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Arte islámico. Orígenes y características:
Dos rasgos dominantes del arte y la
arquitectura islámicas, la importancia de la decoración caligráfica y la
composición espacial de la mezquita, estuvieron íntimamente ligados a la
doctrina islámica y se desarrollaron en los primeros tiempos de su
religión.
En Medina, Mahoma reunió a un grupo de creyentes para celebrar
la oración comunitaria. La casa de Mahoma consistía en un recinto cuadrado
de muros de adobe abierto a un patio, rematado por un soportal o cobertizo
en el lado sur. En el muro oriental se levantaron las habitaciones de las
mujeres del Profeta, volcadas hacia el patio, donde se reunían los fieles
para orar bajo las directrices de Mahoma, que se subía en un estrado para
dirigirles. En esta disposición se ha querido establecer el origen de las
futuras mezquitas, que suelen presentar un patio interior (sahn) rodeado
de pórticos (riwaqs) y un espacio cubierto (haram), articulado mediante
naves de columnas y delimitado por la quibla, el muro que señala la
dirección de La Meca.
Influencias del arte islámico:
Los primeros seguidores de Mahoma fueron pueblos
nómadas procedentes de la península Arábiga, con escasas tradiciones
artísticas, en contraste de los imperios que conquistaron posteriormente.
A medida que se expandió, el islam asimiló las distintas tradiciones
culturales y artísticas de los pueblos sometidos, instaurando así un
estilo artístico propio, que varía de acuerdo con las diversas áreas
climáticas o los materiales disponibles. Algunos motivos adaptados de
otras culturas se convirtieron en temas universales del mundo islámico. El
arte islámico evolucionó a partir de muchas fuentes, como las romanas,
paleocristianas o bizantinas, que se entremezclaron en su primera
arquitectura, el arte persa Sasánida y los estilos del centro de Asia,
incorporados a través de las incursiones turcas y mongolas. El arte chino
constituyó un ingrediente esencial de la pintura, la cerámica y las artes
textiles.
Desarrollo histórico:El desarrollo del arte islámico desde el
siglo VII al XVIII se divide en tres periodos.
- El periodo de formación,
que coincide aproximadamente con el califato Omeya (661-750), bajo cuyo
mandato el territorio islámico se extendió desde Damasco (Siria) hasta
España;
- el periodo medio que abarca la época de los califas Abasíes
(750-1258), establecidos en Bagdad (Irak), hasta la conquista mongola,
- y el periodo que transcurre entre esta conquista y el siglo XVIII.
Dentro de esta secuencia se pueden discernir, en las diferentes partes del mundo
islámico, diversos estilos artísticos asociados a las correspondientes
dinastías de gobernantes. Además de aquellos relativos a las grandes
dinastías Omeya y Abasí, cabe mencionar otros estilos, como el de los
turcos Selyúcidas, que gobernaron Irán desde mediados del siglo XI a 1157;
el de los kánidas, pueblo mongol que controló el este de Irán de 1256 a
1349; los Timuríes, grandes mecenas de la cultura iraní, instaurados al
oeste de Irán entre 1378 y 1502 y los Safawíes, gobernantes de la
totalidad de Irán de 1502 a 1736. El arte islámico también floreció bajo
los turcos otomanos, que dirigieron Turquía de 1299 a 1922 y extendieron
su imperio por Egipto y Siria en el siglo XVI. En el noreste africano
destacan estilos relacionados con el reinado de los fatimíes (909-1171) y
con el de los mamelucos, que controlaron estos territorios desde 1250,
mientras que en el Magreb y el sur de la península Ibérica cabe mencionar
el apogeo de las tribus bereberes, los almorávides y los almohades, así
como la dinastía Nazarí del reino de Granada.
Arquitectura:
El escaso ritual del culto islámico dio lugar a dos tipologías de carácter religioso: la
mezquita (masjid), recinto donde la comunidad se reúne para orar, y la
madrasa o escuela coránica. Dentro de la arquitectura civil destacan los
palacios, los caravasares y las ciudades, en las que se consiguió un
planeamiento racionalizado de acuerdo con las canalizaciones de agua y la
protección frente al calor. Otro edificio importante en el islam es el
mausoleo, enterramiento de un gobernante y símbolo de su poder terrenal.
Todos estos edificios religiosos y seculares tienen numerosos elementos
estructurales y decorativos en común. Mezquitas El muro de la quibla
indica la dirección hacia la que los musulmanes deben dirigir su oración,
la ciudad santa de La Meca. Para diferenciarla del resto de las paredes
del templo se abre en ella un pequeño ábside o nicho llamado mihrab,
similar al altar cristiano pero sin su contenido simbólico. El resto de
las sala de oración es un espacio techado indiferenciado, dividido en
ocasiones por series de arquerías sobre columnas, paralelas o
transversales al muro de la quibla. Esta disposición, heredada de las
basílicas paleocristianas y transformada por el culto musulmán en la
tipología conocida como mezquita hipóstila, evita las articulaciones
espaciales jerarquizadas, características de sus antecesoras cristianas.
Otra de las novedades de estas salas hipóstilas es su capacidad para
crecer indefinidamente, como en el caso de la mezquita de Córdoba (España,
siglos VIII-X), ampliada en numerosas ocasiones debido al aumento de la
población. PatioLas mezquitas, sin embargo, mantuvieron la concepción
primitiva del rezo al aire libre, en un patio rodeado de soportales que
proporcionaban sombra a los fieles. Por ello la sala de oración permaneció
como un espacio abierto al patio o sahn, que siguió siendo un elemento
importante del conjunto, a menudo con igual o mayor superficie que la zona
cubierta. En algunos casos como en las mezquitas de Córdoba o Sevilla
(España) el sahn imitaba la configuración interior por medio de filas de
naranjos alineados y a la misma distancia que las columnas de la sala
adyacente. Además, en el patio solían aparecer dos elementos
característicos: la fuente para las abluciones (sabial) y la torre para
llamar a la oración, el alminar o minarete.
Minarete:En los primeros
tiempos no existía el alminar, de modo que los fieles se reunían para orar
sin necesidad de una llamada previa. Sin embargo, debido al aumento de la
congregación, se acabó instituyendo la llamada de un muecín, a viva voz,
desde la cubierta más alta del edificio. La Gran Mezquita Omeya de Damasco
(705-715) es el primer ejemplo que presenta una torre o minarete, situada
en una de las esquinas del patio, para realizar esta función. Cúpula Las
cúpulas, un elemento importante de la arquitectura islámica, proceden de
la arquitectura Sasánida y de las tradiciones paleocristianas. La primera
mezquita monumental se conoce con el nombre de cúpula de la Roca
(Jerusalén, finales del siglo VII), un espacio centralizado de planta
octogonal rodeado por dos deambulatorios y cubierto por una gran cúpula.
Su composición deriva de la arquitectura romana, probablemente de la
mezquita del Santo Sepulcro (siglo IV) en Jerusalén. La mezquita de la
Roca está decorada con mosaicos coloristas, tanto en su interior como en
el exterior y alberga la piedra desde la que, según la tradición
musulmana, Mahoma ascendió al cielo. El mausoleo, construido a principios
del siglo X, para el gobernador de Bujoro, en Asia Central, es otro
ejemplo de gran relevancia arquitectónica. Este edificio cuadrado de
ladrillo posee una cúpula sobre trompas (pequeños arcos que hacen de
puente en los ángulos del cuadrado para facilitar la transición hacia el
espacio circular de la cubierta), derivadas del Irán Sasánida en lugar de
las tradicionales pechinas (secciones esféricas triangulares) propias de
la arquitectura bizantina.Bajo los otomanos las mezquitas se construyen
siguiendo la tradición bizantina. De este modo, la magnífica mezquita de
Selimiya (1569-1574) en Edirne (Turquía), obra del arquitecto turco Sinan,
posee una colosal cúpula precedida por un patio porticado, donde se
multiplican las pequeñas cúpulas y semicúpulas. La composición es similar
a la de la basílica de Santa Sofía en Constantinopla (actual Estambul,
Turquía), el ejemplo más significativo de la arquitectura bizantina, que
luego fue convertida en mezquita. Esta forma -que Sinan también empleó en
la mezquita de Solimán- influyó en el diseño de otras mezquitas de Oriente
Próximo y la India. Iwan En las mezquitas Abasíes de Irak, aunque se
mantiene la tipología hipóstila siria, se va imponiendo el modelo formado
por un patio central al que comunican los diversos iwanes o salas
abovedadas que se abren a través de grandes arcos. Esta disposición tiene
su origen en la arquitectura del Irán Sasánida.
Arco apuntado:Aunque el
arco de herradura está estrechamente ligado a la arquitectura islámica, su
origen se remonta al Imperio romano. Los visigodos de la península Ibérica
lo emplean en numerosas ocasiones, y sus invasores Omeyas lo adaptaron
finalmente para las construcciones musulmanas. Otro de los arcos empleados
por los arquitectos islámicos fue el apuntado, de origen sirio-romano y
también recogido por la dinastía Omeya, aunque más tarde se difundió por
el califato de Bagdad. Desde allí se transmitió hacia África, y los
pueblos bereberes del Atlas lo exportaron hacia sus territorios españoles,
donde se conservó entre los artífices mudéjares que, a su vez, extendieron
su empleo por Latinoamérica.
Mimbar y maqsura:El mimbar o púlpito se
utilizó por primera vez en la mezquita de Medina. Al principio se empleaba
como estrado, pero pronto se convirtió en un verdadero púlpito para la
predicación del imán. Otro de los elementos característicos de las
mezquitas es la maqsura, un espacio acotado por arquerías situado delante
del mihrab y decorado con mayor riqueza. Es un ámbito destinado a los
gobernantes de la comunidad con el fin de protegerles de sus enemigos,
especialmente después de que varios de los primeros califas fueran
asesinados por la espalda durante la oración. Madrasas Bajo los Abasíes se
introdujo en Irán una nueva tipología de edificio religioso, la madrasa o
seminario religioso. Su forma, basada en la arquitectura Sasánida, dio
lugar a un nuevo tipo de mezquita que se difundió rápidamente por
numerosos países. La madrasa y la mezquita-madrasa están configuradas por
iwanes, es decir, salas emplazadas en los ejes de un rectángulo que se
abren con grandes arcos a un patio central. Las madrasas suelen disponer
de habitaciones en torno al patio dedicadas al estudio o a los dormitorios
de los estudiantes. En algunos edificios del último periodo, el patio está
cubierto por una gran cúpula. A partir del siglo XI fueron elegidos por
califas y emires para construir sus mausoleos. La mezquita del Viernes
(donde se congrega el mayor número de fieles de una ciudad) de Ispahan
(siglo XI, Irán), es el primer ejemplo de mezquita-madrasa. En este
edificio, como en muchas tumbas del mismo periodo, aparece la decoración a
base de mocárabes, especie de estalactitas o formas prismáticas que penden
de las bóvedas o arcos. Entre los ejemplos tardíos de mezquita madrasa
destacan, también en Ispahan, la Masjid-i-Sha, en la que el iwan principal
está coronado por una elevada cúpula apuntada y la Lutfullah, con otra
cúpula recubierta con espléndidos azulejos.
Arquitectura civil: Durante la época de los Omeyas y primeros Abasíes, los príncipes de las familias
construyeron varios palacios en el desierto de Siria e Irak. Algunos de
ellos estaban rodeados por terrenos de caza -como los de los últimos reyes
Sasánidas- y otros disponían de baños abovedados derivados de la
arquitectura tardorromana, que también se aprecia en su empleo como villas
o explotaciones agrícolas. Por ello, estos palacios supusieron una
síntesis entre las tradiciones orientales y occidentales, característica
del primer arte islámico. Al mismo tiempo demostraban una cierta libertad
frente a las recomendaciones contra el arte figurativo, que no llegaban a
alcanzar connotaciones prohibitivas en el Corán pero sí en los hadit
(tradiciones orales) del siglo IX. Los palacios Omeyas estaban decorados
con mosaicos, pinturas murales y estucos, representando animales, escenas
cortesanas o al propio califa. Esta decoración deriva en gran medida de la
tradición Sasánida.En el periodo medio, el mundo islámico produjo los
mejores frutos de su civilización urbana. Con la invasión de los mongoles,
no obstante, muchas ciudades fueron destruidas o reducidas a pueblos, y se
perdieron los ingeniosos sistemas hidráulicos que las permitían existir.
Bajo los Abasíes se fundó en medio del desierto, cerca de Bagdad, una
ciudad administrativa llamada Samarra, que no llegó a terminarse. Samarra
ocupaba una extensión de 175 hectáreas rodeada por una enorme muralla,
contaba con jardines, palacios, edificios administrativos, una mezquita,
baños y cuarteles. Los edificios residenciales estaban decorados con
pinturas figurativas, pero los motivos ornamentales más delicados están
tallados en estuco, siguiendo esquemas geométricos de origen turco. Todas
estas ciudades de nueva planta, como Samarra, El-Fustat (cerca de El Cairo
y conocida por excavaciones) o Medinat al-Zahara, cuentan con importantes
infraestructuras como acueductos y redes de alcantarillado. Otro de estos
palacios-ciudades del mundo islámico fue la ya citada Medinat al-Zahara en
las cercanías de Córdoba (España), edificada por el primer califa cordobés
Abd-al-Rahman III de la dinastía Omeya huida desde Siria hasta
al-Andalus y destruida por las tribus bereberes en el siglo XI.
La tradición islámica de los palacios-ciudades se mantuvo en el norte de
África, en Estambul, donde los turcos otomanos comenzaron en 1454 la
construcción del palacio Topkapi, y en el reino Nazarí de Granada
(España), con el magistral palacio de la Alhambra. El conjunto de la
Alhambra está formado por un fortaleza o alcazaba y por el palacio real. A
su vez, el núcleo principal del palacio está constituido por una zona
oficial en torno al patio de Comares y otra residencial abierta al patio
de los Leones. En el centro de este último aparece una fuente sobre
figuras de leones con surtidores en sus bocas. El mismo tema del león se
repite en la escultura de bronce de pequeño formato y en numerosos
recipientes cerámicos (véase más abajo Artes decorativas). En Irán los
últimos grandes constructores fueron los Safawíes, cuya contribución a la
arquitectura civil incluye puentes, campos de polo y palacios con
miradores de madera. En el palacio de Abbas I se construyó una galería de
arte para albergar su colección de porcelanas chinas. Los caravasares
fueron una contribución Selyúcida. Son lugares de descanso para los
viajeros de las rutas de caravanas y cuentan con una sala de columnas o
apadana y un patio para los animales. Otros edificios destacados de la
arquitectura civil islámica fueron los baños públicos, bazares, jardines y
ribats o guarniciones fronterizas, como los que se conservan en Túnez.
Tumbas y mausoleos:
Las tumbas y los mausoleos, levantados como símbolos
del poder de los gobernantes fallecidos, se convirtieron en los monumentos
más importantes del islam después de las mezquitas y los palacios. Entre
los ejemplos más destacados se halla la necrópolis de las afueras de El
Cairo, que presenta tumbas cupuladas construidas por los mamelucos en el
siglo XV. La necrópolis Sah-i-Zindeh (siglos XV y XVI) erigida por los
Timuríes en Samarcanda, es un impresionante grupo de edificios de ladrillo
cubiertos con esbeltas cúpulas sobre tambores, como la tumba de Tamerlán.
En Irán, bajo la dominación mongola, se desarrolló un tipo característico
de enterramiento cuyo ejemplo más brillante es el gran mausoleo de
Sultaniyah (siglo XIV), cuya cúpula se eleva aún más por la inclusión de
un tambor octogonal. En relación a este tipo, la obra más representativa
del periodo mongol (o mogol) en la India es el famoso Taj Mahal, en Agra,
un mausoleo construido en el siglo XVII por arquitectos iraníes.
Decoración arquitectónica: El estuco, el ladrillo y el azulejo se usaron
como elementos decorativos en los edificios islámicos. Los Selyúcidas
añadieron la cerámica vidriada (véase más abajo Cerámica). La superficie
de los mihrabs, con sus bandas de inscripciones coránicas, se realizaron
en estuco tallado o barro vidriado. Los paneles murales se adornaron con
motivos decorativos de lacería geométrica sobre azulejos. En la
arquitectura de los Timuríes y en la Córdoba califal, los mihrabs se
recubrieron con teselas de mosaico de colores brillantes. Los turcos
fueron destacados productores de cerámica. En el Irán Safawí, la mayor
parte de los edificios públicos se decoraron con azulejos. La gama
cromática incluyó el dorado y el verde, que se aplicaban mezclados en vez
de por separado, como se hacía anteriormente.Las celosías de madera
tallada, en ocasiones con incrustaciones de marfil, también proporcionaron
un soporte para la decoración arquitectónica en el mundo islámico. Se
emplearon en macsuras, mimbares, ventanas, pantallas y puertas. Los
relieves de piedra y de mármol se encuentran en lugares tan distantes como
Turquía, Egipto y España.Artes decorativasLa proscripción de la temática
figurativa, contenida en los hadit, es similar a la iconoclasia
desarrollada durante el periodo del Imperio bizantino.Estas prohibiciones
o recomendaciones se seguían estrictamente en el caso de la arquitectura
religiosa, como en el caso de las mezquitas, pero la arquitectura civil
las transgredía en numerosas ocasiones, dependiendo en cualquier caso de
la ortodoxia del gobernante de turno. En el palacio de Msatta (principios
del siglo VIII) en el desierto sirio, se aprecia una clara distinción
entre la decoración de las dependencias laicas y las religiosas. Los
relieves situados en la zona de la mezquita son totalmente abstractos,
mientras que los del resto del edificio presentan decoración figurativa
zoomórfica. De todos modos, la representación de figuras humanas y
animales se hace de forma convencional y con finalidad estrictamente
decorativa. Por otro lado estas limitaciones supusieron un acicate para el
desarrollo de un repertorio basado en diversas formas y motivos, como la
epigrafía (inscripciones caligráficas), el ataurique o decoración vegetal
estilizada (arabescos) y la decoración geométrica o de lacería.
Cerámica:Una de las manifestaciones artísticas que alcanzó mayor esplendor dentro
del arte islámico es la cerámica, en la que se puede apreciar un grado de
innovación y creatividad comparable al de las artes plásticas de otras
culturas.La primera etapa de innovación en la cerámica islámica se define
a partir de las excavaciones de Samarra. La presencia de porcelana china
importada en el área de Bagdad estimuló el interés de los ceramistas
Abasíes, pero la perfección de estas obras no se pudo conseguir con la
arcilla local. La cerámica Tang de colorido verde y amarillo se imitó con
éxito, pero para representar el acabado de la porcelana, los ceramistas
aplicaron un reflejo metálico, que proporcionaba a las piezas un aspecto
cremoso. Algunas de estas vasijas se decoraban con pintura azul, y hay
quien opina que esta técnica inspiró las primeras porcelanas azules y
blancas de la China (imitadas a su vez por los últimos ceramistas
islámicos). La técnica de pintura brillante también apareció en Samarra.
Se trata de la misma cerámica de reflejo metálico vuelta a cocer a fuego
lento, produciendo así un brillante efecto metálico pardo, verdoso o
rojo que transforma el recipiente en una pieza con apariencia de oro
(loza dorada). Esta técnica se trasmitió a todos los lugares civilizados
de Europa, norte de África y Asia. Desde fines del siglo VIII al siglo XI
se realizó en Nisapur y Samarcanda, en el noreste de Irán, otro tipo de
decoración cerámica. La nueva técnica consistía en verter un fina capa de
arcilla líquida sobre el recipiente para obtener una superficie sobre la
que se aplica la decoración pictórica. Algunas de estas piezas, influidas
por la tradición Sasánida, se decoraban con figuras de jinetes y otros
motivos geométricos y caligráficos. Otra de las tipologías cerámicas
iraníes es la que presenta una superficie grabada o esgrafiada, imitando
las técnicas de la metalistería. Como la cerámica de reflejos metálicos,
esta modalidad puede explicarse como el deseo de buscar un sustituto
aceptable a un material más costoso. En El-Fustat, fundado por los
fatimíes de Egipto, se ha encontrado una gran cantidad de cerámica de
reflejo metálico y otras modalidades. En el Irán Selyúcida se realizaron
vasijas con las paredes de vidrio a imitación de la delicada porcelana
china, así como cerámicas vidriadas y azulejos de Ravy y Kasan. Algunos
recipientes esmaltados presentan ilustraciones de poemas y escenas
heroicas, similares a las que se reproducen en la miniatura persa. Las
formas de estas piezas representan en ocasiones a diversos animales.En
Irak, en los años previos a la conquista mongola, Raqqa fue el centro de
producción de una fina cerámica vidriada y pintada. En la Turquía otomana
lugares como Iznik y Kütahya fueron productores destacados de azulejos,
durante el siglo XVIII. Al comienzo estuvieron influidos por los objetos
chinos blancos y azules, pero después se produjeron piezas de cerámica
según los patrones típicamente turcos, con motivos florales en color
turquesa, verde, púrpura, castaño y negro. Los ceramistas Safawíes de
Irán, también influidos por las modas chinas, realizaron cerámicas azules
y blancas que se exportaban hacia occidente.
Vidrio:Los artistas musulmanes trabajaron el vidrio utilizando primero las técnicas empleadas en Egipto y
en el Irán Sasánida y, posteriormente, desarrollando otras nuevas como en
el caso de los fatimíes, que produjeron vidrio tallado, vidrio brillante
pintado y vidrio estampado. En este periodo se realizaron también un
pequeño número de vasijas talladas en cristal de roca. En Siria destaca el
vidrio esmaltado del siglo XII, principalmente sus copas y lámparas de
belleza insuperable. Los sirios mantuvieron su maestría en el arte del
vidrio en el último periodo, al que pertenecen las conocidas lámparas de
mezquita cónicas y esmaltadas.
Ebanistería y eboraria: Además de su empleo decorativo en arquitectura, la madera se trabajó como material de otras
artes aplicadas. En los palacios fatimíes se conservan excepcionales
ejemplos de tablas con representaciones cortesanas, que recuerdan el
estilo de los coptos (cristianos egipcios). También se tallaron las piezas
del mobiliario, especialmente los biombos.Las cajas de marfil tallado y
los colmillos de elefante abundaban en la corte fatimí, continuándose la
tradición en la Sicilia musulmana. En ellos se representaban cortesanos,
animales y vegetación.
El arte del bronce:Algunos de los bronces islámicos
más refinados se han conservado en los tesoros de las iglesias europeas.
Al principio se adoptaron las formas Sasánidas pero el periodo fatimí
produjo vasijas de bronce con forma animal, así como candiles y platos.
Aunque en el este de Irán se realizaron interesantes piezas grabadas con
incrustaciones de cobre y plata, los bronces más refinados fueron producto
de los talleres de Al Mawsil (Irak), durante los 50 años que precedieron a
la conquista mongola. Entre sus objetos más destacados se encuentran los
aguamaniles, tazas y candiles con incrustaciones de plata y oro y motivos
abstractos, figurativos e inscripciones. Por su parte, los talleres sirios
continuaron produciendo diseños figurativos durante el siglo XIV.
Manuscritos:La elaborada escritura cúfica, que resultaba tan apropiada
para ser labrada en la piedra, aparece en los primeros manuscritos
coránicos que nos han llegado. En ellos, algunos acentos diacríticos se
pintan en rojo, y las decoraciones doradas entre las suras (capítulos)
contrastan con la elegante escritura negra. En el periodo Selyúcida se
desarrolló el nesjí, una escritura más cursiva y fluida. Los dos estilos
se emplearon en la arquitectura y las artes decorativas.
Marroquinería: Las encuadernaciones de libros en cuero son un excelente ejemplo de las artes
decorativas islámicas. En los primeros tiempos se realizaban en relieves
repujados; más tarde se estampaban y doraban las cubiertas y los lomos y,
finalmente, en el siglo XVI, se pintan con esmaltes. El trabajo del cuero
se aplicó también a los arneses de los caballos y a los objetos empleados
en la cetrería. Pintura La pintura de caballete no existió en el arte
islámico, concentrado en la ilustración de libros. Las primeras muestras
conservadas son miniaturas de manuscritos científicos griegos traducidos
al árabe (vehículo por el cual las enseñanzas del mundo clásico se
transmitieron a Occidente), las fábulas de Bidpai (300 d.C., traducidas al
árabe con el nombre de Caliba y Dinna) y el Maqamat de al-Hariri
(1054-1122), narración de las aventuras de un viajero. Estilísticamente
todas estas pinturas derivan de la escuela de Bagdad del siglo XIII. Las
ilustraciones científicas son dibujos lineales basados en los modelos
clásicos, mientras que las coloristas pinturas laicas son de una
ingenuidad encantadora, con sólo dos o tres figuras monumentales y
paisajes como elementos decorativos. La miniatura persa de los mongoles o
de Il-Khanid floreció en el siglo XIV en Tabiaz (Irán). La influencia
china en los detalles del paisaje, la expresividad y la complejidad
compositiva caracterizan la nueva escuela. Muchos poemas épicos persas,
como el Shar-nama un manuscrito épico escrito por Firdusi en el siglo
XIX se ilustraron en este estilo. La miniatura continuó su evolución en
el siglo XV en Harat (actual Afganistán) bajo el patrocinio de los
Timuríes. Bihzad fue uno de los mejores miniaturistas Timuríes, gracias a
sus escenas dramáticas y a la profundidad psicológica de sus figuras.Los
gobernantes otomanos también promovieron el arte del libro. Una escuela
turca de miniatura del siglo XIV, localizada en Tabiaz, representó escenas
de la vida cortesana y militar. Los artistas Safawíes fueron diestros en
su estilo y, como consecuencia de la influencia europea, ampliaron su
repertorio al incluir retratos de personajes. En la India musulmana se
desarrolló desde el siglo XVI hasta el siglo XIX un estilo peculiar de
pintura miniada, más influida por el arte hindú, que representaba con
frecuencia a los gobernantes y sus ceremonias oficiales.
Textiles: Las telas se consideraron objetos de lujo, y las más refinadas se realizaron
en los talleres denominados tiraz, controlados por el califa. El sistema
del tiraz, comparable a las instituciones oficiales del Imperio bizantino,
copto y Sasánida, terminó con la conquista mongola. Los tejidos
procedentes de un tiraz (a menudo prendas ceremoniales) se consideraban
posesiones del más alto valor.
Los tiraz:
El término también designa al
propio tejido a menudo llevaban impresa la firma del taller, la fecha y
el nombre del gobernante. En Egipto la mayoría de los tiraz eran de lino y
en la época de los fatimíes se entretejían en ellos bordados de seda con
hilos de oro. Los mejores tejidos de sedas proceden de la región de Bujará
(siglos IX y X) y de Irán, Bagdad, Egipto y España (siglos X y XI). Estas
sedas llegaron a Europa a través de las embajadas enviadas por los
gobernantes islámicos y allí ejercieron tal influencia que algunos
términos europeos para designar tejidos -como damasco- derivan del mundo
islámico. El manto de coronación de los emperadores del Sacro Imperio fue
bordado por artistas islámicos en Sicilia, y las sedas sicilianas
mantuvieron su hegemonía en el siglo XIV, después de la apertura de otros
talleres de seda europeos. Las sedas chinas influyeron en los tejidos
islámicos a partir de la conquista mongola como se observa en las sedas
con brocados en oro y en algunos detalles decorativos. Los turcos otomanos
crearon nuevos diseños para los tejidos de seda caracterizados por el uso
de claveles, tulipanes, palmetas y el motivo chino de la nube.
Alfombras:
Las primeras alfombras islámicas que se conservan se fabricaron en Konya
(Turquía) en el siglo XIV. Estas alfombras de tonos azules, verdes y rojos
siguen un esquema basado en formas naturales con un borde de
inscripciones. Durante el dominio de los mamelucos se realizaron alfombras
de patrones geométricos en tonos azul pálido, rojo y amarillo. El tejido
de alfombras resurgió durante el periodo de los Safawíes de Irán, entre
cuyo repertorio aparecen escenas de caza y motivos vegetales. Estas
alfombras de seda, de tonos pasteles e hilos de oro y plata, se
confeccionaron expresamente para el mercado europeo. Aunque son de gran
belleza, marcan el fin de la tradición islámica en el tejido de alfombras.
Islam, importante religión a escala mundial, originaria de la península de
Autor:
Extraído de:http://www.multired.com/ambiente/dimarmar
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