LA CALERA

 

   

La Real Academia de la Lengua define las palabras Calera como: Cantera de la piedra para hacer cal, y como: Horno donde la piedra caliza se calcina. Y el Adjetivo Calero, como: Perteneciente a la cal o que participa en ella. El que saca la piedra de la calcina en la Calera. Y el que vende la cal.

  Hacemos la observación que en nuestro pueblo no se ha utilizado nunca el Adjetivo Calero o Caleros, para identificar a la persona o a los componentes del grupo que habitualmente formaban un equipo para montar o hacer la calera. Entendemos que se asignaba tal Adjetivo al jefe del grupo que normalmente era el encargado de dirigir el trabajo durante todo el proceso. Este proceso ya comenzaba con el acuerdo previo de todos los interesados para elegir el paraje donde se montaría la Calera , el sitio elegido tenía que cumplir dos requisitos indispensables, el primero era que la piedra a utilizar estuviese los más próxima posible y el segundo, que en las proximidades hubiese leña suficiente para la quema o proceso de combustión, por el cual se quemaba la piedra.

  A lo largo y ancho del término de Milmarcos, aunque en algunos lugares con más notoriedad que en otros, se pueden observar unas oquedades o agujeros en el suelo de cierta profundidad y de unos diez metros de diámetro, la mayoría ya están medio tapados o cubiertos por la maleza, pero aún se pueden observar en algunos de ellos restos de la actividad que desarrollaron, o para el fin que fueron construidos. Como parajes más destacados o donde más abundan estos restos, citamos los denominados “ LA SOLANA DEL OCINO,” – “ LA CERRA PERALES ”- “EL MORRON DEL CABRERO”- “LOS MEDIANOS”-“ LA MALACARA ”-“ LA LASTRILLA ” – “ LA TARAYUELA ” Y “ LA CABEZUELA ”.

Ya que últimamente hay cierta actividad a través de la ruta de senderismo que atraviesa en término y que la juventud hace salidas por el campo, interesándose por los parajes de nuestro pueblo, para los que no lo sepan, cuando se encuentren con un agujero que tenga las características antes descritas, se trata de una antigua Calera, o un horno artesano donde se hacía la cal.

LA CAL

  Desde el punto de vista geológico, Milmarcos se asienta sobre terreno montañoso en el que son muy frecuentes los afloramientos de caliza, que tradicionalmente se han utilizado para la extracción de piedra para la fabricación de cal. La piedra caliza es un sólido de color blanquecino, cuya base en la anhidra (óxido de calcio: CO3)

OBTENCIÓN DE LA CAL

  La cal viva se obtiene por calcinación de la piedra caliza en hornos especiales, donde se la somete a temperaturas cercanas a los 1000 grados centígrados, provocando la siguiente reacción:

                            piedra caliza + calor = gas carbónico + cal viva

                            CaCO3 + calor = CO2+ CaO

                           Carbonato de calcio + calos = Anhídrido carbónico + Oxido de calcio

  La cal viva es muy cáustica y tiene una gran afinidad con el agua, a cuyo contacto se transforma en hidrógeno, con gran desarrollo de calor durante el proceso.

  De la cal viva, mezclada con agua, se obtiene la cal apagada (o cal hidratada, que es hidróxido de carbono Ca(OH)2):

                        Cal viva + agua = cal apagada + calor

                        CaO + H2O = Ca(OH)2 + calor

                        Oxido de calcio + agua = Hidróxido de carbono + calor

  Durante este proceso de produce la desintegración rápida de las piedras, que se diluyen en agua. Posteriormente, dejando secar esta pasta puede obtenerse cal en polvo.

USOS DE LA CAL

  La cal es un producto natural, cuyo uso ha sido importante en el pasado, como lo es en la actualidad, teniendo una gran importancia en nuestra vida cotidiana. El uso más antiguo y extendido ha sido la elaboración de mortero o argamasa, empleado en la construcción de edificios, aprovechando la propiedad que la cal tiene de adquirir gran dureza al tomar contacto con el aire.

  La cal apagada, ligeramente soluble al agua, se mezcla con arena y agua para hacer el mortero. Una vez usada en el mortero la cal recupera el CO2 tomándolo, de la atmósfera y se transforma otra vez en carbonato cálcico (lo que se conoce como fraguado), recuperando su dureza original y devolviendo el agua que asimiló en el proceso de apagado. Esta es la reacción que se produce:

H idróxido cálcico (cal apagada) + anhídrido carbónico = carbonato

                   Cálcico + agua

                  Ca (OH)2 + CO3Ca+H2O

  Este mismo proceso es el fundamento del uso de la cal para la elaboración de pinturas murales con la técnica del fresco. La cal mezclada con arena y agua es el revoque que se ha utilizado como base de las pinturas, se va endureciendo progresivamente al contacto con el anhídrido carbónico del aire. Este endurecimiento recupera en parte la caliza originaria, formando carbonato de calcio, con lo cual se consigue fijar los colores del fresco.

  La cal apagada diluida en agua, es lo que constituye la lechada de cal, que tradicionalmente se ha utilizado para blanquear las paredes de las casas. La cal apagada es una base fuerte, que absorbe con intensidad el anhídrido carbónico del aire, recubriéndose de una película blanca de carbonato de cal. Esto es lo que ocurre cuando dejamos secar la cal después de extenderla por la pared. Esta película tiene un marcado color blanco y resulta impermeable al agua, siendo este el motivo del uso tan extendido de la cal para cubrir tapias y fachadas en nuestros pueblos.

  También ha sido muy extendida en el pasado, su utilización en el campo de la higiene y la medicina: para desinfectar árboles; como desinfectante en enfermedades contagiosas como el cólera y el tifus; para blanquear estancias y fachadas; para secar en espacios cerrados; para prevenir la putrefacción de aguas estancadas; para la prevención de infecciones en caso de enterramientos de cadáveres en casos de epidemias. Incluso el agua de cal se ha empleado para realizar gargarismos y se ha aplicado por vía interna para curar diarreas y vómitos.

  Durante los siglos XIX y el XX, se empleó en procesos industriales como: la preparación de crisoles, como fundente, en labores metalúrgicas y de alfarería; en la elaboración de productos como la sosa, la potasa, el azúcar y el amoniaco; en el curtido de pieles; en la obtención de cal sodada empleada en estudios fisiológicos; como materia prima en la fabricación de vidrio; en el tratamiento de aguas y vertidos industriales; etc. En la actualidad la cal se sigue utilizando de forma masiva en multitud de procesos industriales.

Una de cal y otra de arena, y la obra saldrá buena.

LA CALERA

  Para obtener la cal viva a partir de la piedra caliza, que previamente ha sido extraída de las canteras, es necesario someter la piedra a un proceso de calcinación, por la acción del fuego. Es lo se conoce como “COCER” la cal, que se lleva a cabo en la calera.

  El diccionario de la RAE dice que “CALERA” es la “CANTERA QUE DA LA PIEDRA PARA HACER CAL” o bien “EL HORNO DONDE SE CALCINA LA PIEDRA CALIZA ”, tal como hemos descrito anteriormente. En nuestro pueblo, la calera comprende generalmente los dos elementos a la vez, ya que el horno calero solía instalarse junto a la propia cantera, con vistas a la economía de medios y buscando una mayor rentabilidad.

EL HORNO DE CAL

  El horno tradicional utilizado en nuestra comarca se construía excavando un pozo de forma cilíndrica en el suelo. Teníatres o cuatro metros de profundidad por dos o tres metros de diámetro y una capacidad interior de tres a cuatro metros cúbicos.

  En la parte más baja, el cilindro reduce su diámetro de tal forma que en el interior del pozo a todo su alrededor se forme un poyete que servirá como base donde apoyar la piedra que se va a cocer. Este poyete tiene unos setenta centímetros de altura, construyendo las paredes de la caldera del horno, en el lugar donde se quemará la leña que oxidará la piedra.

  
Por uno de los laterales se excava una rampa, en plano inclinado, que llega desde la superficie hasta la base del pozo. En el encuentro de la rampa con la base del pozo se perfora este, haciendo una boca. Es la zona que se conoce como “servidor”, donde el calero se situará para ir introduciendo la leña que ha de calentar el horno. sta construcción, dependiendo de la consistencia del terreno, se fortalecerá con ayuda de piedras, allá donde sea necesario
  

  

 ARMAR EL HORNO

  

  El grupo o equipo de gente habían recogido la piedra necesaria y la habían acarreado y colocado junto al pozo para armar el horno.

  El calero y sus ayudantes acometían una tarea que requería sabiduría y destreza, cual era la de “armar” el horno, que consistía en llenar el horno de piedras.

  Situado el calero en el fondo del horno, comenzaba a colocar una piedra tras otra a partir del poyete circular. El lento, y laborioso trabajo del calero hace que el horno se vaya colmando de piedras, cuidando de que a medida que estas van subiendo se vaya formando una bóveda que permitirá, que las piedras se sostengan simplemente apoyándose unas sobre otras. ¡Ojo!, no todas las piedras son iguales; hay que colocar primero las “armaderas”, después los “trasquillones”, seguidos de los”regulares”, “gordos”, y “cantos”, cerrando la bóveda con el “punzón”.

  Pero además, debía cuidar al colocar ordenadamente las piedras, no solo de fabricar una bóveda resistente, sino de que el calor producido por el fuego en el hogar del horno, se extienda por igual en toda la masa pétrea que ocupa la totalidad del horno. Es clave que entre las piedras se vayan dejando huecos por los que pasarán las llamas y además en su conjunto harán de chimenea. Todas las piedras deberán de entrar en contacto con el fuego para oxidarse por incandescencia.

  Una vez lleno el horno, la parte externa de la piedra, que aparece al nivel de la superficie del terreno en forma de bóveda, es recubierta por cascotes y tierra, a modo de tapadera, al objeto de aprovechar óptimamente el calor.

LA QUEMA

  Armado ya el horno, tarea que ha durado una o dos largas jornadas de trabajo, anuncian: “esta noche vamos a quemar”. Era costumbre encender el horno en época de buen tiempo, ya que la lluvia es un gran enemigo, y por la noche si es verano, con el fin de hacer más soportables las altas temperaturas que tenían que soportar en la boca del horno.

  Enfriada la piedra, había que sacarla del horno y apilarla lentamente en la superficie.

  En los días siguientes, con los serones bien cargados sobre los borricos o sobre las mulas, acarreaban la cal que previamente habían repartido, para venderla a los vecinos del pueblo o compradores de la comarca.

  
  

En Milmarcos se hicieron las últimas caleras aproximadamente entre los años cincuenta y sesenta. Como datos que hoy pueden resultar curiosos, digamos que, en una calera de las catalogadas como grandes se tardaba un mes mas o menos en todo en proceso. Se podían utilizar 1.200 1.400 gavillas de aliagas o 300 cargas de caballería, que era el conjunto de gavillas que cargaban en una mula. 60.000 o 70.000 kilogramos de piedra caliza, para obtener aproximadamente 25.000 kilogramos de cal. El precio que cobraban por una arroba de cal ( 11 kg . En Casilla y 12,50 kg . En Aragón), era de 2 o 3 pesetas por arroba. Me cuentan en los años cincuenta, hicieron una buena transacción comercial vendiéndole 20 quintales al tío Antonio “El Catalino” de Ibdes, a 3 pesetas el quintal. Hagamos una reflexión sobre la importancia y la dureza de los trabajos de realizaban nuestros mayores para poder llevar alguna peseta a casa y contribuir un poco para paliar las necesidades propias de la época.

Los hornos industriales han acabado con la actividad artesanal de las caleras.

  Sería una muestra de cariño a la tradición y a la cultura popular, que perviviera en Milmarcos al menos una calera, bien conservada, como testimonio de nuestros antepasados y para enriquecimiento cultural de las generaciones futuras.

----------------------------------------------------------------------------------------------------------

  Para realizar este escrito, se ha utilizado documentación del escrito titulado EL CALERO. UN OFICIO QUE SE PIERDE , firmado por Jesús Gómez Fernández-Cabrera. Fotografías de Santiago Gómez.

Barcelona, 20 de mayo de 2005

Marcos Martínez Atienza

 

  
  

VOLVER