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Itinerario geoturístico por las formaciones volcánicas del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar (Almería)
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Comenzaremos
nuestro itinerario desde fuera de la Sierra, en el famoso Hoyazo de Níjar.
Podemos llegar
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Partiremos de la maravillosa
playa de los Genoveses. El tono oscuro del Morrón se debe a la andesita, una
roca volcánica muy común en nuestra zona y en las principales cordilleras volcánicas
del mundo, como los Andes, de donde recibe su nombre. Si seguimos por la acera
del acantilado en que termina la playa por el sur, llegamos al final del
promontorio y nos encontramos con unas
blandas paredes blancas; son cenizas y tobas de algún volcán submarino
proyectadas por sus explosiones.




Volvemos
atrás hacia unas tierras de labor con abundantes pistas y tomamos un camino que
sale de ellas y sube a unas lomas contiguas al Morrón, bajando luego a unas
fascinantes calas sin nombre. Allí encontramos gran cantidad de rocas en forma
de largas columnas, a veces con aspecto de tubos de órgano. Son coladas de lava
andesitica
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En el acantilado sur de la cala principal podemos apreciar una serie de capas volcánicas que nos cuentan la pequeña historia de la actividad volcánica del área. De abajo a arriba vemos: cenizas endurecidas con algún bloque andesitico, luego aglomerados de la misma roca y arriba del todo las coladas andesiticas con sus tipicas columnas de enfriamiento.
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Esto nos demuestra que el
antiguo volcán empezó a erupcionar muy violentamente, con muchos gases que producían
enormes y continuas explosiones, pero que luego se fue calmando y al final salía
la lava con relativa tranquilidad.
Seguiremos nuestro itinerario
ya por la línea de playa, aunque a veces sea necesario bordear algún acantilado
junto al mar. Pasaremos a las dos calas siguientes, de gran belleza, donde
apreciamos de nuevo los aglomerados andesiticos. Y más allá encontramos
espectaculares columnas de lava, en todas las direcciones y orientaciones, de
todos los tamaños y matices. Posiblemente sea aquí donde las formaciones
columnares se muestran en todo su esplendor.
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Por un camino que trepa por lo
alto del acantilado, andamos y disfrutamos de las vistas que nos ofrece el
Mediterráneo, hasta llegar a la playa del Barronal. Al final de ésta se
encuentra un gigantesco filón volcánico vertical, donde el magma solidificó
en una enorme grieta dentro del volcán, sin llegar a derramarse al exterior. Al
otro lado afloran las bases de las columnas de enfriamiento, dándole aspecto de
muralla ciclópea.
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Seguimos por esta nueva cala y
a



Desde esta ancha playa, pasaremos
por fantásticos lugares hasta llegar a un cabo en forma de lomo de ballena,
bellísimo al atardecer: la Punta Redonda. Sobre una base de cenizas y tobas
blancas fluyó una espesa colada de lava andesitica, que se enfrió rápidamente
originando las
columnas de mayor altura de la zona.


Poco más allá,
otro
promontorio nos cierra definitivamente el paso y ya no es posible seguir caminando a la orilla del
mar. Se trata de un poderoso filón de dacitas, las mismas rocas del Hoyazo,
pero de color rojizo debido a la meteorización producida por el agua y al aire.
Tendremos que volver atrás, casi hasta la ensenada de la Media Luna. Por la
pista que sube a la Vela Blanca, escarpados cerros de andesitas nos muestran
agujeros y covachas excavados por la erosión: son taffoni, típicos de las
rocas volcánicas gruesas, que se disgregan con relativa facilidad.
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En la Vela Blanca termina nuestra ruta. Desde allí contemplamos un paisaje volcánico riquísimo en formas que nos hablan de la eterna lucha entre la energía interna de la Tierra, que crea el relieve, y la energía solar que, moviendo el aire y el agua, lo destruye.

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