La Inquisición es una institución judicial creada por el pontificado en la Edad Media para localizar, procesar y sentenciar a las personas culpables de herejía. Así, sólo puede procesar a cristianos y no a judíos ni musulmanes. La Inquisición nace en 1231 con el papa Gregorio IX.
La jurisdicción de la Inquisición alcanzaba a todos los cristianos, independientemente de su nivel social (que perteneciese al pueblo llano, la nobleza o el clero) e independientemente de en qué reino se estuviese. En la Edad Media dependiendo del estamento social al que perteneciese una persona y de su lugar de nacimiento los reyes tenían que aplicar unas leyes diferentes; leyes, que dependían de la voluntad de los nobles. Pues bien, a finales del siglo XV, justo con el comienzo del renacimiento, los reyes tratan de recuperar su poder sobre todos sus súbditos, y la Inquisición es el único instrumento legal que les permite hacer esto. Por eso la Inquisición entra en todos los países y es protegida por todos los reyes.
La Inquisición española se fundó en 1478 a propuesta del rey Fernando V y la reina Isabel I. Para poder aplicarla a todo el que viviese en España los Reyes Católicos promulgan la pragmática (una ley) de conversión forzosa. Así, judíos y musulmanes deben convertirse al cristianismo o marcharse. En 1492 los judíos que no se han convertido son expulsados. Los musulmanes, mayoritariamente, se convierten (moriscos), junto con algunos judíos. Son los cristianos nuevos, pero la sociedad sospecha que esta conversión no ha sido sincera, y en algunos casos no lo era. Como oficialmente ya eran cristianos se la Inquisición tenía poder para actuar contra ellos. Las tensiones con los moriscos se irán acentuando hasta su expulsión en 1609. A partir de entonces en España la Inquisición luchó contra los luteranos. No fue suprimida hasta 1843.
Una vez recuperado el poder absoluto por los reyes la Inquisición perdió su función como ley universal aplicable a todos, aunque se seguía manteniendo porque las leyes particulares de los diferentes reinos seguían existiendo. Sin embargo, en el siglo XVI (1517) aparece un nuevo peligro: el protestantismo. El protestantismo es un peligro para la Iglesia porque con él la unidad de cristianismo y la obediencia al papa se resquebraja; y es un peligro para los reyes absolutos porque hace del príncipe de cada territorio jefe de la Iglesia, con lo que se vuelve a perder el control sobre la nobleza. Fíjate como el protestantismo prende en los países en los que el feudalismo está más arraigado (Alemania) y no prende en los países más organizados (España, Francia e Inglaterra, que crea su propia Iglesia pero con otros motivos). Desde entonces la Inquisición se dedica a perseguir protestantes, ya que son súbditos que no aceptan la autoridad del papa ni del rey.
También los protestantes tienen su Inquisición. Hay que tener en cuenta que en el protestantismo (en el protestantismo del siglo XVI, no en el actual) es obligatorio que los súbditos tengan la misma religión que el príncipe, por los mismos motivos que los Reyes Católicos promulgaron la pragmática de conversión forzosa y se expulsó de España a judíos y moriscos. Sin embargo, no era tan fácil obligar a esa conversión. No porque el príncipe se convirtiese al protestantismo (lo hacían mayoritariamente por motivos políticos, al convertirse en jefes de la Iglesia) los súbditos aceptaban de buena gana la nueva religión. Así, la Inquisición protestante luchó contra los falsos conversos, los que seguían siendo católicos. A diferencia de al Inquisición católica, a la que todos temían pero no más que cualquier otro proceso judicial penal, la Inquisición protestante desencadenó una auténtica campaña de terror para asegurarse de la conversión de todos los súbditos del príncipe. Su labor fue muy efectiva y por eso desapareció antes que la Inquisición católica.
La Inquisición como tribunal judicial desapareció con la Revolución francesa pero en la actualidad se ha transformado. El actual Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe es el heredero directo de la Inquisición. Su director (Prefecto), en el 2005, es el cardenal Ratzinger.
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