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ÍNDICE
GENERAL
LAS HACIENDAS: ESTRUCTURA Y ORDENAMIENTO
LAS HACIENDAS: SITUACIÓN ACTUAL
Sevilla y su tierra: El Aljarafe, la
Vega, la Campiña, la Sierra. El alfoz de la capital de las Andalucías,
interminable extensión de miles de hectáreas de campos espigados y cenicientos
olivares, todavía oye el rumor de sus antiguos pobladores. Hombres de la edad
desconocida, tartesios ganaderos, aguerridos turdetanos, fabricantes de ánforas
de Roma. Y el musulmán que se humilla al bajar el sol junto al estanque.
Y, más tarde, la hueste fernandina talando con lagrimas en los ojos. Arrieros, peones, picaros y marinos, los primeros pies de olivo que se embarcan al Nuevo Mundo. El campo asolado por la peste, las villas de señorío que se despueblan, crece la carestía de pan. Burgueses cargados de bienes desamortizados, el sol sigue cayendo a mediodía, la aceituna se muele en infinidad de almazaras. Revueltas, guerras, catástrofes, la ira divina y el mudar humano.
El campo sevillano surcado, cortado, mareado por la telaraña de sus ríos, cursos de agua a veces secos, trombas destructoras del liquido elemento. Florecen álamos en sus márgenes, batanes y muchos más molinos trabajan con sus aguas. Lo que el viento y el calor construyeron y que se mecía con la cabeza gacha, ahora el molinero en la penumbra lo tritura. La primitiva industria del agro, Sevilla entera llena de molinos arruinados.
Pero la tierra siempre fue de alguien. Siempre hubo olivas que prensar y aceite que almacenar. Siempre blanquearon muros en las lomas, muchas veces los escombros cubrieron lápidas antiguas. Trabajaba la gente y se reunía en torno al patio estrellado, la brisa del relente acariciando la teja árabe. La villa, la alquería, el cortijo, llenos de vida y frutos. La hacienda, fortaleza del aceite, bastión resplandeciente de torres contra fondo azul, ahora una fragata de cal en un mar de tumultuosos girasoles.
La hacienda de olivar como identificador del campo sevillano, como generador de la riqueza que por siglos alimentó a la metrópolis. Una constelación esparcida por el valle del Guadalquivir, pero sólo en la tierra de Sevilla.
La hacienda que configura la imagen de la Sevilla agrícola, de todo el campo andaluz. La hacienda como portadora de gestos artísticos, como paleta que rebusca y funde en un todo el arabesco de la torre musulmana, todas las figuras de lo mudéjar, la sobriedad airosa de la portada renacentista, violentos relieves de la barroca espadaña, frontones y patios de sabor afrancesado. La hacienda como elemento inalienable de nuestro paisaje.
Y la hacienda como exportadora de cultura. Como modelo para todo lo que, de pronto, casi sin pensar, había que hacer sobre la piel virgen de América. Y, con la hacienda, Sevilla que se repite, se refleja, renace mil veces en los campos lejanos que nunca habían visto el blanco. De nuevo la cruz, la veleta, las arcadas del señorío, la cal de las paredes que brotan entre indios y naos en lontananza. Un nuevo mundo se construye, nada surge de la nada y el remoto campo de Sevilla, tan metido en los ojos.
Pero, hombre de la prisa y el ruido,
¿qué es para ti una hacienda de olivar?. Puede que un borrón blanco una vez,
un segundo, junto a la autopista, y ya pasó. Puede que el señorito erguido en
la yegua arengando a sus braceros. Puede que sea lo que hace corro con la masía,
la barraca y el caserio vasco, en tu viejo libro del colegio.
Por Sevilla y su tierra, por Sevilla e Hispanoamérica, la hacienda debe volver a los ojos del ciudadano de hoy. Rehabilitemos su imagen, conozcamos su pasado para estimar su presente: sólo así aseguraremos el futuro de estas valiosísimas piezas de nuestra cultura.
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En la Andalucía bética se llaman haciendas de olivar o sólo haciendas a las explotaciones agrícolas tradicionales dedicadas al cultivo del olivo y la elaboración del aceite, aunque también suelen incluirse en la misma unidad otras diversas actividades agrícolas y ganaderas. La edificación en las haciendas constituye un amplio conjunto, correspondiendo a sus distintas funciones de fábrica agrícola y al papel de residencia señorial que desarrolla temporalmente. Ya en el Repartimiento de Sevilla, en el siglo XIII, aparece la denominada "heredad de olivar", de menor extensión que otra unidad importante, la "heredad de trigo", que dio lugar al cortijo. En el siglo XVII comenzaría el uso de la palabra hacienda para designar este tipo de fincas, popularizándose en el siglo XVIII, época de mayor esplendor de las fincas olivareras. En Hispanoamérica se ha llegado a emplear la palabra hacienda para toda propiedad agrícola y especialmente se dedica al latifundio. La denominación "hacienda" se refiere tanto al terreno que constituye la propiedad, como al llamativo conjunto de edificaciones que lo preside, aunque es esta última su característica más notable y diferencial. El poder económico que supone su posesión se manifiesta mediante su particular arquitectura, en la que a cada función corresponde su propio espacio y cuyas soluciones estilísticas van definiendo su uso y jerarquía. Las haciendas de olivar se encuentran principalmente en un reducido territorio donde concurren singulares factores geográficos y sociopolíticos, cuyos límites se encuentran a pocos Km. de Sevilla. Aunque su territorio coincide con la depresión bética, la mayor concentración se produce en sus dos únicas elevaciones: el Aljarafe y los Alcores, y la zona oleícola de la vega de Carmona. El paisaje agrícola de este territorio viene determinado por el cultivo milenario del trigo, la vid y el olivo y las características construcciones tradicionales.
LAS HACIENDAS: ESTRUCTURA Y ORDENAMIENTO Las haciendas constituyen un tipo de arquitectura extraurbana muy ligada al paisaje natural y a un sistema de explotación agrícola, donde se integran funciones tan diversas como la residencia señorial, la industria de transformación de la aceituna y otras actividades agrícolas e incluso ganaderas, de modo que a cada actividad corresponde su propio espacio. Son, pues, tres unidades con funciones distintas y complementarias las que determinan la tipología de las haciendas: la almazara o industria de transformación de la aceituna en aceite, las dependencias destinadas a labores agrícolas y las específicamente dedicadas a la función residencial y social. El ordenamiento espacial y funcional de la edificación de las haciendas se organiza alrededor de uno o varios patios, respondiendo a modelos tradicionales de la arquitectura civil de los que tantos ejemplos se encuentran en Andalucía. El número de patios depende de la extensión del caserío y de la complejidad de las funciones que en él se realizan, siendo el esquema más característico el que se organiza alrededor de dos patios, el del señorío y el de labor. El patio de labor, donde se abre la portada al campo, está rodeado de las construcciones dedicadas a la ganadería, a las actividades agrícolas más molestas y de mayor trasiego y al albergue de los trabajadores eventuales. En él se disponen tinahones, yegüerizas, gallineros, pajares, graneros y la gañanía o residencia de los campesinos. Este patio es el de mayor superficie, construyéndose en una o dos plantas, ocupando la baja la ganadería y la alta, que generalmente no tiene acceso de fábrica, los pajares. El apeadero, espacio intermedio abierto en dos de sus caras a modo de pasadizo, constituye el tránsito al patio del señorío. A él se abre la vivienda del encargado que participa de las funciones de estos dos espacios. En el patio del señorío se realizan las labores de la industria y almacenamiento y se sitúa el señorío o vivienda principal. El señorío, que se usaba como vivienda familiar del propietario en verano y época de recolección, se ubica en el ala de mejor orientación y de más difícil acceso, destacando su portada refinada y los adornos barrocos al gusto de la época, así como la presencia dominadora de la torre mirador. Completan el patio del señorío las edificaciones para la obtención de aceite o almazara, incluyendo la nave del molino, viga, torre contrapeso y la nave de almacén y en algunos casos lagares y bodegas. A veces, la almazara ocupa una de las naves del patio de labor, sin que existan entre éste y el patio del señorío diferencias importantes, ya que cada uno tiene acceso independiente. El esquema se puede complicar con la presencia de otro patios, capilla, corral, huertos, jardín del señorío, etc. También es frecuente la solución simplificada de un solo patio alrededor del cual se organizan todas las dependencias, presididas por el señorío, siendo las concretas referencias formales las caracterizadoras de los distinto espacios. En este supuesto, el caserío puede ser de pequeñas dimensiones. La portada determina la situación de la fachada principal en relación con el camino de acceso. En la crujía frontal a está, destinada al conjunto de viviendas, se sitúa el señorío y la vivienda del capataz, ocupando esta última parte de la planta baja junto a la zona porticada que sirve de acceso al señorío, en la segunda planta de la nave. Las restantes edificaciones, correspondientes a las naves laterales que cierran el patio se ocupan por la almazara y los espacios de almacenamiento. Cuando existe lagar y bodega, se sitúan en una nave preferente próxima al señorío. Las haciendas pertenecen al tipo de arquitectura tradicional con caracteres cultos en el que, junto a los sistemas populares se emplean con frecuencia materiales nobles no presentes en el entorno próximo, así como soluciones constructivas y ornamentales importadas. En ellas, a las soluciones tradicionales se superponen elementos traídos del medio urbano (portadas, torres, espadañas), materiales utilizados en los edificios singulares de Sevilla (piedra arenisca, mármol...) así como elementos de acarreo, preferentemente columnas de mármol y capiteles procedentes de derribo. El ladrillo, en las haciendas de olivar, se utiliza casi exclusivamente tosco y macizo, formando parte de los muros resistentes y de cerramiento, apareciendo generalmente con revoco. La teja árabe procedente de los numerosos tejares de la comarca, se emplea como elemento de cubrición casi exclusivo. La cerámica se usa con fines decorativos, encontrándose una gran variedad de azulejos con motivos religiosos o emblemáticos, ubicados especialmente en las portadas, las puertas de los molinos o del oratorio, o en las torres. La cerámica también se emplea en la fabricación de tinajas de decantación y de almacenamiento. Los muros se revocan con mortero de cal, que se cubre con pintura de cal blanca o color albero en superficies extensas perfiladas frecuentemente con color almagra. Los caracteres cultos de las haciendas sevillanas se localizan en los elementos singulares, portadas y torres, que destacan del conjunto con un fin referencial y simbólico. Las técnicas ornamentales empleadas consisten en el uso del arco y la columna, el empleo frecuente de apilastrado y molduras para enmarcar los vanos. La hornacina y el estípite son de uso menos frecuente, encontrándose ambos como parte importante de la configuración de algunas portadas. El color se emplea en recercados, perfiles mixtilíneos, falsas pilastras y franjas decorativas, así como en el dibujo de algunas figuras. La pintura mural se usa poco y siempre en el interior del señorío o la capilla. Es muy importante el uso de la azulejería decorativa, formando parte de la portada del interior de la capilla. Los sistemas ornamentales suelen reproducir las formas del barroco urbano. Suele estar profusamente decorado el remate de la torre de la prensa de los más importantes caseríos e incluso de los molinos en el interior de algunas poblaciones. La portada exterior es un importante elemento en cuya decoración se emplean formas y elementos traídos de conventos y palacios sevillanos. El hueco de acceso, generalmente en arco de medio punto, se enmarca con columnas o pilastras y se cubre con frontón, ático, espadaña y hornacinas. En resumen, la ornamentación de las haciendas se realiza mediante el uso de molduras, perfiles coloreados, columnas, pilastras y arquerías, remates cerámicos o de forja, hornacinas, escudos nobiliarios, pequeñas esculturas y gran variedad de motivos religiosos en azulejería policroma.
El origen remoto de la arquitectura rural hispalense se encuentra en las "villae" y explotaciones agrícolas romanas. Las evidencias arqueológicas permiten afirmar que gran parte de la Bética, en especial la región del Bajo Guadalquivir, estaba muy poblada de estos núcleos agrícolas que se desarrollaban junto a importantes edificaciones. Muchas de estas "villae" dieron lugar más tarde a las "alcarias" o aldeas musulmanas, cuyo desarrollo posterior las transformó en los actuales pueblos y ciudades, conservando otros enclaves exclusivamente su carácter agrícola. Hay datos que hacen sospechar que estos núcleos de población rural continuaron durante la dominación visigoda, en cuya época debieron utilizar el mismo tipo de vivienda que los hispano-romanos. Respecto a la época musulmana, en documentos de la reconquista aparecen nombres musulmanes o cristianos de haciendas, cortijos y otros lugares que aún perduran. A menudo los propietarios musulmanes dieron nombre a algunas fincas, aunque lo más frecuente es la denominación referente a circunstancias del lugar, tipo de cultivo u otras razones. Un grupo de predios importantes tuvo una torre militar que los caracteriza y al que hacen referencia sus nombres, torre que se conserva en algunas haciendas sevillanas. El Repartimiento de Sevilla de 1253 menciona muchos de estos lugaares, como Benazuza, Castilleja de Talhara, Torrequemada, Gambogaz, Tercia, Cuartos, Quintos, Palmete, Torre las Arcas, etc; en el de Carmona, de hacia esa fecha, aparecen los cortijos de Adaba y Guadalbardilla; y en el de Écija, de 1263, los de Morana, El Nuño y La Monclova. Sin embargo, esta arquitectura rústica, que en la Edad Media debió ser importante, no comienza a desarrollarse de forma apreciable, después de la Reconquista, hasta el siglo XVI, ya que la peligrosa cercanía del reino musulmán y las banderías nobiliarias hacían en los siglos XIV y XV prácticamente imposible la permanencia en edificios de carácter puramente agrícola. Por el contrario, a partir del siglo XVI el desarrollo de la construcción rural es notable; comienzan a levantarse importantes edificaciones en los alrededores de la ciudad, que unen a su carácter agrícola el de verdaderas residencias veraniegas. En la segunda mitad del siglo XVII Sevilla pierde su hegemonía comercial con América así como su influencia cortesana; la actividad urbana está en bancarrota y el campo es la única inversión productiva a la vista; el lujo y la apariencia son necesidades de esta sociedad que van a manifestarse en la tipología y forma arquitectónica de las haciendas. El momento cultural es excepcional, la edificación de las haciendas ocurre en el auge del barroco sin olvidar la tradición mudéjar, época sevillana de creatividad artística particularmente viva que produce así un modelo arquitectónico de gran valor, modelo que se transplanta con mayor o menor pureza al ámbito hispanoamericano. Pero es en el siglo XVIII cuando la arquitectura rústica sevillana alcanza su plenitud, hasta el extremo de que, según Sancho Corbacho, se puede afirmar que una de las edificaciones rurales de la provincia fue construida en esa época o sufrió en ella una transformación profunda y caracterizadora. Este proceso de desarrollo y esplendor de las haciendas en los siglos XVII y XVIII decae desde comienzos del siglo XIX. En esta centuria la sociedad se empobrece, pierde su capacidad de inversión y renovación. La tendencia conservadora del siglo anterior no se quiebra a pesar de los importantes cambios acaecidos, incluyendo las desamortizaciones, a través de las que en algunos casos la nueva burguesía accede a la posesión de las haciendas. La consolidación de la burguesía agrícola surgida de la desamortización no supone la modernización del campo, pues esta burguesía imitó los modos de vida de la aristocracia terrateniente, secularmente conservadora. Es así como las haciendas se mantienen e incluso mejoran hasta su muerte, ya desde el principio del siglo XX en que inevitablemente los factores económicos hacen inviable su mantenimiento para una burguesía arruinada o empobrecida. Aún se construyen algunas haciendas en el siglo XX, en este caso se trata de la deformación final donde todavía es más concluyente la presencia del factor simbólico. La construcción agrícola ya no es rentable, la inversión es injustificada, la construcción de una hacienda es una cuestión de prestigio social. La función de la hacienda tiende a ser más independiente del uso agrícola: retiro descansado, lugar de fiestas y reuniones, cacerías, excursiones, etc. El capital agrícola se consume en estas funciones que en su origen fueron marginales.
LAS HACIENDAS: SITUACIÓN ACTUAL Actualmente, las haciendas se caen solas, ya que no se les ha encontrado una función alternativa y sólo se mantienen las ligadas a capitales más sólidos o explotaciones agrícolas modernizadas, en las que el olivar tiene una misión marginal. La viga de molino ya no se usa, sólo quizás en algunos casos de forma simbólica, aunque el señorío y el resto de las dependencias a veces encuentran utilidad en las nuevas condiciones. Diversos factores contribuyen a la desaparición de este patrimonio cultural, empobreciendo el ambiente rural sevillano. Por un lado, el desarrollo industrial del campo que entraña profundas alteraciones, ya que se introducen elementos generalmente mal adaptados a las construcciones tradicionales o simplemente provocan su decadencia y abandono. Por otro lado, las transformaciones ajenas a su carácter realizadas en las edificaciones más valiosas, para su uso por la población urbana contemporánea, o la proliferación de nuevas construcciones en su entorno como residencias secundarias totalmente ignorantes de los valores tradicionales del ambiente rural. El prestigio de la hacienda se conserva, aunque de otra forma, en nuestros días. Juan Talavera y Aníbal González proyectaron haciendas y de hecho la arquitectura regionalista recoge gran parte del mito y prestigio de esta arquitectura. En la actualidad la arquitectura de la hacienda vuelve a verse deformada bien en edificaciones oficiales o en chalets donde se emplean empequeñecidos los signos de poder y prestigio extraídos de las haciendas, aplicados a usos exclusivamente residenciales en unos sistemas urbanísticos y arquitectónicos de ínfima calidad, pero que evidencian hasta qué punto este tipo se halla arraigado en la conciencia del pueblo sevillano. Es necesario encontrar nuevos usos para las haciendas que permitan su conservación, evitándose las pérdidas irreparables que ya se han producido y se siguen produciendo en este patrimonio cultural. Usos que, según algunos autores, estarían ligados a un proceso más amplio de vuelta al campo, comarcalización, potenciación de la vida rústica y alternativa a la congestión urbana. Realmente, ahora se asiste a un cierto reconocimiento público y oficial de las haciendas que se manifiesta sin embargo en actuaciones aisladas: expedientes de declaración de monumentos como los iniciados en su momento para las haciendas Peregrina en Bormujos, Torrequemada en Bollullos de la Mitación e Ibarburu en Dos Hermanas y otras iniciativas que han de tener en cuenta la Importancia del fenómeno global de la hacienda y por tanto la presencia del tipo arquitectónico que obligaría a la protección conjunta de muchas haciendas. Efectivamente, no hay haciendas modelo, sino una tipología que se manifiesta a través de la existencia de muchas de ellas relacionadas entre si, con su entorno y representativas de un aspecto fundamental de la historia social y artística de Sevilla. La protección de las haciendas es una decisión de política cultural, esencial para la configuración futura del campo andaluz, en el que tiene una presencia indiscutible. Esta protección debe basarse en los diversos estudios que diversos autores han realizado, así como en publicaciones que divulguen este rico patrimonio. De entre las más de 300 haciendas localizadas, es necesario destacar por su mayor interés las siguientes: |
Alcalá
de Guadaira / Almensilla
/ Arahal / Bollullos
de la Mitación / Bormujos
/ Las Cabezas de San Juan
/
La Campana / Carmona
/ Castilleja de la Cuesta
/ Castilleja de Guzmán
/ Coria del Río
/ El Coronil
/
Dos Hermanas / Espartinas
/ Gerena / Fuentes
de Andalucía / Huévar
/ Lebrija / Mairena
del Alcor / Mairena
del Aljarafe / Marchena
/ Montellano / Morón
de la Frontera / Los
Palacios y Villafranca /
Palomares del Río / La
Rinconada / San
Juan de Aznalfarache / Sanlúcar
la Mayor / Sevilla
/ Tomares / Umbrete
/ Utrera / Valencina
de la Concepción
Hacienda
La Almenara
Hacienda La Andrada
Hacienda Los Ángeles
Haciendas Las Beatas
Hacienda de Bucaré
Hacienda La Cañada
Hacienda de Clarevot y Seisa
Hacienda
La Concepción
Hacienda
La Chaparra
Hacienda de Dolores La Estrella o del Rico
Hacienda La Florida
Hacienda de Guadalupe
Hacienda de Jesús y María
Hacienda del Maestre
Hacienda
de Martín Navarro
Hacienda
de Mateo Pablo o Torre Nueva
Hacienda La Mejorada
Hacienda de Mendieta
Hacienda de Miravet
Hacienda del Nevero
Hacienda de Ntra. Sra. de los Reyes
Hacienda
La Pintada
Hacienda de la Red del Agua (Desaparecida)
Hacienda de San Antonio
Hacienda de San Benito
Hacienda de San José
Hacienda de Santa María
Hacienda de Santa Teresa
Hacienda
La Soledad
Hacienda La Torrecilla
Hacienda del Santo Patriarca
Hacienda La Banda
Hacienda Casagrande
Hacienda del Ciprés
Hacienda La Jorobada
Hacienda La Labrandera
Hacienda La Lapa
Hacienda Los Locos
Hacienda La Mata de la Oliva
Hacienda La Mata Mala
Hacienda Patas Largas
Hacienda Las Rodelas
Hacienda La Rubia
Hacienda de Vista Hermosa
Hacienda de Baena
Hacienda de Benajiar
Hacienda de la Juliana
Hacienda de Monasterejo
Hacienda Requejo de San Clemente
Hacienda Rebujena la Alta
Hacienda Rebujenilla
Hacienda
Torre las Arcas
Hacienda Torreblanca
Hacienda
Torrequemada
Hacienda de Marchalomar
Hacienda
La Peregrina
Hacienda del Santo Cristo de la Mata
Hacienda
de Valencinilla del Hoyo
Hacienda El Zaudín
Hacienda La Botija
Hacienda del Mosquito o del Trapero
Hacienda El Palomar
Hacienda El Piñón
Hacienda El Potoño
Hacienda de Armero
Hacienda La Atalaya
Hacienda La Molina
Hacienda Las Monjas
Hacienda Noreta
Hacienda del Pino
Hacienda Ponce
Hacienda Verdial
Hacienda Adavaque
Hacienda Alamedilla Baja
Hacienda La Algarraba
Hacienda Atalaya Alta o La Compañía
Hacienda Atalaya Baja o de Castilleja
Hacienda
La Baldía
Hacienda Buena Esperanza
Hacienda Buena Vista
Hacienda
La Buzona
Hacienda El Cadoso
Hacienda La Cañada
Hacienda Las Cárdenas
Hacienda La Celada
Hacienda La Cierva
Hacienda Las Conchas
Hacienda de Córdoba
Hacienda
El Corzo
Hacienda Coto de Plata
Hacienda La Florida
Hacienda Fuente de la Higuera
Hacienda Los Graneros
Hacienda Guadalbardilla
Hacienda de Hurtado
Hacienda Ixcar de Santa Inés
Hacienda Los Jinetes o del Rosario
Hacienda de Medina
Hacienda
Los Miradores
Hacienda de Miraflores de la Raya
Hacienda de los Molinos
Hacienda La Nava
Hacienda El Oidor
Hacienda Palma Gallarda
Hacienda La Pastora
Hacienda de Pero Mingo
Hacienda de Pero Mingo Bajo
Hacienda de Pero Mingo Alto
Hacienda El Pino
Hacienda
La Plata
Hacienda El Raspilloso
Hacienda El Romeral
Hacienda La Ronquera
Hacienda El Rosal Alto
Hacienda de San Antonio
Hacienda de San José
Hacienda de San Nicolás de Bari
Hacienda Santiche
Hacienda La Sillera
Hacienda de Torrepalma
Hacienda Vadillo
Hacienda Vera de Abajo
Hacienda Veracruz
Hacienda La Víbora
Hacienda Vista Alegre
Hacienda Vista Hermosa
Hacienda de San Ignacio
Hacienda La Pastora
Hacienda de Buenavista
Hacienda Ntra. Sra. de
la Estrella
Hacienda La Pintada
Hacienda Santa Isabel
Hacienda Silet
Hacienda Topete
Hacienda La Bertendona
Hacienda de Bujalmoro
Hacienda del Castillo
Hacienda La Corchuela
Hacienda del Hospicio o de San Miguel de Montelirio
Hacienda Ibarburu
Hacienda Lugar Nuevo
Hacienda Maestre de los Molinos
Hacienda de Meñaca
Hacienda La Florida
Hacienda Pie de Gallo
Hacienda de Quintos
Hacienda El Rosario
Hacienda Torre de Doña Maria
Hacienda Villanueva del Pítamo
Hacienda de Loreto
Hacienda de Mejina
Hacienda de Ntra. Sra. de los Remedios
Hacienda
de Tablantes
Hacienda
La Pisana
Hacienda El Pollo
Hacienda La Carraca
Hacienda Collera
Hacienda Characena
Hacienda Espechilla
Hacienda Lerena
Hacienda la Motilla
Hacienda Palencia
Hacienda Villanueva
Hacienda
El Coronil
Hacienda
La Guaracha
Hacienda
de Micones
Hacienda Las Monjas
Hacienda
El Rulo
Hacienda del Llano
Hacienda
de San Antonio de Clavinque
Hacienda de San Agustín
Hacienda Los Bejaranos
Hacienda La Bodega del Fraile
Hacienda del Jardín
Hacienda Porzuna
Hacienda Rosales
Hacienda del Valle Blanco
Hacienda La Alegría
Hacienda La Coronela
Hacienda La Covatilla
Hacienda El Gordillo
Hacienda Los Remedios
Hacienda de San Pedro
Hacienda La Campana
Hacienda Las Cañas
Hacienda del Gato
Hacienda del Indiano
Hacienda las Lumbreras
Hacienda Morejón
Hacienda de San Pablo
Hacienda La Esperanza
Hacienda del Fontanar
Hacienda Luisa
Hacienda Mancera
Hacienda Morejona
Hacienda Ntra. Sra. de la Esperanza
Hacienda Pintado Alto
Hacienda El Verdial
Hacienda del Viento
Hacienda La Capitana
Hacienda
El Cuzco
Hacienda
La Mejorada Baja
Hacienda Monroy
Hacienda de San Alberto
Hacienda Tamarit
Hacienda
Tamarán
Hacienda
Casa Alegre
Hacienda Regla
Hacienda Buitrago
Hacienda La Cabaña
Hacienda La Cartuja
Hacienda La Jarilla
Hacienda Mata Amarilla
Hacienda La Mata del Herrador
Hacienda Mogollón
Hacienda de San Fernando
Hacienda de Santa Ana
Hacienda de Santa Cruz
Hacienda de Santa Rita
Hacienda Los Solares
Hacienda Tarazona
Hacienda Tarazonilla
Hacienda Toruñillo
Hacienda San José
Hacienda Santa Rita
Hacienda Valparaíso
Hacienda de Benazuza
Hacienda El Mato
Hacienda de Amate (Desaparecida)
Hacienda La Caridad
Hacienda El Gordillo
Hacienda
de Guzmán
Hacienda La Negrilla (Desaparecida)
Hacienda El Rosario
Hacienda San Antonio o del Pino
Hacienda Santa Bárbara y Valdeleón
Hacienda Su Eminencia
Hacienda El Carmen
Hacienda La Cartuja
Hacienda
Santa Eufemia
Hacienda del Ángel
Hacienda La Cañada
Hacienda del Carmen
Hacienda Gadería
Hacienda Granadillo
Hacienda La Indiana
Hacienda La Juncosa
Hacienda La Marquesa
Hacienda La Montañesa
Hacienda Ntra. Sra. del Carmen
Hacienda Orán
Hacienda Pajarero
Hacienda del Pájaro
Hacienda La Paz
Hacienda de Salvador Díaz
Hacienda de San Antonio
Hacienda de San Román
Hacienda de Ulloa
Hacienda Vallehermoso
Hacienda Vista Alegre
Hacienda El Rosario
Hacienda Lopa
Hacienda La Concepción
Hacienda de Torrijos
LAS HACIENDAS: BIBLIOGRAFÍA BÁSICA
AGUILAR GARCÍA, M. C.: "La Arquitectura
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Para ver un amplio pero no exhaustivo catálogo fotográfico de las haciendas de olivar de Sevilla, pincha aquí.
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