TEMPLO DE BAAL- SHAMIN

 

El bien conservado Templo de Baal-Shamin conjuga la elegancia de sus proporciones (pequeñas por otro lado, en comparación a las colosales del templo de Bel) con la delicadeza de sus detalles decorativos. A uno y otro lado de la cella se abren dos amplias plazas porticadas, cuyas columnas, al no estar enteras y haber sido pese a ello relevantadas y coronadas de sus correspondientes capiteles, adoptan un porte rechoncho, disonante con la armonía clásica de todo el entorno. Una vez más se sienten los aires del Nilo: algunos de los capiteles recuerdan el estilo de los templos de la Baja Época egipcia. Otro detalle digno de referencia son las estatuas de personajes con toga, muy desgastadas y sin cabeza, que se hallan colgadas a media altura de algunos fustes, sin bases donde apoyar los pies, formando una sola pieza con el tambor.
   Baal-Shamin era un dios de origen fenicio, que disputaba la importancia y rango al mismísimo Bel. Como Bel, también formaba tríada, compartiendo su santuario con los locales Aglibol y Malakbel, y fue asimilado a Zeus por los griegos. Calificado de 'Señor de los Cielos', se le representaba como una gran águila cuyas alas extendidas cubrían el sol, la luna y las estrellas. Sus símbolos eran el rayo y la espiga.
   Su templo, reconstruido en el 139 d C sobre el emplazamiento de otro anterior, presenta la típica estructura romano-siria, con pórtico in antis de cuatro columnas monolíticas en primera fila, dos detrás (todas con sus consabidas peanas al gusto del lugar), y pilastras adosadas a los muros laterales. El interior contiene al fondo un barroco tinglado arquitectónico, a modo de escenario o proscenio teatral, que sería una pantalla de separación entre la cella y el adyton, con nichos en forma de concha exuberantemente esculpidos y enmarcados por estilizados pilares corintios; su planta adquiere forma semicircular en el centro, evocando un ábside. Al parecer, se trata de un elemento único en la arquitectura clásica sin nada que se le parezca en la civilización grecorromana.
   Un árbol aporta un toque de vida al antaño sagrado y hoy fantasmal recinto: ha echado sus raíces en el sancta-sanctorum, sus ramas se enredan con el prolijo catafalco, y la copa sobresale por encima del tejado ausente. El templo debe su buen estado de conservación al hecho de haber sido reutilizado como iglesia en la época bizantina.