| |
Las siglas de PDA significan Personal Digital Asisstant y aunque esta definición
era buena para cuando estos aparatos empezaron su andadura, en la actualidad se
ha quedado un tanto corta. Porque hoy en día una PDA responde perfectamente a la
definición de ordenador de mano y eso es exactamente lo que es.
Para empezar, cabría hacer una marcada distinción entre PDA y agenda electrónica.
Mientras que estos organizadores personales apenas pueden asumir más funciones
que las de una agenda convencional (recordatorios y listado de teléfonos y
citas), las PDA son capaces de esto y además poseen la habilidad de ejecutar
programas. De hecho, si podemos marcar una línea marcada y clara entre un
dispositivo y otro, éste sería sin duda la capacidad de ejecución de programas.
Dentro del universo de las PDA, la gente tiende a marcar diferencias entre
los distintos sistemas que coexisten y así es una idea generalizada el que una
Palm y un Pocket PC son aparatos completamente distintos.
Pues bien,
aunque es absolutamente cierto que existe una profunda brecha distintiva entre
ambos aparatos, la esencia y en muchos casos las habilidades son las mismas,
aunque esto no significa que estas mismas tareas se ejecuten de la misma forma.
Sabiendo esto, debería quedarnos claro que la más ostensible diferencia que
separa por tipos a las PDA no es otra que el sistema operativo que cada aparato
porte.
Lo mejor, su tamaño
El mayor atractivo de las PDA, es la posibilidad
de recolectar datos por el mundo, si necesidad de arrastrar un portátil, y poder
compartirlas luego con el ordenador de sobremesa, por ejemplo. Esta función la
están suplantando los móviles. Hoy día, la definición de un móvil se pierde
entre una especie de PDA, una completísima agenda, un teléfono (cada vez en
menor medida, su función principal) y una entretenida videoconsola. La
tendencia, parece ser, está en la integración de “todo en uno”, cada vez más
pequeño, más potente y con más prestaciones (independientemente de que de las
necesites o no). Mientras la tecnología y el bolsillo lo permitan, bienvenido
sea.
Sobre todo, el impulso final que necesitaban las
PDA era la llegada de una Internet popular y masiva. Los protocolos de
comunicación sin cables se han mejorado, y ahora no resulta raro poder consultar
el email desde uno de estos dispositivos, sin duda, una de las mayores
utilidades cuando se trabaja con sistemas portátiles. Si el Internet para
móviles no ha tenido un éxito arrollador, los que adquieren un PDA sí que buscan
poder descargar el correo o consultar una web corporativa, como valor añadido a
todas las otras funciones habituales.
Virus en la PDA
El primer virus y el primer troyano para PDA
fueron programados en el año 2000, y se les bautizó con los nombres de “Phage” y
“Liberty Crack” respectivamente. No es que causaran estragos entre la comunidad
del PDA, pero sí que fue una llamada de atención sobre las posibilidades de este
tipo de plataformas pues, realmente, no eran invulnerables. Desde entonces pocos
virus han tenido verdadero éxito en estos sistemas. El sistema operativo Palm OS
que dominaba el mercado, se preocupó desde un principio de la seguridad, no así
Pocket PC de Windows, que sufre las carencias de sus hermanos mayores. Lo que ha
mantenido relativamente a salvo estos dispositivos, ha sido sin duda, la
diversidad. El mercado no es tan homogéneo como en los sistemas de sobremesa
(existen PDAs con Linux, Windows, EPOC, Palm...) y esto hace la propagación
masiva menos probable (aunque no imposible). También, hay que tener en cuenta
que programar un virus para ordenadores de sobremesa sigue siendo demasiado
goloso y sencillo como para querer buscar los quince minutos de fama en sistemas
más complicados.
Veremos qué nuevas prestaciones nos ofrecen estos
dispositivos en el futuro, cuando se alcance el límite del espacio mínimo en el
que se puede introducir todo un ordenador de sobremesa.
|
|