CONOCE COJÓBAR www.modubar.com
La pequeña localidad de Cojóbar está situada en las cercanías de la Ciudad de Burgos, entre las cuencas del Arlanzón y del Arlanza. Bañada por el río Ausín, las características del territorio, compuesto fundamentalmente por material sedimentario terciario, permiten su aprovechamiento agrícola. No obstante, en sus proximidades existen amplios depósitos de materiales calizos que han sido susceptibles de explotarse como canteras a lo largo de muchos siglos. Tal es el caso de la conocida cantera de Hontoria que abasteció la mayoría de las empresas constructivas burgalesas.
ORÍGENES
Desde antiguo, esta comarca ha sido el escenario elegido por diferentes colectivos humanos para establecer sus asentamientos, según demuestran los restos pertenecientes a la Edad del Bronce hallados en Modúbar de la Emparedada o los castros celtibéricos localizados en Los Ausines y Albillos. No obstante; será en el proceso romanizador cuando estas tierras reciban un importante impulso a través de la vía que desde Clunia comunicaba con Lara y, remontando el curso del río Ausín, se dirigía por Saldaña hacia Cabia. En relación con tal camino deben entenderse los testimonios que evidencian la romanización de los poblados indígenas de Los Ausines o Albillos y una posible villa en Revilla del Campo, así como indicios que permiten vincular las vieja fábricas de los puentes de Revillarruz y Olmosalbos con la citada vía. También en las proximidades, la localidad de Cardeñajimeno conserva una notable villa tardorromana cuyos buenos mosaicos atestiguan el acomodado nivel e vida que disfrutaban sus propietarios.
Sin embargo, y a pesar de tales antecedentes, debemos remontarnos al proceso de la Repoblación para explicar el origen de Cojóbar. En el año 884 el Conde Diego Porcelos fundaba la Ciudad de Burgos como estratégico bastión frente al dominio islámico. A medida que los cristianos fueron recuperando tierras en manos musulmanas y aseguraron las orillas del Duero, Burgos confirma su protagonismo en el ámbito castellano. Es, entonces, cuando comienza la articulación del territorio situado en su entorno a través de la concesión de fueros y a la consolidación de amplios dominios monásticos. Ambos mecanismos permitirían fijar la población en el marco espacial de forma homogénea.
Así, en las proximidades de la "Caput
Castellae" se establecieron importantes conjuntos monásticos benedictinos,
como el Monasterio de San Juan
o el de San Pedro de Cardeña y, ya en fechas
algo más avanzadas, cistercienses, según sucede con la fundación regia del
Monasterio de las Huelgas. Tan importantes centros religiosos extendieron su
influencia por un amplio territorio donde conseguirían, por donaciones, compras
o permutas, numerosas propiedades. Dada la atención que tanto los benedictinos
como los cistercienses concedieron a la eficaz explotación agrícola, en las
proximidades de Burgos se fueron desarrollando numerosas pequeñas poblaciones,
dotadas con términos muy reducidos cuyos vecindarios cuidarían las heredades
monásticas. Estas poblaciones también fueron objeto de atención por parte de
los respectivos monarcas y, así, Alfonso VI, en 1103, extiende el fuero de la
Ciudad de Burgos a las 54 aldeas del que será su alfoz, privilegio confirmado
en 1255 por Alfonso X.
A este tipo de poblaciones, inmediatas a la Ciudad de Burgos y ligadas a algunos de los dominios monásticos citados, concretamente al del Monasterio de San Pedro de Cardeña, nos consta que pertenecían lugares como Modúbar de la Emparedada o Quintana de los Coxos, actual despoblado cerca de Cojóbar. No obstante, las referencias sobre nuestra localidad son algo más tardías, confirmadas por la cronología del edificio parroquial, perteneciente a las primeras décadas del siglo XIII. Lo encontramos citado por primera vez en la relación de pueblos que figuran en los préstamos del Obispado de Burgos, entonces presidido por el prelado don Aparicio (1247-1257). Aparece con el topónimo "Quintaniella Coxova o Coxoa", que ha sido interpretado como "lugar de coxos", es decir gusanos o larvas, pudiendo indicar, quizá, una tierra rica en materia orgánica.
COJÓBAR EN LA EDAD MODERNA
Al igual que sucede en otros pequeños lugares próximos a la ciudad burgalesa, la existencia de Cojóbar se verá claramente influenciada por las diversas dinámicas que afectaban a la antigua Cabeza de Castila. Los años finales del siglo XV y principios de la centuria siguiente, Burgos vivió una de sus etapas de mayor esplendor que también beneficiaría a las poblaciones próximas, especialmente a aquellas localidades situadas en posiciones estratégicas dentro del sistema de comunicaciones que ahora recibe especial atención. Así sucede con Cojóbar, emplazada en las proximidades de Burgos y al pié del camino que unía la ciudad castellana con la próspera villa de Covarrubias. Ello favoreció la existencia en nuestra localidad de una sencilla taberna de la que constan referencias por lo menos desde el siglo XVI.
A ese momento corresponde también una singular
vivienda realizada en buena silería con la puerta principal
resuelta mediante
amplio arco de medio punto de cuidado despiece. Conserva todavía un bello
escudo cuya esmerada labra lo sitúa en las primeras décadas del Quinientos,
perteneciendo sus armas a las familias Manrique, Bonifaz, Cartagena y
Camargo.
Sin embargo y a diferencia de otra poblaciones cercanas, Cojóbar siempre se mantuvo en unos límites muy modestos, pues a mediados del siglo XVI era definido como un "...lugarcito pequeño...", cuyo vecindario estaría entorno a los 6 o 9 vecinos. Tal situación la confirma la relación de las iglesias parroquiales facilitadas por el Obispado burgalés en 1587 en donde se contabilizaban 9 vecinos. La mayoría de las tierras y uno de los principales medios de producción de la época, los molinos, pertenecían a alguno de los vecinos principales de la ciudad de Burgos, como don Nicolás Gaona, al Monasterio Real de las Huelgas y al Hospital del Rey. De ahí que los habitantes de Cojóbar, apenas poseían bienes y se ocupaban de cuidar las heredades de aquellos en calidad de arrendatarios.
Cojóbar, como las restantes pequeñas poblaciones situadas en los alrededores de la "Caput Castellae", cumplía por tanto un importante papel en el equilibrio social burgalés al permitir romper el cinturón de propiedades que las diversas casas religiosas habían establecido en torno a la ciudad. Los miembros más destacados de la sociedad burgalesa tenían, así, la posibilidad de encontrar términos donde ampliar sus posesiones y podían seguir viendo en Burgos un lugar que aseguraba la prosperidad de sus habitantes de mayor prestigio.
En efecto. La potente capital castellana, dado su protagonismo político y económico, se había convertido en uno de los marcos urbanos preferidos para que los miembros de la más alta nobleza fijaran su residencia, olvidando de este modo las obsoletas construcciones defensivas situadas en enhiestos roquedos. La transformación de la nobleza de guerrera a urbana se vio acompañada, a partir de mediados del siglo XVI, por el interés de los nobles en la construcción de elegantes residencias en el campo donde descansar, así como la práctica de la caza y de todo tipo de actividades de recreo en un entorno natural. Fruto de tal planteamiento es la construcción del bellísimo palacio de Saldañuela, muy cerca de Cojóbar. o la revalorización de todas estas pequeñas poblaciones como escenarios favoritos para la distracción de la nobleza.
La existencia de un amplio número de localidades de carácter agrícola en el entorno de los principales núcleos urbanos, y el interés por mantenerlos dentro de su jurisdicción se convertía, de tal modo, en una necesidad vital para todas aquellas ciudades que, como Burgos, querían mantener su prestigio. En relación con ello no debe extrañarnos que el Regimiento burgalés se ocupara, cada cierto tiempo, a través del Teniente Corregidor, de llevar a cabo la correspondiente "Visita y Residencia" a los lugares que situados en sus cercanías dependían de su jurisdicción. En tal sentido se conserva el acta que da cuenta de la Visita efectuada en 1553 a diversas localidades, entre las que se encontraba Cojóbar. Ésta consistió en revisar los libros del Concejo, los pesos, pesas y medidas, así como los abastos y casas públicas que, en el caso que nos ocupa, se redujo al examen de la taberna.
Por la misma razón, el Concejo de Burgos se opuso a cualquier intento de desvincular estas localidades de su jurisdicción. De ahí que cuando, en 1559, Felipe II pretenda vender gran parte de las pequeñas poblaciones situadas en sus proximidades en favor de don Juan de Entrena, residente en la Corte, redacten un exhaustivo expediente para demostrar los graves perjuicios que ello les podía ocasionar. A través de múltiples testigos que conocían bien lugares como Cojóbar, Olmosalbos, Saldaña o Sarracín insisten en la importancia de estos lugares para el normal desarrollo en la vida de la ciudad y, en especial, para mantener el interés de los miembros más prestigiosos de la sociedad que, de otra forma, buscarían poblaciones más ventajosas donde residir. Todo ello cambiaría radicalmente si los citados lugares pasaran a formar parte del patrimonio de un señor, perdiendo los diferentes privilegios que les habían ido concediendo los reyes durante muchos siglos por su estrecha vinculación con la capital burgalesa.
No tenemos constancia documental de cómo discurriría el contencioso, pero a mediados del siglo XVIII, según que da recogido en el Catastro del Marqués de la Ensenada Cojóbar era lugar de señorío, perteneciendo al conde de Luna y marqués de Saldañuela. Muy posiblemente, la desvinculación de Cojóbar del patrimonio regio, al igual que sucedió en otras muchas localidades castellanas, debe relacionarse con el proceso de señorialización que experimenta la sociedad durante el siglo XVII. La venta de poblaciones o de cualquier tipo de rentas fue una práctica habitual en los reinados de Felipe III o Felipe IV y permitieron hacer frente a los problemas de la hacienda regia, a l mismo tiempo que aseguraban el correcto funcionamiento del aparato cortesano al agradecer o recompensar los favores de sus numerosos miembros.
A las peculiares circunstancias vividas a lo largo del Seiscientos se puede atribuir, también, el incremento de población que experimenta el lugar de Cojóbar, pues en el Catastro se recoge la existencia de 20 unidades familiares, lo que supone haber duplicado el vecindario desde 1587. El siglo XVII fue una centuria de profundos cambios que, en muchos casos, se saldó con graves crisis demográficas. Éstas afectaron especialmente a los núcleos de población más importantes que, como Burgos, habían perdido las anteriores condiciones en las que basaron su preeminencia. Tal proceso conllevó que muchas familias abandonaran los centros urbanos y encontraran en las pequeñas poblaciones de base agrícola como Cojóbar una nueva oportunidad. Y a este fenómeno es posible que responda el incremento del numero de vecinos de nuestra población.
También la información recopilada en el Catastro de Ensenada constituye una fiel radiografía de la imagen socioeconómica de Cojóbar a mediados del Setecientos. Nos encontramos ante una población eminentemente agrícola de base cerealística, según testimonia que sus principales productos fueran el trigo, la cebada, el centeno y la avena. La vega del Ausín permitía disponer de algunas tierras de regadío en la que se cultivaba todos los años, frente al tradicional sistema de sembrar dos y dejar descansar el tercero practicado en las de secano. Así mismo, existían algunas huertas cuya producción de verdura y hortaliza se orientaba al consumo familiar, al igual que la del escaso viñedo que todavía existía, recuerdo de cuando en el siglo XVII el vino era uno de los componentes fundamentales de la dieta. También al consumo familiar estaría destinado, fundamentalmente, la corta cabaña ganadera, lanar y bovina, de la que disponían, pues tampoco podían alimentar un número amplio ya que la mayoría de los terrenos de pasto pertenecían al señor de la localidad. Lo mismo sucedía con los molinos, propiedad del conde de Luna y de don Gabriel Bonifaz, vecino de Población de Valdivielso. A esta situación económica correspondía una sociedad compuesta, casi en exclusiva, por labradores y jornaleros.
DE LA ILUSTRACIÓN A NUESTROS DÍAS
Tan tradicional panorama es confirmado por la información enviada al geógrafo real do Tomás López desde Arcos, centro del arciprestazgo, con motivo de la preparación de un Diccionario Geográfico de la provincia de Burgos. No obstante, también había algunas notas que parecían indicar la introducción de importantes presupuestos de renovación ilustrada. Elocuente testimonio de ello es que parte de las mejores tierras se dedicaron al cultivo del lino que estaba siendo introducido desde el gobierno como cultivo alternativo. Su adecuada productividad permitió mantener un tejedor entre el vecindario. La singular transcendencia que se venía otorgando a los plantíos de árboles queda expresado en Cojóbar en la existencia de un cierto número de frutales, como perales y ciruelo, así como olmos y sauces en los límites de las tierras. También al espíritu de los nuevos tiempos, que atiende con preferencia a las vías de comunicación y a la modernización de todas aquellas instalaciones ligadas al transporte de viajeros y mercancías, parece deberse la realización de una nueva casa-mesón, puesto que el lugar de Cojóbar se encontraba emplazado en un camino de cierto tránsito. En relación con ello puede entenderse que, así mismo, contara con un vecino dedicado a la carretería.
A este emplazamiento, y a la proximidad con la ciudad de Burgos, responde que en los primeros años del siglo XIX sufriera las convulsiones provocadas por la Guerra de la Independencia. En efecto. Sabemos que las tropas francesas estuvieron en Cojóbar y que saquearon la iglesia parroquial, como sucedió en otras muchas poblaciones burgalesas.
El resto del Ochocientos discurre por los cauces habituales en una modesta localidad agrícola, según recoge don Pascual Madoz en su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico a mediados de la centuria. Con posterioridad el fenómeno del "desarrollismo" que vivieron las ciudades españolas durante los años Sesenta de la pasada centuria pudo provocar, quizá, una disminución de la población que abandonaría el campo para ir a trabajar a los núcleos urbanos y un cierto decaimiento de estas localidades nunca demasiado prósperas.
Sin embargo, en los últimos años, el proceso que se está experimentando de revalorización del entorno rural como lugar de segunda residencia o incluso de residencia principal en aquellas poblaciones próximas a las ciudades, ha revitalizado la pequeña población de Cojóbar. Testimonio de ello son las nuevas construcciones de modernas tipologías arquitectónicas de concepción unifamiliar, como chalés o adosados, que se han ido levantando en nuestra población.
Nos encontramos ahora, por tanto, con un nuevo reto: permitir a localidades como Cojóbar que encuentren la respuesta más idónea a las dinámicas propias del III Milenio. Se podrá, así, seguir el proceso de modernización sin renunciar a aquellos elementos que han ido configurando sus rasgos definitorios a lo largo del tiempo. Tal sucede con su patrimonio histórico-artístico, donde la iglesia parroquial de San Cristóbal alcanza singular protagonismo.
"Informe Histórico-Artístico de Cojóbar y la Iglesia Parroquial de San Cristóbal". Mª JOSÉ ZAPARAÍN YÁÑEZ. Doctora en Filosofía y Letras, Sección Historia del Arte. Profesora del Instituto Universitario de Restauración de la Universidad de Burgos.
Iglesia parroquial de San Cristóbal.Siglo XIII. Estilo "Románico rural burgalés".
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