IGLESIA PARROQUIAL DE SAN CRISTÓBAL. (COJÓBAR) www.modubar.com

Biografía.
Situada en el borde suroeste de la localidad, sobre una pequeña altura, la iglesia parroquial de San Cristóbal parece responder a una construcción de las primeras décadas del siglo XIII. El reducido vecindario y la limitada disponibilidad económica con la que siempre contó esta pequeña localidad propició que la fábrica románica no experimentara transformaciones de interés hasta bien avanzada la Edad Moderna.
En efecto. Los nuevos presupuestos estéticos ligados al desarrollo del culto promovido por las directrices de Trento obligaron a introducir ciertas reformas en muchos de los templos parroquiales burgaleses. En las comunidades con menores recursos, los cambios buscaban dotar de mayor esplendor a las celebraciones litúrgicas sin alterar la estructura de la fábrica y para ello se renovaban las piezas de amueblamiento que no correspondían a las modernas tendencias. Se prescinde, así, de todo aquello que no moviera a la devoción o a la piedad e, incluso, fuera causa de "irrisión", según se indicaba con frecuencia en las Visitas Pastorales. A tal dinámica debemos atribuir que, en las primeras décadas del Seiscientos, la iglesia parroquial de Cojóbar se viera modernizada con un nuevo retablo mayor, el cual permitiría seguir captando el interés de los fieles a través de sus modernas pinturas y matizado dorado.
Ya en la segunda mitad del siglo XVIII, el interior sufre una singular reforma que afecta a la primitiva concepción de la estructura, al sustituirse la armadura de madera por un cielo raso. También es muy posible que en esta centuria, según sucede en otras muchas iglesias parroquiales burgalesas, se procediera al enlucido interior.
A principios del Ochocientos, las piezas de orfebrería y los ornamentos sagrados que custodiaba el templo fueron saqueados por las tropas francesas durante el período en el que gobernaron en España. Los cortos alcances de la fábrica permitieron tan sólo reemplazar una pequeña parte de las pérdidas. Por ello, en la Visita Pastoral de 1819, se aconseja solicitar la ayuda de los feligreses y si éstos no remediaban tan apremiante necesidad podía acudirse al Tribunal Eclesiástico.
Durante la pasada centuria, dentro de la corriente de revalorización que experimentaron las manifestaciones artísticas románicas, este edificio ha sido citado por diferentes estudiosos como obra de interés o a tener en cuenta. No obstante, si exceptuamos la singular pila bautismal que todavía conserva, en ningún caso se ha procedido a efectuar un estudio sistemático de su fábrica, ni siquiera una descripción completa de la misma y una primera valoración de sus principales elementos de interés.
Descripción y valoración
Tipología
La iglesia parroquial de San Cristóbal de Cojóbar se ajusta a las características del llamado "Románico rural burgalés". Su PLANTA basilical es de única nave de tres tramos, sin crucero, con ábside semicircular, acceso abierto en el segundo tramo de mediodía y espadaña situada a los pies. La iluminación, actualmente, se resuelve a través de dos pequeñas ventanas abiertas en el ábside y en el primer tramo del flanco meridional.
La sacristía, muy posterior, se situó junto al ábside, al lado del evangelio. Al final del templo, y ocupando parte de los laterales, se desarrolla el cementerio. Tal elemento, delimitado con su correspondiente tapia, fue objeto de especial atención en 1785, como consecuencia de los cambios que el Gobierno Ilustrado introdujo en materia de enterramiento, prohibiendo las inhumaciones en el interior de las fábricas religiosas.
Exterior
Es un edificio de volúmenes muy simples cuyo elemento fundamental de soporte son los muros de notable espesor efectuados en caliza, probablemente de Hontoria, y en los que apenas se practican vanos. El ábside descansa sobre un recio podium de mampuesto cuyo diámetro es muy superior al del ábside propiamente dicho. Con probabilidad este basamento pueda corresponder a la actuación que en 1828 se efectuó para recalzar la capilla mayor.
El ábside, que presenta sus muros enfoscados, pertenece al tipo más sencillo de los que existen en la provincia burgalesa al prescindir de cualquier elemento de articulación plástica. Tan sólo destaca el tratamiento de la ventana semicircular con doble arquivolta de gruesos baquetones animados con el típico ajedrezado. Las arquivoltas descansan en columnas cuyos capiteles tienen un concepción diferenciada, destacando el derecho con un cuidado trabajo de cestería a base de motivos entrelazados tallados a bisel.
El resto de la construcción fue realizada en sillería, especialmente cuidada en la zona meridional. En este frente, el tramo donde se abre la portada aparece ligeramente destacado en planta, aunque no presenta signos de haber estado protegida por el característico tejaroz, como suele ser lo habitual en estas edificaciones.
Es la pieza del templo que nos permite acercarnos con más precisión al marco cronológico de la obra. Su estructura abocinada, de marcado apuntamiento, y el tratamiento decorativo de algunas arquivoltas, a base de puntas de diamante de diferente tamaño, responde sin duda a las primeras décadas del siglo XIII, avanzando ya las nuevas fórmulas propias de esta centuria.
Sus arquivoltas, salvo la que conforma la luz de la portada, están animadas con gruesos baquetones. La moldura que marca la transición entre éstas y los elementos sustentantes recibe una atención especial a través de una línea de imposta de fuerte resalte que se prolonga por los muros laterales. Las dos arquivoltas exteriores descansan sobre columnas con capiteles corintios, aunque con un tratamiento más esquemático de las hojas de acanto que en los modelos del mundo clásico. No obstante, fueron resueltos con cierta plasticidad, propia del momento tan avanzado de su realización, interpretada desde los presupuestos de abstracción que siempre caracterizan el universo románico.
Fruto de tal planteamiento es la utilización de una talla a bisel cuyo esquematismo encuentra el adecuado contrapunto en el modelado de ciertos detalles, obteniéndose así diferenciadas texturas. Este tipo de trabajo guarda ciertas semejanzas con la llamada escuela de Rebolledo de la Torre que tiene en esta iglesia parroquial su obra más señera, rastreándose también su intervención en la ermita de Nuestra Señora del torreón en Padilla de Abajo, el templo parroquial de Padilla de Arriba; ermita de Nuestra Señora de Zorita en Melgar de Fernamental, claustro del Monasterio de Villamayor de los Montes o en las Claustrillas del Monasterio de las Huelgas; intervenciones todas ellas ya de los años de la transición entre el siglo XII y el XIII, o propiamente ya del XIII.
El edificio se cubre con tejado a dos aguas y conserva un amplio número de canecillos que permiten desarrollar la cornisa sobre la que descansa la cubierta. Salvo algunos en forma de quilla, la mayoría presentan un tratamiento individualizado dominando los modelos inspirados en esquemas geométricos. A base de la superposición de diferentes bloques cuadrangulares de tamaño decreciente, que culminan en una pequeña pieza generalmente de perfil curvo, el escultor consigue la máxima eficacia expresiva con una total economía de medios. Su limpia concepción geométrica se atempera con logrados efectos de claroscuro que revelan un acentuado sentido del ritmo compositivo. En otros modelos, la pieza final ha sido sustituida por una figura animal de difícil identificación. En cualquier caso, la serie de canecillos de la iglesia parroquial de Cojóbar destaca por su rotunda valoración volumétrica y plástica de sus componentes.
Muy singular es, también, la cornisa que conserva bastantes tramos con una bella decoración trenzada interpretada desde presupuestos de acusada abstracción. A ello contribuye la talla a bisel con la que fue ejecutada, pero la dureza de la labra logra atenuarse por la sinuosidad de los perfiles.
Como componente significativo del exterior debe llamarse la atención sobre la espadaña. Ésta introduce un elemento de concepción vertical que rompe la horizontalidad con la que fue concebido el edificio. Se trata de una pieza de dos cuerpos sin articulación plástica, con dos y un vano respectivamente, que marca un acusado perfil triangular a modo de agudo piñón.
Interior
El interior se muestra hoy en día con importantes transformaciones. El ábside está enlucido y no parece que sus parámetros hubieran recibido articulación, aunque todavía puede apreciarse la línea de cornisa sobre la que descansa el cascarón de la cubierta. Además, el retablo mayor oculta el primitivo vano de iluminación lo que obligó a abrir uno en el flanco sur, modificando las condiciones originales.
Si se mantiene el enlace del ábside con el cuerpo de la nave mediante el característico arco triunfal de medio punto que en el caso de la iglesia de Cojóbar se presenta doblado. Es, sin duda, uno de los elementos de mayor interés al conservarse las columnas donde descansa el citado arco del triunfo con sus correspondientes capiteles.
Ambas piezas escultóricas presentan el cuerpo animado con grandes aves que se dan la espalda. De este modo, las cabezas y el pecho coinciden con la arista del capitel semejando, así, la disposición de los motivos vegetales en los capiteles clásicos, dentro de la típica ley de adaptación al marco arquitectónico al que se ven sometidos los temas plásticos. En el de la izquierda, las aves muestran desplegadas sus alas que permanecen recogidas en el de la epístola.
Por su parte, el cimacio está animado con interesantes motivos de estrellas de ocho o nueve puntas con botón central destacado incluidos en círculos secantes. En las esquinas se han sustituido por pomas que refuerzan el tratamiento destacado de los ángulos del capitel.
Todo el trabajo acusa una concepción de marcada abstracción, especialmente visible en el tratamiento del plumaje de las aves a base de incisiones que parecen arañar la piedra. El escultor hace gala en estas piezas de su sentido del volumen y la concepción geométrica a la hora de disponer los componentes en el plano, siguiendo esquemas regidos por figuras triangulares.
La cubierta está totalmente alterada. La primitiva armadura de madera fue sustituida por un cielo raso con sencillos motivos de yesería. Esta obra, que parece corresponder al último tercio del siglo XVIII, manifiesta hoy en día un acusado grado de deterioro y seria necesario un examen técnico para evaluar su posible incidencia en la seguridad de la fábrica.
Amueblamiento
Dentro de las piezas del amueblamiento puede señalarse el retablo mayor. Esta obra corresponde a las primeras décadas del Seiscientos. La fecha de 1695 que aparece en la inscripción del remate, AÑO DE 1695 OPERA FABRICAE, pertenece al dorado. Presenta banco, dos cuerpos tetrástilos y ático central unido por aletones. Sus características responden a los modelos habituales en el período clasicista y exhibe una composición regida por una estricta cuadrícula articulada a través de la superposición de los órdenes clásicos. Las calles laterales y el ático están ocupadas por amplias cajas que albergan lienzos en un penoso estado de conservación.
De gran interés, por corresponder al amueblamiento primitivo del edificio, es su pila bautismal, objeto de atención por parte d diferentes estudiosos de las manifestaciones artísticas románicas burgalesas. Esta pieza, de 90 cm. de altura y 1,30 de anchura, apoya sobre una gran base circular decorada con motivos sogueados y una cenefa que recuerda el repertorio de ovas u dardos clásicos. La copa o taza tiene el interior gallonado, mientras la superficie exterior se recorre por una serie de 24 arcos de medio punto sobre esbeltas columnillas con su correspondiente basa y capitel. Entre las enjutas se despliegan elementos vegetales, rematándose la taza con doble moldura recorrida por motivos sogueados y de punta de diamante.
La tipología a la que pertenece esta pieza ha sido interpretada como una evocación de la Jerusalén Celeste. El rito del bautismo facilitaría , así, al neófito al ingreso efectivo en la Ciudad Apocañíptica. Esta modalidad, una de las más habituales en la provincia burgalesa, alcanza en el ejemplo de la iglesia parroquial de Cojóbar cotas de notable calidad y armonía, tanto en el trabajo de la piedra como en la disposición de los diferentes elementos que conforman su escritura.
"Informe Histórico-Artístico de Cojóbar y la Iglesia Parroquial de San Cristóbal". Mª JOSÉ ZAPARAÍN YÁÑEZ. Doctora en Filosofía y Letras, Sección Historia del Arte. Profesora del Instituto Universitario de Restauración de la Universidad de Burgos.


