VIVIENDAS
A
cien pasos de allí puede admirarse un buen ejemplar de casa con peristilo, uno
de los pocos restos en pie en el área al norte de la columnata central, que
habría sido un barrio de casas de nobles. Bien urbanizado, con trazado recto en
sus calles y casas, responde al tipo de urbanización ortogonal que inventaron
los arquitectos jonios (Mileto, Priene) de 500 años antes, que prosiguieron los
romanos, y que hoy perdura sólo en el pueblo nuevo de Tadmor, como el tejido
urbano más cartesiano, más opuesto al de la ciudad de crecimiento espontáneo
cuyo prototipo serían las laberínticas medinas árabes.
Sin embargo, la linealidad del trazado en parrilla de este barrio no debe
llevarnos a engaño en cuanto a las características generales del tejido urbano
de Palmyra en su conjunto, que en el fondo, y pese a lo que pueda parecer a
primera vista, no respondía a las normas de planificación callejera y monumental
de las ciudades clásicas grecorromanas, sino que se amoldaba a pautas más
flexibles, más en consonancia con los usos y tradiciones de las diversas
poblaciones beduinas y nómadas que habitaban Tadmor.
Aquí
no veremos cardos ni decumanos romanos, sino una gran avenida zigzagueante que
atraviesa la ciudad de parte a parte, y que no es cruzada por ninguna otra calle
importante. El Tetrapylon, que en otras ciudades marca una encrucijada de vías,
aquí tiene un sentido más bien decorativo, pues sólo confluyen en él tres
calles. Las vías que parten de la gran avenida columnada no lo hacen en ángulo
recto. Los edificios monumentales como el Templo de Nebo, el Teatro o el Ágora
no se alinean paralelos al trazado de la avenida ni de las otras calles. Sólo el
gran cuadrilátero del temenos del Templo de Bel está exactamente orientado en
dirección norte-sur.
Cada casa formaba parte de manzanas delimitadas por calles rectas, y si bien no
presumía cara al exterior de gran profusión de lujos -a lo sumo un primoroso
dintel sobre la puerta de entrada-, el interior era un pequeño oasis doméstico
aislado del trajín urbano. Era la típica casa mediterránea, como las que se
pueden visitar a decenas en Pompeya, la misma tipología de mansión que los
musulmanes prósperos heredaron de los romanos prósperos: con habitaciones en
torno a un patio central cuadrado ceñido de un pórtico de columnas corintias.
Precisamente este peristilo (un cuadro de columnas solitarias que sostienen un
arquitrabe cuadrado, una figura prismática que surge de la nada en una pelada
llanura) es lo único que subsiste de algunas de las lujosas mansiones patricias
palmyrenses del barrio. Son esqueletos de mármol dorado, y paseándose por las
intercostales de tan egregias villas no es difícil imaginar su grado de confort;
otro poco de esfuerzo mental y ya creeríamos oír en la lejanía del tiempo el
cantar del chorro en medio de un estanque central tapizado de reverberantes
mosaicos, un fresco bálsamo familiar en el riguroso clima del desierto sirio.