“Retórica y religión en una poética hispano-latina de finales del Quinientos”, en Actas del I Encuentro Interdisciplinar sobre Retórica, Texto y Comunicación, Cádiz, 1994, pp. 180-184.
Resumen del contenido:
Bartolomé Bravo (Martín Muñoz de las Posadas, 1550 – Medina del Campo, 1607), y en 1572 ingresó en la Compañía de Jesús, en la que profesó los tres votos el año 1592. Durante la mayor parte de su vida se dedicó a enseñar la lengua latina a los jóvenes seminaristas jesuitas en Salamanca y otras escuelas de Castilla.
Fue encargado además de redactar muchos de los manuales destinados a la adquisición del dominio práctico de esta lengua en las escuelas de la Compañía, de los que conocemos casi un centenar de impresiones hasta el s. XIX. Además del Liber de arte poetica (Salamanca, 1593), Bravo dedicó al obispo de León otros dos libros: De arte rhetorica o De arte oratoria (Medina del Campo, 1596) y De conscribendis epistolis (Pamplona, 1589), que incluyen Progymnasmata sive proexercitationes Oratoriae, cum singulis cuiusque progymnasmatis exemplaribus.
Compuso además un Liber de octo partium orationis constructione (Medina del Campo, 1600), y un Thesaurus verborum ac phrasium ad orationem ex hispana latinam efficiendam (Pamplona, 1590), compendio del libro de Mario Nizolio que, completado y acompañado en algunas ediciones con un Dictionarium plurimarum vocum quae in Ciceronis scriptis desiderantur y otros trataditos, fue la obra de nuestro autor que tuvo un mayor éxito editorial.
El Liber de arte poetica contiene en primer lugar un tratado completo de prosodia y métrica latinas, seguido de un tratado de poética. El segundo libro, De optimo genere poematis, es una poética tradicional de cuño horaciano, que sigue muy de cerca el Libellus de carminibus ad veterum imitationem artificiose componendis de Jorge Sabinus (Leipzig, 1551).
Aunque el jesuita no mencione siquiera al célebre yerno de Melanchthon, las numerosas coincidencias textuales entre ambas obras no dejan lugar a duda sobre su modelo. Ello prueba que una misma obra podía servir entonces tanto a católicos como a protestantes para defender sus creencias particulares.
Joaquín Pascual Barea