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Almazaras |
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Torres de almazaras utreranas
Almazaras de las haciendas del Aljarafe sevillano
Otras almazaras de la provincia de Sevilla
Esquemas de almazaras andaluzas
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INTRODUCCIÓN
Sin duda, uno de los rasgos más característicos del paisaje rural
sevillano son las almazaras. La riqueza oleícola de la región ha
propiciado durante siglos que este tipo de edificio dedicado a la
molturación de la aceituna se extendiese sobremanera, con una tipología
edificatoria bien definida, pero con una variedad de detalles
constructivos que guardan todo el sabor de la creatividad popular.
El sistema de molturación se basa en el uso de la "viga":
enorme travesaño de madera de pino y encina cuya cabeza se aloja entre
dos troncos, con huecos donde se introducen los cuños que fijan la
viga, situados en una hornacina de la torre contrapeso. Esta torre actúa
como punto de apoyo de la viga, ya que ésta puede considerarse como una
palanca cuya resistencia está en una pila de capachos llenos de
aceitunas que se colocan bajo ella y que serán presionados poco a poco
por la viga al descender. La potencia se ejerce en el otro extremo
mediante el "husillo": un tornillo helicoidal de madera con
dos palos perpendiculares para hacerlo girar.
El molino aceitero de viga no seria posible sin la torre contrapeso, que
puede ser de factura muy diversa. Su función es contrarrestar los
empujes transmitidos por la viga, y por ello su cuerpo suele ser macizo,
en forma de paralelepípedo de base rectangular, construido con tapial y
ladrillo. La decoración se realiza de acuerdo con la situación de la
almazara y la época de su realización. Las más antiguas son mudéjares,
pero el grupo más amplio e interesante son las barrocas,
generalmente situadas en enclaves urbanos o en haciendas, con lo
que la preocupación por el ornamento es más destacada. Suelen tener
todas chapitel terminado en cruz y veleta, así como pirindolas cónicas.
Las más recientes suelen ser de estilo neoclásico, y a él pertenecen
muchas de las almazaras aisladas. Normalmente tienen cubierta
enladrillada a dos aguas con frontones laterales. Por lo común, si la
torre pertenece a una hacienda, se termina con un mirador, bien acabado
en terraza con pretil de ladrillo o de forja, bien con cubierta de tejas
a cuatro aguas sobre arcos que, por lo general, descansan sobre
pilastras de ladrillo. Este ultimo tipo es muy corriente en las grandes
casas sevillanas y su uso podría remontarse a la época de la dominación
musulmana.
Un ensayo de distribución
de las almazaras en el campo sevillano nos lleva inevitablemente a
considerar su abundancia en el Aljarafe (sobre todo en haciendas rurales
y urbanas), la tierra de Écija (aisladas, en su mayoría y la campiña,
donde tienden a concentrarse en las grandes aglomeraciones. Detengámonos
a considerar una de sus poblaciones más importantes: Utrera, para pasar
posteriormente al campo de Écija. LA
UTRERA DE LAS ALMAZARAS
La ciudad de Utrera, con una población de 40.026 hab. de hecho, se sitúa
en un valle relativamente fértil, mostrando el mayor nivel de
prosperidad de la zona, según todos los indicadores socioeconómicos. A
su alrededor y amparo han crecido núcleos como El Palmar de Troya o
Guadalema de los Quintero, paradigma arquitectónico de los pueblos de
colonización agrícola andaluces.
Según el censo agrario de 1982, el término de Utrera contiene 3783 Ha.
de olivar, o sea, un 6.29% de las 60068 Ha. cultivadas. El panorama era
muy similar en el siglo pasado. Así, Pascual Madoz, en su famoso
"Diccionario..." señala para el término de Utrera un total
de 106703 fanegas cultivadas (aprox. 64022 Ha.), contándose 10304
aranzadas de olivar (aprox. 4843 Ha, un 7.56%). La producción era de
7.5 arrobas (unos 86 Kg.) por cada 60 pies en un quinquenio "de
aceite de muy buena calidad". Datos de 1845-1850.
Toda esta producción de aceite llevaba aparejada una infraestructura
preindustrial que se traducía en la existencia durante el periodo
indicado de 60 molinos de aceite y 2 máquinas hidráulicas aceiteras
repartidos por el partido judicial de Utrera, compuesto por su cabeza más
los términos de Los Molares, Lebrija, Las Cabezas, Villafranca y Los
Palacios. En lo que se refiere al término de Utrera, Madoz menciona 21
haciendas olivareras: Cuzco, Mejorada, Paz, Molinillo, Pajarero,
Indiana, Veracruz, Don Rodrigo, etc, algunas de las cuales todavía
existen. Se cita también la presencia de "168 casas de campo con
33 molinos de acite; y todas empiezan desde las paredes del pueblo hasta
el fin del término..."
Este desarrollo secular de una industria rústica de transformación de
la aceituna ha dejado una fuerte huella en el paisaje rural y urbano de
Utrera. Muestra de ello son las numerosas almazaras que aún perviven en
su entorno, bien aisladas en el campo, bien integradas en haciendas
de olivar, bien incrustadas en el tejido urbano. Son estas últimas
las que hemos elegido para su análisis, ya que su enclave privilegiado
plantea un interesante diálogo con la estructura de la ciudad que les
aporta su especial carácter.
En las últimas décadas, el casco antiguo de Utrera ha sufrido
como pocos el azote de la especulación urbanística y la tradicional
incuria institucional en materia de patrimonio histórico-artístico.
Corno consecuencia, han desaparecido muchos interesantes edificios,
entre los que también se encuentran numerosas almazaras. En otros
casos, sólo nos resta de ellas lo más característico: la torre. En el
momento actual las torres supervivientes gozan de cierto grado de
protección. Su factura es muy variada. Como ya se ha mencionado, las hay frecuentemente rematadas por un chapitel con cruz y veleta, y asimismo con tejado a dos aguas. Pero también las hay coronadas por una especie de airoso "yammur" y, a menudo, el perfil de remate de la torre es mixtilíneo: cuerpos curvos soportan cornisas voladas o molduras lisas que señalan la unión entre los cuerpos. Normalmente, estas torres aparecen encaladas, siendo los relieves resaltados por el uso del color amarillo. Las torres más representativas se sitúan en las siguientes direcciones: C/ Sacramento, 5 (Dos torres). C/ Cristo de los Afligidos, 112. Plaza de la Trianilla-Luis Vives. C/ Juan de Anaya, 12 (Molino de San Antonio). |
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LA
TORRE DE LA ELEGANCIA: C/
LOS MOLARES, 12.
Sin duda, es una de las torres más elegantes de Utrera. El cuerpo
principal, que no se alza excesivamente sobre la techumbre de la nave
que lo acompaña, consta de dos paramentos planos perpendiculares a
dicha nave, y dos de perfil mixtilíneo paralelos a la misma. Estos últimos
comienzan con una elegante convexidad, a la que sigue un plano vertical
y a continuación una suave concavidad que termina en una fina moldura
rectilínea que rodea toda la torre. Sobre ella, un a modo de
entablamento que en todas sus caras presenta una única métopa central
sobresaliente, la cual está adornada por un pinjante en los paramentos
planos.
El cuerpo principal termina en una ancha cornisa en cuyos extremos se
encuentran sendos remates cuadrangulares que soportan pirindolas cerámicas.
La característica más sobresaliente de esta torre es su gran remate
central de planta cuadrada, sostenido tanto en sus caras como en sus
aristas por contrafuertes ornamentales mixtilíneos que apoyan sobre el
cuerpo principal. El remate termina en cuatro pirindolas cerámicas
ubicadas en sus esquinas, las cuales rodean un cuerpo subesférico y,
sobre él, un tronco de cono con una moldura terminal y una bola en la
que se inserta una veleta y una cruz de forja.
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C/ Los Molares, 12. |
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LA
TORRE DE LA DELICADEZA: C/ LAS MUJERES, 20.
Esta original torre consta de tres cuerpos de cierta complicación
ornamental El primero
presenta en su fachada principal dos pilastras cajeadas que enmarcan dos
vanos cegados señalados por molduras. Estas pilastras sostienen un
entablamento dórico con sotocornisa y cornisa amplia. El segundo cuerpo, el de menor altura, tiene paramentos lisos hacia la fachada principal y paramentos mixtilíneos perpendicularmente a la misma. Cada uno de estos últimos está flanqueado por dos remates con una moldura y pirindola cerámica. En medio de éstas, una ancha moldura fajada que sigue el perfil vertical del paramento. Este cuerpo termina en un tejadillo horizontal en cuyas esquinas se aprecian remates bajos con pequeñas molduras, que posiblemente sirvieran para sostener pirindolas similares a las señaladas.
El tercer cuerpo denota una gran originalidad. Su planta es elíptica,
observándose ocho pilastras jónicas de pequeño tamaño apoyadas sobre
plintos adosados. Sobre las pilastras hay un entablamento jónico y
sobre éste ocho remates dobles con pirindolas cuyo eje
vertical coincide con el de las pilastras. Estos remates rodean
una cupulilla maciza cuyo fastial es otro doble remate con pirindola en
la que se inserta veleta y cruz de forja.
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| C/ Las Mujeres, 20. |
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TORRE
EN C/ VICENTE GIRÁLDEZ, 8.
Esta torre, junto con la de c/ Los Molares, 17 y la de C/ Las Mujeres,
20, es uno de los mejores ejemplos que perviven en Utrera. El cuerpo
principal termina en una amplia cornisa en cuyos ángulos existen
remates cuadrangulares que soportan pirindolas alargadas, de perfil cóncavo
con molduras y terminadas en punta. Como fastial encontramos primero un
tejadillo a cuatro aguas cubierto por tejas planas y, sobre él, un
pequeño plinto moldurado que soporta una gran pirindola. La base de ésta
es troncocónica, teniendo sobre su ápice una esfera cuyo hemisferio
inferior está adornado, soportando el superior un pequeño cuerpo de
perfil cóncavo que sirve como base a otra esfera como la inferior, si
bien de tamaño más pequeño. Esta esfera está rematada por una
pirindola prácticamente idéntica a las que existen en las esquinas.
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| C/ Vicente Giráldez, 8. |
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TORRE
EN C/ CRISTÓBAL COLÓN, 45.
Torre de planta rectangular con tejado a cuatro aguas sobre cornisa
ligera de varias molduras rectilíneas. El tejado consta de tejas planas
dispuestas en aparejo espigado y presenta en su arista superior un
sencillo remate rectangular que termina en una pequeña pirámide
escalonada que sostiene dos bolas superpuestas en las que se inserta una
pequeña veleta. |
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C/ Cristóbal Colón, 45. (Foto Jordi Tarrés) |
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Dos torres similares y muy próximas, de difícil observación. La
situada más hacia el oeste tiene un cuerpo principal que termina en
remates cuadrangulares esquinados, con cornisilla y pirindola cerámica.
Sobre él se alza otro cuerpo más pequeño retranqueado sólo en los
lados paralelos a la nave. Tiene remates como los descritos, con un
tejadillo a cuatro aguas de teja plana sobre el que se alza un gran
remate con dos pequeños cuerpos inferiores separados por una
cornisilla, un cuerpo superior terminado en una cornisa sobre la que hay
una pirámide truncada con un paralelepípedo que soporta una cruz de
forja. |
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C/ Sacramento, 5. |
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Torre cuyos paramentos paralelos a la nave tienen un perfil moldurado
convexo-cóncavo que acaba en una cornisa amplia que rodea todo el perímetro,
incluyendo los otros paramentos que son planos. Sobre la cornisa hay
cuatro remates esquinados a los que les faltan las pirindolas cerámicas,
y éstos rodean un gran remate cuya base es cuadrangular. Sobre dicha
base se alza un cuerpo bajo redondeado y sobre él otro con cornisa y
chapitel modesto que soporta veleta y cruz.
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| C/ Preciosa, 7. (Foto Jordi Tarrés) |
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TORRE
EN C/ PONCE DE LEÓN, 18.
En esta torre pueden considerarse tres cuerpos. Sobre el principal y
separado de él por una ancha moldura, existe un cuerpo bajo de perfil
convexo-cóncavo que termina en cornisa y cuatro remates cuadrangulares
con pirindolas. Sobre éste hay otro igual, aunque de planta cuadrada y
perfil recto vertical. El remate es octogonal, constando de una base de
sección redondeada con moldura, y sobre ella una especie de chapitel de
perfil cóncavo con dos molduras terminales y cruz y veleta. |
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| C/ Ponce de León, 18. |
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TORRE
EN C/ CRISTO DE LOS AFLIGIDOS, 112. |
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C/ Cristo de los Afligidos, 112. |
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Torre con tejado a cuatro aguas cubierto por teja árabe. Carece de remate. |
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C/ Isaac Peral, 4. (Foto Jordi Tarrés) |
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Los paramentos paralelos a la nave son mixtilíneos y los otros planos. Acaba en una cornisa sobre la que hay cuatro remates con pirindolas situadas en las esquinas. El remate principal consta de un a modo de tambor hexagonal con dos molduras y, sobre él, una pirámide también hexagonal con cruz y veleta. |
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TORRE EN PLAZA DE LA TRIANILLA ESQUINA C/ LUIS VIVES. Sencilla torre de poca altura, cubierta por un tejado a cuatro aguas de teja árabe, con tejas de cornijal sobresalientes. Su planta es rectangular y carece de elementos ornamentales.
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TORRE EN C/ JUAN DE ANAYA, 12 (MOLINO DE SAN ANTONIO). Sencilla torre con tejado a dos aguas de teja plana y cornisa.
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CONCLUSIÓN
Posiblemente puedan cifrarse en varios centenares las almazaras que, con
mejor o peor fortuna, sobreviven sólo en la provincia de Sevilla.
Aisladas entre viejos olivos, incrustadas en el tortuoso caserío de
nuestros pueblos, sirviendo como señal y aviso de orgullosas haciendas,
hoy fragatas de cal en un mar de tumultuosos girasoles...
El destino de tantos y tantos molinos aceiteros bañados de historia es
incierto. Muchísimos ya están en ruinas, otra gran parte hace tiempo
quo fueron abandonados y el viento y el agua corretean por sus rendijas:
sus días están contados. En Morón, por ejemplo,
prácticamente han desaparecido, si exceptuamos cierto número de
almazaras aisladas en el campo, de mayor o menor interés y aquellas
torres que forman parte de haciendas de olivar, normalmente bien
cuidadas y dignas de admiración.
Culturalmente infravaloradas y con su función primordial hoy obsoleta,
las almazaras están en trance de desaparición. Pueden contarse rápidamente
aquellas que todavía conservan su maquinaria, y son aun menos las que
no han sido desprovistas de la viga, razón y alma de la torre que, sin
embargo, es el elemento más duradero, por su robustez.
El primer paso para preservar este valiosísimo patrimonio es
concienciarnos de su importancia histórica, artística y cultural. Es
necesario que las Administraciones implicadas en la salvaguarda de
nuestras riquezas culturales intervengan
en la preservación de las almazaras y sus señeras torres. |
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Son los molinos de aceite o almazaras las más nítida nota distintiva
de la llana campiña de Écija (Sevilla). Salpicados entre plateados
olivares o ya abandonados en la tierra calma o de cereal, todavía
subsisten abundantes testimonios de estos edificios que durante siglos
fueron pieza clave de la economía y el vivir ecijanos.
Como ya se explicó en el caso de las
almazaras utreranas, la torre de la almazara, su elemento externo más
llamativo, se debe al sistema de molturación de la aceituna basado en
la "viga". La prensa de viga se señala al exterior por la
torre maciza que se sitúa normalmente en una esquina. Por dentro, la
viga se aloja en una espaciosa estancia alargada, con frecuencia de tres
naves separadas por arcos y con cubierta a dos aguas.
La aceituna, tras ser deshecha por el "molino de rulo", movido
por una bestia y anejo a una viga, pasa a ser comprimida por ésta.
Antes se la ha mezclado con agua caliente y colocado entre
"capachos" de esparto. El líquido destilado por la presión
corre por un canalillo a un depósito llamado bomba, donde por un simple
procedimiento se separa el aceite del "alpechín" (líquido
residual de color oscuro). Luego el aceite pasa a las tinajas de
decantación situadas a ambos lados de la viga, hundidas o semihundidas
en el suelo, o colocadas en una dependencia cercana. Estas tinajas debían
tener capacidad suficiente para alojar la cosecha del año hasta ser
distribuida entre los compradores.
Cuando el molido y remolido de la aceituna se hacía en una almazara de
alguna hacienda de olivar, se empleaba un número de asalariados:
maestro de molino, molador, husillero, pinches, arrieros, talabartero,
un casero que se encargaba de limpiar las cuadras y alimentar a las
mulas, y la mujer del casero que hacía la comida a los trabajadores,
aparte de una familia encargada de recoger la aceituna de los olivares
del molino.
En el Diccionario Geográfico de Tomás López se citan en 1787 para el
término de Écija 42.210 aranzadas de olivar, que en años buenos daban
más de 400.000 arrobas de aceite en los 261 molinos que existían. En
1847, Pascual Madoz recoge las mismas cifras y, ya en la década
de los 50 de nuestro siglo, el Mapa de Suelos del Término de Écija, señala
no menos de 204 edificios, distribuidos mayoritariamente en el sector SW
del término ecijano. En los términos colindantes encontramos también
un buen número de molinos, aunque con densidad progresivamente
decreciente. En esta página ilustramos el Molino
del Capitán, situado a unos 6 km al sur de La Campana, población
de la comarca ecijana en la que el olivar también tiene un alto peso
específico.
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Almazara "Molino del Capitán"
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