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Heródoto de Halicarnaso relata sus viajes:Procedía de la ciudad de Halicarnaso, en el Asia Menor, bárbaro por el lado paterno y heleno por el materno. Recorrió Egipto en cuatro meses. Viajó por todo el país desde la desembocadura del Nilo hasta el actual Assuán. Vió poco del antiguo esplendor. Tropas mercenarias persas de Artajerjes ocupaban el antiguo imperio faraónico. Intentó descifrar los jeroglíficos sin lograrlo. Estudió a los etruscos en Italia. Visitó repetidamente Cirene, la colonia griega en Africa, fundada por sus compatriotas de Halicarnaso. Trató de recoger en Cartago cualquier información sobre sus extendidas colonias. Hacia el año 450 a. J.C. empezó a socavar el bello ensueño etnológico heleno. A través de sus ojos, La humanidad clásica descubrió por vez primera a los pueblos exóticos.
La tierra murmuraban, no era, a juicio del bárbaro, del semiasiático, un disco, sino una bola -sí, exactamente una gran bola que flotaba por el cosmos. Y -¡Por Hades!- sobre esa curiosa bola vivían, además de los helenos, una serie de otros pueblos cultos, vivían bajo leyes justas y de un modo feliz, decente y nada bárbaro. El hombre de Halicarnaso decía que había visto a esa gente con sus propios ojos: en Italia y en Egipto, en Mesopotamia y junto al mar Negro. Estas afirmaciones eran exactamente una provocación; todos los capitanes helenos, todos los comerciantes de lana y vendedores de ánforas, que habían estado alguna vez en tierras bárbaras, decían exactamente lo contrario, hablaban de costumbres salvajes, excesos vergonzosos de sus habitantes, daban fe de hombres medio bestias de atezada piel, de monstruos y sátiros velludos que tenían un solo ojo. ¿Acaso los persas, los enemigos tradicionales, no eran unos bárbaros? ¿No habían atacado con fuerza salvaje Jonia, Tesalia, e incluso Atica? ¿Y los etruscos y cartagineses no eran acaso piratas de la más vil estirpe que aparecían con sus naves de presa en todos los lugares donde los colonizadores helenos fijaban sus residencias dispuestos a extender la cultura? Y, finalmente, los egipcios -claro que Atenas había firmado un tratado para defenderse de los persas-, esos hijos del infierno. Pero ¿tenían espíritu y dignidad humana aquellos poseedores de esclavos medio negros y adoradores de animales? ¿Podía compararse Egipto con la Hélade? ¿No era una desfachatez rayana en la locura establecer paralelos entre las buenas costumbres griegas y los malos usos de aquellos extranjeros salvajes? Así por ejemplo -continuó-, se dice en Egipto que el continente libio está rodeado por el océano y que se le puede dar la vuelta en barco. La gente se echó a reír, se divirtió con esta graciosa fábula. Cualquiera de los presentes, por poca geografía que supiera, sabía, naturalmente, que Libia (hoy la llamamos Africa) se unía en el sur con Asia y que el mar de Eritrea, es decir el océano Indico, era un mar interior. Se dice que los egipcios incluso han logrado demostrar su teoría y que han dado la vuelta a Libia en barco. Al regresar contaron que durante el viaje habían visto el sol de mediodía en el norte...
El origen de los etruscos: Investigaciones arqueológicas: El arte de interpretar los signos del cielo, el tipo de sepultura bajo grandes túmulos y la famosa estela de Lemmo, "clamorosamente etrusca", como ha sido definida por los estudiosos, amén de otros muchos indicios de los historiadores antiguos que aproximan a los etruscos, en parte y en determinadas situaciones, a los mitos pelasgos. Por otra parte, hay que tener presente que los etruscos se consideraban autóctonos, es decir, originarios de Italia y que ninguna huella arqueológica ha permitido demostrar su procedencia oriental, como, sin embargo, aparece evidente cuando exploramos los testimonios arqueológicos de las primeras colonias griegas y fenicias en el sur de la península. En las últimas décadas, la esploración de los estratos más profundos de los yacimientos etruscos permitió identificar en la civilización descubierta a finales del 700 en Villanova de Bolonia del conde Gozzadini la primera fase del pueblo etrusco. Casi todos los expertos están de acuerdo sobre el hecho de que los villanovianos eran autóctonos. Por eso, el gran etruscólogo Massimo Pallotino propuso abandonar la inútil investigación de los orígenes de los etruscos para centrarse en el concepto de su formación. Una propuesta más realista que, sin embargo, todavía no ha podido dar una respuesta satisfactoria al problema. La imagen de sus reuniones en los frescos de sus tumbas nos ha transmitido la sensación de una atmósfera enrarecida y recelosa, de movimientos elegantes, de un gusto refinado y ambiguo que fue, durante mucho tiempo, objeto de temor, admiración y envidia por parte de todos los pueblos antiguos. (Valerio Manfredi) Heródoto en Cartago: Trescientos años antes la colonia fenicia de Cartago se había enriquecido y hecho independiente. Tenía medio millón de habitantes. Quería saber de qué regiones llegaban los negros a Cartago, qué pueblos habitaban más allá de las Columnas de Hércules (la gente hablaba de lotófagos, que se alimentaban de hojas de loto, de trogloditas y de lestrigones, devoradores de hombres); qué habían visto los cartagineses en Africa y en las islas desconocidas de la púrpura y del estaño. Publicó con todas las reservas la historia de un viaje que contaba el príncipe persa Sataspés. Su historia le pareció una mezcla de relatos cartagineses. No oyó hablar acerca de los viajes de Hannón e Himilcón, las mayores expediciones de aquellos tiempos. Tras la conquista de Cartago los romanos encontraron las crónicas de expedición que Heródoto no pudo encontrar. Una trata del descubrimiento de las Islas Canarias donde habían encontrado unas plantas colorantes que venían a sustituir a los costosos caracoles de la púrpura. "Habían exterminado" a muchos habitantes de la isla para que no se difundiera la noticia. Otra crónica trata del almirante Himilcón, habla de los viajes a la isla del estaño, del mar del Norte (posiblemente las Islas Británicas) y a las regiones atlánticas de los bancos de algas que, "como una selva son capaces de retener prisionera una embarcación". Otra crónica era la que relataba la expedición del jefe y general supremo de Cartago, Hannón, hacia el año 500 a. J.C. Empresa de enormes dimensiones
Naves en la Antigüedad: |