MUSEO
Al
no estar decapitadas muchas de las estatuas del Museo, éste es el lugar donde
podremos ver los
rostros de los antiguos palmirenses. Y por estar menos martilleadas,
podremos admirar sus joyas, peinados, ropas y calzados. Las esculturas son
hieráticas: recuerdan al estilo romano tardío, al bizantino o incluso al
románico. Son desproporcionadas, las cabezas no casan bien sobre los hombros, y
los retratos son deficientes en comparación a los coetáneos romanos. La
influencia del arte parto se deja notar. Pero los ropajes, diademas y tocados
son exuberantes y proporcionan todo su encanto a estos seres que si juzgamos por
sus efigies, o más bien por la escasa pericia del retratista, pueden parecer por
lo demás inexpresivos.
Una estatua helenizante de Allat-Palas, copia de Fidias, rota en mil pedazos y
reconstruida, apareció en el templo de Allat, al pie del Campamento de
Diocleciano. Su doble advocación a una diosa árabe preislámica (Allat, nombre
que prefigura el de Allah en el mahometanismo), y a la diosa griega Palas,
ilustra sobre el sincretismo entre cultos clásicos y orientales en esta
encrucijada del mundo antiguo. (Otro ejemplo cercano es el de las estatuas de
dioses en la cima del Nemrut Dagi, en Comagena, actual Kurdistán turco, cuyo
mestizaje de estilos y dioses, barridos como están por el viento del este y el
viento del oeste, recuerda en más de una ocasión al que se produce
constantemente en Palmira, ciudad-estado en medio de dos imperios).
En una vitrina se exhiben trozos de telas de seda de China; los motivos
decorativos de estos tejidos se trasladaron a los frisos de piedra palmirenses:
por ejemplo, como se puede ver en fotos comparativas, al Arco de Triunfo, cuyas
tallas en el intradós de motivos geométricos entrelazados, hexágonos y rosetas
se parecen a los bordados en las sedas.
En el jardín exterior se conservan algunos sarcófagos casi enteros, con toda la
familia del difunto reunida para el banquete funerario, y otras estatuas
curiosas, como un enorme y amenazador
león
que apresa bajo sus garras a un orix (especie de antílope abundante en Cercano
Oriente) de esbeltos cuernos, de una factura distinta a la de otras tallas; mide
3,5 m de alto y está fechado en tiempos de Cristo. Los fragmentos de esta
escultura fueron encontrados en el temenos del Templo de Allat y reconstruidos
junto a la puerta del museo, cual si fuera guardián de la entrada. Una
inscripción reza: 'Allat bendiga a quien no derrame sangre contra el templo'.