Normalmente se da como explicación a la abundancia de imágenes monstruosas en las iglesias románicas la superstición del año 1000, lo que se ha dado en llamar los terrores del año 1000. Esta teoría supone que los cristianos del año 1000 vivían aterrorizados porque creían que iba a llegar el fin del mundo en un año tan redondo como el 1000, y por que en el Apocalipsis se habla de reinados de mil años, y cosas así. Estos terrores se extenderían desde el año 1000 al 1033. Lo cierto es que esta teoría no aparece hasta el siglo XIX, de la mano del romanticismo, y eso, de por sí, es sospechoso. No se conoce más que un escrito de la época (un sermón) que haga referencia a tal asunto. Además, los cristianos del año 1000 no tenían estaban preocupados por en qué año vivían. En algunas partes ni siquiera usaban la era cristiana para contar los años. Por otra parte la manera de referirse a un día concreto era aludiendo al santo que se conmemoraba, hoy es el día de san Froilán, por ejemplo, y todos sabían qué día era. Existen santorales en todas las ciudades que marcan la fecha. Así pues, por mucho que se diga, el año 1000 no tuvo ninguna influencia sobre el arte.
¿Y porqué esa abundancia de formas monstruosas? La verdad es que no hay tal profusión. Sólo hay que visitar los templos para comprobarlo. Por una parte hay una moda orientalizante, donde las formas mitológicas son abundantes, y por otro lo que ocurre es que están en la entrada de los templos y se ven mucho. Pero están en la entrada de los templos porque la entrada está al oeste, el ocaso del sol, y es sitio en el que simbólicamente se representa el Juicio Final. Al este, en el ábside del altar se representa la creación y el Génesis, en la fachada sur (la que le da el sol) el Nuevo Testamento, y la fachada norte (la que está en sombra) el Antiguo Testamento. Es pues un espacio simbólico.
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