LA TEJA

 

   La teja es una pieza de barro cocido en forma de canal utilizada para cubrir las cubiertas de todo tipo de edificios,  introducida en la Península Ibérica por los árabes a partir de su colonización allá por el año 711, que fue sustituyendo  al resto de materiales que se venían utilizando tradicionalmente.

  La teja tradicional o “TEJA ARABE”, tiene unas dimensiones aproximadas de unos 45 cm . de largo x 30 cm . de  ancho en su parte más amplia y 25 cm . en su parte más estrecha, debido a su forma ligeramente cónica y un peso  aproximado de 2,5 Kg . su colocación en los tejados se hace de tal manera que vierten el agua de una a otra y las  últimas colocadas desaguan al terreno, a un canalón, o bien a otro tejado. Según la colocación de la teja, esta se  denomina “Canal” si presenta a la lluvia su superficie cóncava y “Cobija” si presenta la superficie convexa. Debido a  su especial diseño, se adapta muy bien, permitiendo su colocación en superficies con medidas irregulares.

“ EL TEJAR ”

  En Milmarcos funcionaron dos tejares, uno ubicado en Los Cañuelos, que estaba administrado por la familia  Martínez, habiendo dejado de funcionar allá por los años 1940-1950, y otro ubicado en la Huerta Nueva ,  administrado por la familia Colás y que dejó de funcionar en los años 1958-1959. Por tal motivo, consideramos que el  oficio de “TEJERO” era otra de las muchas actividades que se desarrollaban en nuestro pueblo y que como otras  desaparecieron, quedando en el recuerdo de muchos Milmarqueños, algunos que las han practicado y otros que las  recordamos sintiendo cierta nostalgia de la manera que se hacían las cosas en aquella época. Por tal motivo queremos  mediante este escrito plasmar modestamente esta actividad artesana, que repito, como otras, que se desarrollaban en  nuestro pueblo.

  El tejar requería tener una buena explanada o también denominada por los tejeros “ LA ERA ”, orientada al sur y  carente de sombras, en la cual se pudieran poner un número de tejas equivalente a las que se podían fabricar en dos  días, ya que se precisaba al menos un día para su secado al sol, quedando por tanto media explanada ocupada. En  una jornada se fabricaban aproximadamente 700 unidades.

  Era imprescindible una pila o un hoyo cavado en el suelo de forma rectangular con una capacidad aproximada de 2  m3 , para amasar el barro. Esta tarea se ejecutaba pisándolo mucho hasta conseguir que el barro estuviera bien  batido, quedando un espesor de unos 30 ó 40 cm . aproximadamente. Asimismo se precisaba otra explanada o era,  para extender la tierra y triturarla con un rodillo de piedra que era arrastrado por una caballería y con unas mazas de  madera a mano. La tierra en su elaboración final debía quedar bien fina o bien molida y sobre todo bien seca, pues de  lo contrario, no se remojaba bien en la pila.

 La tierra arcillosa, previamente seleccionada de alguno de los filones existentes en el término, tenía que estar carente  de piedras y arena, ya que de ser así, al cocer la teja, las piedras se convertían en cal, formándose el llamado  “Caliche”, dando lugar a la rotura de la pieza o a un agujero. La tierra arcillosa es abundante en la naturaleza, por  tanto, los filones de donde se extraía no solían estar lejos del tejar.

  Otro requisito imprescindible era el pozo de agua o un manantial próximo con suficiente caudal para cubrir las  necesidades del tejar

  También era menester un buen almacén para guardar las tejas secas aún por cocer, hasta reunir las suficientes para  hacer una hornada de aproximadamente 6000 unidades.

“ FABRICACIÓN DE LA TEJA Y UTENSILIOS NECESARIOS”

  Una vez bien amasado el barro, se extendía en el interior del molde llamado “Gradilla”, que consistía en un rectángulo  metálico con las medidas lineales de la teja y de 1 cm . de espesor aproximadamente. Una vez bien llenado este molde  y correctamente alisado por la parte superior con un rasero de madera, se situaba sobre el galápago, que es otro  utensilio metálico que le da la forma definitiva a la teja. Estas funciones se realizaban sobre una robusta mesa de  madera. Acto seguido, la pieza aún sobre el galápago era depositada en el suelo de la explanada para su secado, que  aún estando tierno el barro, se mantenía firme debido a su forma de arco y a la simetría que cogía la pieza una vez que  ha pasado por el molde, quedando de esta forma lista para su secado y posterior almacenamiento.

 

"gradilla"
"galápago"

 

Antes de depositar el barro ya moldeado en el galápago, se rociaba éste con ceniza, con el fin de que no se pegase,  rociando también la mesa de trabajo, con el mismo propósito. Esta función es equivalente a la utilizada por los  panaderos con la harina, para trabajar la masa del pan.

“ MONTAJE Y LLENADO DEL HORNO ”

  Una vez reunidas las tejas suficiente para llenar el horno en toda su capacidad, se procedía a efectuar la faena más  complicada de todo este proceso. El horno tenía que tener una estructura fuerte y regia, para resistir altas  temperaturas, siendo su forma cúbica, con una base cuadrada en su interior y con una capacidad para unas 1000 tejas  posicionadas perpendicularmente, una tras otra y formando hileras hasta completar dicha base cuadrada, repitiéndose  esta operación 6 veces, ya que la altura del horno equivalía a la altura de 6 tejas perpendiculares. Todo este cubo del  horno estaba sustentado sobre unos arcos que debían resistir todo el peso de la carga de las 6000 tejas y la  resistencia al fuego que bajo ellos se generaba durante la cocción, por tanto, se empleaba un material reflectario para  su construcción. Entre arco y arco, que eran paralelos, quedaba un espacio suficiente para que el fuego pasase entre  ellos aportando las calorías necesarias a las tejas en toda la capacidad del cubo, que con el transcurso de las horas de  fuego se ponía incandescente.

  La cocción de la teja era la operación más delicada de todo el proceso, requiriéndose para este acto toda la sabiduría  y experiencia del tejero para conseguir el punto adecuado de cocción, ya que de ello dependía la duración de las  tejas, siendo por tanto muy consciente de que si se cocían poco no adquirían la consistencia necesaria y si se pasaban  de fuego se torcían las piezas, perdiendo su forma simétrica.

  Para esta función, por un lateral del horno y en su parte más baja, había una tobera (agujero de 80x80 cm.  aproximadamente) que perpendicularmente y bajo los arcos, comunicaba con la llamada caldera, la cual consistía en  una cavidad, donde se generaba el fuego, pasando éste entre los arcos al resto de la capacidad del cubo, como anteriormente hemos mencionado.

El cerramiento o tapado de la parte superior del horno, se ejecutaba cubriendo éste con cascotes y sobre la última  tanda de tejas, sin poner nada de tierra, ya que quedarían tapadas las ranuras que quedaban entre las piezas y no  llegaría el fuego, por lo que se ahogaría el tiro. No obstante, hacemos la observación, que la 6ª tanda de tejas solía  quedar menos cocida que el resto. La duración del proceso de cocción era de 30 horas continuas aproximadamente,  aunque el propio fuego en el interior de la caldera nos lo indicará por su color, que iba variando de rojo a oro claro.  También la duración era distinta dependiendo del material empleado para su combustión, normalmente se empleaban  las aliagas o los restos de la caldera del espliego, siendo notablemente superior en calorías el aporte de las aliagas,  respecto al espliego.

  Una vez acabada la cocción y hecha la observación a través de la tobera de que el fuego había adquirido un color  claro, procedían a tapar la boca de la tobera, esta vez con tierra húmeda y también la parte superior del horno, sobre  los cascotes, quedando totalmente ahogado y tapado herméticamente, para que no se produciese ninguna corriente de  aire en el interior, lo que ocasionaba un enfriamiento más rápido del necesario, dando lugar al fenómeno llamado  “Venteado” ocasionando la rotura de algunas piezas, por tanto, habiendo quedado el hormo bien ahogado y  correctamente sellado, se producía un enfriamiento lento y progresivo durante aproximadamente una semana,  quedando las piezas con un nivel de cocción igualado.

 Acabado todo el proceso, se ejecutaba el vaciado del horno, almacenando las tejas ya listas para ser vendidas.

 Como dato curioso, indicamos que el precio máximo alcanzado de una pieza en los años 1958-1959, era de 1 peseta.

 La producción máxima alcanzada durante un año fue de 30.000 unidades. cantidad equivalente a 5 hornadas.

 La cantidad necesaria de aliagas para una hornada, se estimaba en 80 ó 90 cargas de caballería.

 Una mula cargaba aproximadamente unas 50 tejas, con un peso aproximado de unos 125 Kg .

 

 

Una vez más y como en otros escritos relacionados con oficios o actividades que se hacían en nuestro pueblo, dedico  estas líneas al que podríamos llamar “ EL ULTIMO TEJERO DE MILMARCOS”, o lo que es lo mismo el tío  JUAN JULIAN, que a sus noventa y muchos años, aún tenemos la suerte de ver como se emociona cuando  ocasionalmente lo vemos y comentamos cosas de nuestro pueblo, que a pesar de su edad aún recuerda algunas de  ellas con nostalgia. Así mismo, vaya mi más sincero agradecimiento a su hijo y amigo JESÚS COLAS, a quien por  jerarquía le correspondería también el mismo título, por haber compartido con su padre el mismo oficio, hasta su  desaparición. Gracias Jesús por haberme facilitado todos los datos técnicos necesarios que se describen en este  escrito.

Barcelona, septiembre de 2005

Marcos Martínez Atienza

 

 

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