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Leyendas medievales



Leyendas medievales:
Durante la edad media, la credulidad y la falta de sentido crítico eran el mejor alimento para que el error, las fábulas, las leyendas y la superstición crecieran y se multiplicaran. Relatos de viajes marítimos certificaban la existencia de islas míticas, razas monstruosas y animales maravillosos. La tradición cristiana intentó localizar en los mapas los parajes bíblicos que aparecían en la Biblia. Muchos mapas no basados en la observación condujeron a búsquedas imposibles y conjeturas contradictorias.

Preste Juan:
Un ejemplo de esa Europa medieval, crédula y religiosa, fue la leyenda del Preste Juan. Durate siglos se creyó en un poderoso y rico rey-sacerdote que moraba en las Indias que había vencido al islam.

Detalle de mapa de establecimiento español en Florida Razas monstruosas:
También creían en la existencia de razas monstruosas, como las guerreras amazonas, antropófagos, pigmeos, hombres cíclopes, descabezados, cinocéfalos (con cabeza de perro), hipópodos (con pezuña de caballo), hombres con labios enormes que les servían de sombrilla. Con estos relatos, cualquier viajero o navegante con imaginación trataba de relacionar lo que veía con aquello que había leído o le habían contado.
Colón, en su famosa carta de 1493 anunciando el descubrimiento, proclamaba a la cristiandad que en su viaje no había encontrado monstruos y los indios no tenían nada de seres extraños.

    "En estas islas hasta aquí no he hallado hombres mostrudos, como muchos pensaban, mas antes es toda gente de muy lindo acatamiento, ni son negros como en Guinea, salvo con sus cabellos correndíos, y no se crían adonde hay ímpeto demasiado de los rayos solares"


Ante el Océano o Mar Tenebroso (nombres que en la época recibía el océano Atlántico), con sus miedos y fantasías, la imaginación empezó a alimentar el género de islas perdidas (San Brandán, Antilla o Antilia, Siete Ciudades) que para los navegantes tan pronto aparecían como desaparecían. Estaban dentro de la tradición de islas paradisíacas, de infinitas delicias que mezclaban reminiscencias de las islas de los Bienaventurados con las fantasías orientales de Las mil y una noches. Igualmente, respondían a los sueños cristianos del Paraíso Terrenal. Su fuerte arraigo las hizo aparecer en la cartografía durante siglos.

    ...se veían ciertas tinieblas impenetrables que se levantaban desde el mar hasta tocar con el cielo, sin notarse en ellas disminución, añadiendo que estas espesas sombras estaban defendidas de un ruido espantoso, cuya causa era oculta, y que no las consideraban sino como un abismo sin fondo o como la misma boca del infierno... (relato de portugueses sobre San Borondón)


La Almiranta de la Mar Océana. Islas Salomón:
"En la memoria ancestral En los ancestrales relatos de tradición oral de los indios del Perú. aparecían referencias a unas míticas islas conocidas por Hahuachimbi y Ninachumbi. Aquellas, a las que la memoria, que se perdía en la bruma de los tiempos, situaban al poniente, en donde el sol se hundía en el mar, en lo que ya entonces se conocía por los mares del sur, venían llamándose ya antes de su descubrimiento, de Salomón, y también del Oro, queriendo vincularlas así al recuerdo del rey de Israel y de Judá, hijo de David, paradigma de sabiduría y de opulencia. La creencia en la posible realidad de tales indicios determinó que el Gobernador Lope García de Castro tomase la iniciativa de llevar a cabo las gestiones para el envío de una expedición marítima. ... Así escribe Lope García de Castro al Rey Felipe II, su Señor, dándole cuenta con esta misiva que constata oficialmente el inicio de la hazaña, de los medios humanos y materiales que ponía al servicio del proyecto: 'Por tener gran noticia, como se tiene, de las islas que acá llaman de Salomón, envío a Alvaro de Mendaña, mi sobrino, con cien hombres, al descubrimiento dellas'. ... Completa la lista de gallegos embarcados en la expedición a los Mares del Sur, la esposa de Alvaro de Mendaña, Isabel Barreto, que a la muerte de aquel, es proclamada Adelantada. Desde el momento en que se pone al frente de la flota, demuestra grandes dotes de mando y es 'La Almiranta de la Mar Océana', -la primera y única mujer que ha ostentado este título dentro de la Armada Española- la que conduce sus naos a Filipinas.


Peligros en la navegación:
Nieblas que pueden ocultar islas enteras y hacer que se pasen de largo , temporales -y también terribles calmas, cuando el barco no avanza durante días-, accidentes, ataques de barcos enemigos, enfermedades, hambre. Hemos visto que las propias cartas marinas son poco fiables, y también que se cuenta con la presencia de lo desconocido, apariciones o monstruos.

Los portugueses, en sus exploraciones al sur de África, ya habían temido llegar a tierras donde no se cumplieran las habituales leyes físicas y naturales a que estaban acostumbrados. Al temor se unía cierto inconfesable deseo de ver esos temidos mares verdes o oscuros y esas lagunas innavegables llenas de monstruos, que habían citado los geógrafos árabes. Más al sur deberían llegar a una zona tórrida, donde los hombres se tornaban negros, donde había ríos de fuego que descendían de las montañas y donde el mar estaba tan caliente que quemaba las naves. El milagro lo vivían cotidianamente, al no ver ni poder interpretar científicamente la realidad.

    "Aparecía en más de una ocasión el cuerpo Santo, esto es, Santo Elmo, como otra luz entre las nuestras, sobre la noche oscurísima; y de tal esplendor cual antorcha ardiendo en la punta de la gabia. Cuando esa bendita luz determinaba irse, permanecíamos medio cuarto de hora todos ciegos, implorando misericordia y creyéndonos muertos ya". (Pigafetta. Cronista del viaje de Magallanes)

Se trata de la electricidad acumulada, del fuego fatuo. Los fuegos fatuos o fuegos de San Telmo, como llamaban generalmente los marineros a las "llamas" azuladas que aparecían sobre los extremos de los mástiles o en los cabos tras una tormenta, no son sino el resultado de la acumulación de la electricidad en el ambiente, bajo ciertas condiciones de humedad extrema. Pero para los campesinos de muchas regiones se trata de espíritus malignos, y el verse rodeados por ellos no hacía sino incrementar su terror. En caso de peligro extremo la sensibilidad acallada salía a flote en forma de llantos, gemidos y expresiones muy teatrales.

Islas míticas:
Para el marinero del siglo XVI existían islas en el Atlántico Norte que sólo eran verdaderas en los sueños o en la imaginación calenturienta, como:

  • Antilia: Isla fantástica mencionada por Aristóteles. Desde mediados del siglo XIV figuraba en algunos mapamundis como la más oriental de las tierras de las indias. El genérico Antillas para designar a todas las islas de la región, se impuso en la cartografía por iniciativa de Pedro Mártir de Anglería.
  • La Isla de las Siete Ciudades:
  • La de San Brandán:
  • La de las Amazonas:

Amazonas En todas ellas creía Colón y creyeron todos los españoles durante siglos. Islas repletas de maravillas y de tesoros. Incluso podía buscarse y encontrarse la Fuente de la Eterna Juventud, en busca de la cual marchara Ponce de León, el descubridor de Puerto Rico, o el mismo Paraíso Terrenal, que Colón creyó localizar en el Orinoco:

    "porque el sitio es conforme a la opinión de estos sanctos e sacros theólogos, y asimismo las señales son muy conformes, que yo jamás leí ni oí con tanta cantidad de agua dulçe fuese así adentro e vezina con la salada; y en ello ayuda asimismo la suavísima temperancia".

En la tradición grecorromana hallamos el Jardín de las Hespérides, los Campos Elíseos y la fantástica isla de Leuke, a la que fue llevado Aquiles. Memnón fue llevado a otra isla luminosa, en algún ligar de Oriente. Odiseo y Penélope viajaron en la dirección opuesta y disfrutaron de la inmortalidad con Circe en Italia. Todavía más al Oeste, estaban las islas de los Bienaventurados, primeramente mencionadas por Hesíodo y en las que se creyó tan firmemente que, en fecha tan avanzada como el primer siglo antes de Cristo, Sertorio proyectó enviar una flota desde España para descubrirlas. Hay también islas mágicamente bellas en el folklore de los celtas y, en el otro extremo del mundo, en el de los japoneses. Y entre Avalón en el extremo Oeste y Horaisan en el lejano Oriente, está el país de Uttarakuru, el otro mundo de los hindúes. (Aldous Huxley)

    Este país de los lagos de dorados lotos. Hay ríos a miles, llenos de hojas de color del zafiro y del lapislázuli. Y los lagos, resplandecientes como el sol de la mañana, están adornados con dorados mantos de rojo loto. Todo el campo está cubierto de joyas y piedras preciosas, con alegres mantos de lotos azules de dorados pétalos. En lugar de la arena, las perlas, las gemas y el oro forman las orillas de los ríos, a lo largo de los cuales se elevan árboles de un oro que brilla como el fuego. Estos árboles dan perpetuamente flores y frutos, despiden una deliciosa fragancia y están llenos de pájaros". (El narayama)


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