|
|
|
El asesinato de Isaac Rabin por parte de un judío(nov 1995) reveló que la división interna de la sociedad israelí entre los que se adhieren al orden civil del Estado, y los que se guían por las normas divinas es muy profunda. Por su búsqueda de acuerdos de paz, hay sectores fundamentalistas judíos que identifican a gobiernos democráticos, a sus líderes y a la forma misma que tiene el Estado como una traición a las sagradas escrituras. La violencia es para ellos un arma legítima para ocupar la tierra que les pertenece por palabra divina. Hamas plantea un desafío muy fuerte a Arafat . Este grupo le disputa el poder a la Autoridad Nacional Palestina en el terreno educacional, judicial, cultural, de los derechos de la mujer, y hasta en el bienestar económico de los ciudadanos. Para Hamas, el nacionalismo secular que encarna Arafat es una traición a los valores islámicos. Su crítica radical al acuerdo de paz con Israel deriva de un rechazo total a la presencia de este último país en la región y, a la vez, al gobierno palestino al que acusa implícitamente de corrompido ante los valores no religiosos.(Mariano Aguirre) Cuanto más fuerte es la influencia de Hamas y más golpes armados asesta, más invierte Arafat en fuerzas de seguridad y menos en beneficios sociales para la población, y más se identifica con Israel y EEUU. El Gobierno israelí considera que Hamas recibe alrededor de 70 millones de dólares al año de grupos musulmanes de Siria, Jordania, e Israel, y alrededor del 10% de Irán. EEUU tiene concentrada su atención en señalar a Irán como culpable principal del fomento del terrorismo en la región. Pero aunque se cortasen las raíces económicas, el problema más grave es que tanto Hamas, como el GIA argelino, los fundamentalistas judíos, las milicias de EEUU que luchan por la supremacía blanca, o la secta de Shoko Asahara que arrojó gas nervioso en el metro de Tokio, tienen en común el rechazo al estado secular y una visión religiosa del orden social. La cuarta parte de los grupos terroristas conocidos en el presente actúan movidos por razones religiosas. El terrorismo religioso no siempre actúa con el fin de movilizar a un sector de la sociedad. Los terroristas religiosos se consideran fuera de una sociedad a la que quieren redimir mediante la violencia. El marco global de la visión religiosa permite, además, la actuación individual o de grupos pequeños que se sienten legitimados y que no precisan un comité central que les ordene, como en la guerrilla política tradicional. Las raíces del terrorismo religioso anidan en la marginación económica y en la falta de democracia en las sociedades árabes. Con políticas, negociaciones y financiaciones de largo plazo. (Mariano Aguirre) El objetivo de los llamados movimientos terroristas es hacerles ver a sus seguidores, al Gobierno de Israel y a los demás gobiernos árabes, que habrá que tenerlos en cuenta en las negociaciones. La violencia, empleada con fines concretos, como la destrucción de la OLP, la expulsión de los judíos, el despertar de Occidente a favor de la causa palestina, era ya de por sí condenable. Pero lo que ahora vemos es el uso de la violencia como estrategia de supervivencia política. Las divisiones internas de Hezbolá (Partido de Dios) y de Hamas son prueba de que al menos algunos sectores son partidarios de dejar las armas y tomar el camino de las negociaciones políticas. Entre quienes están a favor de las soluciones militares en Oriente Próximo, muy pocos creen que con la fuerza se conseguirán los objetivos en teoría alcanzables. Por otro lado, todos los sectores extremistas saben por experiencia que la violencia a veces produce precisamente el efecto contrario al deseado. Contra Hezbolá, a diferencia de Hamas, se pueden tomar represalias atacando objetivos concretos. Pero las demás partes en conflicto, al igual que Israel, también cuentan con excusas para sus actuaciones. Afirmar que Siria no debería permitir los ataques de Hezbolá supone pasar por alto el complejo entramado de apoyos que el movimiento recibe de Siria e Irán. La postura intransigente de Irán se debe a los esfuerzos de Estados Unidos e Israel de aislar internacionalmente y castigar al régimen de Teherán. La intransigencia de Siria, menos acusada, se debe al temor de que no recobrará el territorio de los altos del Golán y de que puede verse aislada en el futuro por la creación de un espacio político y económico entre Israel, Palestina y Jordania. En cuanto a Hezbolá y Hamas, ambos se encuentran, a su manera, en estado de guerra. No pueden ser considerados como una simple patología. El movimiento se apoya en una importante base social y sus exigencias responden a razones históricas. Los objetivos de los distintos gobiernos y pueblos son tan distintos que cada cual ve su propia existencia en peligro. [...] Tanto los palestinos como los israelíes son ahora conscientes de que no cuentan con poder suficiente para doblegar por la fuerza al adversario. La paz podría surgir de este reconocimiento de los propios límites de las partes en conflicto, de que no podrá haber una Gran Israel ni una Palestina árabe desde el Jordán hasta el mar, como tampoco se cumplirán los sueños de Siria de dominar Oriente Próximo. Los islamistas no han de ser considerados como villanos, sino como movimientos que no acaban de darse cuenta de la imposibilidad de obtener una victoria clara. Mientras, el reconocimiento de que la fuerza no es la solución se combina con la creencia de que su uso es inevitable. (Martin Woollacott) [...] Después de cada atentado, Israel ha practicado el ritual de sellar los territorios ocupados. Es tanto una compensación necesaria para la opinión pública israelí como un castigo colectivo para los palestinos. Pero hasta ahora, estas crisis han acabado con la reapertura de las fronteras porque Israel sabe que los palestinos no pueden tolerar un cierre indefinido, ni su propia gente el golpe interminable del terror. Pero esto se está convirtiendo en un círculo vicioso. Si se abren las fronteras, los terroristas suicidas pueden infiltrarse, pero cuanto más dura el cierre, más aumenta la reserva de terroristas, porque el terror se alimenta ni más ni menos que de la pobreza y las duras condiciones de vida fomentadas por ese cierre. [...] Las encuestas indican que una enorme mayoría de palestinos se opone a los actos terroristas en gran parte por las penurias materiales que acarrean para la población. Pero, como de costumbre, el corazón palestino está en desacuerdo con la cabeza palestina y cada atentado va seguido de un increíble regocijo que va más allá de los familiares del último «mártir». En este clima, siempre habrá al menos una minoría de palestinos con la voluntad de continuar con el terror contra el que, según reconocen los principales analistas israelíes, no existe disuasión posible. (David Hirst)
Fundamentalismo: |