La última cosa que recuerdo, es el gusto de la sal en mis labios, el ruido de las olas que iban y venían, el contacto del agua que sacudía mis piernas y un sol que parecía una bola de fuego quemando mi cabeza aturdida, cuando oí una voz extraña que llenaba unos oídos adormilados. Me parece que intentó de arrastrarme, pero mi cuerpo de más de 90 kgs se resistía.
Me puse de pie con muchos esfuerzos. Puso mi brazo rodeando su cuello, y yo me cogía a su cintura. No sé cuánto rato estuvimos, ni como llegamos.
Entramos en una especie de cabaña hecha de ramas y hojas.
Dentro, mi cabeza descansó de tanto calor del sol.
Estaba sediento, había flotado a la deriva durante horas, cogido a un trozo de madera.
Los ojos se me cerraban. Me dejé caer al suelo, boca arriba.
Notaba como me quitaba la camiseta, yo dejaba que lo hiciese, sin impedírselo.
Unos dedos hábiles me desabrochaban los pantalones, unos pantalones vaqueros que todavía estaban blandos del agua del mar, yo…no se lo impedía.
Distante, levanté algo las caderas, para facilitar que me sacara los pantalones.
Debajo llevaba unos bóxer ajustados, de color verde oscuro. También me los sacó.
Me encontraba en un estado semi-dormido aun cuando era consciente de que estaba desnudo del todo. Aligerado de tanto esfuerzo por mantenerme a flote, ahora estaba en la gloria.
Sentía el calor de unas manos que iban tocando mis pies y que despacio, subían por mis piernas.
Era un tacto suave que me gustaba. Con los ojos cerrados, sin fuerzas para abrirlos, disfrutaba de aquel momento.
Sus dedos llegaron hasta mis muslos, acariciando la parte interior.
Al instante, encontré un tacto más húmedo y suave, que me empezaba bajo las rodillas... sin duda era una lengua. Una lengua que también trepaba despacio piernas arriba.
Mi piel, quemada por el sol se aliviaba con el contacto húmedo de su lengua que navegaba entre los pelos salados de mis piernas.
Inevitablemente este contacto provocó un cambio de ubicación de la sangre, que con toda rapidez llenó las venas de mi polla.
Mientras seguía subiendo, yo me relajaba algo más.
La lengua topó con los huevos, lamió y mojó con su saliva.
Una de las manos ya había atrapado la vara y empezaba un lento movimiento ascendente y descendente.
Los labios calientes besaban mis partes.
La mano que me acariciaba me abandonó.
Y una lengua ávida se encaramó buscando el glande.
Su boca engulló toda la polla, primero chupando suavemente el capullo, para bajar presionando los labios, por todo lo largo.