Tema 17
La península ibérica: relieve, clima y vegetación. Diversidad regional de la España peninsular e insular

Última revisión junio del 2008. Ver un resumen.

Introducción *
El relieve *
Estructuras del relieve *

El macizo ibérico *
Las cuencas sedimentarias *
El Sistema Central y los Montes de Toledo *
El macizo galaico-leonés *
El macizo central asturiano *
La Cordillera Cantábrica *
El Sistema Ibérico *
La orogenia alpina *
La fosa del Ebro *
La fosa del Guadalquivir *
El Pirineo *
Las Béticas *
Canarias *
El clima * Las precipitaciones en la península *
Regiones climáticas *
Clima marítimo de la costa oeste *
Clima mediterráneo continental *
Clima mediterráneo costero *
Clima mediterráneo del suroeste *
Clima subtropical seco *
Clima tropical seco y húmedo *
Clima de montaña *
La vegetación *
Bibliografía *

Tema

Introducción

     La península ibérica es un país mediterráneo, tanto por su ubicación como por su orientación, su organización y su entorno cultural. Sin embargo, la península también recibe la influencia atlántica gracias a los vientos del oeste que le llegan desde el océano. Debido a su forma y su relieve, el clima de la península no es típicamente mediterráneo, sino que tiene diversos grados de continentalidad.

     La estructura tectónica del país nos permite diferenciar diversos paisajes según estén orientados al Atlántico, al Mediterráneo, en la costa o en el interior.

     Pero la península no es el único dominio de España. Las islas Canarias se encuentran en un sistema biogeográfico diferente: son un territorio volcánico y tropical en el Atlántico.

El relieve

     La península ibérica se organiza en torno al macizo hespérico, o zócalo ibérico de origen herciniano, formado en el Paleozoico. El zócalo ibérico está compuesto por las raíces graníticas de las cordilleras que se formaron durante el Precámbrico. Este macizo es la raíz de la antigua cordillera, y forma el fondo de un geosinclinal que acumula materiales pizarrosos hasta el Silúrico, y calizos durante el Devónico y en el Cámbrico. Estos materiales sufren procesos metamórficos para convertirse en gneis y granitos. Este geosinclinal pierde profundidad y se colmata. Durante la orogenia caledoniana la sedimentación se ve alterada, pero no del todo interrumpida.

     Durante la orogenia herciniana, a finales de la era Paleozoica, los materiales acumulados emergen como una cordillera, con una dirección dominante NO-SE. La fase principal se produjo durante el Carbonífero. El plegamiento fue tan intenso que hubo fenómenos de vulcanismo y erupciones de rocas plutónicas, principalmente graníticas. Esta cordillera deja un profundo geosinclinal, el mar de Tetis, que le separa de la placa africana. Del otro lado otro geosinclinal, el de la cuenca central asturiana-Pirineos que le separa de las formaciones europeas. Estos geosinclinales se colmatarán a partir del Mesozoico.

     El Mesozoico es una etapa de sedimentación. A comienzos de esta era la cordillera herciniana está totalmente arrasada y convertida en una penillanura. Durante todo el período tienen lugar movimientos epirogénicos y transgresiones y regresiones marinas. La penillanura queda fosilizada por los sedimentos que se depositan durante el Mesozoico. En las áreas cubiertas por mares de poca profundidad, los materiales que se depositan son finos: arenas, conglomerados, calizas y margas. En las zonas continentales los materiales son algo más gruesos, pero los espesores son finos, ya que la pendiente es pequeña. Existen lagunas estratigráficas, debido a los períodos de regresión y transgresión marina. Durante las etapas de regresión los materiales que se depositan son más groseros. Durante las de transgresión, en cambio, los materiales depositados son más finos: margas, arcillas, yesos, sales y calizas.

     La cobertera, a comienzos del Terciario, era muy potente, sobre todo en los grandes geosinclinales, que están casi colmatados. Aunque la mayor parte del Terciario es de calma tectónica, a mediados del mismo se produce la gran orogenia alpina, responsable de las grandes líneas del relieve actual en casi todo el mundo. La orogenia alpina tiene lugar por el desplazamiento hacia el norte de la placa africana, que comprime los materiales acumulados en los geosinclinales del mar de Tetis y la cuenca central asturiana. Tiene una dirección dominante NE-SO. La orogenia alpina es la responsable de las cordilleras y las cuencas interiores que tras ellas se forman: la Cordillera Cantábrica, los Pirineos y el sistema bético. También es responsable de las depresiones que surgen entre las cordilleras y el zócalo, como: la depresión del Ebro y la depresión bética. Estas depresiones se irán colmatando con el tiempo, ya que al principio estarán ocupadas por el mar.

     Además, se rejuvenecen las antiguas cordilleras hercinianas por el levantamiento de los bloques fracturados, como los Montes de Toledo, el Sistema Central, el Sistema Ibérico, el macizo central asturiano o los montes Galaico-Leoneses. Este rejuvenecimiento dará lugar a relieves apalachenses y, también, de horst y graben.

     Con la aparición de estos relieves, en el zócalo, se individualizan una serie de lagos interiores que acumularán margas, arcillas y calizas. Son dos los lagos importantes, uno al norte y otro al sur. Ambos se colmatarán en el Pontiense con calizas. El del norte está algo más elevado que el del sur. Tras el fin de la orogenia, la península sufre una serie de reajustes epirogénicos que terminan por volcar el macizo hacia el oeste. Este vuelco permite que los lagos interiores se vacíen y se inicie una intensa erosión de los mismos. El lago norte sufrirá una mayor erosión, por estar más elevado. Además, los movimientos epirogénicos permiten la activación de fracturas, sobre las que surgirán relieves volcánicos.

     Durante el resto del Terciario y el Cuaternario la erosión continental es muy intensa, ocultando en parte los relieves alpinos. En este período se depositan, en las zonas más bajas, potentes capas de derrubios continentales, que los tapan.

     Los movimientos epirogénicos postalpinos generan regresiones marinas que alejan la línea de la costa hasta los límites actuales, aproximadamente. La erosión cuaternaria retoca el conjunto de manera importante, sobre todo durante las glaciaciones. Se pueden observar, en las regiones montañosas, restos de erosión glaciar, distintos niveles de terrazas y derrubios fluviales, y en las costas distintas líneas de playa y plataformas de abrasión debidas a las regresiones marinas.

     En resumen: el relieve peninsular se organiza en torno a un macizo herciniano al que rodean relieves rejuvenecidos, cordilleras alpinas y depresiones interiores. En el centro de ese macizo se acumularon depósitos lacustres.

     Caso a parte es el de Canarias. Las islas Canarias es un archipiélago volcánico en plena placa africana. El origen de esa actividad volcánica es incierto. Hay dos teorías: una que afirma que la actividad se debe a una falla transformante que tiene su origen en la dorsal oceánica mesoatlántica; y otra, la más aceptada, que se fundamenta en la teoría del punto caliente. De cualquier manera es un archipiélago muy reciente.

Estructuras del relieve

     Según esta historia geológica, en España podemos diferenciar diversas estructuras de relieve.

El macizo ibérico

     El macizo ibérico es la estructura más antigua, y por lo tanto la que tiene los materiales más duros. Es el soporte de todo el relieve, particularmente de la meseta. El macizo ibérico aflora en la penillanura, en la parte occidental de la meseta. Se subdivide en dos países: uno al norte a unos 800 metros de altitud sobre el nivel del mar, y otro al sur a unos 400 metros de altitud. Ambas formaciones están divididas por el Sistema Central.

     Los materiales que aparecen aquí son metamórficos: granitos, gneis, esquistos y pizarras. Estos materiales han sufrido la erosión diferencial y han formado arenas y margas, particularmente durante las épocas de clima tropical, que se han acumulado en sus cuencas interiores, como la región de Tierra de Barros o la de Ciudad Rodrigo.

     La penillanura está fracturada por múltiples fallas y, frecuentemente, a través de ellas, han aparecido plutones y diapiros, como los de las comarcas de Sayago y Ledesma, Los Pedroches o el Alberche. También han aparecido fenómenos volcánicos como los del Campo de Calatrava. Más en la penillanura norte que en la sur, los ríos se encajan enérgicamente en ella, formando profundos tajos que siguen las líneas de falla, como sucede en los Arribes del Duero o en Alcántara.

     En el macizo ibérico aparecen también relieves residuales de tipo apalachense, como la sierra de Monfragüe, y montes isla que marcan hasta donde llegó la sedimentación de los lagos interiores. Además, está el caso de Sierra Morena, un escalón que cae sobre el valle del Guadalquivir. En realidad se trata del zócalo, levantado y sin deformar tectónicamente, que comunica con el valle.

Las cuencas sedimentarias

     El sector oriental de la meseta está ocupado por materiales procedentes de la erosión lacustre. Al igual que la penillanura está dividida en dos sectores, puesto que se apoya en ella, uno al norte, a 800 metros sobre el nivel de mar, y otro al sur, a unos 300 metros.

     Los materiales que contiene son recientes, del Terciario, y son de facies lagunar: arcillas, margas y calizas. La potencia de las capas es muy grande, aunque no regular. En el centro de la cuenca se encuentran los materiales más finos, mientras que en los bordes encontramos los más groseros y las rañas. La capa superior es caliza, y se depositó durante el Pontiense; mientras que las rañas son arcillosas y se depositaron durante el Villafranquiense. Las rañas sólo se dan en los bordes que ponen en contacto la cuenca sedimentaria con las montañas. Pueden alcanzar altitudes considerables, entre los 900 y los 1.000 metros.

     El relieve de la cuenca sedimentaria es de tipo tabular. Existen páramos calizos y campiña arcillosa, que aparece tras la erosión de la capa caliza. En general, la capa arcillosa se deja ver hacia el oeste, aguas abajo de los ríos, mientras que la caliza surge en la cabecera de los mismos. Sin embargo, en los interfluvios aparecen los oteros, que culminan en una capa caliza. El resto del país es una suave llanura arcillosa. Esta erosión fluvial ha sido más intensa en la meseta norte que en la sur, al estar más elevada. En la meseta sur, predomina los materiales calizos, y por lo tanto en relieve cárstico.

     En la cuenca sedimentaria aparece el páramo, una llanura elevada, generalmente caliza en el estrato superior, y batida por los vientos. Mientras tanto, la campiña está compuesta por arcillas y materiales blandos, y su relieve es ondulado. El contacto entre el páramo y la campiña se hace a través de un glacis más o menos pronunciado, que da variedad a la llanura.

     Tanto la unidad anterior como esta están surcadas por ríos importantes, como el Duero (río colector) con sus afluentes por la derecha Esla y Pisuerga; y por la izquierda Tormes, Eresma y Duratón; el Tajo (río colector) con sus afluentes por la derecha Alagón, Tiétar, Alberche, Jarama y Henares; y por la izquierda Almonte y Guadiela; y el Guadiana (río colector) con sus afluentes por la derecha Bullaque, Záncara y Cigüela; y por la izquierda Jabalón y Zújar.

El Sistema Central y los Montes de Toledo

     El Sistema Central surge como rejuvenecimiento, durante la orogenia alpina del zócalo herciniano. Este rejuvenecimiento eleva las estructuras hasta los 2.000 metros, e individualiza dos mesetas: una al norte y otra al sur. Su relieve es de estructura fallada, con horst y graben, en la que se encajan los ríos profundamente, siguiendo las estructuras que marcan las líneas de falla. Las sierras que constituyen el Sistema Central están separadas por valles transversales que comunican las dos mesetas, como el valle de Béjar, o las fosas de Lozoya, Tiétar y Amblés. Las fosas, o graben, son típicas de este territorio.

     Las sierras que conforman el Sistema Central son: Ayllón, Somosierra, Guadarrama, Gredos, Béjar, Peña de Francia y la Estrella (en Portugal). Las cumbres de estas sierras presentan una superficie de erosión plana, residuo de la antigua penillanura. El contacto con la meseta se hace a través de un amplio glacis de rañas, más tendido en la vertiente norte que en la sur.

     Todo el conjunto ha sido retocado por la erosión glaciar, de la que aún quedan restos en las zonas más altas. La zona también fue afectada por el clima árido subtropical, que erosionó los materiales formando arenas.

     Los materiales dominantes en el Sistema Central son los metamórficos y los plutones: granitos, gneis y pizarras.

     Los Montes de Toledo también son una estructura rejuvenecida por la orogenia alpina, pero a diferencia del Sistema Central, no son bloques levantados y hundidos, sino que es un relieve apalachense puesto al descubierto tras la intensa erosión que afectó a la zona después de la orogenia. Son, pues, crestones cuarcíticos de una altura uniforme, en torno a los 1.400 metros, que no han sido afectados por la erosión glaciar.

     Del Sistema Central parten ríos como el Tormes, Eresma y Duratón (afluentes del Duero por la izquierda), Alagón, Tiétar, Alberche, Jarama y Henares (afluentes del Tajo por la derecha); y de los Montes de Toledo ríos como el Almonte (afluente del Tajo por la izquierda) y el Bullaque (afluente del Guadiana por la derecha).

     Las mayores altitudes del Sistema Central son los picos Almanzor (2.592 m), Peñalara (2.430 m) y Cebollera (2.129 m).

El macizo galaico-leonés

     El macizo galaico-leonés también es una estructura rejuvenecida por la orogenia alpina, de la misma manera que el Sistema Central: con horst y graben.

     Los ríos que atraviesan el país están, también, profundamente encajados en las estructuras, y a favor de las fallas.

     El territorio ha sido afectado por el glaciarismo en mayor medida que el Sistema Central, pues aquí la cota de nieves perpetuas bajó más. Pero, además, también fue afectada la zona por el clima árido subtropical, que erosionó los materiales formando arenas, producto de la erosión de los granitos y las pizarras.

     El conjunto presenta un abombamiento escalonado desde el mar hasta las cumbres que luego desciende hasta la meseta. La vertiente oeste, que da al mar, está libre de detritos, pero la vertiente este, que da a la meseta, esta cubierta por los materiales procedentes de la erosión, los cuales ocultan el escalón.

     El relieve de horst y graben ha formado altas cimas, hasta los 2.000 metros, como la sierra Segundera o la de Ancares, y fosas tectónicas que han sido rellenadas durante el Terciario y el Cuaternario. Las principales son las fosas del Bierzo, Monforte, Chaves y Tuy. Los horst tienden a presentar un relieve plano en las cumbres, propio de los restos de estructuras apalachenses.

     Este país está surcado por los ríos Miño (río colector) y su afluente principal el Sil (por la izquierda). Las mayores altitudes se alcanzan en los picos de Teleno (2.188 m), Catoute (2.214 m), Trevinca (2.124 m) y Manzaneda (1.778 m).

El macizo central asturiano

     El macizo central asturiano surge de un geosinclinal donde se acumulan materiales, hasta su colmatación en vísperas de la orogenia alpina. Es el sector de mayor variedad litológica, en donde se encuentran materiales blandos, como las calizas, y materiales cristalinos, como los granitos, las cuarcitas y las pizarras. Esta variedad se debe a la mezcla de elementos que se produjo, en una zona de intensos movimientos: la zona de contacto entre el zócalo y la fosa sedimentaria.

     La presión sufrida por los materiales fue máxima, y provino del este. Se forma, así, la rodilla asturiana, más doblada cuanto más al oriente, donde adopta una dirección este-oeste, en lugar de norte-sur. Pero la intensa presión no sólo dobló los materiales, si no que los fracturó, creándose, de esta manera, un sector de bloques elevados y hundidos que complican aún más el relieve. Surgen en diversas partes estructuras apalachenses, procedentes de la erosión de los antiguos anticlinales y sinclinales hercinianos. Pero todo el territorio está intensamente fracturado, y existen mantos de corrimiento de materiales blandos que se superponen a las estructuras hercinianas.

     El territorio es muy estrecho, y cae desde los 2.000 metros al mar. Los ríos son cortos y de gran poder erosivo, y tienden a cortar perpendicularmente las estructuras, aunque terminan por seguirlas.

     Se diferencian dos sectores: al oeste de Oviedo predominan los materiales duros: granitos, cuarcitas y pizarras, de origen herciniano; y al este, en donde predominan los materiales blandos: calizas y arcillas pizarrosas. En el occidente encontramos las sierras de Gamoniteiro, Aramo, Rañadoiro y la Bobia. En el este podemos distinguir: la cordillera, con sierras como las de Pontón, Somiedo, Vegarada o Ceboyedo en las que se encuentran las fosas de Sajambre, Valdeón y Liébana; la fosa prelitoral del Nalón y las sierras prelitorales de Naranco, Sueve y Fito, con una dirección este-oeste; y en el extremo oriental los Picos de Europa.

     El macizo central asturiano termina en la formación de Picos de Europa, un gran bloque elevado de materiales blandos, caliza, que ha sido intensamente afectado por el glaciarismo. En general, las cumbres más altas son calizas, ya que los materiales blandos alóctonos se superponen a los duros, en mantos de corrimiento. El conjunto ha sido afectado por el glaciarismo, pero también presentan importantes formaciones cársticas.

     El relieve cárstico no sólo se presenta en las cumbres sino que, también, aparece en las zonas costeras que han tenido profundidades pequeñas y que han favorecido la acumulación de caliza, como la región de Llanes. En el litoral se pueden observar hasta cuatro superficies de abrasión. La rasa es el único elemento de continuidad con el sector occidental.

     Si hacia el norte el macizo central asturiano es escarpado, hacia el sur es tendido, y se comunica con la meseta a través de las rañas del norte de la cuenca sedimentaria.

     Los ríos más importantes son: Navia, Narcea, Nalón, Cares y Sella, que desembocan en el Cantábrico. Y las mayores alturas se alcanzan en los picos de Torre Cerredo (2.648 m), Peña Vieja (2.618 m), Llambrión (2.617 m), Peña Santa de Castilla (2.596 m) y Peña Ubiña (2.417 m).

La Cordillera Cantábrica

     Geológicamente se considera que la Cordillera Cantábrica se extiende desde los Picos de Europa hasta las estribaciones de los Pirineos. Este es un sector de pliegues más débiles que el del macizo central asturiano. Los pliegues son más suaves cuanto más al este ya que el empuje vino de oriente, durante la orogenia alpina.

     La Cordillera Cantábrica tiene una altitud menor, sobre los 1.500 metros, y un relieve de tipo directo. Se levanta sobre los bloques fracturados del macizo herciniano. Son pliegues de cobertera que están revistiendo las fracturas del zócalo subyacente, sin embargo, los materiales no son alóctonos. Esto supone que la dirección de las estructuras es la herciniana.

     Al igual que el macizo central asturiano, tiene una disimetría topográfica, al ser la pendiente mucho más pronunciada hacia el norte y el mar que hacia el sur y la meseta, por lo tanto las estructuras están más erosionadas hacia el norte que hacia el sur.

     Los materiales que constituyen estos pliegues son blandos: calizas, arcillas, yesos y sales. Estos materiales están dispuestos en capas más o menos plegadas.

     Sin embargo, la potencia de las capas calizas y arcillosas no es la misma en todas partes, lo que favorece que en determinados lugares, como las montañas de Burgos, aparezca un relieve derivado con sinclinales colgados y anticlinales invertidos. Este es el relieve típico de las loras de Burgos. En estos lugares se dan fenómenos de diapirismo.

     Los ríos más señalados son: Deva, Nervión, Bidasoa, que desembocan en el Cantábrico y Ebro que desemboca en el Mediterráneo. Y las mayores altitudes las de los picos de Peña Labra (2.018 m), Valmera (1.707 m) y Gorbea (1.537 m).

El Sistema Ibérico

     El Sistema Ibérico actuó de borde costero durante las transgresiones marinas del Mesozoico.

     El Sistema Ibérico tiene una forma triangular. Comienza en las estribaciones orientales de la Cordillera Cantábrica y se dirige al Mediterráneo. De manera general, gana anchura y pierde altitud mientras se acerca al mar. Se extiende a lo largo de más de 400 kilómetros, desde Burgos a Alicante, con dirección NO-SE.

     En el eje axial del Sistema Ibérico se encuentra el zócalo fracturado, por lo tanto aquí se tenemos los materiales más duros: granitos, gneis y pizarras, y un relieve de horst y graben, como en Albarracín. En los bordes encontramos sectores de pliegues de cobertera. Aquí se encuentran las calizas y las arcillas. La litología es muy variada.

     Comienza en la sierra de la Demanda, pero la mayor parte del conjunto montañoso pertenece a Teruel, con las sierras de Gúdar, el Maestrazgo y el macizo de Javalambre.

     También hay fosas interiores, como las de Calatayud-Daroca, Albarracín, Ademuz y la Bureba.

     Los ríos más importantes que parten de aquí son el Duero, que desemboca en el Atlántico, el Jalón afluente derecho del Ebro, el Júcar y el Turia, que desembocan en el Mediterráneo. Las mayores alturas son las de los picos Moncayo (2.313 m), Urbión (2.228 m), Cebollera (2.142 m), Peñarroya (2.019 m) y Javalambre (2.020 m).

La orogenia alpina

     La orogenia alpina es la responsable del rejuvenecimiento de las estructuras hercinianas, pero también de la creación de nuevas cordilleras y depresiones.

     Durante la orogenia alpina se crean dos cordilleras: los Pirineos y las Béticas, y dos depresiones tectónicas la del Ebro y la del Guadalquivir.

La fosa del Ebro

     La fosa del Ebro fue un lago interior, ya que tiene como obstáculo las cordilleras costeras catalanas. Este lago se fue colmatando. En la última capa se depositaron calizas; pero se acumularon, en distintas épocas, margas y arcillas, alternando con calizas. También se acumularon materiales más groseros, de origen continental, como arenas, areniscas y conglomerados.

     Esta estructura da un relieve tabular de páramos, campiñas y muelas, típico. Las areniscas y conglomerados han dado los relieves de serranías y mallos. También se han depositado evaporitas, como yesos y sales que, afloran en forma de diapiros.

     La fosa está surcada por el Ebro (río colector) y sus afluentes por la izquierda, Arga, Aragón, Gállego, Cinca y Segre; y por la derecha Oja, Jalón, Huerva y Guadalope.

La fosa del Guadalquivir

     Al contrario que la del Ebro, la fosa del Guadalquivir no tiene un obstáculo que dificulte su salida al mar. Los materiales que se depositaron fueron, mayoritariamente, de facies marina. La colmatación de la fosa se hace en margas y arcillas, pero también se encuentran conglomerados y areniscas que forman relieves similares a los mallos del Ebro: los alcores.

     La altitud de la fosa del Guadalquivir es muy escasa. Se distinguen dos partes: una algo más elevada y de deposición temprana, al este de Córdoba; y otra de deposición reciente, Cuaternaria, casi llana, al oeste de Córdoba. La parte oriental es más ondulada, a la manera de la campiña.

     Además del Guadalquivir (río colector) surcan esta región los afluentes por la derecha: Guadiamar, Viar, Jándula, Guadalén y Guadalimar; y por la izquierda Blanco, Genil, Guadajoz y Guadiana Menor. Existen, también, dos cuencas menores: la del Tinto y el Odiel, y la del Guadalete y el Barbate.

El Pirineo

     El Pirineo es una cordillera alpina que se extiende desde Guipúzcoa hasta el Mediterráneo, su prolongación más oriental es la isla de Menorca. Es, pues, una cordillera alpina plegada.

     En el Pirineo se distinguen tres sectores:

     El sector axial, en el que aparece el zócalo. Es la parte más interior y elevada del Pirineo. Los materiales que aparecen aquí son metamórficos y las estructuras son de grandes bloques elevados y hundidos.

     El prepirineo, es el sector de las cadenas interiores plegadas. En él se encuentran los materiales blandos. Tiene un desarrollo mucho mayor hacia Francia que hacia España. A este país pertenecen las depresiones prepirenaicas como la canal de Berdún o la depresión de Pamplona y Val Ancha; fosas hundidas que comunica las cadenas prepirenaicas con las sierras exteriores.

     Las sierras exteriores, es la tercera estructura paralela la Pirineo. Son las sierras de Guara, Leyre y Loarte.

     No faltan en el Pirineo fenómenos volcánicos como los que aparecen en la región de Olot.

     El Pirineo ha sido intensamente afectado por el glaciarismo, que ha estado activo hasta hace pocos años.

     De aquí parten los ríos Garona que desemboca en el Cantábrico; Gállego, Aragón, Cinca y Segre, afluentes del Ebro por la izquierda. Y las mayores altitudes se alcanzan en los picos de Aneto (3.404 m), Posest (3.375 m), Monte Perdido (3.355 m) y Vignemale (3.303 m).

Las Béticas

     Las Béticas se extienden de Gibraltar al cabo de la Nao, prolongándose en las islas Baleares. Son también una cordillera de origen alpino y presentan una fuerte disimetría; la parte sur está hundida en el Mediterráneo. En las Baleares nos encontramos con la sierra de Tramontana, cuya dirección y características son las mismas que las de la Béticas. Su mayor altitud es Puig Mayor (1.445 m).

     Las Béticas se dividen en tres sectores: las Penibéticas o sector axial, que presenta el zócalo metamórfico y el relieve de horst y graben; las depresiones en hoyas intrabéticas, que son los bloques hundidos de Antequera, Granada, Guadix y Baza, los más grandes;  y Ronda, Orce, cuencas de los ríos Guadalentín y Mula, y Murcia-Orihuela, los menores; y la Subbética, con relieves más suaves, donde se encuentran los materiales blandos plegados. Estos son, en cualquier caso, mantos de corrimiento de materiales alóctonos en los que se encuentran klippes y ventanas tectónicas. Pero existe también un sector prebético, con un relieve directo.

     Las superficies de erosión han sido más afectadas por los agentes periglaciares que por el glaciarismo, que sólo actuó en las regiones más altas.

     Los principales ríos que parten de esta región son el Guadalquivir, que desemboca en el Atlántico, el Segura que desemboca en el Mediterráneo y el Mundo, afluente del Segura por la izquierda. Las mayores altitudes se alcanzan en los picos de Mulhacén (3.478 m) el mayor de la península y Veleta (3.392 m), y en su entorno: Sagra (2.381 m), Almadén (2.032 m) y Orduña (1.931 m).

Canarias

     En Canarias se da el singular relieve volcánico, surgido en la placa africana, en la intersección entre la corteza oceánica y la continental. Se distinguen tres regiones: las islas centrales de Gran Canaria y Tenerife, son las más grandes y las más altas (el Teide, en Tenerife, es la mayor altura de España: 3.718 m); las islas orientales de Fuerteventura y Lanzarote, que son llanas y muy áridas; y las islas occidentales de La Palma, Hierro y Gomera, que son las más pequeñas, pero son muy húmedas.

     Las islas son de origen volcánico, en realidad son volcanes, lo que les da un marcado carácter montañoso.

     Los volcanes de canarias presentan varios niveles de construcción, ya que han sido vaciados en varias ocasiones, formando calderas.

El clima

     Por la posición que ocupa, entre los 36º y el 46º N y en la fachada occidental del continente, la península ibérica tiene un clima mediterráneo, pero también está afectada, en la fachada noroccidental, por el clima marítimo de la costa oeste del Atlántico. También encontramos el clima subtropical seco, en Almería, y el clima tropical seco y húmedo, en Canarias.

     Debido al relieve, el clima mediterráneo dominante tiene una marcada tendencia a la continentalización, tanto por la altitud media, elevada, como por la orla montañosa exterior que impide el paso de los vientos húmedos del oeste. Esta continentalización está agravada por la deforestación y las actividades humanas.

     Los centros de acción que dominan la península son: el anticiclón de las Azores, con aire tropical marítimo; y la depresión de Islandia, que canaliza las borrascas del frente polar y trae aire polar marítimo. Otros centros de acción menores son: La depresión de Liguria, que se forma en otoño; el anticiclón siberiano, que actúa en invierno y permite la aparición de anticiclones locales en el centro de la península, y la borrasca subsahariana, que actúa en verano enviando aire tropical continental a la península.

     En invierno nos afectan las borrascas del frente polar, que traen lluvias suaves y frías. Hacia la mitad del invierno la atmósfera se estabiliza gracias a la aparición de anticiclones térmicos en el centro del territorio. El tiempo dominante en invierno es frío y seco.

     En primavera, el frente polar se desplaza hacia norte, afectando de lleno a la península, y permite la llegada de precipitaciones suaves. El frente polar se debilita y permite la alternancia de borrascas y anticiclones. Pero este anticiclón es el de las Azores, por lo que el tiempo se hace más templado.

     En verano nos afecta plenamente el anticiclón de las Azores. En esta estación el tiempo es seco, soleado y caluroso, con la llegada de olas de calor subsaharianas. Las altas temperaturas permiten la aparición de tormentas, principalmente al final del verano.

     En otoño vuelve a descender el frente polar, y a penetrar las borrascas y el aire frío polar en formaciones de gota fría. Este aire frío se encuentra con el aire cálido y húmedo, con lo que se generan lluvias torrenciales de gran potencia. La borrasca del mar de Liguria robustece este fenómeno de gota fría. En esta época también se alterna el tiempo ciclónico y el anticiclónico, por las variaciones del frente polar.

     Las islas Canarias tiene un clima tropical seco y húmedo de gran estabilidad térmica y del régimen de lluvias. Los centro de acción que afectan a Canarias son: la zona de convergencia intertropical y el anticiclón de las Azores, que gobiernan los alisios. Pero también aquí llegan los coletazos de las borrascas del frente polar. El clima canario está dulcificado por la presencia de la corriente fría de Canarias.

Las precipitaciones en la península

     Atendiendo a la humedad y al régimen de lluvias, en España podemos distinguir cinco tipos de clima: el clima húmedo marítimo del oeste de los continentes, el clima de transición, el clima seco, el clima árido y el clima tropical húmedo.

     El clima húmedo oceánico del oeste de los continentes se da en la fachada orientada al Atlántico. Se trata de un clima lluvioso, con precipitaciones de más de 800 mm. Lo encontramos desde Galicia hasta el Pirineo y en las cordilleras costero-catalanas, por su parte norte.

     El clima de transición es semiseco. Tiene unas precipitaciones entre 500 y 800 mm. Es un clima árido y fresco en verano, pero corto, lo que le asemeja, ya, al clima mediterráneo. Se da en las zonas montañosas que separa el clima marítimo de la costa oeste del clima mediterráneo, es decir el sector sur de la Cordillera Cantábrica y el Pirineo, y los montes Galaico-Leoneses.

     El clima seco tiene unas precipitaciones entre los 400 y los 600 mm. Hay un período árido de entre 3 y 5 meses. Es el típico clima mediterráneo que domina en toda la península, más que nada a causa del relieve.

     El clima semiárido, con precipitaciones inferiores a los 400 mm. Se da en las zonas que están de espaldas a los vientos del oeste y deprimidas, como el centro de las cuencas del Duero y el Ebro, el centro de La Mancha y Almería.

     El clima de Canarias está bajo el dominio constante de los vientos alisios. Tiene un clima tropical. Por su posición debería ser árido, pero la corriente marina de Canarias, fría, templa las temperaturas superficiales y produce una inversión térmica muy estable, es lo que provoca el mar de nubes. Esta tendencia sólo se rompe a finales verano, cuando se retira el anticiclón de las Azores y llegan las masas de aire tropical continental del Sáhara, y cuando llegan, ocasionalmente, las masas de aire polar marítimo del frente polar.

Regiones climáticas

Clima marítimo de la costa oeste

     El clima marítimo de la costa oeste se caracteriza por tener unas precipitaciones constantes durante todo el año, con un mínimo en verano y un máximo en invierno, y unas temperaturas suaves, sin una amplitud térmica demasiado acusada, en torno a los 10 ºC. En España las precipitaciones superan, por muy poco, los 800 mm y sólo determinadas regiones montañosas alcanzan los 1000 mm. En realidad se observa un marcado gradiente pluviométrico desde las costas a las montañas.

     Este clima se da en Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, Pirineos y las vertientes norteñas de las cordilleras costero-catalana.

Clima mediterráneo continental

     El clima mediterráneo tiene, en la mayor parte de España, un alto grado de continentalización. Las precipitaciones están en torno a los 600 mm. Tiene todas las características del clima mediterráneo, pero es más seco y más fresco, pudiendo ser frío, en las temperaturas absolutas.

     Se caracteriza por la irregularidad térmica y pluviométrica. Dominan dos tipos de anticiclón: el de las Azores en verano, y el de tipo térmico en invierno, que aparece sobre la península. La mayor parte de las precipitaciones caen en las estaciones medias, durante el paso del frente polar del norte al sur. En general, llueve pocos días, y frecuentemente de forma torrencial. Sin embargo, la ausencia de masas de agua reduce la violencia de las tormentas y de las gotas frías. Aunque no es imposible, son raras las inundaciones.

     Las temperaturas son frescas, incluso en verano. Las mínimas se alcanzan en enero, y las máximas en agosto. Las mínimas y las máximas absolutas pueden ser notables. La amplitud térmica es moderada, de unos 15 ºC. La continentalidad permite que haya un período de heladas de tres meses.

     Este es el clima de las dos mesetas y la depresión del Ebro. La orografía que presentan hace que encontremos, en el centro de las mismas, precipitaciones muy bajas, entre los 400 y los 600 mm.

Clima mediterráneo costero

     El clima mediterráneo de la costa es más benigno, algo más lluvioso (en torno a los 700 mm) y más cálido. Sin embargo, este clima es, también, más irregular en la distribución de las precipitaciones. El tipo de tiempo característico es seco en verano e invierno y con lluvias torrenciales en primavera y otoño. La gota fría es característica de otoño y tiene gran violencia, ya que el Mediterráneo alimenta las masas de aire con grandes cantidades de agua, durante el verano.

     Las temperaturas son suaves y constantes, con una amplitud térmica reducida. En esta región las heladas son anecdóticas.

     Este es el clima de la costa levantina, desde Gerona hasta Alicante, y el clima de las Baleares.

Clima mediterráneo del suroeste

     Este también es un clima mediterráneo, pero está abierto a las masas de aire húmedo del Atlántico, lo que constituye una diferencia. Es el clima de Andalucía occidental, que está abierta al Atlántico y sin ningún impedimento orográfico.

     Este clima es más lluvioso, casi 800 mm, y tiene temperaturas más suaves, sobre todo en invierno, aunque en verano puede llegar a ser caluroso, por acción del anticiclón de las Azores.

     La irregularidad pluviométrica es notable. El verano es muy seco. Los meses más lluviosos son los de las estaciones medias. Las masas de aire que llegan a la región son más húmedas, y por lo tanto las precipitaciones son más abundantes. No son raras las inundaciones en otoño, aunque no son tan violentas como en Levante.

Clima subtropical seco

     Este es el clima típico de las zonas desérticas, que se da en España por razones topográficas y de orientación. Es un clima seco, menos de 300 mm, y caluroso. Las precipitaciones son muy irregulares. La amplitud térmica diaria es moderada, pero la anual es muy pequeña.

     Este es el clima que encontramos en la franja de las Béticas orientadas al sur-sureste (Almería y Murcia), y en las islas Canarias en las zonas que miran al oeste y en las islas de orientales.

Clima tropical seco y húmedo

     Este clima es de tipo tropical húmedo con una estación seca, con precipitaciones regulares y temperaturas suaves y constantes. Lo encontramos en las islas Canarias, en las partes orientadas a favor de los alisios y en las montañosas. No obstante, la humedad de las islas Canarias no sólo se debe a las precipitaciones sino, también, a la constante presencia de nieblas en las montañas, debido a la corriente fría de Canarias. Por la posición deberían tener un clima tropical seco, pero su emplazamiento marino corrige el clima zonal. En realidad, deberíamos hablar de múltiples topoclimas.

Clima de montaña

     El relieve montañoso modifica localmente las condiciones generales del clima. Las precipitaciones se hacen más abundantes y frecuentes, y las temperaturas más frías. El gradiente es más acusado en las montañas con más diferencia de altitud entre el piso basal y la cima.

     Dependiendo de donde se encuentren situadas las montañas, el relieve modifica las condiciones de una determinada región, pero al ser el mediterráneo un clima de transición, nos permite encontrar una variedad que va desde el clima tropical seco a los glaciares permanentes de las alturas del Pirineo.

     El efecto que estas diferencias de temperatura y humedad tiene en la distribución altitudinal de la vegetación es trascendental. En la cliserie se suelen diferenciar cuatro pisos: basal, montano, subalpino y alpino, situados a diferentes alturas y con diferentes espesores según las distintas montañas y orientaciones.

     En una montaña mediterránea podemos encontrar en la cliserie: bosque mediterráneo, en el piso basal; robledal, en el piso montano; bosque de frondosas en el piso subalpino; y coníferas y pradera alpina en el piso alpino.

     Las montañas que se encuentran en climas de transición, o entre dos biocenosis, presentan en su cliserie especies de ambas, y generalmente se reparten los suelos orientados a solana y umbría. Es el caso típico de la montaña mediterránea.

     También es cierto que las variaciones climáticas del pasado conllevaron una distribución de la biocenosis diferente, y han podido quedar, de manera residual y en los lugares montañosos más favorables, enclaves de una biocenosis en otra. Estos enclaves se mantienen de forma precaria alimentándose a sí mismos, y una ligera degradación del entorno puede hacerlos desaparecer sin posibilidad de recuperación. Existen muchos casos en España.

La vegetación

     La variedad biogeográfica de España es muy notable: la mayor de Europa y una de las mayores del mundo. Aquí encontraremos muchísimos endemismos. Esta diversidad biocenótica es fruto de tres factores: la complejidad litológica, la variedad climática y la situación de la península en la zona de transición entre dos regiones: la Eurosiberiana y la Mediterránea, del imperio Holoártico. Además, Canarias pertenece al imperio Africano-Malgache y a la región Macaronésica.

     La región Eurosiberiana se divide en tres dominios: Submediterráneo, Atlántico-Europeo y Alpino. El dominio Submediterráneo está caracterizado por la mezcla de especies y comunidades vegetales mediterráneas y eurosiberianas. Estas últimas son las que predominan, bosques caducifolios, sobre todo robledales. Se da en los Pirineos, principalmente. El dominio Atlántico-Europeo posee endemismos de brezos y tejos, se da en la cornisa cantábrica y los sistemas Central e Ibérico. El dominio Alpino, que tiene especies casi árticas, residuales de las glaciaciones, se da en las montañas, tanto pirenaicas como cantábricas. En general, la especie dominante es el roble, en los suelos básicos, y el haya, en los suelos ácidos. El sotobosque es de tejo, brezo y lavanda. La degradación del bosque es el prado y la pradera alpina. En los lugares más fríos aparecen las especies coníferas.

     El resto de la península pertenece a la región Mediterránea. Sus márgenes coinciden, a grandes rasgos, con el límite del olivo. Los endemismos son aquí muy acusados. La vegetación dominante es xerófila. Predomina la encina, con sotobosque de roble, enebro, sabina, madroño y especies espinosas, leñosas y aromáticas. En las zonas de suelos ácidos, y en las regiones frías, donde no prospera la encina, la especie dominante es el roble y el rebollo. Esta es una región muy humanizada. La intervención humana ha modificado notablemente el bosque, formando monte claro y dehesa. El bosque mediterráneo se degrada, de forma natural, en maquis, garriga y estepa; dependiendo de la especie dominante y la densidad tras la desaparición de la encina.

     En la zona Subdesértica aparecen especies como la palmera, la coscoja, el cactus y otras xerófilas espinosas.

     En la región Macaronésica, que se da en Canarias y la costa sur, desde Tarifa al cabo de San Vicente, predomina las especies xeromorfas, pero destacan también las formaciones de laurisilva relicta. Se dan especies como la aulaga, la sabina, palmeras y laurel. La formación de laurisilva degrada en faya y brezal, que son las especies de sotobosque. También aparece el pino (pino canario) en las regiones más altas. El drago es un endemismo característico de estas islas.

     La montaña introduce diferencias notables, por la altitud y la orientación, que influyen en los topoclimas. Además, persiste vegetación residual en algunas zonas. La cliserie general es: encina, roble, rebollo, hayedo, coníferas, abedul y pradera alpina. Aunque en ninguna parte se encuentra entera. Los diferentes pisos aumentan en altitud y descienden en potencia de norte a sur. En las Béticas no existe piso subalpino. Dentro de un mismo sistema montañoso la altitud del piso puede variar en función de la orientación y del tipo de suelo. En casos particulares, como la existencia de calizas en las cumbres, se puede invertir la cliserie, con lo que encontraremos encinas por encima del roble.

     En España es muy importante el bosque y la vegetación de ribera, ya que por la sequedad del clima muchas especies se refugian en las orillas de los ríos para sobrevivir. Se dan especies como le olmo, el álamo y el chopo, es decir, especies caducifolias.

     La deforestación ha sido un proceso histórico de degradación, para conseguir tierras de cultivo y pasto. Tras esto fue necesaria la repoblación del bosque, que se hizo con plantas de crecimiento rápido. Estas especies pueden ser climáticas, como el pino silvestre o el pino marítimo gallego, o foráneas, como el eucalipto plantado en Asturias y Huelva. El abuso repoblador con especies coníferas ha favorecido los incendios, la degradación del suelo y la rapidez de la deforestación.

     La vegetación española está sufriendo un auténtico ataque de origen antrópico, por medio de los incendios, y la contaminación (está empezando a aparecer la lluvia ácida), y factores, como el calentamiento global. El problema de los cambios, aunque sean leves, en la biocenosis es que muchas especies son endémicas y relictas, es decir, aparecieron aquí en condiciones ecológicas que ya no se dan. Una degradación del sistema que las mantiene, o una desaparición, no es temporal, ya que no se pueden regenerar, porque no existen unas condiciones ecológicas favorables.

Bibliografía

Manuel Terán, L. Solé Sabarís, y otros: «Geografía regional de España». Ariel. Barcelona 1987
Manuel Terán, L. Solé Sabarís, y otros: «Geografía general de España». Ariel. Barcelona 1981
Joaquín Bosque Maurel y Joan Vilá Valentí: «Geografía de España». Planeta. Barcelona 1990-1992
Alain Lacoste y Robert Salanon: «Biogeografía». Oikos-Tau. Barcelona 1981

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