Poesías de Zorrilla desde el Alto de Muñó

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Página oficial del pueblo de Arenillas de Muñó (Burgos) España

El Alto de Muñó.

Para disfrutar, aún más, de estas poesías, es necesario situarse en la comarca de Muñó y en especial visitar el Alto de Muñó al lado de la ermita. Un casquete semiesférico de tierra de apariencia artificial se divisa desde la carretera de Burgos a Valladolid cuando pasamos por la localidad de Estepar. Si subimos a esta loma, además, de apreciar unas bellas vistas del valle, uno percibe sin saber muy bien porqué, que se encuentra en un lugar emblemático donde hubo de haber más de cien batallas. Allí podremos descubrir restos de piedras talladas y tejas enterradas, se supone que allí estaba el famoso castillo del Condado del Gran Can de Muñó.

Ver ruta de los castillos medievales por Burgos.

 

El Valle de Muñó rindió homenaje a José Zorrilla.

El Valle de Muñó fue la tierra en la que nació su madre y donde él pasó gran parte de su juventud.

Hace unos años asistí en la Ermita de Muñó al homenaje que El Valle de Muñó rindió a Zorrilla cuando se cumplían 100 años de su muerte.

“¡Pobre Muñó!, todavía

por tus recuerdos te adoro;

y no está lejos el día

en que halle mi poesía

en tus ruinas un tesoro.”

 

“¡Pobre Muñó!, tu me diste

en mi juventud abrigo,

y debo hoy que envejeciste

probarte que en mí adquiriste

entonces un buen amigo.”

Estos son algunos de los versos basados en los recuerdos personales del escritor romántico José Zorrilla Moral, y que éste dedicó al Valle de Muñó, la tierra burgalesa donde nació su madre y donde él mismo pasó su juventud.

Estos y otros poemas fueron recuperados del olvido el 31 de agosto de 1993 en la ceremonia que los habitantes de la zona dedicaron al poeta en el centenario de su muerte. La ermita fue restaurada antes de esa fecha gracias a la iniciativa y al trabajo de los propios habitantes del valle.

Placa conmemorativa. Año 1993.

Entrada a la ermita y situación de la placa.

Con este motivo, los habitantes de los pueblos del Condado de Muñó organizaron una procesión, que partió desde Arroyo de Muñó hasta la ermita, levando a hombros la imagen de la Virgen que lleva el nombre de la zona (nueva imagen, puesto que la antigua fue robada hace unos años de la ermita).

Celebración de la Ermita de Muñó hace unos 80 años.

Ver exposición de fotos antiguas de los años 20. (Recomendable)

 

Después de la misa tuvo lugar una conferencia sobre la vida del autor de Don Juan Tenorio. Ésta estuvo a cargo de Jorge Manrique, catedrático de Lengua y Literatura de la Universidad, gran conocedor del escritor. Las poesías que aparecen en este sitio fueron distribuidas por J. Manrique en ese acto y que yo guardo desde entonces con gran agrado.

Se comenta entre los habitantes de Muñó que el joven Zorrilla tenía tres amores: su madre; Gumis, una chica de Arroyo de Muñó, que fue el primer amor del escritor; y Quintanilla, el lugar donde nació su madre y donde él vivió en su juventud.

Además, el padre de Zorrilla era como el jefe de la policía en aquella época y, aunque, vivió en el pueblo de Torquemada (cerca del Condado de Muñó), viajaba bastante; por tanto, el nacimiento de Zorrilla en Valladolid fue un hecho casual. Toda su juventud la pasó por las tierras de Muñó (su madre era de Quintanilla Somuñó). Pronto se marchó de casa. Un acontecimiento marcó su vida. Cuando murió su madre no pudo venir al entierro y su padre, por esta razón entre otras, no lo perdonó nunca. El sentimiento fue tal, que cuando el padre murió, se hizo enterrar en un lugar desconocido sin identificar la tumba, se cree que en el mismo pueblo de Torquemada.

Plaza de Zorrilla en Quintanilla.

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Poesía 1: Desde el alto de Muñó.

Gigante sombrío, baldón de Castilla,

castillo sin torres, ni almenas, ni puente,

por cuyos salones en vez de tu gente

reptiles arrastran su piel amarilla,

dime, ¿qué se hicieron tus nobles señores,

tus ricos tapices de sedas y flores,

tu gente de guerra, tus cien trovadores

que alzaron ufanos triunfante canción?

Tú estás en el valle cadáver podrido,

guerrero humillado que el tiempo ha rendido,

tu historia y tu nombre yaciendo en olvido,

el mundo no sabe que existe Muñó.

 

Tus pardas ruinas me son de tormento,

con negros recuerdos corroen mi alma...

¡Tú estás en mi mente, maldecida palma

quemada del rayo, batida del viento!

Yo errante poeta proscrito en el mundo,

tal vez en el polvo de féretro inmundo,

sin nombre, sin gloria para siempre hundo

mi frente abrasada de inútil sudor;

¡por ti, resto infame, fantasma de duelo,

morada maldita de un ángel del cielo

que amé y me robaron...!, ¡maldito tu suelo,

maldito tu nombre..., maldito mi amor!

 

Quédate, sí, en esa altura

a la vergüenza del llano,

castillo sin castellano,

matrona sin hermosura.

 

De ti el tiempo se rió,

tus torres se derribaron,

tus vasallos te ultrajaron,

tu señor te abandonó.

Quédate, negro esqueleto,

de fértil  vega mancilla,

a esa ermita de Castilla

sin sacerdote sujeto.

 

Sin pendones que ondear,

sin blasones a la entrada,

tu bóveda agujereada

no has podido sustentar.

 

Sin un eco en los salones,

sin un soldado en el muro,

hoy crece el arbusto impuro

al pie de tus torreones.

 

Señor muerto en tierra ajena,

olvidado de tu gente,

a pedazos de tu frente

roba el viento tu melena.

 

Y pasa a tus pies el hombre

sin buscarte en su memoria,

porque no leyó tu historia,

ni se acuerda de tu nombre.

 

Tú tienes uno, que en aciago día

en tu gastada piedra escribí yo,

y el nombre de otro y la vergüenza mía

con la tuya quedó.

 

Cuando mi labio le nombró, mentía,

cuando mi mano le grabó, mintió;

hoy...ya no existe; en su carrera impía

el tiempo le arrastró.

 

Y ese nombre celestial

que el tiempo devoró al fin,

una mujer por mi mal

le arrebató a un serafín;

el huracán de la vida

sólo dejó, ¡oh mi querida!,

para mi eterno tormento

en prenda de maldición,

tu nombre en mi pensamiento,

tu amor en mi corazón.

 

Poesía 2: Supuesto viaje desde Torquemada a la Comarca de Muñó.

 

Villa en que heredar debí

casa y fincas solariegas

y que hasta el polvo me niegas

del barro de quien nací;

¡Adios! Pues ya para mí

no hay en ti lecho, ni hogar,

que derecho a reposar

vivo ni muerto me acuerde

en él..., ¡adiós!..., ¿qué se pierde

con que me pierda en el mar?

 

Deja la tierra, corcel,

de este lugar tras de ti.

¡Hasta las piedras en él

manan lágrimas y hiel

y vergüenza para mi!

 

Corre, que ya esta carrera

va a ser tal vez la postrera

en que tus lomos me das;

corre y dejemos atrás

toda su comarca entera.

 

Corre, y de correr no ceses

hasta dar en las campiñas

y los valles burgaleses;

atropella por sus mieses,

atraviesa por sus viñas

 

Corre, ya veo a lo lejos

de sus cerros solitarios

los ruinosos castillejos,

y los gayos campanarios

de sus pardos lugarejos.

Ya entramos en su distrito;

corcel, tu paso contén

por aquí; que necesito

buscar aquí un pueblecito

que para mí es un edén.

 

Castilla, cuyos castillos

hoy en escombros abruman

tus débiles lugarcillos,

y cuyas ruinas perfuman

las salvias y los tomillos.

 

Te llevé fotografiada

por donde fui en mi memoria;

no he olvidado de ti nada;

jornada sé por jornada

toda tu tierra y tu historia.

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Realizada por Óscar García Díez