HISTORIA DEL APELLIDO:
Podríamos decir que tenemos varios grupos de apellidos, siendo el mas principal el
patronímico y en segundo orden el toponímico, siguiéndolo otros:
Patronímicos, los tomados por la línea de paternales.
Toponímicos, los que vienen del lugar del hábitat.
Otros, los que no se sabe si primero fue el apellido que dio nombre al lugar, o si fue el lugar el que dio nombre al individuo o alguna otra cualidad.
El apellido nace como la necesidad de distinguirse unos de
otros en una sociedad que empieza ser amplia y no desea ser confundidos sus gentes pues
cada uno de ellos tiene unas señas de identidad propias por la que desea ser reconocido,
unas veces como orgullo y otras por la pura necesidad social.
La denominación romana de los individuos se componía de:
Preanomen, particular de cada persona.
Nomen, apelativo familiar, apodo o mote.
Cognomen, distintivo al linaje del perteneciente cuando había mas gente con el mismo
nombre.
Agnomen, particular de cada persona en el que se reflejaba la virtud, el defecto, la
cualidad, etc.
De las
cuatro nominaciones, únicamente el segundo -Nomen- y el tercero -Cognomen- tenían
carácter hereditario, pero solamente el segundo era el que verdaderamente actuaba como
apellido.
La influencia de los pueblos nórdicos es notable en la formación de los nombres
bautismales a los individuos, pues las invasiones llevan inherentes la incorporación de
nombres personales -Preanomen- que con el transcurso del tiempo van formando los apellidos
-Nomen- patronímicos.
En nuestros patronímicos, se notan claramente tres influencias, dos nacionales y una la mas amplia la religiosa: romana, visigoda y cristiana, aunque la tercera es la segunda en el orden de cronología por la aparición en España resultando la mas eficaz para la formación de los patronímicos.
A los patronímicos los hebreos anteponían la palabra -Bar- los árabes -Ben- los romanos el genitivo para indicar la descendencia seguido del -Fil- y otras veces de -Filius- constituyendo hacia el final del imperio romano el genitivo del padre seguido de el del hijo, como apellido de este ultimo.
La
formación de los apellidos en las naciones latinas se origina con formas arbitrarias sin
las terminaciones académicas señaladas en la época romana, síntoma del periodo que se
atravesaba.
Nuestras formaciones patronímicos se inician con terminaciones en -i- que luego cambian a
-e- en -a- o en -o- para perderse en la Edad Media dejando al patronímico terminado en
una consonante.
Seguidamente en la terminación fija de -z- anulando a las de -s- y de -t- finales para
mas tarde tomar las de -iz- y -ez- sedimentando lentamente los patronímicos.
Las particularidades regionales de nuestro país constituye otra de las notables
diferenciaciones en los patronímicos que modifican las desinencias que dan una cierta
desemejanza de apellidos sin guardar un orden en ningún caso aun en la misma región,
pues no seguían regla alguna para ello no solo en la escritura sino también en su
locución dando lugar a que en escritos antiguos y a la misma persona se la escriba de
distintas maneras por la locución con que se las nombra en los distintos lugares.
La caprichosa libertad para la formación de los patronímicos multiplica el índice de nombres que había normalmente en circulación gozando del publico los derivados de los nombres de Reyes, de los Santos o de los Héroes.
Introducido el uso del patronímico como apellido, por la abundancia del mismo nombre en el lugar, se ven obligados a alternar el del padre con el del abuelo también, para de esa manera encontrar una distinción que les es necesario y que no hallan, siendo esta ultima calificación tan fuerte que termina por anular al patronímico bautismal.
El patronímico, precedido del nombre bautismal seguido del de procedencia, llega a constituir una denominación parecida al tria nomina nobiliarum de los romanos y mientras esta denominación es solo usada por los nobles, el estado llano alterna el patronímico, con el del apodo o mote, el del oficio, de la profesión, de la religiosa, etc.
NOBLEZA, CABALLERÍA Y ARISTOCRACIA URBANA:
El derecho
castellano de la Baja Edad Media no atribuye a la nobleza unos limites jurídicos muy
precisos. La brillante estudiosa del tema M. C. Gerbet queda sorprendida por la ausencia
de solución continuidad entre "pecheria" e "hidalguía", lo que
permite suponer un fácil acceso teórico a esta ultima. La extendida confusión entre
"hidalguía", "exención" y "caballería" indica, en lo que
estas situaciones tienen de común, el punto de ruptura entre nobles y pecheros: la
exención, origen de toda nobleza.
Esta confusión de hecho entre la única nobleza genuina- la
hidalguía- y situaciones de privilegio personal, especialmente relacionadas con el
ejercicio de las armas, es mas notoria aun en las ciudades andaluzas que recibieron la
especial facultad, por su situación fronteriza, de que los hidalgos que en ellas
habitasen, no fueran exentos de la tributación concejil, medida igualatoria contra la que
tan a menudo levantaron sus voces los hidalgos afectados.
A pesar de ello y de la multitud de situaciones intermedias que
confluyen la elite castellana, es totalmente valida, teóricamente la división en tres
niveles que tradicionalmente viene operándose en el seno de la nobleza de la época de
los Reyes Católicos: "Grandes y Títulos", "Caballeros",
"Hijodalgo". Las diferencias responden a criterios de fortuna, funciones,
distinciones honoríficas y forma de vida.
Esta división supone un avance en el proceso de diferenciación
interna de la nobleza ya que en fechas anteriores, y desde el periodo asturleonés, solo
dos niveles se tienen en cuenta: En la cúspide, el pequeño numero de los "Ricos
Hombres" o "Magnates", constituyendo la alta nobleza; en la base, la
pequeña nobleza de los "Infanzones", luego de los "Hidalgos". La
aparición de los "Caballeros" como grupo socialmente reconocible en el seno de
la nobleza es, en la practica, la emersión de la aristocracia de rango medio alejada de
las posibilidades políticas y sociales de la alta nobleza titulada pero perfectamente
distinguible de una hidalguía básicamente rural, de situación económica poco brillante
y casi nulo papel político. En el estamento caballeresco van a confluir, en el ámbito
privilegiado para este tipo de síntesis que es la ciudad medieval, elementos de
procedencia social muy variable que van encontrando un estilo de vida y una mentalidad
propias, si bien fuertemente marcados en todos los aspectos por el grupo que les
suministrara todos los modelos y pautas: la alta nobleza.
Tres clases de Caballería hubo en Castilla. La primera corresponde a
la caballería sobre Hidalguía, es decir, a la condición de caballero que se otorga al
hidalgo, perfeccionándolo. Es la Caballería de Espuela de Dorada, solo otorgable a
hidalgos. El Rey en persona, o algún gran señor por su mandato, son los únicos que
pueden conferirla mediante una solemne ceremonia que la tradición castellana, mantenía
durante toda la Edad Media, obligada a efectuarla en la iglesia o sobre el campo de
batalla, siendo este el lugar preferido durante el siglo XV . Esta caballería no añade
nada a los privilegios del Hidalgo, es un suplemento de honor que lo consagra al oficio de
las armas, al servicio de la Fe y de la Patria.
Los Caballeros de Ordenes Militares puede asimilarse a los de Espuela
Dorada. La pertenencia a una Orden Militar, es asimismo, prueba de nobleza.
El segundo tipo de Caballería, llamada de "privilegio" o
"de albalá", no goza del mismo prestigio. Puede otorgarse, indistintamente a
hidalgos y pecheros, por lo que no supone nobleza ni pechería. La admisión en esta
Caballería se consigue mediante "privilegio de Caballería" del Rey. El ritual
difería mucho de la solemnidad exigida en el primer caso, bastando con que el Monarca
encargase a un personaje de cierta relevancia su representación. Desde la época de los
Reyes Católicos no se requiere ningún ceremonial.
Esta Caballería solo goza parte de los privilegios de la hidalguía,
pero entre ellos esta el más apetecido: La exención fiscal para el beneficiario y sus
descendientes siempre que no cesen de mantener caballo y armas y acudan a la llamada del
Rey. Aunque esta exención no supone la hidalguía de derecho, prácticamente la supone de
hecho, pues basta probar la existencia de tres generaciones consecutivas de "
Caballeros de privilegio" en la familia para que la hidalguía sea reconocida por la
Chancillería. Por ello, este tipo de Caballería fue codiciado por muchos pecheros que
vieron en ella la forma de pago más eficaz a sus servicios armados durante los múltiplos
conflictos civiles de los reinados de Juan II, Enrique IV y los primeros años de los
Reyes Católicos. A pesar de los esfuerzos de las Cortes y de los mismos monarcas para
limitar los efectos de la multiplicación de Caballeros surgidos de las dificultades de
los distintos bandos en lucha para nutrir sus filas, todo resulto inútil y, en muchos
casos, acabo confundiéndose servicio armado a la Corona e hidalguía, viendo muchos
hidalgos discutidos sus privilegios por los Concejos al no ser Caballeros y pretendiendo
muchos individuos de dudosa nobleza ver reconocida ésta condición de caballeros. La
confusión afectaba mas a las altas esferas y de hecho, era propiciada por ellas, entre
1497 y 1503 los Reyes Católicos decretaron una leva masiva de todos los Caballeros e
Hidalgos del reino, sin establecer distinción alguna entre ellos, para defender la
frontera del Rosellón. A pesar de todo, debemos concluir que la existencia de este tipo
de Caballería, tan asimilable a la nobleza que acaba por confundirse con ella, no pudo
influir en modo decisivo, sino ya a finales del Siglo XV, en la renovación de las filas
aristocráticas, pues no afecto mas que aun numero reducido de personas. Será, por tanto,
el tercer género de Caballería, la " villana" o de "cuantía", el
modo de acceso más directo de los escalones superiores de los pecheros a la elite social.
La Caballería Villana alcanza su punto de máximo interés para la
Monarquía, y de mayores incentivos para quienes a accedieron, con la reconquista de
Andalucía, obteniendo tan liberales condiciones "que empiezan a confundirse con los
nobles... de modo que los fueros y privilegios otorgados a las ciudades y villas les
señala un puesto equivalente al de los hidalgos". Esta situación se modifica un
poco durante el reinado de Sancho IV, temeroso de que lo que juzgaba un poder excesivo de
esta Caballería, pero los agitados años correspondientes a la minoría de Fernando IV
suponen un incremento de su influencia a que se acompaña del progresivo alejamiento de su
primitiva naturaleza popular. Esta evolución se acentúa en el reinado de Alfonso XI.
Para Carmela Pescador del Hoyo, el documento definitivo que nos muestra la evolución de
los antiguos caballeros villanos es la carta de la hermandad de los hijosdalgos,
caballeros y hombres buenos de las villas de Castilla y León, aprobada por los tutores de
Alfonso XI en las cortes de Burgos de 1315. En este pacto los encontramos unidos a la
nobleza de segundo grado para defenderse de los poderosos. El caballero ha llegado a
constituir el grado inferior de la aristocracia y el superior de la plebe.
Las necesidades militares del reinado de Alfonso XI impulsaron a éste
a convertir en obligación lo que hasta entonces era potestativo. Las Cortes de Alcalá de
1348 confirman con carácter general el privilegio de los caballeros villanos y recogen y
restablecen en su vigor las disposiciones de Alfonso IX de León sobre los obligados a
mantener caballo y armas por su riqueza. Igualmente, se determinan por zonas las cuantías
que seria preciso alcanzar para que los ciudadanos se viesen afectados por esta
disposición. En adelante, esta obligación ira haciéndose cada vez más gravosa como
consecuencia del incremento del coste de la vida, particularmente de los caballos, y son
numerosísimas las peticiones en Cortes para la abolición del ordenamiento o, al menos,
para que fuesen elevadas las cuantías mínimas.
Pero, mientras tanto, la convivencia de cuantiosos e hidalgos en las
ciudades con unas prerrogativas y obligaciones muy similares, y, particularmente en el
seno de las instituciones concejiles, generalmente compartidas, tuvo una enorme
importancia en el difuminado de las respectivas condiciones, sobre todo si se tiene en
cuenta que la progresiva aristocratización de las costumbres y mentalidades ayudaba de
manera excesiva. Por supuesto, no todos los cuantiosos sino solo el escalafón superior de
estos, aquellos que destacaron por su fortuna, sus relaciones en la Corte o con
determinados magnates, los que supieron hacerse imprescindibles para la buena marcha de
los asuntos concejiles, los que ganaron en la Frontera con su esfuerzo, y a menudo con su
sangre, el respeto y la admiración de sus vecinos, estuvieron en condiciones de
aprovechar los resortes que una aristocracia sumamente abierta y sensible a los personajes
de merito dejaba en sus manos para hacer posible su promoción. Así pues, la caballería
de cuantía será el medio primordial, por encima de otras formas de acceso más
alambicadas, que permitirá a numerosos pecheros a integrarse en una aristocracia que a
finales del siglo XIV y principio del XV tomaba conciencia de su destino en el marco del
sistema urbano medieval. Más aún, no se trató de una simple integración, sino de una
verdadera fusión en la que el triunfo de los valores mas genuinamente nobiliarios y
caballerescos, inevitablemente cuando, tal en Andalucía, sé mantenía viva una frontera
que cotidianamente informaba de su validez, supo hacerse permeable a la consideración de
actividades económicas, mercantiles y financieras teóricamente reservadas a los
ciudadanos, pero que en todas partes, y sobre todo en la Baja Andalucía y en su capital,
Sevilla, eran ingredientes del modo de vida usual de su aristocracia. El resultado final
de esta fusión es la aparición del grupo de los Caballeros como parte integrante de la
nobleza cuya falta de medios económicos les impidió participar en el proceso de fusión,
a posiciones más marginales en la ciudad . La hidalguía tendrá una importancia mayor en
el ámbito rural aunque nunca en modo comparable a la que alcanza en las regiones
norteñas de la Península.
Durante el siglo XV, toda Andalucía, asiste a la consolidación de un
patriciado urbano que va a desempeñar el absoluto dominio de la vida ciudadana en todos
sus ámbitos. Su potencia económica, basada en la posesión de magnificas propiedades
agrícolas extendidas por todo su termino municipal, se ve reforzada a lo largo de este
siglo por la progresiva adquisición, y en algunos casos usurpación de derechos
juridisccionales y con el ejercicio de formas protocapitalistas, tanto en la explotación
de sus haciendas como en la comercialización de sus productos. El auge económico de
Castilla en general y del eje Sevilla-Cádiz en particular durante el cuatrocientos, va a
beneficiar principalmente a esta aristocracia, si abierta a las nuevas innovaciones,
profundamente arraigada, como ya hemos tenido ocasión de comentar, en la tradición
caballeresca .
Por esto ultimo, la actividad militar en la Frontera sigue siendo una
de las principales vías de promoción social y una ocupación imprescindible para cuantos
aspiran a mantenerse en las primeras filas del rango, honor y la fortuna. Las virtudes
caballerescas no pueden degenerar aquí, casi en la misma raya de una frontera viva en la
que muchos nobles andaluces caerán a lo largo del siglo, en el cultivo de unas actitudes
externas privadas de autentico sentido, así pues la aristocracia sigue teniendo su
justificación principal en el ejercicio guerrero, su indiscutido caudillaje es la fuente
primordial de su prestigio popular y la capacidad bélica está en el origen de su
relevante papel político.
Durante el siglo XV el protagonismo de la aristocracia en la vida de la
ciudad aumenta de forma continua e imparable. Relacionarse con ella, llegar a integrarse
en sus filas, es la aspiración de cuantos hombres nuevos genera la activa vida
económica, administrativa, intelectual y militar en la Baja Andalucía. Ni en lo
político, ni en lo social, ni en lo ideológico, enemigo alguno enturbia su horizonte;
ninguna alternativa puede inquietarla, ninguna concurrencia, excepto la creciente
intervención en los asuntos municipales de los monarcas, puede poner en peligro su
hegemonía. La aristocracia andaluza alcanza en la Edad Moderna pletórica de recursos,
dispuesta a beneficiarse de la nueva posición de España, y sobre todo, de su región, en
el mundo, y fuertemente marcada por el modo de vida y los ideales religiosos y
caballerescos medievales. El éxito de dimensiones universales de la España profundamente
aristocratizada del Siglo XVI no podría extenderse sin tener en cuenta esa peculiar
mezcla de rasgos, sed de honor, fama y fortuna, servicio al ideal y aplastante seguridad
en sí mismo que conforma el patrimonio de un tipo humano cuyo genio va a cuajar entre las
riberas del Guadalquivir y las serranías penibéticas a lo largo de los siglos XIV y XV:
el hidalgo, el caballero español.
ESTRUCTURAS FAMILIARES DE LA
ARISTOCRACIA URBANA:
EL LINAJE:
El linaje puede definirse como el conjunto de descendientes de un mismo
antepasado. Esta es la acepción que recogen las fuentes literarias y genealógicas, así
como la triunfante en la vida corriente de la época y la que nosotros utilizaremos.
Este sentido amplio del linaje es lo que hace que , a todos los
efectos, debamos considerarlo mucho mas que un vinculo de sangre entre generaciones. Es
una comunidad de afectos e intereses, receptáculo de un pasado familiar sin que el hombre
medieval no podía concebirse a sí mismo, y proyector hacia el futuro de una escala de
valores y de sus aspiraciones.
El linaje protege, defiende y otorga a cada uno de sus miembros unas
ventajas psicológicas, económicas y sociales, pero, de igual modo, constriñe, obliga,
limita la libertad y las aspiraciones de cada uno de sus miembros.
EL APELLIDO:
Uno de los elementos que contribuyen a proclamar más abiertamente que
"los hombres se sienten unidos por los lazos de la sangre y por el orgullo de
pertenecer a una estirpe ilustre" es el apellido. El verdadero símbolo del clan.
Lo corriente en la vida cotidiana era la ausencia del apellido en los
niños, máxime en una época en la que la falta de registros personales impedían la
aplicación oficial de unos apellidos desde el poco de nacer. Los únicos existentes, los
parroquiales, se limitaban a la imposición del nombre propio en el momento del bautismo.
La denominación oficial de un individuo, sobre todo de los que no eran primogénitos no
solía verse obligados al uso de un apellido determinado, podía ser un acto bastante
libre en el que influían elementos tales como la crianza, a menudo encomendada a abuelos
o tíos, sobre todo en caso de orfandad, la devoción por algún pariente o ancestro, el
deseo de ganar el favor o el cariño de alguien con las mas variadas intenciones, etc...
Esto explica, y no las circunstancias excepcionales, los cambios de denominación e
incluso cierta indeterminación en el uso de los apellidos que puede apreciarse en muchos
casos.
El nombre de pila suele ser la primera forma de identificación con el linaje. Aunque, por supuesto, lejos de la trascendencia del apellido. Lo normal es que cada familia adopte uno o varios nombres, con frecuencia el que llevó el individuo considerado fundador del linaje respectivo. En el siglo XIII, comienza la costumbre cada vez más extendida de asignar a los hijos, sobre todo al primogénito, el nombre y apellido completo del abuelo paterno, muestra de devoción filial que trastocó la utilización del patronímico. La extensión se extendió a otros parientes, tíos o ancestros admirados, tanto paternos como maternos, llevándose a menudo patronímicos de relación remota con el portador. En el siglo XIV hay gran libertad en el uso del patronímico y la insuficiente identificación familiar que ello supone obligó a la utilización, cada vez más ordinaria en la documentación corriente, donde anteriormente se reflejaba muy pocas veces del "cognomen".
LA ESCRITURA DEL APELLIDO
Es sabido que no
hay reglas estrictas para la escritura de los apellidos. Sin embargo, casi siempre se
ajustan a las normas generales de ortografía y acentuación de nuestro idioma, a pesar de
que muchos de ellos procedan de lenguas extranjeras.
La Real Academia Española se ocupó -hace ya algunos años- de
elaborar una serie de recomendaciones acerca de la forma de escribir y ordenar
alfabéticamente los apellidos, que ya pasamos a enumerar:
Siempre que se pueda, las mayúsculas deben tildarse. De esa manera, se
escribirían correctamente apellidos como Álvarez, Ércoli, Ítalo, Óster, Úbeda, entre
otros.
Los apellidos de origen español se llaman patronímicos y constituyen
una gran parte de los apellidos de nuestro país, debido a la importante inmigración
española. Se formaron agregando los sufijos (ver)-z o -ez al nombre primitivo; de esta
manera, la persona que llevaba ese patronímico era considerada "descendiente
de" la que había portado el nombre original. En la Argentina, son muy numerosos, y,
en esta reducida selección, hemos incluido algunos de los principales: Álvarez,
considerado "hijo de" o "descendiente de" Álvaro; Diéguez, de Diego;
Fernández, de Fernando; Giménez o Jiménez, de Jimeno; González, de Gonzalo;
Hernández, de Hernando; López, de Lope; Martínez, de Martín; Méndez, de Mendo;
Pérez, de Pero; Ramírez, de Ramiro; Rodríguez, de Rodrigo; Sánchez, de Sancho, entre
otros.
Los patronímicos con acentuación grave y esdrújula no aceptan la
formación plural, por razones fonéticas y morfológicas: los Pérez, muchos López,
algunos Álvarez, y no los Péreces, muchos Lópeces, algunos Álvareces.
Los patronímicos con acentuación aguda admiten el plural: Muñiz, los
Muñices; Ortiz, varios Ortices.
Algunos apellidos españoles de acentuación aguda, terminados en
"s", no aceptan el plural: Cortés, los Cortés; Solís, varios Solís, y no los
Corteses, varios Solises.
Cuando nos refiramos a una familia determinada, no debemos pluralizar
su apellido: Los Podestá son gente muy honesta.
Cuando la referencia sea a varias familias de un mismo apellido, éste
podrá ser pluralizado: En este edificio viven muchos Podestás.
Los apellidos que no son de origen español, no admiten la forma
plural: Los Bécquer, varios Kennedy, pocos Legrand.
Los apellidos tienen el género que les corresponde a las personas que
los llevan y, por lo tanto, concuerdan en género con el nombre al cual acompañan. De
esta manera, según se refiera a hombre o mujer, el apellido será masculino o femenino:
Galán, Joaquín (apellido masculino); Galán, Lucía (apellido femenino).
Los apellidos en idioma extranjero, por lo general, respetan la grafía
y la pronunciación de su lengua original, salvo aquellos que han sido castellanizados
para una lectura más fácil. Así tenemos Bach, pronunciado /baj/, Depardieu /depardié/,
Da Vinci /da bínchi/, Shakespeare /shéikspier/, Yeltsin /iéltsin/, Jorginho /yoryíño,
Netanyahu /netaniáju/, Ahmed /ájmed/, entre otros.
Respecto de los apellidos castellanizados, el más difundido en España
es el del célebre compositor Tchaikovsky, cuya forma moderna es Chaikovski.
En español, la preposición de no forma parte del apellido, a menos
que se hubiera fusionado con él, como en el caso de Dávila (de Ávila).
SIGNIFICADO DE LOS APELLIDOS:
El significado de los apellidos responde, principalmente, a dos tipos
de procedencia: Los apellidos procedentes de nombres propios (patronímicos) y los
apellidos procedentes de un lugar (toponímicos). También existen los apellidos que se
derivan de oficios; apodos; advocaciones religiosas; plantas y animales; rasgos físicos;
expresiones; etc..
TIPOS DE APELLIDOS:
DERIVADOS DE NOMBRES (Patronímicos):
Los casos más frecuentes, y que son exclusivos de las genealogías de España y Portugal,
son los apellidos terminados en "EZ" ("ES", en portugués). Este
sistema de apellidos proviene de los Visigodos, el pueblo germánico que, con la
decadencia del Imperio Romano, se estableció en la Península Ibérica y fundó un Reino.
"EZ" significa "hijo de", y equivale a las terminaciones
"-son" de los apellidos de origen nórdico (Anderson, Johnson),
"-vitch" o "-ievna" de los patronímicos rusos (Nikolaievitch), etc...
Así, el origen remoto de un "González" está en alguien que fue llamado 'Hijo
de Gonzalo' (Gonzál-ez); "Pérez" en 'Hijo de Pero' -o sea, Pedro-, (Pér-ez);
etc. De esta manera, toda una serie de apellidos hispánicos muy frecuentes tiene su
origen, en la Edad Media, en el nombre propio del padre. Estos son algunos de los nombres
originarios:
Álvarez: Hijo de Alvaro
Díaz, Díez: Hijo de Diego
González: Hijo de Gonzalo
Gutiérrez: Hijo de Gutier (Wutier o Wotier)
Fernández: Hijo de Fernando
Henríquez: Hijo de Enrique (Henrique, en escritura medieval)
Hernández: Hijo de Hernando, que es igual que 'Fernando'. En castellano.... primitivo,
muchas de nuestras actuales 'H' eran 'F'
Márquez: Hijo de Marco
Martínez: Hijo de Martín
Méndez: Hijo de Mendo
Núñez: Hijo de Nuño
Pérez: Hijo de Pero (Pedro)
Rodríguez: Hijo de Rodrigo (Roderick)
Ruiz: Hijo de Ruy (Roy)
Sánchez, Sanchiz, Sáenz, Saes, Saiz: Hijo de Sancho
Suárez: Hijo de Suero
En algunos casos, el nombre propio del padre se transformó en apellido
incluso sin la terminación "EZ", y éste es el caso de apellidos tales como
García, Martín, Simón, etc...
Estos apellidos se crearon en la Edad Media. Por lo tanto, los
orígenes de las numerosas -y diversas- ramas que existen de estos apellidos son
diferentes en cada caso, sin que se pueda decir normalmente con exactitud de qué
"Gonzalo" proceden exactamente unos González, o de qué "Pedro"
descienden unos Pérez. Las únicas escasas excepciones son las de los descendientes
directos de algunos Reyes o de la Alta Nobleza de Castilla y León, Aragón o Navarra, de
los que existe documentación suficiente.
PROCEDENTES DE UN LUGAR (Toponímicos): Este es un caso muy
frecuente entre los apellidos españoles. Supongamos que una persona llamada Fernando, que
vivía en la ciudad castellana de Aranda, se trasladó a la ciudad de Valladolid. Entre
sus conocidos había varios 'Fernandos', así que comenzó a ser llamado 'Fernando el de
Aranda', y en poco tiempo, 'Aranda' se transformó en apellido y se transmitió a sus
descendientes.
La particularidad que hay que tener en cuenta es que, normalmente para que se cree un
apellido así, la persona debe salir de su lugar de origen y trasladarse a otra
población. Efectivamente, si este Fernando de nuestro ejemplo hubiese continuado viviendo
en Aranda, sus vecinos difícilmente lo hubiesen llamado 'el de Aranda'. Es decir, un
apellido de lugar geográfico significa normalmente que el antepasado con el que nació el
apellido familiar procedía originariamente de dicho lugar, pero la familia propiamente
dicha se estableció y procede de un lugar diferente, que puede ser cercano o muy lejano
del primero.
Se dice con frecuencia que los apellidos españoles de nombres de
ciudades y pueblos son de origen judío. Esto no puede afirmarse de forma generalizada. Es
cierto que en muchos casos, los judíos convertidos al cristianismo adoptaron como
apellidos el de la ciudad donde vivían ('Toledo', 'Zamora', etc.). Sin embargo, otras
muchas ramas surgieron de esas ciudades por el sistema descrito en el párrafo anterior,
sin que eso implique su origen en la importante minoría judía española de la Edad
Media. Apellidos muy conocidos derivados de nombres de ciudades son: Castilla, Madrid,
Toledo, Ocaña, Jordán, etc.
DERIVADOS DE REFERENCIAS GEOGRÁFICAS:
Echavarria o Echeverri = la casa nueva
Echandía = la casa grande
Abendaño o Avendaño = alquería en la colina
Aguirre = descampado, libre de maleza
Alzate = entrada al alisal
Aranzazu = robledal ancho
Argáez = peña de difícil acceso
Arizabaleta = robledal ancho (lo mismo que Aranzazu)
Bolivar = molino en la ribera
Robledo = parque de robles
Uribe = Parece que proviene de la palabra Oribe. Quiere decir en la antiquisima e
impenetrable lengua vasca, 'los de abajo'. La diminuta villa de Santa Eulalia (en
Mondragón, por San Sebastían) estaba rodeada de casonas de labriegos del campo que
alojaban familias enteras, a la usanza de la región. Situadas en Colinas, cuando alguien
quería llamar al granjero desde el pueblo, que quedaba y aún queda ligeramente más alto
que la casa, le gritaba '!uribe, uribe!' Es decir, 'los de abajo, oigan los de abajo'.
Variantes del apellido Uribe dispersos por el país vasco (Mondragón, Oñate, Azcoitia,
Lenis) son: Oribe, Uribarren, Uribarrena, etc.
PROVENIENTES DE EXPRESIONES:
Abad: Es Vasco y proviene del siriaco abba (Padre o Sacerdote).
Belalcazar: Proviene del arabe ben-alcazar (hijo de alcázar).
PROVENIENTES DE ADVOCACIONES RELIGIOSAS:
Santa María, Santa Cruz, Santa Clara, San Pedro o Sampedro, Santodomingo, Santa Fe,
Ángel, de Dios, de Jesús, etc.
PROVENIENTES DE APODOS:
Abarca, Paniagua, Bravo, Franco, Cabrera, Mora, Guzmán, Hurtado.
PROVENIENTES DE OFICIOS:
Sastre, Carpintero, Herrero, Zapata, Serrador, Molero, etc.
Botero: Este apellido lo trajo a Colombia un italiano. En el idioma español tiene varios
significados. Botero Significa marinero que conduce un bote. Otro significado es la
persona que hace, adereza o vende botas ó pellejos para vino, vinagre, aceite,
etc..
DERIVADOS DE RASGOS FÍSICOS:
Delgado, Calvo, Sordo, Cojo, Viejo, etc.
DERIVADOS DE SITIOS DONDE ABUNDABAN DICHAS PLANTAS O ANIMALES:
Toro, Espina, Ortega
EL SOLAR:
Una de las condiciones del hidalgo es ser hombre de solar conocido.
Pero mucho mas allá del precepto legal de poseer solar conocido para
gozar de la hidalguía, la casa es uno de los elementos claves que conforman la mentalidad
aristocrática. Como señala J. Heers " el símbolo definitivo de la unión de los
clanes familiares lo constituyen, además del apellido y de las armas, la casa. El palacio
de la ciudad, amurallado casi siempre y rodeado por otros palacios pertenecientes a los
aliados, y por las viviendas de los clientes, conserva todo el prestigio de un castillo
feudal erguido suntuosamente sobre su rocca".
La casa es el símbolo mas elocuente del poder del linaje y el marco de
sus relaciones sociales. Barrantes Maldonado, cronista de la casa de Niebla, señala como
causa fundamental de la enemistad entre el Conde Don Enrique y su hermano Alonso Pérez,
Señor de Lepe y Ayamonte," el gran deconoçimiento que este su hermano le hazia en
no venir a su casa ni sé tratar con él, sino como extraño...". El olvido de la
casa solar sería la prueba irrefutable del desconocimiento de la autoridad del pariente
mayor que en ella residía y grave peligro para la solidaridad del clan. Por el contrario,
frecuentar la casa del pariente mayor es mantener encendido el fuego de la unidad a
través de la inmersión en el contorno familiar. El solar del linaje no es solo la
residencia, sino también punto de encuentro de parientes y allegados, ágora donde se
discuten todos los temas desde los más frívolos a los mas graves, y ofician desde donde
se despachan todos los negocios familiares. Servidores, vasallos, amigos, peticionarios de
mercedes etc.
La casa es, por tanto, factor de estabilidad en el linaje, pero
también prueba decisiva de la continuidad con los ancestros.
LOS TÍTULOS:
La posesión de un titulo supone no solo la ascensión del ultimo
peldaño en el proceso de caracterización de un linaje, sino el reconocimiento a escala
nacional de que el distinguido ha superado definitivamente el marco de la nobleza media,
el estrato de los señores de vasallos y de la aristocracia urbana, para inscribirse en
nobleza titulada, cúspide de una sociedad en la que la jerarquía, rebosante de matices,
no cesa de crear diferencias de rango y calidad.
Referencia: http://personales.com/espana/alicante/heraldica/enlaces.htm