de esclavos, procedentes de Guinea, con Portugal, que ya desde 1444 había organizado la trata. Concretamente, el 8 de Agosto de dicho año, según el cronista Gomes Eanes de Zurara, cuando son puestos a la venta en el mercado de Lagos 235 esclavos traidos por la expedición de Lanzarote:
Mientras tanto, los castellanos, ajenos o impotentes para sumarse a esta trata negrera, parecen más interesados en controlar otras mercancías como las Conchas, Orchillas, o Caurís, singular moneda para tratar con los indígenas.
Las prácticas de apresamiento directo, o "filhamentos", fueron pronto abandonadas por irrentables, ante la facilidad de conseguir grandes contingentes de negros, prisioneros por sus frecuentes escaramuzas tribales, sólo con ofrecer al reyezuelo de turno algunas baratijas. De la constatación de esta realidad surgirían las factorías: Arguim (1448), Santiago de Cabo Verde(1458), San Jorge da Mina(1482), Sâo Tomé(1486)... En cambio España no tuvo en el África noratlántica mas que la factoría de Mar Pequeña, ubicada en algún lugar indeterminado de la costa de Berbería.
Sin embargo, esta desigualdad, por la cual casi la totalidad de los esclavos que llegaban a Andalucía procedían directamente de estas factorías lusitanas en África, o llegaban a través de los mercados negreros de Lagos y Lisboa, será superada al inventar los andaluces otra forma, y desde luego no la menos importante, de procurarse esclavos: el robo.
En efecto, al mismo tiempo que se produce un auge en las actividades marítimas de los palermos en el litoral atlántico africano, durante la segunda mitad del siglo XV, comienzan a ser frecuentes los testimonios de esclavitud en la Villa. La coyuntura propiciaba un aumento del tráfico marítimo en aquellas aguas, que se hacía posible gracias al desarrollo de las ténicas de navegación. Coincidiendo con los primeros contactos con los mercados de esclavos en tierras africanas, la población de Palos crecía y se hacía más rica, convirtiéndose en un importante núcleo de la trata negrera en sus inicios.
Los marinos de las costas occidentales de Andalucía, y en el litoral onubense concretamente Palos, Huelva, Lepe, Moguer o Gibraleón, se ven a menudo involucrados en acciones piráticas contra las carabelas negreras lusas, a las que esperan y asaltan cuando pretendían llegar a Portugal desde Guinea. Una lucrativa actividad que se incrementaría a lo largo de la segunda mitad del siglo XV por tres razones fundamentales:
1º. La desigual presencia de España y Portugal en África ya comentada, a la que debe sumarse la superioridad de la bien organizada armada portuguesa.
2º. Era mucho más barato, y por tanto rentable, apoderarse de estas cargas humanas cuando ya se encontraban próximas a las costas andaluzas, máxime cuando, como afirma el profesor Antonio González Gómez:
Según el cronista Alonso de Palencia, en 1476 era considerable el tráfico negrero, porque:
Llámase aquel territorio de los Azanegas,con cuyo nombre se distingue a los de color cetrino de otros de color más negro y de costumbres también más negras.. Los marineros de las dos carabelas se apoderaron de 120 azanegas y los trajeron a Andalucía, despreciando las órdenes del Rey Don Fernando, que prohibía terminantemente el tráfico fraudulento con los de Guinea".
"Gonzalo de Stúñiga, admirado por la nobleza del rey cautivo, le cedió su montura.Posteriormente, Fernando el Católico ordenó ponerlos en libertad".
Aunque los palermos obtuvieron esclavos guanches o canarios, más fáciles de conseguir por no tener que enfrentarse para ello con la armada portuguesa y por la complicidad en el tráfico esclavista de los señores de la Gomera Fernando Peraza y Beatriz de Bobadilla, esta fuente de cautivos, notable sobre todo tras Alcáçovas y la prohibición de acceder a los negros, fue muy pronto desarticulada por las denuncias de Fray Juan de Frías, Obispo de Rubicón, que denunció a los Reyes Católicos ésta práctica por ser cristianos los canarios apresados.
Sin embargo, los marinos de la costa suratlántica peninsular encontraron un modo de seguir en el negocio esclavista, y éste no fue otro que enrolarse en los barcos portugueses, cuyos armadores y capitanes les aceptaron de buena gana porque ellos mejor que nadie sabían de la gran experiencia y pericia de estos navegantes, a lo cual se añadió otra razón importante: la mayor posibilidad de poder introducir esclavos de contrabando en América con estos marinos.
Y para ejemplificar esta colaboración en los orígenes del que llegaría a ser "comercio triangular", sin detenernos en exceso en su suerte, baste citar un documento sobre las actividades económicas de Ginés Pinzón, descendiente de los famosos capitanes palermos que llevaron a Colón a América:
Ilmo. Sr.: Ginés Pinzón, residente en esta cibdad, paresce ante V. Md. en aquella vía e forma que mejor en derecho lugar aya, e digo que conviniéndome hacer una ynformación ad perpetuum para la presentar ante su Magestad, en su Real Consejo de las Yndias y adonde a mi derecho convenga, en la cual pienso averiguar de cómo vine por piloto con Antonio Rodríguez de Lisboa en un navío nombrado la Concebción que entró en el puerto desta dicha cibdad cargado de esclavos negros, do yo traía quatro esclavos negros que se me habían dado y pagado por razón del dicho pilotaje, y se me tomaron por perdidos para Su Magestad..."
III. La Guerra Colonial.
A mediados del siglo XV, la villa de Palos iniciaba una etapa de desarrollo demográfico y prosperidad económica. Sus naves, siguiendo las rutas descubiertas por los portugueses, comenzaban a beneficiarse de la pesca y el comercio en la zona noratlántica africana, sin que la Corona de Castilla tuviera más noción de su existencia que las meras donaciones realizadas por Alfonso XI y Juan II.
Ya desde comienzos del siglo XV, según Rumeu de Armas, existió un comercio entre la Baja Andalucía y el Norte de Africa, cuyos enclaves más notables fueron Tánger, Arcila, Azamor y, más al Sur del Cabo de Aguer, Messa. No obstante, se potenció a lo largo de la centuria, culminando tras los descubrimientos portugueses de Guinea y la Mina de Oro (1471), entablándose una fuerte competencia entre los marinos del Tinto-Odiel y los del Algarve por la explotación de un lucrativo comercio, basado en productos de enorme valor como el oro, los esclavos y las especias, y unas ricas zonas de pesca, donde destacarían los palermos, pues, como afirma el cronista Alonso de Palencia, fueron marinos de esta villa los que desde más antiguo y con mayor frecuencia navegaron estas aguas.
Este comercio se caracterizó, especialmente en la etapa previa al reinado de los Reyes Católicos, por ser exclusivamente privado, es decir, por la ausencia de una intervención efectiva de la Corona castellana en el mismo. Las empresas estaban constituidas por particulares que aportaban las naves y el capital necesario, repartiéndose proporcionalmente luego los beneficios obtenidos. Pero la magnitud de los ingresos generados debió ser tan considerable que indujo a la Corona a intervenir para reclamar la percepción de los "quintos" que le correspondía:
y mercancías para quienes violasen el mandato regio. En 1476, se proclamaron en Sevilla, Palos, Puerto de Santa María, Jerez y otros puertos, las Cartas Reales que obligaban a llevar un escribano en cada una de las carabelas que fuesen a los "resgates" de Guinea, cuyo objetivo, obviamente, era el control de mercancías e intercambios para la posterior deducción del quinto.
Y así fue como los Reyes Católicos tuvieron noticia de la villa de Palos, uno de los pocos puertos de la costa suratlántica peninsular que osaba, por necesidad, desafiar a la armada portuguesa y escamotearle algunos recursos de su explotación colonial. Ahora la Corona reclamaba la quinta parte de estos ingresos, ofreciendo a cambio una dudosa protección que estaban lejos de poder hacer efectiva y que, por otra parte, nadie le había pedido.
La Reina Isabel, que achaca a la dejadez de su hermano y antecesor en el trono, Enrique IV, el dominio de Portugal en Africa, está dispuesta a defender su soberanía en la zona. Obviamente, Alfonso V de Portugal no iba a admitirlo, máxime cuando, casado con Juana "la Beltraneja", hija del fallecido Enrique IV, y con el apoyo de la alta nobleza castellana, reclamaba para su esposa el trono de Castilla.
La guerra entre Castilla y Portugal (1475-1479), llamada guerra Peninsular o de Sucesión, ha sido también considerada por algunos historiadores como la primera guerra colonial europea, y es en este sentido en el que ahora nos interesa por su vinculación a Palos y el Algarve.
Los pescadores palermos, que frecuentaban las aguas del África Noroccidental, participarían en el conflicto desde sus inicios asaltando los navíos portugueses que volvían de Guinea, apoderándose de sus mercancías y esclavos. Actividad en la que poseían una dilatada experiencia. Ya en 1452, Pedro Alonso, escudero del Infante de Portugal, mandó una requisitoria para que pescadores de Palos, Moguer y Sevilla, que apresaron una carabela portuguesa procedente de Guinea, le devolvieran los 66 esclavos negros capturados.
Eran acciones corsarias apoyadas por los señores de Palos. La cobertura señorial queda patente en la queja que en 1473 el Rey de Portugal hizo ante el Concejo de Sevilla para que le devolvieran unas carabelas apresadas al Conde de Villarreal por gentes de Palos. El Concejo sevillano transmitió la queja al palermo, el cual respondió que no era esta Villa la que tenía que entender, en justicia, de la toma hecha por vecinos de Palos contra gente de Portugal, sino don Gonzalo de Stúñiga "en cuya mano y poder estaba el gobierno de la Villa".
Iniciada la guerra, los Reyes nombraron a Álvaro de Nava capitán mayor de la flota, quien se dedica, sobre todo, a guardar las costas andaluzas de las incursiones del corsario portugués Alvar Mendes. Y mientras en Sevilla la Corona preparaba una armada "nacional" de 30 naves que pudiera enfrentarse a la hegemonía de los lusitanos en Guinea, a fines de 1475 algunos pescadores de Palos, avezados en diversos conflictos con portugueses, y otros vecinos del Puerto de Santa María, llevando sus carabelas a las costas más próximas a Guinea, llamada de los Azanegas.
La Armada que se preparó en Sevilla no contó con la participación de los palermos, ante la negativa de Gonzalo de Stúñiga a que éstos formasen parte de la empresa. Fue un fracaso. Y los Reyes comprendieron la necesidad de apoyar las acciones aisladas de los palermos, así que en 1476 ordenan al Concejo de Sevilla que permitan sacar trigo y cebada para el mantenimiento de la Villa de Palos y el aprovisionamiento "de la armada que iban a hacer contra Portugal", por lo que los de Palos pasarían a convertirse de hecho en verdaderos corsarios reales.
Más tarde, ante estas nuevas circunstancias, Gonzalo de Stúñiga otorga su permiso y las naves palermas se unieron a la expedición castellana capitaneada por Charles de Valera. Según Alonso de Palencia, las tripulaciones conseguidas en principio, de andaluces y vascongados, carecían de práctica en viajes semejantes "porque sólo los de Palos conocían de antiguo el mar de Guinea", y la incorporación de los palermos fue un importante refuerzo para Valera.
La armada, considerando que encontraría en el camino a las naves portuguesas de vuelta de Guinea, no quiso llevar más cargamento que las armas para arrebatarles el oro, pimienta y esclavos que Hernán Gómez, capitán de la armada portuguesa, hubiese cambiado por baratijas. A pesar de todo, los preparativos fueron lentos. El Duque de Medina Sidonia y el Marqués de Cádiz, sabiendo que el control real les sería desfavorable, estorbaron su organización todo lo posible, llegando a acciones que bien pudieran calificarse de alta traición. Y en cuanto a la oligarquía palerma, Pedro de Stúñiga, aunque en sus palabras se mostraba favorable a la expedición, en realidad la entorpecía, apoyando la tiranía y las astucias de Gonzalo de Stúñiga, usurpador del señorío de Palos, que se había resistido por mucho tiempo a que las naves palermas se reunieran con las demás carabelas.
Cuando al fin zarpó, la armada puso rumbo a la isla de Antonio Nolli, que descubriera este marino de Génova mercenario portugués, y arribando a ella se apoderaron de Antonio y los demás habitantes, robaron cuanto tenían y, al saber que Hernán Gómez con su armada venía de vuelta a Portugal, los andaluces, para resarcirse de los gastos de la expedición y hastiados de la traidora actitud de los nobles, se dirigieron a las costas africanas y apresaron las dos carabelas que el Marqués de Cádiz enviara para avisar a los lusitanos. Con todo el botín y los 500 esclavos azanegas que les tomaron, los marinos, especialmente los de Palos, se negaron a seguir a Charles de Valera , y continuaron solos el viaje. De este modo, "la rapacidad de los grandes hizo perder al Rey y a los maestres de las carabelas todos los gastos de la expedición".
El intento de crear una armada nacional castellana había fracasado, la Corona iba a tener que recurrir a las expediciones particulares, entre las que destacaban las palermas, como único medio de estorbar, ya que no se tenía capacidad para más, la presencia portuguesa en África. Son significativas al respecto las órdenes cursadas por la Reina a los Concejos de Sevilla, Jerez y sus comarcas para que permitieran a los vecinos de Palos comprar el pan que precisaban para el abastecimiento de la villa y de los navíos que enviaban contra Portugal .
En 1477, los de Palos asaltaron con 26 carabelas la costa portuguesa y retaron a combatir a ciertas naves francesas aliadas de los lusitanos, a las que vencieron, apresando además dos carabelas portuguesas. Después saquearon el arrabal de Tavira ocasionando graves daños.
La dilatada experiencia de los palermos en las navegaciones atlánticas y en los enfrentamientos con los portugueses fue reconocida y requerida por los Monarcas. El salvoconducto y seguro que los reyes concedieron a todas las personas que fuesen en los navíos que llevaba en cargo Mosén Juan Boscán para ir a la Mina de Oro, fechado en 1478, lleva implícito el interés de la Corona porque los marinos palermos participaran en estas navegaciones. Tanto las naves como sus tripulaciones serían reclutadas mayoritariamente en Palos, por orden de los Reyes y mediación directa del propio Capitán de la Armada. El salvoconducto iba significativamente dirigido en primer lugar a la Villa de Palos:
En las Ordenanzas Municipales de Palos, se advierte el acatamiento de las oligarquías locales a esta actitud real en la exención de algunos tributos sobre productos de monopolio señorial cuando son para avituallar las naves que se dirigen a las colonias, y también en la excepción que se hace sobre la prohibición de portar armas en la Villa, permitiendo que fueran armados los marinos que se disponían a partir para la Mina o Guinea en la Calzada y en el Puerto, circunstancia que también denota las dificultades que encontraban estos hombres para pescar o comerciar en unas zonas casi totalmente dominadas por los navíos portugueses.
Como en el resto de las ocasiones en que se intenta hacer una gran armada, se fracasa ante la superioridad lusa. Sólo en encuentros singulares y muy rápidos los palermos, sin más respaldos, conseguían sorprenderles. Ciertamente, también algunos palermos aprovecharán la confusión de la guerra para dedicarse simple y llanamente a la piratería. Pero, pese a todo, los servicios que brindaban a la Corona al enfrentarse a los de Portugal, indirectamente, les hacía acreedores de su aprecio y respaldo.
La situación va a cambiar radicalmente cuando en 1479 se firma la Paz de Alcáçovas, que supuso la retirada del apoyo que la Corona venía prestando a la navegación en aguas de Guinea. El acuerdo constaba de dos pactos esenciales. En primer lugar el Tratado de las Tercerías de Moura, que regula los arreglos matrimoniales directamente destinados a resolver la cuestión dinástica, mediante el compromiso entre el príncipe heredero portugués, Alfonso, y la hija mayor de los Reyes Católicos, la infanta Isabel.
En segundo lugar, el Tratado de la Paz Perpetua, que ponía fin a la guerra peninsular. Por lo que se refiere a navegaciones en el Atlántico y expansión ultramarina de ambos reinos, el Tratado adjudicaba a los reyes de Portugal:
Respecto a las rutas del mar libre hacia Occidente, el Tratado no dice nada en su letra, aunque en su espíritu se deja también entrever que el derecho corresponde a Portugal. Sólo cuando Colón y los hermanos Pinzón descubran América será este punto conflictivo hasta el Tratado de Tordesillas (1494).
Entre tanto, los castigos que recibirían los navegantes que incumpliesen el pacto de los Reyes, en lo relativo a Guinea, nos lo aclara una carta del rey portugués Juan II, de fecha 6 de Abril de 1480, que dispone que los capitanes de los navíos portugueses enviados a Guinea, si encontraban allí navíos de cualquier gente de España o de otro cualquier país, los tratasen en son de guerra, y que llegado el caso no hicieran prisioneros, sino que inmediatamente que fueran apresados, y sin juicio previo alguno, fuesen dejados en el mar para que murieran.
Los palermos, lógicamente ajenos a estas sutilezas de alta política, siguieron asaltando las naves portuguesas, sus enemigas seculares, y haciendo incursiones a las posesiones lusitanas en África, entre otras razones, porque sólo podían optar entre morir de hambre o desobedecer el Tratado. El escaso término palermo, con unas tierras poco fértles y escasamente regadas, impedían a los más de 2.500 habitantes de Palos vivir de las actividades agropecuarias. Su única posibilidad de subsistir era, como había sido siempre, el mar.
Excelentes carpinteros de ribera, sus astilleros siguieron funcionando a buen ritmo. Y también su alota seguía siendo un lugar atrayente para los pescadores de la comarca, hasta el punto que los palermos Juan Venegas y Pedro Cansino arriendan en 1490 a los Reyes Católicos la zona pesquera comprendida entre el Cabo de Bojador, Angra de los Caballos y Gran Canaria hasta la isla de Hierro, concediendo después ellos las licencias de pesca.
Pero ésto era insuficiente para sobrevivir y, contrariando el Pacto de Alcáçovas, acuden a las aguas prohibidas pasando de ser considerados como avezados guerreros contra los portugueses a meros delincuentes. Alcáçovas supuso el sacrificio de los palermos, y de sus actividades marítimas, en aras de la nueva coyuntura política respecto a Portugal. En Palos produjo un sentimiento de estupor y decepción, origen de las tensas relaciones con la Corona, que se agudizarán más aún cuando los Reyes adquieran la mitad de la Villa en 1492. En definitiva, la guerra colonial supuso una época de auge para el Puerto de Palos en todos los sentidos, al saberse sus habitantes respaldados por los Monarcas, que llegan a conocer esta Villa por necesidades del conflicto, para abandonarla cuando éste concluye. No obstante, ni los Reyes Católicos, ni el mercenario de Portugal Colón, se olvidarían de la extraordinaria pericia marinera mostrada por los palermos durante la contienda. No en balde, se dijo de Martín Alonso Pinzón que "hera el más valeroso hombre por su persona que avía en toda esta tierra, e con un navío que tenía le temían los portugueses en los tiempos pasados, que no avía navío de portugués que le osare aguardar".
Aunque probablemente sea Pero Vázquez de la Frontera, el viejo marino de Palos que animó a Colón y los hermanos Pinzón a realizar el viaje que culminó con el Descubrimiento de América, quien mejor simbolice las estrechas relaciones, a veces pacíficas y a veces no, que mantuvieron los navegantes de la costa suratlántica peninsular a una y otra orilla del Guadiana. La fama de Pero Vázquez en el Puerto de Palos se debía a su gran experiencia como navegante en la armada portuguesa, sin duda la más temida pero también admirada de la época por su pericia y prestigio.
Así lo afirma, en los Pleitos Colombinos, Fernando Valiente:
acontecimientos animaba a Colón, los Pinzón, y sus tripulaciones, para que no desmayasen y siguieran adelante al llegar al "mar de yerbas", muy posiblemente los Sargazos, admitiendo que la decisión de retornar en aquella zona era la que seguramente había impedido a su expedición, en época del Infante D. Enrique, llegar a aquellas míticas y deseadas costas orientales de legendaria riqueza.
El viaje al que se hace referencia, que ya fue objeto de estudio por Cortesao, es el de Diego de Teive en 1452, donde iba el palermo Pero Vázquez, por entonces bastante joven, como piloto. Probablemente estuvo motivado por el retorno de algún navío que accidentalmente fue arrastrado a las costas americanas, e iba en busca de la legendaria isla de las Siete Ciudades.
Salieron de la isla de Fayal en las Azores, y tras navegar rumbos S y E para encontrar los alisios se adentraron más de 150 leguas al SO según Las Casas y Hernando Colón, posiblemente debieron ser el doble, ya que el "mar de yerbas" del que hablaron, seguramente se corresponde con una zona amplia y densa de los Sargazos, alrededor de los 29º N y 40º O.
Desesperados de poder seguir avanzando, deciden volver en un gran arco por el Norte, buscando los vientos de occidente, lo cual hace sospechar a algunos autores que también tenían referencias sobre el modo de "retornar". Descubren la Isla de las Flores (Azores), para subir hasta el Cabo Clara, en Irlanda, por lo que el profesor Demetrio Ramos piensa que debían de esperar al otro lado del Atlántico, no sólo islas, sino un gran continente que probablemente identificaran con las costas asiáticas. En definitiva, aunque no obtuvo éxito, y ello motivó una cierta frustración y rechazo de la tesis de llegar a Oriente por Occidente, como afirma Quinn, fue la primera expedición y exploración seria del Atlántico.
Pero Vázquez de la Frontera, marino al servicio de Portugal y Castilla, en
una época y un lugar que concentraron las más altas cotas del arte de navegar
con una mentalidad ávida de aventuras y nuevos horizontes, es un buen
representante de los hombres de mar de la costa suratlántica peninsular que,
compitiendo o colaborando, adquirieron en la segunda mitad del siglo XV, con sus
incursiones en África, una enorme experiencia que llevaría a las naves de esta
costa a los más remotos mares, poniendo en contacto a civilizaciones que hasta
entonces permanecían aisladas, e iniciando con ello una nueva era en la cual las
relaciones humanas de toda índole adquirieron una dimensión global, planetaria.
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