EL SACRIFICIO  (versión en castellano) 06-05-2004

Ara, estaba muy nerviosa. Estaba orgullosa porque havia sido escogida de entre todas las vírgenes del pueblo, la prepararon a conciencia para cuando llegase este momento.


Pero, ahora que se acercaba  la hora tenía mucho miedo.


 Sus padres se sentían privilegiados de que fuera  su hija  la que salvaría el pueblo de la sequía.




Fue un año muy duro, muy caluroso. Llevaba catorce meses sin llover una sola gota  Los campos  no daban nada y los  animales no encontraban hierba fresca para comer.




En el fondo de su corazón savia que lo que haría  seria tan importante para su pueblo que no los podía defraudar... pero al mismo tiempo tenía mucho miedo, mucho. En estos  momentos estaba  en una bonita habitación, forrada de telas de todos los colores, una  cama  muy grande, con sabanas suaves i un montón de almohadas  tan blandas, que invitaban  a echarse en ellas.



En una mesa, al fondo de la habitación, estaban  todas les joyas que llevaría puestas el día siguiente: largos collares de oro  y plata, pendientes, pulseras, diademas, incluso una corona de oro con incrustaciones de piedras preciosas.  Cuando llevase  todas estas joyas encima  casi no podría  caminar, por su  peso.

Ara.la virgen escogida El pueblo la necesitaba
El guardián miraba por el ojo de la cerradura...

Al lado de les joyas, una túnica. Una preciosa túnica de seda bordada con hilo  de oro con unas aberturas en los costados  que llegaban hasta la altura de  las axilas.


 


La túnica y les joyas seria lo único  que llevaría  el día siguiente  para ofrecerse al Dios de Sol.


 


La habitación  estaba cerrada con llave. Nadie  podía entrar ni salir, nadie menos el guardia que vigilaba la puerta y tenia ordenes de no dejar salir,  bajo ninguna circunstancia  a la joven  de dentro.


El guardia, un chico del pueblo maya, havia sido entrenado  para este trabajo.  Era el mas alto de todos los chicos del pueblo, no obstante solo media 1’65, tenia las facciones bonitas, la piel morena, los  ojos claros, una sonrisa afable y un secreto que le oprimía el corazón : Estaba locamente enamorado desde mucho tiempo atrás, de Ara, la virgen que estaba custodiando. Una gran tristeza llenaba su alma, sabia que a la mañana siguiente  perdería para siempre su amada.


 

Era más de medianoche, los pasillos de la pirámide estaban quietos. La tradición mandaba que aquella noche, dentro de la pirámide solo estuviera la joven a la que echarían al  cenote y su guardián. El chico, cansado de estar de pie, se havia dejado caer hasta quedar sentado apoyado en  la puerta, por la altura de su cara tenia el agujero  de la cerradura,  por el cual espiaba con delirio.

Ara estaba de pie, frente a la mesa  donde se encontraban las  joyas y la túnica. La veía de espaldas, estaba muy bonita con un vestido de colores anaranjados, muy sencillo, que llegaba a sus pies.


 La muchacha no sabia que la miraba, pensaba que estaba sola dentro de aquella pirámide tan grande.


No podía dormir. Estaba nerviosa, se miraba la túnica sagrada y quiso probársela.


Desabrochó  los cordones que ataban los costados del vestido, uno a uno. Desde las axilas hasta la cintura pequeños cordones atados en lazos unían  las dos telas que cubrían su cuerpo.


 Fuera, el chico  seguía mirando.


 Las dos partes del vestido iban  separándose despacio. Bajo las telas, una piel oscura, suave  y reluciente  iba apareciendo  a la vista. Ya se podían adivinar unos pechos redondos que desafiaban la fuerza de la gravedad, un vientre  liso, una cintura preciosa, unos muslos que invitaban  a pellizcarlos. Finalmente, el vestido, liberado de todos los cordones, se deslizó por todo el cuerpo hasta quedar amontonado alrededor de sus pies.


 Las piernas largas, el culo tan simétricamente perfecto y una espalda recta  que subía  hacia  el cuello. El cabello, largo y negro caía encima de los hombros. Un cabello brillante  y liso que se movió cuando  la chica, levantando  una de les dos piernas, para acabar de salir del vestido y acercarse a la túnica. Fue entonces, cuando el chico la vio de perfil.  Su mirada se paseo por sus pechos, acariciando con los ojos, unos pezones oscuros  y endurecidos por el frescor de la estancia. Bajó la vista hacia el ombligo y continuó su camino mas abajo.


Una pequeña mata negra, los pelos rizados  que cubrían la rajita virgen que nunca podría tener.  Esta visión lo llenó  de deseo,  su pene creció como nunca recordaba. Se tuvo que desabrochar los pantalones  porque le presionaba tanto, que incluso le dolía. Se notaba el pulso golpeando con fuerza en sus sienes, el sudor bajaba sin poder evitarlo, y sus lágrimas se vertían  de sus ojos, al ver su amada y saber que aquella era la última noche que viviría.

Lert, el joven enamorado...

La joven tendía frente si la túnica, mirándola. Y del fondo del pecho, le salio un grito de angustia, mientras las piernas le fallaban y caía en el suelo.


 Al ver esto, Lert, que así se llamaba el chico, se levantó y entró deprisa para  comprobar si le pasaba alguna cosa a Ara.


 La muchacha, desnuda como estaba, se tapó los pechos con las manos, mirando con los ojos llorosos a su amigo, que amaba secretamente desde pequeña.


 Sin decir nada, el corrió hacia  ella y la abrazó, la proximidad de aquel cuerpo  tibio, desnudo y  deseoso hizo el resto. Los labios se buscaban, se unían, la boca de ella se abría para dejar entrar la lengua que con delirio buscaba la otra. Les manos de el acariciaban su espalda. Les manos de la virgen levantaban la camisa del muchacho. Al rato, estaban los dos desnudos,  en el suelo  de la habitación.


Ella se dejaba llevar, mientras la lengua del soldado avanzaba del cuello hacia los pechos, sus labios cubrían los pezones, cada vez más duros, se los lamia, uno a uno, y después seguía hacia abajo.


 Ella tenía los ojos cerrados, disfrutando del momento, sabiendo  en el fondo, que lo que estaba haciendo estaba prohibido del todo, pero no quería pararlo.


 Cuando la lengua de Lert entro en su sexo todo su cuerpo se estremeció. Estaba muy húmeda, sentía un placer que nunca antes havia experimentado.  La lengua se movía en su interior, le apartaba los labios, subía y bajaba por todo el sexo. Con sus manos, le agarraba  la  cabeza del muchacho, para guiarlo. Abría más las piernas  para facilitarle  el camino.


 Una explosión de placer llenó  todo su cuerpo, cuando tuvo su primer orgasmo  en la boca de su amado. Las piernas se le tensaron y las encogió apresando la cabeza del muchacho, que seguía moviendo  la lengua dentro de su coñito.


 

La Pirámide donde tienen a Ara

.- ¡Tómame!!!!  Le dijo Ara a su amante


 Y  Lert, que tenía la verga dura y levantada, a punto de explotar, se  puso encima de  ella, con mucha  suavidad.


 Acercó el glande a la entrada del sexo húmedo de la chica, y empujó despacio, el coño, mojado como estaba, engulló  toda la vara de golpe.


Se movieron como dos animales en celo, cabalgando uno encima del otro, sin reprimir los gritos de placer. El muchacho,  de tan caliente que  estaba, no duró ni 2 minutos, un chorro de leche caliente se mezcló con la sangre de la virginidad en un momento de máxima excitación. La chica tuvo un segundo orgasmo.


 Se quedaron abrazados... y liberados  de la tensión se durmieron.


 El Sol, se alzó puntual como cada día, los primeros destellos  tímidos entraron por una de les aberturas de la pirámide y fueron iluminando el interior.


 El chico despertó,  Ara estaba encima, desnuda, abrazándolo… dormía  placidamente.


En aquel momento se dio cuenta  de la desgracia que les caería encima. Havia profanado la virgen que salvaría a su pueblo de la larga sequía. El castigo seria terrible. La muerte solo seria el alivio a todo  el sufrimiento que se le acercaba.


 Despertó a su amada, cuya cara también dibujaba la desesperación que vio acercarse.


 Se vistieron deprisa y aprovechando  la primera luz del sol, huyeron juntos


 En el suelo de la habitación quedaron las señales de lo ocurrido, la túnica sagrada, manchada de sangre y  semen.


 Justo cuando entraron los sacerdotes que venían a buscar a la chica, un rayo de sol entró  por una de les ventanitas, iluminando de lleno la túnica manchada. Y en el mismo instante, un trueno se oyó por tota la zona, como por arte de magia la oscuridad  se apoderó de la pirámide y unas gotas grandes de agua empezaron  a caer en el exterior.


 Los  sacerdotes se inclinaron frente a la túnica manchada de sangre, y comprendieron que el Dios del Sol, se havia llevado la chica antes de tiempo, y complacido les mandaba  el agua que tanto necesitaban.


 Mientras, la pareja de enamorados, huyeron tan lejos, que nunca los encontraron... en realidad, nadie los  buscaba.

El Cenote donde debian echar a Ara
...nadie los encontró... ...nadie los buscaba!






...CONTINUARÀ
 
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