Antes de sumergirnos en las mil y una historias sobre quien, cómo y cuando se descubrió el Café, quiero que sepas que hay dos partes bien diferenciadas en la historia del Café; una es aquella que se basa en leyendas e historias populares que se remontan en el tiempo, las cuales no se han podido constatar, pero aún así resulta interesante conocerlas ya que cuando menos nos resultan bonitas y curiosas, y la otra es la que más o menos podemos dar como cierta y que se ha conseguido dar a conocer como tantos otro acontecimientos históricos, o sea tirando del hilo de la vida. Bueno ya sin más preámbulo trataré de empezar sin aburrirte con muchos datos y fechas que para eso están los libros de historia.
Comenzaré relatando una de las historias más conocidas con aire de cuento de "Las mil y una noches" que es la que atribuye a un joven y agraciado pastor yemení su descubrimiento.
Había una vez un joven pastor de nombre Kaldi que cuidaba un rebaño de cabras en las duras y tórridas tierras del Yemen. Una noche de luna llena, al recoger el rebaño para encerrarlo en el aprisco, notó que faltaba una de sus cabras. Alarmado, la buscó por los alrededores, llamándola por su nombre, hasta que el sueño le venció. Llegó el alba y cuál no sería su sorpresa cuando al abrir los ojos vio que su cabra perdida se encontraba, particularmente alegre y juguetona, entre sus compañeras. Aquel prodigioso suceso se volvió a repetir al día siguiente con la particularidad de que esta vez fueron dos las cabras desaparecidas y encontradas de nuevo por la mañana. Dispuesto a resolver aquel enigma el pastor se propuso seguir a sus cabras en la aventura misteriosa de sus desapariciones, aun cuando presentía que tras todo aquello se encontraba algún demonio. Así que esperó oculto tras unos matorrales que las cabras fugitivas repitieran sus andanzas para seguirlas sigilosamente. Anduvieron pastor y ganado furtivo un buen trecho por las laderas de la montaña hasta que accedieron a un pequeño montículo donde se erguían varios arbustos verdinegros, cubiertos de brillantes cerezas rojas que las cabras comenzaron a mascar con intensidad. No salía de su asombro el pastor viendo como sus cabras rumiaban sobre sus patas traseras aquellos frutos nunca vistos hasta entonces. En efecto al rato de haber masticado las rojas cerezas, parecieron las cabras poseídas por una inusitada energía y felicidad, brincando alegres con saltos prodigiosos y entrechocando sus cabezas en un ritual festivo y jocoso. Repuesto de su asombro el joven pastor se acercó a probar aquellos frutos y al rato, comenzó a brincar con sus cabras, realizando tales piruetas que se diría poseído por la fuerza y agilidad de los ángeles...o de los demonios, que eso es lo que pensó a la mañana siguiente, cuando se le hubo pasado el efecto euforizante de la planta. Preocupado decidió contar su historia al prior del convento de Chéhotel, hombre bondadoso que escuchó intrigado la historia del pastor. Dispuesto a resolver aquel enigma mandó traer unas cuantas cerezas del misterioso arbusto, pudiendo comprobar en su propio cuerpo el efecto beneficioso de aquellas bayas, algunas de las cuales caídas accidentalmente al fuego desprendían un aroma intenso, penetrante y embriagador. Una noche tuvo un sueño, rogaba a Alá que le desvelara el misterio, y lo había hecho con más fervor e intensidad que nunca. En el sueño Mahoma le ordenaba tomar las cerezas del arbusto desconocido, limpiarlas de pulpa, tostar los granos y realizar con ellos una infusión que debía repartir entre los monjes del convento a fin de que sus plegarias fueran más gratas a Alá, y pudieran soportar mejor las vigilias. Quedó así sentado el origen divino de tan prodigiosa bebida que el prior denominó "qahwa" en recuerdo del rey persa Qawhus Caí, arrebatado al cielo en un carro guerrero y alado.
Tal es, en sustancia el relato de Fausto Naivone, publicado en Roma, hacia 1671 y traducido después al francés por Silvestre Dufor.
Hasta aquí la leyenda que bien pudiera ser cierta en lo esencial, ya que el café fue un remedio muy utilizado, a partir del siglo IX, en las comunidades religiosas musulmanas. Fue un médico persa, Al Razi (865-923), el primero que menciona el café, al que denomina "bunchu". Fueron musulmanes quienes idearon el tostado de la semilla, previamente secadas al sol, aunque esto no ocurrirá hasta bien entrado el sigloXIII. Pero sea cual fuere el origen de su invención, lo cierto es que el café era una bebida estimada y extendida, de uso popular en Siria y Constantinopla en el siglo XVI, alcanzando su apogeo con el sultanato turco, Antes de convertirse en una bebida social imprescindible en el mundo islámico, el café habría de sufrir numerosas vicisitudes, pasando de ser bebida de intencionalidad religiosa o trago estimulante del ardor guerrero a señal de prestigio social en el mundo islámico. De ahí que durante mucho tiempo guardaran celosamente su invento, prohibiendo la exportación de tan preciado fruto. Sin embargo con la expansión del mahometismo y las conquistas e invasiones por tierras africanas, asiáticas y europeas, el café inicia su andadura mundial.
Dando un gran salto en la historia me trasladaré a 1592 cuando un escritor da a conocer el café en un relato en donde hace referencia a que los egipcios utilizan este grano muy corrientemente, con el que hacen una decocción caliente, y se entregaba esta bebida de unos a otros como nosotros el vino en una taberna.
Durante el siglo XV la fama del café y de sus efectos maravillosos sobre el organismo empezó a extenderse rápidamente. Animados por esta fama los holandeses llevaron una planta a Ceilán donde iniciaron el cultivo allá por el año 1658. Lo que si parece probado es que la primera taza de café en Europa se tomó en 1615 y concretamente en Venecia. En Amsterdam y París cautivados por su fama y exotismo, se cultivaron algunas plantas en jardines botánicos. Este sería precisamente el embrión del traslado de la semilla hasta el Nuevo Mundo donde hoy se produce la mayor parte del café. Los franceses fueron los encargados de la implantación del café en el continente americano y su máximo protagonista el capitán de infantería de marina, Gabriel Mathieu de Clieu. El capitán de Clieu salió del puerto de Nantes en 1723 llevándose consigo unas cuantas plantas de café. La travesía no pudo ser más azarosa puesto que el capitán se vio obligado a compartir su ración de agua con las plantas. Como consecuencia de todo tipo de problemas, al acabar la travesía solo había sobrevivido una planta que de Clieu planto en el Nuevo Mundo. Al cabo de poco tiempo y de muchos cuidados esta planta se convirtió en una abundante cosecha que sería el origen de las grandes plantaciones latinoamericanas. De Clieu no tuvo la misma suerte y murió en 1797, pobre y sin reconocimiento.
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