Pedro Serrano: maestro de Montano en Alcalá

* “Benito Arias Montano y el teólogo Pedro Serrano, obispo de Coria”, Revista de Estudios Extremeños, 52 (1996), 869-882.

            Resumen del contenido:

 

         Pedro Serrano, natural de la localidad cordobesa de Bujalance, fue colegial en el Colegio Mayor de San Ildefonso en Alcalá de Henares y cura en la iglesia de Santa María la Mayor, donde bautizó el día nueve de octubre de 1547 a Miguel de Cervantes.

 

         Con Serrano, doctor en Sagrada Teología, entabló poco después Benito Arias Montano una pronta amistad que duraría treinta años, y de la que tenemos el testimonio de un epigrama y unos regalos del extremeño a su compatriota bético.

 

         Serrano fue compañero de Juan Ginés de Sepúlveda, con quien en 1554 mantenía una correspondencia sobre la posibilidad de salvación para quienes vivan de acuerdo con los preceptos filosóficos y la ley natural, formulada en la Ética a Nicómaco de Aristóteles. Esta obra debía de utilizarla Pedro Serrano en sus clases de Filosofía Moral, lo que explica que mandara imprimir en Alcalá en 1556 sus comentarios al libro primero: Commentaria in primum lib. Ethicorum Aristotelis ad Nicomachum autore doctore Petro Serrano Cordubensi, philosophiae moralis apud Complutenses professore.

 

          Hacia 1560, Montano iba  concluyendo su Retórica, y dedica unos versos a sus amigos y maestros cordobeses Pedro Serrano y Ambrosio de Morales:

 

“Tú también, Morales, la mitad de mi alma, y tú,

que eres la otra, Serrano, y los dos las prendas con cuyo

auxilio,  su antiguo renombre y sus viejas ruinas,

pretende restaurar hace ya tiempo vuestra madre Córdoba.”

 

           En 1563 Serrano, publicó además en Alcalá unos Commentaria in Apocalypsim Beati Joannis Apostoli et Evangelistae y fue cogiendo fama hasta alcanzar la dignidad de canónigo y de abad mayor de la iglesia colegial de los santos Justo y Pastor. En 1567 consiguió arrancar al obispado de Huesca parte de las reliquias de los niños mártires Justo y Pastor para traerlas a Alcalá. El doctor Serrano formó parte de la comisión oficial de teólogos encargada en Alcalá de examinar la edición de la Biblia Políglota que dirigía Arias Montano en Amberes desde 1568, advirtiéndole con prudentes consejos “de la creciente sospecha con que los conservadores veían toda investigación bíblica.”

 

         De la impresión de los dos siguientes libros de Serrano, dedicados a Felipe II, se ocupó el propio Cristóbal Plantino en Amberes en 1572: In Levitici lib. Commentaria, y Commentaria in Ezechielem Prophetam. Serrano aprovechó para ello la mediación de Montano, como revela una carta del propio Plantino al “reverendo y doctisímo” Serrano, quien sigue fundamentalmente los métodos tradicionales de tipo alegórico y simbólico, en lugar de la interpretación literal a partir de criterios históricos y filosóficos y de la razón, como hizo Montano.

 

         El obispado de la diócesis de Coria, recompensa por la dedicatoria de esta obra al rey y por otros servicios, como el traslado de las reliquias y los informes sobre la Biblia, le llegó a Serrano demasiado tarde el once de noviembre de 1577, aunque ello no afectó al entusiasmo con que asumió su tarea. A finales de febrero de 1578, Montano escribió a Zayas desde Lisboa, contándole que había llegado el día veinte tras diecisiete días de viaje,  tras pasar dos días en Toledo, medio día con Ambrosio de Morales en La Puente del Arzobispo, y “hallé al Obispo de Coria en El Cañaveral, que anda visitando su Obispado con mucha diligencia: persuádome de cuanto dél conozco que se gobernará bien, en temor de Dios y modestia y caridad.” En estas palabras nos dejó Montano un breve elogio de las virtudes morales y religiosas de su amigo Serrano, quien falleció el 22 de octubre de ese año, dejando en el sagrario de la catedral sus numerosas joyas.

 

                                                         Joaquín Pascual Barea


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