Calendarios y eras

La reforma del calendario gregoriano

    El calendario gregoriano tiene algunos defectos, los principales de ellos son la diferente duración de los meses, y que tiene una diferencia con el año real de 25,96 segundos, por lo que desde 1582 se han acumulado 2 horas 12 minutos y 12 segundos de retraso, y en el 4909 sumará un día entero. Otro defecto, aunque menor, es que las semanas no se corresponden con los meses, y para el calendario eclesiástico la variabilidad del día de Pascua.

    Para corregir estos defectos se han propuesto varios calendarios:
    El calendario fijo internacional propone dividir el año en 13 meses de cuatro semanas cada uno (28 días). El mes comenzaría el domingo, y el primer día del año sería festivo y no pertenecería a ninguna semana. Lo mismo sucedería con el día bisiesto cada cuatro años, que se añadiría al mes de junio.

    El calendario universal contiene cuatro trimestres de 91 días. El primer mes de cada trimestre comenzaría en domingo y tendría 31 días, el segundo comenzaría en miércoles y tendría 30 días y el tercer mes comenzaría el viernes y tendría 30 días. El primer día del año sería festivo y no pertenecería a ninguna semana, al igual que el día bisiesto, que se añadiría al mes de junio.

    La cuestión es muy difícil de resolver ya que el número de revoluciones no es exacto, y en todo caso, cada cuatro años abría que insertar un día que no correspondería con nada. El problema es que el año dura 365 días y cuarto, así que es necesario considerar que tiene 365 días y añadir uno más cada cuatro años, lo que complica cualquier sistema de regular días, semanas y meses. 365 sólo es múltiplo de 5, lo que da 73 semanas de cinco días, y 73 es un número primo. Por supuesto no es posible un día ponderado, para distribuir el resto de las 5 horas, 48 minutos y 45,51 segundos entre todos los días del año, ya que los pequeños errores acumulados provocarían que el mediodía se retrasase cada vez más (5 horas, 48 minutos y 45,51 segundos al año).

    En el fondo la cuestión es más psicológica que otra cosa, ya que no importa que las semanas vayan acompasadas con el comienzo de los meses. Quizás sí convendría devolver el día sustraído a febrero por Augusto, y volver a la distribución creada por Julio Cesar.

    También está el molesto asunto de año cero, que al no existir obliga a comenzar los siglos en el 01 en lugar de en el doble cero, mucho más bonitos para celebrar un comienzo de siglo. Aunque no es una cuestión fácil de resolver, ya que se necesitaría un año cero d.C., y un año cero a.C. Por otra parte, si bien es cierto que desde el punto de vista matemático y cronológico los siglos comienzan en el 01 para la Historia los siglos van desde el 00 hasta el 99, de la misma manera que las décadas van desde el 0 hasta el 9 (años veinte: 1920-1929). Para la Historia no tiene mucha importancia que el siglo primero tenga 99 años. Algunos historiadores, incluso, afirman cosas como: «El siglo XX va desde 1914 a 1991», es decir, desde la caída de la diplomacia decimonónica hasta la caída de la Unión Soviética.

    En la actualidad el tiempo no se mide por la trayectoria de la Tierra ni la Luna, sino por las oscilaciones de los átomos de cesio 133. Un segundo era 1/86.400 partes del día solar medio, o lo que es lo mismo 1/31.556.925,9747 partes de año, pero en 1967 se determinó que el cesio 133 oscilaba 9.192.631.770 veces en un segundo. Desde 1972 esta es la medida oficial del tiempo: Tiempo Universal Coordinado (TUC), que se determina teniendo en cuenta la hora dada por los relojes atómicos, Tiempo Atómico Universal (TAU). Un año ya no tiene de 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45,51 segundos, sino 290.091.200.500.000.000 oscilaciones del átomo de cesio 133, más o menos. Y es que las oscilaciones de la Tierra hacen que se adelante o se atrase algunas milésimas de segundo en su órbita. De vez en cuando hay que añadir o restar segundos, cosa que se hace al final del año. Estas precisiones son muy importantes para el desarrollo de las altas tecnologías, aunque, la verdad es que el calendario funciona a una escala que no necesita de tantas puntualizaciones, ni de las exactitudes de Einstein.


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