Tema 29
La expansión de los reinos cristianos en la península ibérica

Última revisión junio del 2008. Ver un resumen.

Introducción *
La formación de los reinos cristianos del norte. Los siglos VIII al X *

El reino asturleonés * Los reinos orientales * Cataluña *
Navarra y Aragón *
La expansión de los reinos y la repoblación * El valle del Duero *
Navarra y Aragón *
Los condados catalanes *
La expansión en los siglos XI al XIII * La expansión castellana y leonesa *
La expansión de la Corona de Aragón *
Navarra *
Bibliografía *

Tema

Introducción

     Tras la invasión musulmana en el 711 el reino visigodo de Toledo se desmorona en pocos meses, después de la batalla de Guadalete. La población cristiana se concentra en el norte, donde se resistirá a la invasión. Pero, también, enseguida comienza la Reconquista. El concepto de Reconquista, de la pérdida y recuperación de España, ya lo formuló en la época san Isidoro de Sevilla, y fue siempre una aspiración de los mozárabes. La idea de Reconquista aparece perfectamente estructurada en el siglo XIII, en la obra del arzobispo de Toledo Jiménez de Rada, pero ya se encuentra en el ciclo historiográfico de Alfonso III, en las Crónicas, redactadas en el reinado de Alfonso II, y hasta en el «Beato de Liébana» a finales del siglo VIII.

     En la historiografía contemporánea se debaten dos posturas: la tradicional, abanderada por Claudio Sánchez Albornoz, que sostiene que la época islámica fue un paréntesis en la historia de España, plenamente cristiana, y que vendría determinada desde la Prehistoria (los auténticos españoles, herederos de la tradición hispanorromana y visigoda, son los que se refugiaron en el norte); y la interpretación  de Américo Castro, que integra la época musulmana dentro de la historia de España, y la Reconquista como un período de expansión de las monarquías feudales cristianas, análoga a la que está pasando en el resto de Europa; como las cruzadas o la contención de los infieles al este del río Elba, o al norte, en torno al río Neva y la frontera rusa. Para Castro, la historia de España, como nación, comienza con los Reyes Católicos. No en vano, la gente anterior a ellos se consideraban visigodos, romanos, celtas o íberos, que habitaban la provincia romana de Hispania, que no es lo mismo que la nación española. Hoy en día, esta interpretación tiene más partidarios, aunque no se pueden negar las contribuciones a la historia medieval de Sánchez Albornoz.

La formación de los reinos cristianos del norte. Los siglos VIII al X

     Tras la invasión musulmana, la población cristiana, en general, se queda viviendo bajo dominio árabe. Pero una parte de ella, y parte de la nobleza visigoda, se asienta en el norte buscando la protección de las montañas. La población del país aumenta y se consolidan las relaciones feudales: al prestar vasallaje, los campesinos, para que se les defienda de los moros.

El reino asturleonés

     El reino de Asturias es el primero en organizarse. Su origen se puede encontrar en la organización de los grupos cántabros y astures en torno al río Sella, poco después de la invasión musulmana. En el año 722 (según Sánchez Albornoz, en el 718 según la tradición) se produce la primera escaramuza entre los cristianos y los musulmanes, con victoria para los cristianos. Esta «batalla» tuvo lugar en Covadonga, en los Picos de Europa, acaudillados por Pelayo. Pelayo controlaba la zona, y consiguió formar una dinastía de reyes. Pero el auténtico artífice del reino de Asturias fue Alfonso I el Católico (739-757). Alfonso I el Católico aprovechará las rebeliones bereberes de al-Ándalus, desde el 741, y el hambre que azota la zona, para consolidar su reino en Asturias. En al-Ándalus se suceden una serie de guerras civiles entre beréberes y árabes y sirios. En el 748 al-Ándalus queda desconectado del califato de Damasco y comienza una guerra civil entre los Omeyas y los partidarios de los Abasíes. En el 756 Abderramán se proclama emir en Sevilla, pero la guerra no terminará hasta el 765. En el 753 Alfonso I el Católico ataca territorio musulmán, y conquista Galicia y Astorga, incluso llega hasta Coria y Mérida. El reino de Asturias comienza su expansión hasta controlar la zona marítima de Galicia, Asturias, Cantabria, Vizcaya y la vertiente sur de la Cordillera Cantábrica.

     El territorio conquistado por Alfonso I el Católico era suficiente para las necesidades de la población del país, y sus sucesores tienen reinados de paz con los musulmanes. Fruela ha de consolidar las conquistas luchando contra los musulmanes, pero también tiene que hacer frente a la rebelión de los nobles vascos y gallegos. En el 774 Silo se convierte en rey de Asturias. Es un hijo de musulmanes que accede al trono por matrimonio, y comienza un periodo de paz con el Emirato.

     En el 791 Yusuf ibn Buit ataca el Bierzo y vence a Vermudo I, que abdica en Alfonso II el Casto, iniciándose otra vez las hostilidades. Las aceifas musulmanas se hacen anuales. La del 794 llega a saquear Oviedo. Pero no son campañas de conquista, sino de saqueo. Alfonso II el Casto terminará con las aceifas en territorio astur, e incluso protagonizará algunas espectaculares, como la razia de Lisboa en el 799. Alfonso II el Casto organiza el reino de Asturias al configurase con una entidad política heredera del reino visigodo, y por lo tanto legitimado para llevar adelante la reconquista de España. Establece la capital del reino en Oviedo y convierte su corte en un activo centro cultural y político, desde el que incluso se llega a mandar una embajada a Carlomagno en tiempos de Ramiro I.

     El reinado de Ramiro I es una época de paz, aunque tiene que hacer frente a los intentos de invasión normanda, en el 844, y a las aceifas musulmanas. Pero su labor fundamental es el afianzamiento del reino y la consolidación del territorio al norte de la meseta, que está muy poco poblada hasta el Duero. Es la época del esplendor cultural del reino astur.

     Ordoño I repoblará el sur de la Cordillera Cantábrica, tomará León en el 856 y repoblará Tuy, Astorga y Amaya, en el 860. Pero será con Alfonso III el Magno cuando se traspase definitivamente la cordillera y se establezca la frontera en el Duero. En esta expansión no se ocupan territorios musulmanes, sino despoblados. Además, las dificultades internas del Emirato son muy grandes, ya que tiene que hacer frente las rebeliones de muladíes y mozárabes, a la rebelión de los príncipes musulmanes de Zaragoza, etc. Alfonso III el Magno toma Castrojeriz en el 882, Zamora en el 893, Simancas en el 899, y Toro y Dueñas en el 900. La frontera se extendía por los ríos Mondego, Duero, Arlanza y Arlanzón.

     En el siglo X los problemas internos de los reinos se agudizan. En el 910 los hijos de Alfonso III el Magno conspiran contra él y se reparten el reino: Asturias para Fruela, Galicia para Ordoño y León para García. Desde el 914 Ordoño II será rey de Galicia y de León, traslada la capital del reino a León y continúa la Reconquista. Aunque también ataca Navarra. Además, los cristianos se aliarán con los musulmanes enfrentados a Córdoba, como los Banú Qasí de Zaragoza. El reino se volverá a unir con Ramiro II, que señala el periodo de máximo esplendor de la monarquía.

     Con Ramiro II se consolida un espacio de tierra de nadie entre el Duero y el Sistema Central, los Extrema Durii. En el 940 Fernán González repobló Sepúlveda. Las luchas internas en el reino leonés son cada vez más intensas. En el 943 Fernán González, conde de Castilla, de la casa de Lara, se rebela contra Ramiro II y este le priva de su condado. La feudalización de la sociedad menoscaba el poder del rey. En el 951 Ordoño III asume la corona.

     Ordoño III hace una razia en Lisboa en el 955 y al año siguiente firma una tregua con Córdoba. Pero ese mismo año García I derroca a su hermano y no ratifica la tregua. Fernán González continúa afianzándose en Castilla, luchando contra los moros y haciendo de su condado una entidad política cada vez más independiente. Fernán González lleva adelante la Reconquista, por su cuenta, y tomará parte en las guerras civiles por el trono, según sus intereses. Se desata una contienda civil entre García I y Ordoño IV. Los condes vascos atacan Castilla, en el 960. En el 965 se rebelan los condes gallegos. En el 966 Ramiro III asume el trono. Debe hacer frente a los ataques vikingos que durante esos años atacan Galicia. En el 976 Hisam II es califa en Córdoba, y nombra lugarteniente a Almanzor, que todos los años realizará aceifas por los reinos de la península. En el 982 se rebelan contra Ramiro III los condes gallegos, que eligen rey a Vermudo II. Se desata una guerra civil por el trono, que gana Vermudo II en el 984. Las dificultades internas del reino le debilitan. En el 988 Almanzor ataca León. El reino de León paga parias a Córdoba. Pero en el año 1002 muere Almanzor, y el Califato entrará en un proceso de descomposición que le llevará a su desaparición, en el 1031.

Los reinos orientales

     Tras la invasión musulmana la población cristiana también encuentra refugio en los valles del sur de los Pirineos, tan inaccesibles como los de la Cordillera Cantábrica. Sobre todo se hace fuertes en aquellos valles que no son imprescindibles para pasar a Francia: los cuales son controlados por los musulmanes. Tras la victoria de Poitiers, en el 732, el Imperio carolingio recupera el territorio hasta los Pirineos y favorece la creación de la marca hispánica al sur de la cordillera.

     La islamización del valle del Ebro, un territorio muy poblado y con una tupida red de ciudades, fue muy rápida, e impidió que los reinos surgidos al amparo de los valles pirenaicos se extendiesen más allá del prepirineo.

     La marca hispánica tiene su carta de nacimiento en el año 778, con la campaña de Carlomagno por el valle del Ebro; que aunque termina en la emboscada de Roncesvalles, consolida el territorio en la vertiente sur. Tras la derrota en Roncesvalles el Imperio intenta establecer relaciones feudales con la nobleza cristiana del sur. En el 785 Gerona, Urgel y Cerdeña prestan vasallaje a Carlomagno, y desde este año están perfectamente definidos los límites de la marca. En el 798 Luis de Aquitania conquista Pallars y Ribagorza. El reino de Asturias ya se ha consolidado y han pasado los años difíciles del Emirato. En el 801 conquista Barcelona. El Imperio trata de extender su dominio hacia el sur, pero se ve frenado en el valle del Ebro. La nobleza carolingia se asienta en esta zona. La marca hispánica es un territorio que presta vasallaje al Imperio y por lo tanto forma parte de él, pero está compuesto por condados independientes, que pueden unirse circunstancialmente, e incluso aliarse con los musulmanes para luchar contra los carolingios; como la alianza de Barcelona con los musulmanes en el 824. La máxima autoridad la ostenta el emperador, sin embargo, todos los condes tratarán de hacer su cargo hereditario, y se proclamarán reyes tras la desintegración del Imperio. Serán condados de la marca hispánica: Pamplona, Aragón, Sobrarbe, Ribagorza, Pallars, Urgel, Cerdaña, Berga, Osona, Barcelona, Gerona, Besalú, Ampurias, Perelada, Rosellón, Vallespir y Conflent; todos en la parte sur del Pirineo.

     En el 803 aparece en Pamplona la familia de los Arista, que tiene lazos parentales con los Banú Qasí de Zaragoza: gobernadores del valle del Ebro relativamente independientes de Córdoba. La solidaridad entre ambas familias les permitió mantener la independencia frente al Imperio y al Emirato. El emir al-Hakam I llegó a un acuerdo con Carlomagno para repartirse el territorio. En él es reconocía al Imperio su derecho sobre Aragón y Pamplona. Pero tras la muerte de Carlomagno, en el 814, y el reparto de Verdún en el 843, el Imperio se descompone y los reinos cristianos del sur afianzan sus dominios.

Cataluña

     En el año 834 el conde aragonés Aznar Galindo se afirma en las comarcas de Pallars y Ribagorza. Con el debilitamiento del Imperio se crean en los Pirineos tres territorios más o menos unificados: los condados de Pallars, Ribagorza, Urgel y Cerdaña; la zona marítima de Ampurias y Rosellón; y una zona de frontera en el condado de Barcelona. En la segunda mitad del siglo IX se consuma la independencia de los condados catalanes, tras la desintegración del Imperio. Pero también comienza una tendencia hacia la unificación entorno a la casa condal de Barcelona. Será Vifredo I el Velloso quien controle Barcelona, Urgel, Cerdaña, Gerona y Besalú. Con esta base territorial inicia la expansión hacia el sur, ocupando la plana de Vich, en el 879, tierra de nadie, pero importante para la unificación de sus dominios. Pero la marca superior islámica, en el valle del Ebro, estaba muy consolidada. El avance hacia el sur es mucho más difícil que en el oeste. A la muerte de Vifredo I el Velloso, Vifredo II Borrell (897-914) vuelve a prestar vasallaje al emperador, será el último que lo haga. Con Suñer (914-947) el condado de Barcelona será totalmente independiente. Borrell II envía una embajada a Córdoba en el 950, y es posible que en el 974 prestase vasallaje a al-Hakam II. Esta paz no impediría la aceifa de Barcelona del 985 por Almanzor, siendo califa Hisam II.

Navarra y Aragón

     El precedente del reino de Navarra está en el de Pamplona. Desde el 770 hasta mediados del siglo IX la familia Arista ocupa el trono de Pamplona, extiende su influencia a Aragón y tiene relaciones, por cuestiones familiares, con los Banú Qasí de Zaragoza. Pero en el 858 una flota vikinga remonta el Ebro hasta Pamplona y cae preso García I Íñiguez. Lo que supone una ruptura de relaciones, y un acercamiento de Pamplona a León. En el 859, tras la batalla de Albelda, llegan al acuerdo de repartirse los dominios de los Banú Qasí. El episodio de los vikingos debilitó la posición de los Arista en Navarra y favoreció el entronizamiento de los Jimena, con Sancho I Garcés, en el 905. Sancho I Garcés creó un reino feudal al estilo astur, y como los que estaban surgiendo en el Imperio: lejos de las tradiciones vasconas. Es el auténtico creador del reino de Navarra. Repobló el interior y aseguró su control sobre los valles del Pirineo. Sus sucesores entroncaron con el reino aragonés. Sancho II Garcés Abarca será conde de Aragón en el 970. Sancho Garcés III el Mayor convirtió a Navarra en un bastión contra los musulmanes, y amplió su territorio con los condados de Sobrarbe, Ribagorza, Álava, Vizcaya y Castilla. Y en el 1063 Sancho IV Garcés será rey de Aragón.

     El condado, luego reino, de Aragón está ligado a la presencia de los francos en tierras pirenaicas desde el siglo VIII, pero sus orígenes son obscuros. En 824 nos encontramos a Aznar Galindo I al frente del condado. Sus descendientes gobernarán Aragón hasta el 974 año en el que entran en la órbita de Navarra con Sancho II Garcés Abarca. Pero en el 1035 Aragón se independiza de Navarra y se convierte en reino con Ramiro I. En 1170 Alfonso II se convierte en rey de Aragón y Cataluña formando la Corona de Aragón.

     Al final del milenio habrá tres reinos en los Pirineos: Navarra, Aragón y los condados catalanes.

La expansión de los reinos y la repoblación

     La Reconquista ha ido unida a la repoblación de las tierras ocupadas. La Reconquista no solo fue la lucha contra los musulmanes por recuperar España; también fue un periodo de razias y aceifas, sólo por conseguir un botín; y la expansión territorial de los reinos cristianos en busca de nuevos espacios para cultivar y comerciar. Tras la derrota de Covadonga, los musulmanes tienden a establecerse en el sur, más urbanizado. En la submeseta norte se instalan los agricultores y ganaderos bereberes y muladíes. El valle del Duero será uno de los territorios menos poblados de la península, y casi totalmente fuera del control administrativo tanto de Córdoba, como de Asturias y la nobleza, ya sea cristiana o musulmana. Sin embargo, la región no estaba totalmente vacía. Una serie de pequeños pueblos jalonaban el país. Estas aldeas daban la alarma a ambos bandos en el momento que se iniciaban las razias. Cuando comience la expansión de los reinos cristianos hacia el sur estas serán las primeras tierras que ocupen. La repoblación se hará siguiendo las pautas del Derecho romano.

     En el proceso se distinguen cuatro periodos: la repoblación hasta el Duero, la repoblación hasta el Sistema Central, la repoblación de la submeseta sur y la repoblación de Andalucía y Murcia. Además, se diferencian tres ámbitos de avance: uno al oeste, el de los reinos de León y Castilla; y dos en el este, el de Navarra y Aragón y el de los condados catalanes, que desde 1131 es el mismo. En 1151 las coronas de Castilla y Aragón se reparten las zonas de expansión, en Tudillén. Este tratado se modificará en 1179 en Cazorla para suprimir el homenaje de los reyes aragoneses a los castellanos.

El valle del Duero

     El valle del Duero era la zona más despoblada de la península, aunque no totalmente desierta. Esta zona satisface las necesidades de expansión para la población asturiana. Todas estas tierras fueron pobladas siguiendo una pauta similar, según el Derecho común romano. Se tenían en cuenta dos condiciones: todos estos territorios pertenecían al rey; y los baldíos pasaban a ser propiedad del primer cultivador que los roturase. Era el derecho de presura: el rey otorgaba después un documento acreditativo de la propiedad.

     La ocupación se realizó de tres formas principales: por cesión del rey a los nobles que le prestaban servicios militares, por repoblaciones eclesiásticas de pequeños monasterios, que fueron absorbiendo las pequeñas propiedades campesinas de su entorno, y por repoblaciones de pequeños agricultores que se acogerán al derecho de presura. Esta últimas lograron escapar a las propiedades nobiliarias gracias a su condición de aldeas y comunidades de campesinos libres, con entidad jurídica propia. Estas eran las aldeas de behetría que podían elegir a su señor. Las dos primeras modalidades fueron más comunes en la expansión galaico-leonesa, mientras que la tercera fue más propia del espacio castellano. En las aldeas de behetría, y en las pequeñas aldeas de la frontera, aparece la figura del caballero villano, un caballero que, no pudiendo pagarse el armamento y el caballo, pertenecía a una villa que le sufragaba los gastos y a la que defendía. Esta figura aparece en el fuero de Castrojeriz del 974.

Navarra y Aragón

     En Navarra y Aragón la repoblación fue un proceso más complicado, puesto que sus zonas de expansión, lejos de estar deshabitadas, eran uno de los países más densamente poblados de la península: el valle del Ebro. Sólo en los valles del Pirineo tuvieron el protagonismo de la repoblación los campesinos.

     El peso de la repoblación de la frontera lo llevó: la nobleza guerrera en el caso aragonés, y los grandes monasterios en el caso navarro; aunque estas concesiones de tierras a los nobles no eran permanentes, y teóricamente volvían a la corona a la muerte del titular. Pero lo cierto es que se hicieron hereditarias y formaron grandes patrimonios territoriales. También crearon grandes patrimonios los monasterios, como el de San Millán de la Cogolla. El territorio de expansión inicial era mucho menor que en el reino astur, pero también la densidad de población de estos reinos era menor.

Los condados catalanes

     Al igual que Navarra, la zona de expansión de los condados catalanes es el valle del Ebro. Pero, a diferencia de aquellos, el peso de la repoblación lo llevaron los pequeños agricultores, recurriendo al derecho de aprisio. Los espacios sobre los que se extendieron fueron las llanuras costeras del Penedés, el Vallés y el Ampurdán.

     A diferencia de las aldeas castellanas, las catalanas cayeron bajo el dominio de un señor feudal que ocupaba un castillo y que ejerció sobre ellas amplios poderes, hasta llegar a los malos usos. Este territorio, dominado por las castellanías, se conocerá como Cataluña la vieja, donde más intenso será el feudalismo.

La expansión en los siglos XI al XIII

     Entre los siglos XI y XIII los reinos cristianos comienzan a expandirse hacia el sur. El califato de Córdoba se desmorona. En el 1002 muere Almanzor y en el 1031 se descompone el califato. Surgen, entonces, los reinos de taifas, que no tienen la fuerza suficiente para contener la expansión de los reinos cristianos. La suerte de la Reconquista es cambiante. Los cristianos son detenidos por los almorávides, pero vuelven a recuperar su impulso en la época de las segundas taifas. En el 1171 los almohades invaden al-Ándalus y unifican de nuevo el territorio: la Reconquista se detiene momentáneamente.

     En el año 1212 los reinos cristianos vencen a los almohades en las Navas de Tolosa. Es la primera vez que los reinos cristianos vencen a un imperio musulmán unificado. La Reconquista está consolidada y sólo quedará Granada como último reducto islámico en España.

La expansión castellana y leonesa

     En la expansión de Castilla y León se distinguen tres fases: la ocupación de los «Extrema Durii» en el siglo XI, la de la submeseta sur en el siglo XII, y la de Andalucía y Murcia en el siglo XIII, que no culminará hasta 1492 con la conquista del reino de Granada.

     La penetración al sur del Duero se había iniciado en el siglo X, tras la victoria de Simancas en el 939, pero no se había consolidado, y durante la época de Almanzor se habían perdido esos territorios. El avance se reanudará a mediados del siglo XI, tras la caída del califato, por Fernando I (1029-1065) rey de Castilla y de León. En el 1037 Castilla se convierte en reino, y luchará por la hegemonía en la península con León, aunque la mayor parte del tiempo son la misma corona. Los reinos de Castilla y de León son independientes entre los años, 1065 al 1072 y 1157 al 1230, año de la unión definitiva. El avance hacia el sur del reino castellanoleonés se caracteriza no sólo por la ocupación de tierras, sino por el cobro de parias a las taifas musulmanas. El sistema de parias se generaliza en toda la península, en este siglo. Logra que le paguen parias y le presten vasallaje los reyes de las taifas de Zaragoza, Toledo, Badajoz y Sevilla. Fernando I ocupará las plazas de Viseo, Lamego (1055) y Coimbra (1064). También ha de enfrentarse a los navarros (batalla de Atapuerca, en 1054). A su muerte, en el 1065, el reino se divide entre sus hijos: Castilla para Sancho II, con las parias de Zaragoza, León para Alfonso VI, con las parias de Toledo, Galicia para García, con las parias de Badajoz y Sevilla, y para Elvira y Urraca se conceden sendos señoríos: los infantazgos. Comienza una guerra civil entre ellos por controlar todos los reinos. De esta guerra sale vencedor en el 1072 Alfonso VI, que unifica de nuevo los reinos. El reinado de Alfonso VI es crucial en la expansión del reino castellanoleonés hacia el sur. En el 1085 conquista Toledo. Es la primera vez que se conquista una gran ciudad musulmana. Además, Toledo era la antigua capital visigoda. Tras su conquista, Alfonso VI se titulará Imperator Toletanus. Con la conquista de Toledo la frontera se establece en el Tajo. Pero los reinos de taifas piden ayuda a los almorávides que controlan el norte de África.

     La intervención de los almorávides detiene la Reconquista, al unificarse otra vez al-Ándalus y derrotar a los castellanos repetidamente. Alfonso VI concedería fueros a Burgos en el 1073, Sepúlveda en el 1076, Logroño en el 1095 y restauraría las sedes episcopales de Ávila en el 1087 y Salamanca en el 1102, en virtud de su condición de emperador. Pero, además, hizo efectiva la repoblación del espacio entre el Duero y el Sistema Central. La repoblación en esta zona suele ser denominada concejil. Se trata de una repoblación dirigida, planificada, en el que se daba fuero a un concejo y se le asignaba un alfoz. El territorio se denominaba comunidad de villa y tierra, con un núcleo central administrativo y defensivo. La administración será compartida por todos los habitantes del concejo. Este modelo de administración concejil del ayuntamiento será el que se mantenga durante toda la Edad Moderna y el que se exporte a América. Además, habrá un modelo de fuero, el de Sepúlveda, que se extienda por toda Castilla.

     El espacio entre el Duero y el Sistema Central se organiza como una sociedad de frontera, dedicada a la ganadería extensiva, ya que las personas podían huir con los animales en caso de peligro. Este tipo de economía comienza a desarrollar la trashumancia. También aparecen los caballeros villanos.

     El valle del Tajo y la submeseta sur, se conquistan en el siglo XII, y ofrecen condiciones totalmente distintas al valle del Duero. Su poblamiento es más denso. Los habitantes son musulmanes, y la vida urbana es mucho más activa que en los reinos cristianos. El punto de partida de la repoblación de este país fue la conquista de Toledo, en el 1085. A pesar de la invasión almorávide, la Reconquista no da marcha atrás. El modelo de repoblación más difundido en el valle del Tajo es el concejil, pero sobre ciudades y pueblos musulmanes, y con un alfoz más amplio. El fuero que recibieron fue el que tradicionalmente se le daba a las poblaciones leonesas. En las zonas más expuestas, La Mancha y Extremadura, la repoblación corre a cargo de los nobles y las grandes órdenes religiosas. Sobre todo van a recibir tierras la diócesis de Toledo y las órdenes militares. De esta forma se crean los grandes señoríos territoriales. Sin embargo, en estos señoríos las ventajas para los habitantes avasallados son mayores que en otras partes, ya que deben recibir privilegios para decidirse a abandonar sus tierras y poblar otras.

     La paulatina descomposición del Imperio almorávide posibilitó la reanudación de la Reconquista. Entre 1144 y 1157 aparecen las segundas taifas. Alfonso VII toma Oreja en 1139, Coria en 1143, Calatrava en 1146, con lo que se consolidó la repoblación del valle del Tajo.

     En el año 1147 los almohades comienzan a establecerse en algunas taifas y en 1157 luchan contra los cristianos en la península con eficacia. Las taifas andalusíes prestan vasallaje a los almohades. En 1157 se separan los reinos de Castilla y León, tras la muerte de Alfonso VII.

     Portugal nace de la dote que Alfonso VI concede a su hija Teresa, con motivo de su boda con Enrique de Lorena. El condado, desde muy pronto, mostró sus tendencias secesionistas. Tras la muerte de Alfonso VI, Alfonso I Enríquez logra la emancipación del condado en 1139, proclamándose rey de Portugal. Los enfrentamientos con León y con Castilla son constantes. En 1143 se firma la paz de Zamora entre Alfonso VII y Alfonso I Enríquez, en la que el rey castellano reconoce la independencia de Portugal, pero prestando vasallaje a Alfonso VII. En 1142 Alfonso I Enríquez se avasalla con la Santa Sede, con lo que hace efectiva su independencia. Alfonso I Enríquez conquistará Lisboa y Santarem en 1147, en los años 1160 el Alentejo, en 1212 Alfonso II de Portugal participa en las Navas de Tolosa, y en 1249 Alfonso III conquistó el Algarve y Faro. Es la España de los cinco reinos: Portugal, Castilla, León, Navarra y la Corona de Aragón, que tendrá vigencia hasta el 1230, año de la unificación definitiva de Castilla y León. En 1151 las coronas de Castilla y Aragón se reparten las zonas de expansión, en Tudillén. Este tratado se modificará en 1179 en Cazorla para suprimir el homenaje de los reyes aragoneses a los castellanos. Con este tratado Navarra pierde sus oportunidades de expansión hacia el sur y pondrá sus esfuerzos en el norte, hasta conseguir regir el reino de Francia.

     La invasión almohade se produce en el año 1170, al mando de Abú Yaqub Yusuf I, y detiene otra vez el progreso de la Reconquista. En 1177 Alfonso VIII, con la ayuda de Alfonso II de Aragón, toma Cuenca, pero las conquistas cristianas son pocas. En 1195 Alfonso IX de León pacta la paz con los almohades. Las disensiones se muestran entre los reinos cristianos, por las fronteras. En 1212 el arzobispo de Toledo logró del papa Inocencio III la proclamación de Cruzada para la lucha contra los almohades. Todos los reinos cristianos de la península, y tropas francesas, se unen para luchar contra ellos. Toman Malagón, Calatrava y Alarcos. Ese mismo año tiene lugar la batalla de las Navas de Tolosa, que es la puerta de entrada al valle del Guadalquivir. La derrota de las Navas de Tolosa supone el fin del Imperio almohade y del tercer periodo de taifas. Sólo se consolida la taifa de Granada.

     En el siglo XIII se conquistará el valle del Guadalquivir, Extremadura y Murcia. La victoria de 1212 en las Navas de Tolosa modificó definitivamente el equilibrio militar entre musulmanes y cristianos, abriendo para estos el valle del Guadalquivir. Se inicia, así, una rápida reconquista por parte de Castilla. Pero la ofensiva militar comenzó con Fernando III el Santo (1217-1252) tras la unión definitiva de Castilla y León en 1230. En 1236 se ocupa Córdoba, en 1246 Jaén y en 1248 Sevilla. A Fernando III le sucede Alfonso X el Sabio que finaliza la conquista del valle de Guadalquivir conquistando en 1262 Cádiz y Niebla. Alfonso X el Sabio puso en marcha un plan de colonización del valle del Guadalquivir, en el que tenían protagonismo las órdenes militares (Santiago, Calatrava, Medina Sidonia, etc.), ante la resistencia del reino de Granada, y en el que también se potencian los concejos, tratando de expulsar a la población musulmana. También recibió grandes extensiones la diócesis de Toledo. Alfonso X el Sabio creó la Escuela de traductores en Toledo que era el centro cultural más importante de la cristiandad. Promulgó un código jurídico, las Partidas, a raíz de la cual se amurallan las ciudades.

     En 1243 el monarca murciano Ibn Hud se declaró vasallo de Fernando III, con lo que este territorio entró a formar parte de la Corona de Castilla. Los musulmanes de esta taifa fueron mejor tratados, hasta que tras la rebelión de 1244 fueron expulsados. La llegada de los colonizadores castellanos produjo resistencias entre la población mudéjar. Forzó un primer repartimiento en 1257. En 1264 se produjo la primera rebelión mudéjar, pero no la última. Las rebeliones fueron frecuentes hasta la expulsión de los moriscos en 1609.

La expansión de la Corona de Aragón

     A comienzos de siglo XI Navarra y Aragón permanecen unidos en manos de Sancho III Garcés el Mayor (1000-1035). Sancho III logró extender su reino a costa del reino moro de Zaragoza, e incorporó las tierras de Sobrarbe y Ribagorza, es la época de la caída del califato de Córdoba. Almanzor ataca toda la zona en sus razias, como hará con todos los reinos cristianos. A la muerte de Sancho III Garcés el Mayor se divide el reino entre sus hijos. Navarra para García Sánchez IV, Aragón para Ramiro I, Sobrarbe para Gonzalo y Castilla para Fernando I. Con Ramiro I el reino de Aragón comienza su andadura como territorio independiente, en el 1035. Para conservar su independencia Sancho Ramírez V se enfeudará con el papado en el 1068. El avance territorial de los primeros reyes aragoneses es escaso. La Reconquista comienza con Sancho I y Pedro I que conquistan el valle del Cinca. En el 1094 ocupan Huesca, pero el avance más importante lo hizo Alfonso I el Batallador que en 1118 toma Zaragoza y en 1120 Calatayud y Daroca. Pero también intenta unificar sus territorios, y en 1123 sitia Lérida, ya bajo el gobierno del conde de Barcelona Ramón Berenguer III. Mantuvo sus posesiones en Castilla hasta que fueron conquistadas por Alfonso VII de Castilla en 1127. A Alfonso I el Batallador le sucede en 1134 Ramiro II en Aragón, y García V Ramírez en Navarra, que inicia su historia independiente. Ramiro II hubo de sofocar las rebeliones nobiliarias, que darían lugar al episodio de la campana de Huesca, en 1135. A Ramiro II le sucede en el trono su hija Petronila. En 1137 Petronila se casará con el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, que se convertirá en gobernador de Aragón. Su hijo, Alfonso II se convierte en rey de Aragón y Cataluña formando la Corona de Aragón.

     A comienzos del siglo XI los condados catalanes son una potencia peninsular independiente y consolidada. Después de la aceifa contra Barcelona de Almanzor, en el 985, el conde Borrell II solicitó una tregua a Córdoba, pero esta no dura más que hasta el año 1000, cuando los catalanes comienzan su reconquista y repoblación. El progresivo desmembramiento del Califato favorece las intenciones de los condes de Barcelona. En el 1003 Abd al-Malik ataca Barcelona, y Ramón Borrell I pide la paz. En el 1010 comienzan las razias catalanas por al-Ándalus. Ese año, el conde de Barcelona, Ramón Borrell III, apoya a Mohamed II como nuevo califa, pero es restaurado Hisam II. En el año 1015 Ramón Borrell III ataca las fronteras del Ebro y ocupa las tierras hasta el río Gaya. En el 1018 muere Ramón Borrell III y le sucede su hijo, menor de edad, Berenguer Ramón I. El condado entra en crisis y se independizan de Barcelona Gerona y Vich. Aunque Berenguer Ramón I restaura el condado. El dominio del condado de Barcelona sobre este país es evidente a partir de Ramón Berenguer I el Viejo (1035-1076). Comienza a utilizarse el topónimo Cataluña para referirse a él. Ramón Berenguer I el Viejo impone parias a las taifas limítrofes, como Zaragoza y Lérida, en el año 1038. En el 1052 la unidad de Cataluña permitiría comenzar la Reconquista. Sin embargo, las luchas internas por la sucesión lo impidieron. Será Ramón Berenguer III el Grande (1097-1131) el que amplíe el territorio tanto al sur, como al oeste y el norte. En 1131 es conde de Barcelona Ramón Berenguer IV,  y en 1137 se casa con Petronila, reina de Aragón y se convierte en gobernador de Aragón. Cataluña se transforma en principado. Su hijo, Alfonso II de Aragón, será, en 1162, rey de Aragón y conde de Barcelona, títulos que llevarán en lo sucesivo todos los reyes, creando así la Corona de Aragón.

     La Corona de Aragón no sólo se expande hacia el sur, sino que también lo hace hacia el norte y por el Mediterráneo. Tiene bajo vasallaje a todo el Midi francés, el Rosellón, la Provenza, Foix y hasta el Langueloc. El dominio de Aragón sobre este país no terminaría hasta la muerte de Pedro II, en 1213. La expansión hacia el Mediterráneo comenzó pronto. En 1149 Ramón Berenguer IV había ocupado Tortosa y Lérida, pero las disputas con Aragón por la expansión por el este le impulsaron a extender sus dominios hacia el sur y el Mediterráneo. Alfonso II conquista Teruel y Albarracín, en 1170 y 1172 respectivamente. El Tratado de Tudillén, en 1151, había limitado sus posibilidades de expansión hacia el sur. Pedro II el Católico (1196-1213) consolidará su territorio, pero no será hasta Jaime I el Conquistador (1213-1276) cuando Aragón tenga su mayor impulso batallador. Entre 1229 y 1235 se conquistan las Baleares y en 1238 Valencia, con lo que prácticamente terminaría su expansión en la península. Ambos reinos se convertirían en centros comerciales claves para la talasocracia que estableció la corona. Pedro III el Grande (1276-1285) conquistará Sicilia en 1282. La expansión por el Mediterráneo continuaría durante todo el siglo XIV.

     La repoblación del valle del Ebro por parte de Cataluña y Aragón tienen rasgos distintos con la castellana, ya que este era un territorio muy poblado; y los naturales eran musulmanes. Todas las ciudades conquistadas tuvieron actas de capitulación en las que se establecía que la población musulmana debía abandonar su recinto amurallado en un plazo de tiempo, aunque conservaban sus propiedades, sus costumbres y su legislación. La mayor diferencia era que el señor feudal pasaba de ser un musulmán a ser un cristiano. La zona conquistada tras la formación de la Corona de Aragón se conocerá como Cataluña la nueva, en donde no se impondrán los malos usos como en Cataluña la vieja, debido a los fueros favorables que se concedían.

Navarra

     Navarra quedará fuera de la expansión hacia el sur después del Tratado de Tudillén en 1151, entre Aragón y Castilla. Navarra intentará su expansión hacia el norte, emparentando con los Borbones. A la muerte de Sancho III Garcés de Navarra se divide el reino entre sus hijos. Navarra para García Sánchez IV, Aragón para Ramiro I, Sobrarbe para Gonzalo y Castilla para Fernando I. El reino de Navarra comienza su andadura independiente.

     Navarra será plenamente independiente desde el 1035 hasta el 1076 en que Sancho V, rey de Aragón, se hace con la corona. Esta unión se mantendrá hasta 1134, en que García V Ramírez el Restaurador recupere la independencia para el reino. En él se incluyen los territorios de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa. Sancho VI el Sabio (1150-1194) perdió Álava, Guipúzcoa y Logroño ante Alfonso VIII de Castilla. Sin embargo, las fronteras definitivas del reino no se establecieron hasta el reinado de Sancho VII el Fuerte (1194-1234). Navarra quedó como un reino residual entre dos grandes potencias: Castilla y Aragón.

     Desde 1234 hasta 1274 reina en Navarra la casa de Champaña, con lo que la monarquía navarra entra en el ámbito francés. En 1285 Felipe I será rey de Francia. La casa de Navarra reinará en Francia hasta 1328.

Bibliografía

Miguel Artola: «Enciclopedia de historia de España». Alianza. Madrid 1988
René Fédou: «El Estado en la Edad Media». Edaf. Madrid 1977
Jean Carpentier y François Lebrun: «Breve historia de Europa». Alianza. Madrid 1994
Fernando García Cortázar, y José Manuel González Vesga: «Breve historia de España». Alianza. Madrid 1994

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