La repoblación se hará siguiendo las pautas del Derecho romano, puesto que hay había tenido lugar la recepción. En el proceso se distinguen cuatro periodos: la repoblación hasta el Duero, la repoblación hasta el Sistema Central, la repoblación de la submeseta sur y la repoblación de Andalucía y Murcia. Además, se diferencian tres ámbitos de avance: uno al oeste, el de los reinos de León y Castilla; y dos en el este, el de Navarra y Aragón y el de los condados catalanes, que desde 1131 es el mismo. En 1151 las coronas de Castilla y Aragón se reparten las zonas de expansión, en Tudillén. Este tratado se modificará en 1179 en Cazorla para suprimir el homenaje de los reyes aragoneses a los castellanos.
La ocupación se realizó de tres formas principales: por cesión del rey a los nobles que le prestaban servicios militares, por repoblaciones eclesiásticas de pequeños monasterios, y por repoblaciones de pequeños agricultores que se acogerán al derecho de presura. Estas últimas lograron escapar a las propiedades nobiliarias gracias a su condición de aldeas y comunidades de campesinos libres, con entidad jurídica propia. Estas eran las aldeas de behetría, que podían elegir a su señor. Las dos primeras modalidades fueron más comunes en la expansión galaico-leonesa, mientras que la tercera fue más propia del espacio castellano.
En Navarra y Aragón la repoblación fue un proceso más complicado, puesto que sus zonas de expansión, lejos de estar deshabitadas, eran uno de los países más densamente poblados de la península: el valle del Ebro. Sólo en los valles del Pirineo tuvieron el protagonismo de la repoblación los campesinos. El peso de la repoblación de la frontera lo llevó: la nobleza guerrera en el caso aragonés, y los grandes monasterios en el caso navarro. Eran concesiones del rey.
En Cataluña, en el siglo X, el peso de la repoblación lo llevaron los pequeños agricultores, recurriendo al derecho de aprisio (la presura castellana). Los espacios sobre los que se extendieron fueron las llanuras costeras del Penedés, el Vallés y el Ampurdán. Pero a diferencia de las aldeas castellanas, las catalanas cayeron bajo el dominio de un señor feudal que ocupaba un castillo y que ejerció sobre ellas amplios poderes, hasta llegar a los malos usos.
La repoblación del valle del Ebro por parte de Cataluña y Aragón tienen rasgos distintos con la castellana, ya que este era un territorio muy poblado; y los naturales eran musulmanes. Todas las ciudades conquistadas tuvieron actas de capitulación en las que se establecía que la población musulmana debía abandonar su recinto amurallado en un plazo de tiempo, aunque conservaban sus propiedades, sus costumbres y su legislación. La zona conquistada tras la formación de la Corona de Aragón se conocerá como Cataluña la nueva, en donde no se impondrán los malos usos como en Cataluña la vieja, debido a los fueros favorables que se concedían. Los cristianos que se establecían en esta zona lo hacían por concesión real.
Así pues, sólo en las zonas más despobladas del valle del Duero y del Ebro, y sólo en los primeros momentos de la Reconquista se dio el caso de la repoblación espontánea por presura o aprisio. Las demás necesitaban concesión real y estaban planificadas, tanto en caso de que los protagonistas fueran civiles (repoblación concejil o municipal), como si fueran nobles (repoblación nobiliaria) o como si fueran órdenes monásticas (repoblación eclesiástica) que podían ser militares o no.
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