El Prado verde

Nos sentamos en el prado verde que olía a fresco. La luna nos miraba desde el cielo, testigo de ese momento tan especial que íbamos a compartir.

Sentíamos el canto de los grillos y las aves moverse en sus nidos.

Empezamos a hablar. Miré tus labios, cómo deseaba besarlos. Casi no oía tus palabras. Estaba embriagándome de ti, de tu esencia.

Me desabroché un botón de la blusa. A través de ella se veía el comienzo de mis pechos. Bajaste la mirada hacia mi escote y durante unos segundos permaneció en la unión de los dos montículos. Después me miraste fijamente a los ojos.

Cogí tu mano y me acerqué. Te besé, llené tu boca con mi lengua, saboreando todos tus rincones. Chupé tus labios, los mordí, jugué con ellos. Te pasé las manos por las espalda, arañándote. Las tuyas se posaron en mis pechos.

“Te deseo”, dije.

Pero había sido una confesión vana, ya lo sabías.

Metiste una mano entre mis muslos.

“Estás caliente”.

Tus dedos entraron en mi humedad. Me pegué a ti con un suspiro.

“Es maravilloso” -dije-. “Me encanta que me masturbes, sigue”.

Al mismo tiempo tocaba tu dureza pujante, que asomaba fuera de su prisión.

Nos tumbamos en la hierba que mojaba nuestros cuerpos con el rocío, besándonos lentamente. Me apretaste el culo con las manos. Me quitaste las braguitas, las oliste ...

Me pusiste sobre ti, cogiéndome por las caderas, e hiciste hundir en mi tu verga.

“¡Cómo te siento! -Suspiré.

Tú notaste cómo mi carne apretaba tu polla, dura como una roca.

“Es maravilloso” -dije-, “quisiera tenerte siempre dentro de mi. Te quiero”.

Empujabas con ímpetu. Tocabas mi cintura, mis pechos. Chupé tus dedos ... La misma luna de antes contemplaba nuestro polvo sensual, silencioso. Nos movíamos al son de una danza ascentral.


“Me encanta follar contigo” -dije-. “Sentir tu polla dentro de mi es lo más maravilloso del mundo”.

Me dedicaste una sonrisa. Cómo me gustaba tu manera de sonreír.

Salí de ti y me fui hacia tu verga. La tomé entre mis manos, como si fuera un dios digno de devoción. Mirabas en silencio.

“Bésala” -me pediste, aunque era casi una orden.

Pasé mi lengüecita caliente por la cabeza. Suspiraste y echaste la cabeza hacia atrás. Después envolví completamente tu polla con la boca y chupé. Oía tus gemidos de placer. No podías evitar cogerme la cabeza y apretarme contra ti, siguiendo el movimiento. Cuando noté que estabas a punto de correrte te la chupé despacio, muy despacio.

“Esto es inaguantable”.

Seguí durante un rato. Notaba cómo movías las caderas, tus músculos se tensaban.

Entonces chupé con avidez.

“Oh, oh ... me corro, me corro”.

Noté el chorro caliente de tu esperma en la boca. Tragué y seguí chupando hasta que tu cuerpo se relajó por completo y oía cómo tu respiración volvía a la normalidad.

Me puse a tu lado, te acaricié el pecho, jugué con el vello, enredando mis dedos en él.

Me miraste y me dijiste, “te quiero”.

Besaste mi cara, mis hombros, me besaste también el vientre. Llenabas el ombligo de agua y bebías. Pasaste la lengua por las ingles. Yo respiraba entrecortadamente. Hundiste la nariz en el vello. Empezaste a chuparme el coño suavemente, dando suaves toques que me hacía lanzar intensos suspiros de placer. Hiciste surgir el clítoris con tus dedos y lo lamiste incansablemente. Yo me sentía ir, no podía más.

“Espera”, dije, “aún no. No me quiero correr”.

Paraste y me besaste. Te sabía la boca a mi sexo.

Volviste a penetrarme, lentamente, despacio. No se cuánto tiempo estuvimos así.

Tu polla entraba y salía de mi con total parsimonia.

Por fin, cuando supiste que ya era el momento, aceleraste los movimientos y nos corrimos juntos.

Exhaustos fumábamos mientras veíamos salir el sol.

 

Sirenia 03-02-2003


...CONTINUARÀ
 
Nota: Les imatges que surten en aquesta pàgina son d'altres pàgines web de lliure accès.
Si alguna d'elles tinguès copyright o coneixeu algun motiu per el qual no pugui estar aqui, feu-nos-ho saber, i la retirarem immediatament.

Clica i tornaràs a la Pàgina principal

 
Esta página está alojada en: