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En una erupción volcánica,
no todos los materiales magmáticos alcanzan la superficie, ya que parte de
ellos se enfrían y solidifican en los conductos al no encontrar fácil salida o
cesar las condiciones que impulsaban el movimiento ascendente del magma. Estos
materiales se ponen de manifiesto cuando la erosión desmonta la cobertera de
rocas encajantes menos resistentes, y tienen como característica general su
disposición vertical o subvertical que corta las estructuras de las formaciones
que atraviesan.
Normalmente en condiciones
subvolcánicas el enfriamiento es más lento que en las lavas, por lo que la
cristalización del fundido es más perfecta, especialmente en las zonas más
profundas y en el núcleo de los cuerpos intrusivos.
Los cuerpos subvolcánicos más
característicos son las chimeneas o necks, que rellenan los principales
conductos del magma. Son groseramente cilíndricos y presentan notables
variaciones en la vertical, haciéndose más patentes los caracteres petrográficos
de su emplazamiento en los niveles más profundos, mientras que los bordes y
niveles superiores tienen más aspecto de brecha volcánica. Las grandes
chimeneas pueden presentar también una diferente cristalización de centro a
borde y es muy común la disyunción columnar.
Las “pipes” constituyen
un interesante tipo de conductos que suele culminar’ en una pequeña depresión
o diatrema, aunque en la mayoría de los casos parece que el conducto no alcanzó
la superficie. Las pipes se adelgazan en sus raíces y están ocupadas por una
brecha intrusiva, a veces groseramente estratificada, en la que coexisten
fragmentos procedentes de diversa profundidad, incluso subcorticales. La
generación y sucesiva intrusión de esta brecha se explica por fenómenos
explosivos a distinto nivel de la columna magmática ascendente, aunque el
proceso desencadenante de estas explosiones y consiguiente brechificación de la
roca encajante admite diferentes hipótesis. La brecha está a su
vez intruída generalmente por un neck en posición más o menos excéntrica.
Las “pipes” son típicos del volcanismo en zonas continentales estables y
han sido puestas de manifiesto por una intensa erosión de las formaciones
sedimentarias en las que han intruído.
Los términos chimenea y neck
hacen referencia a la conexión entre las lavas y su fuente de alimentación,
pero en algunas ocasiones estas estructuras corresponden a un volcanismo
abortado y no alcanzaron la superficie ni alimentaron fuentes de lava.
Los diques constituyen la
facies subvolcánica más común; son estructuras planares formadas al
solidificarse el magma que rellena las numerosas fracturas que acompañan a la
erupción Su disposición, longitud, forma y espesor dependen de dichas grietas
o fracturas que en muchas ocasiones son conductos de alimentación y salida de
lavas. Los diques directamente conectados con las cámaras profundas son de
mayor envergadura y siguen tendencias lineares de varios kilómetros, pero más
frecuentemente, las fracturas que rellenan parten de niveles superiores del
conducto principal y los diques siguen una pauta radial desde el centro
eruptivo. Los diques suelen agruparse en familias cuyas pautas están
determinadas por accidentes tectovolcánicos que se resuelven en la apertura de
grietas dispuestas geométricamente (Anderson, 1937; Billings, 1943, y Hernán,
1974). Los diques circulares (ring dikes), están asociados a calderas de
hundimiento y se disponen periféricamente a las mismas e inclinados hacia el
exterior. Con un mecanismo inverso al anterior, acompañado de una potente
intrusión central, están relacionados los diques cónicos (cone sheets), cuyo
conjunto responde a un cono invertido.
En ocasiones las familias de
diques lineares presentan sistemáticos desplazamientos transversales a la
dirección principal (diques escalonados) que pueden ser el reflejo de esfuerzos
tectónicos regionales activos durante la intrusión, o también de una
heterogeneidad en la competencia de las sucesivas formaciones atravesadas. Una
disposición geométrica similar, pero a mayor escala, la encontramos asociada a
las grandes fracturas en escalón y fallas transformantes.
En algunas regiones, la
intrusión filoniana es de tal intensidad que desaparece casi totalmente la roca
encajante; tales fenómenos deben estar asociados a un importante proceso de
distensión, como ocurre p. e. en Fuerteventura (Islas Canarias), donde los
diques constituyen en amplios sectores más del 90% de la roca visible en los
afloramientos (López Ruiz, 1969 y 1970). En general, los diques no son tan
abundantes y suelen aparecer aislados destacando como grandes paredones debido a
una erosión diferencial.
La textura típica de los
diques refleja una mayor cristalinidad hacia el centro, en tanto que los bordes
son más vítreos debido a su rápido enfriamiento . No obstante, en algunos
casos, la zona central más cristalina se ha inyectado en una etapa posterior, o
bien es sincrónica con la zona de borde, pero los cristales ya se encontraban
en el magma y su concentración en el núcleo del dique se explica por la mecánica
de fluidos. Un mecanismo similar de doble intrusión separada por un breve lapso
de tiempo, o simultánea si está acompañada por procesos de invisibilidad o
desmezcla, puede originar diques compuestos, es decir formados por rocas de
quimismo diferente asociadas en un dique único.
La intrusión filoniana
provoca un aumento temporal de la temperatura en la roca encajante, habiéndose
estudiado la distribución de isotermas en el dique y su entorno con modelos
matemáticos (Jaeger; 1957) y analógicos (Rubia et al., 1970). Este efecto térmico
que depende en gran medida de la magnitud del dique y de la conductividad de la
roca encajante se refleja frecuentemente en fenómenos de termometamorfismo cuya
intensidad varía con las características litológicas y ambientales de las
formaciones afectadas por la intrusión (ver p. e. Maury y Mervoyer, 1973).
Los pseudo-diques se forman
cuando bajo lavas previamente solidificadas circula material fundido que puede
resalir a través de grietas abiertas en la cobertera sólida. Estos falsos
diques, ya que carecen de raíces profundas, son frecuentas en las pillow lavas,
cuya estructura disgregada permite una fácil inyección de material fluido
entre las pillows.
Distinto carácter tienen
otras manifestaciones filonianas de origen no intrusivo, como los diques o venas
de reemplazamiento que se originan por procesos metasomáticos.

Posible chimenea con diques (Playa de Valle Gran Rey,
Gomera, Islas Canarias)

Dique con un borde de enfriamiento (Caldera de
Taburiente, La Palma, Islas Canarias)

Dique de aplita en un stock granítico paleozoico
(Gerena, Sevilla)

Detalle de un borde de enfriamiento del dique de aplita
anterior

Masca (Tenerife, Islas Canarias)

Dique de diabasa en un stock de granito paleozoico
(Gerena, Sevilla)

La Cumbrecita (Tenerife, Islas Canarias)

Diques básicos en granodioritas paleozoicas (Villaverde
del Río, Sevilla)

Barranco de Afur (Tenerife, Islas Canarias)

Cañadas del Teide (Tenerife, Islas Canarias)
La intrusión magmática
puede desviarse de la verticalidad e incluso disponerse horizontalmente entre
capas sedimentarias o volcánicas si encuentra condiciones favorables para ello.
Estas intrusiones concordantes se denominan sills y si se emplazan entre una
serie volcánica de similar composición son difíciles de distinguir, porque
pueden tener una gran dispersión lateral y no ser visibles sus raíces. Algunos
sills intruyen en sedimentos todavía húmedos y adquieren caracteres de lavas
submarinas con las que pueden llegar a confundirse (pillow-sills).
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La Cumbrecita (Tenerife, Islas Canarias) |
Entre los productos emitidos
por una erupción deben distinguirse aquellos que se han generado en el proceso
magmático y los materiales extraños que el magma recoge durante su ascenso
arrancándolos del conducto y transportándolos hasta la superficie. Estos
materiales xenolíticos proporcionan
información sobre la litología de las capas atravesadas por la columna magmática
(ver p. e. Brousse, 1970). Es posible que los fragmentos arrancados a cierta
profundidad permanezcan un tiempo considerable en contacto con el magma, produciéndose
una reacción que culmina con la fusión total o parcial del xenolito.
Cuando la proporción de
materiales extraños es elevada y la fusión de los mismos se desarrolla a gran
escala, puede modificarse la composición del liquido magmático original. La
capacidad de asimilación de un magma depende en gran parte de su temperatura y
cantidad de volátiles, así como del contraste entre su composición química y
la de la roca asimilada. Determinadas series volcánicas se caracterizan por la
gran cantidad de materiales xenolíticos, como ocurre en algunos volcanes
calco-alcalinos en el Sureste de España, donde la proporción de enclaves gnéisicos
alcanza hasta un 20 % del total de la roca.
Los enclaves tienen especial
interés cuando proceden de zonas profundas de la corteza o del manto superior,
puesto que permiten el estudio de rocas cuya observación directa no es posible
(ver p. e. Fuster et al., 1969 y Muñoz, 1973). En este sentido el volcanismo
contribuye decisivamente a un mejor conocimiento de las capas internas de la
Tierra.
No siempre los enclaves que
se encuentran en las rocas volcánicas proceden del conducto, ya que las lavas
en su recorrido arrastran y engloban cantos y fragmentos de rocas superficiales,
en estos casos la posibilidad de reacción es muy escasa, ya que el magma ha
perdido gran parte de su energía calorífica.
Las lavas y piroclastos pueden englobar también materia orgánica, principalmente árboles, sin destruirlos totalmente; la datación de los residuos carbonizados permite conocer la edad de muchas erupciones prehistóricas.
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Enclaves melanocratos en el stock granítico de Gerena (Sevilla) |