ALBUM DE BRAM EL YACOI

Proyectos Editoriales CROM ha editado (bajo su sello Ediciones Quepuntoes) un album con las historietas del cómic de fantasía heroica BRAM EL YACOI. Este personaje fue creado por José Miguel Pallarés y Miguel Angel Cáceres originalmente para la editorial PlanetaDeAgostini y vio la luz en las páginas de la revista "La espada salvaje de Conan" y "Relatos Salvajes".

 

Este volumen de más de 120 páginas recopila la mayor parte de las historietas de este personaje, casi todas inéditas hasta este momento.

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Incluímos a continuación un fragmento del prólogo del album, escrito por Manuel Barrero:

Existe una llaga recóndita en nuestro cerebro que sirve como puerta a la imaginación más exacerbada. Es una zona nerviosa esquinada y oscura, callosa. Es un lugar que no se visita a menudo y del que sólo algunos privilegiados tienen las señas correctas, el cómo saber llegar y el cómo internarse... Un internarse que es inmiscuirse en el horror, en la pavura, en la expedición alocada. Es un sumergirse en los miles de mundos que habitan en uno y que tan bien supieron cristalizar los literatos del realismo mágico; que Borges supo sintetizar, escrutador, inimitable.
A ciertos mundos, a ciertas epopeyas, a determinadas piedades y a ciertos horrores solamente se llega hurgando en esa llaga, apurando la imaginación hasta más allá de las fronteras permitidas. El mundo de Bram está al otro lado de esa frontera. A él se llega tiritando de terror, sudorientas las palmas ante la evidencia del enfrentamiento armado o del combate con lo innominado. Quienes nos fuerzan a este placer, a este ahogo que proveen algunas historietas, son dos autores ligeramente fuliginosos. Cáceres, por su entintación basta y generosa, sin concesiones a la claridad, como una mancha de furia. Pallarés, por su literatura de fraseo breve y nervioso, que le da un valor oral al relato, como de confesión entrecortada que se escucha al moribundo.
El resultado son historietas crudas, de imágenes sólidas, bruscas, musicadas por frases destellantes, lapidarias, que retumban en la viñeta.
El esfuerzo no es vano, y el objetivo queda cumplido: te estremeces.
Para hacer Bram, sus autores quisieron hurgar en esa llaga de difícil acceso con el fin de aportar al lector tanta acción como espanto. Ya Llopis nos recordaba que el ambiente no determina más que la forma y estilo del relato, siendo su meollo la vivencia de lo numinoso, lo cual es como un poso primitivo que viene de muy antiguo. Ese cruce de planos real e imaginario que es el cuento de miedo, con la fantasía heroica adquiere una fisicidad inmediata y próxima: La disposición en un mundo arcano y periclitado nos intranquiliza, la ruptura de la lógica es aquí lo habitual, y lo numinoso es invitado siempre sin previo aviso.
Teniendo el escenario, solamente faltaría el personaje. Y la historia, claro.
La historia es fácil de obtener a priori, porque ya nos han indicado los que mucho saben que la ficción se soporta sobre contados pilares. Según el mentado Borges, se apoya en cuatro historias elementales. Según otros, el límite está en el centenar. En el caso de situarnos en un género, el conjunto de historias posibles de contar son escasas en cuanto a esquema si bien pueden ser infinitas en cuanto a modo. Para el caso que nos ocupa, una aventura de un héroe bárbaro es generalmente un viaje, un trayecto que sirve en ocasiones como rito iniciático, es un aprendizaje (en el amor, en la venganza, en la astucia), y es un descenso al infierno. Las aventuras de estos héroes son relatos de sus fracasos y aciertos según doman lo numinoso con mitología, con ciencia, con religión o con magia. Si nos referimos a Bram, con furor también. Con una cólera que no se apaga, que no cede, porque su mundo, ese que es vigilado por Olgar, es patria donde reina el fragor y el hedor de la batalla.
Bram dicen que nació en la estepa de Izurkán, allí donde el degüello es práctica común, el sexo es sucio y el amor no está. Dicen que no titubeó al sufrir el nagkún de niño, si bien tanta fortaleza no le predispuso a una corona o a una toga, antes bien al contrario: a la soldadesca, al pillaje, a la huida y a la contrata mercenaria. Al desamor hiriente (tanto con Xila como con Lust) y, siempre, a la truculencia, a estar condenado a hallar en su camino el pozo de ponzoña y el foco de la hechicería.
¡Aléjate, terror!
Y cuidado al proceder a la lectura, amigo, es posible que no puedas luego salir indemne de este laberinto de viñetas.

Manuel Barrero.