El día civil comenzaba con la puesta del sol. Se dividía en tres partes: boquer (mañana), tsohorayim (mediodía) y céreb (tarde). Sin embargo, en los textos sagrados el día iba desde la salida a la puesta del sol y se dividía en cuatro partes de tres horas cada una: primera, tercera, sexta y novena. La noche se dividía en tres velas: desde la salida de las estrellas a media noche, de media noche al canto del gallo y del canto del gallo a la salida del sol. Al depender las horas de la duración del día tienen diferentes lapsos de tiempo según las épocas.
Los hebreos dividieron la semana en siete días dándoles un sentido religioso, por lo que tenían un día de descanso: el sabat (reposo). El mes comenzaba con el creciente lunar. Los nombre de los meses hebreos son los mismos que los del calendario judío moderno: tisheri (30 días), jeshvan (29), kislev (casleu) (30), tevet (29), shevat (30), adar o adar I (29 días en los años comunes y 30 días en los años embolismales), el intercalar adarbet o adar II, (29) nisan (30), iyar (29), sivan (30), tamuz (29), av (30) y elul (29).
El cómputo de los años hebreos fue variable. Antes de la conquista de Alejandro se contaban los años de los reinados. Tras la conquista se usaba la era Selyúcida: 311 años a.C.
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