Tema 33
La monarquía hispánica bajo los Austrias: aspectos políticos, económicos y culturales

Última revisión junio del 2008. Ver un resumen.

Introducción *
La Corte *

Los secretarios *
Los consejos *
Las pragmáticas *
El virrey *
Las Cortes *
Las cancillerías y las audiencias *
La Hacienda * Las tasas *
Los estancos *
Los impuestos transferidos: las contribuciones eclesiásticas *
Servicios y millones *
Las dificultades financieras y el crédito *
La política europea *
La política en las Indias *
Economía * Agricultura *
Industria *
Comercio *
Sociedad * Población *
Estructura *
Conflictos sociales *
Cultura * Educación *
Literatura *
Arte *
Música *
Bibliografía *

Tema

Introducción

     La dinastía de los Austrias reina en España durante los siglos XVI y XVII. Los reyes de esta época son: Carlos I (1516-1556), Felipe II (1556-1598), Felipe III (1598-1621), Felipe IV (1621-1665) y Carlos II (1665-1700).

     La dinastía llega a España tras la muerte de Fernando V el Católico, que deja en herencia el trono de España a su nieto Carlos I, hijo de Felipe I el Hermoso y Juana I la Loca, heredero de la casa de Habsburgo, de la corona imperial con el nombre de Carlos V. Es, además, heredero de las coronas de Castilla, Aragón y Borgoña, a las que se añadirán los territorios de las Indias, recientemente descubiertas, Túnez y los Países Bajos, parte de la base territorial del Imperio.

     El título imperial se lo ha de disputar a Francisco I de Francia, lo que le involucrará en diferentes guerras por la corona imperial. Carlos V será coronado emperador, finalmente, en 1519. Aunque las guerras no terminan hasta la paz de Crepy, en 1544. Una de las características de los títulos ostentados por Carlos es la absoluta desvinculación de la monarquía con el Imperio. En la Decisión de Worms de 1521 Carlos cede Austria a su hermano Fernando, y por tanto la corona imperial. Es el comienzo de la formación de la monarquía hispánica. El concepto de Imperio era el de una monarquía universal y cristiana, que federase a todos los reinos, pero lo cierto es que la corona imperial no tenía muchas prerrogativas.

     El heredero de Carlos I es Felipe II, que accede al trono de España en 1556 y que hereda el de Portugal en 1580, con todo su imperio. Este territorio estará vinculado a España hasta 1640. Se forma así el imperio más extenso de la historia, donde «no se pone el sol». Pero un imperio tan grande favorece la formación de alianzas antiespañolas de los demás países europeos.

     Los Habsburgo consolidan la monarquía absoluta, en la que el rey legisla, juzga y ejecuta. Él es la única fuente de creación de leyes. Los monarcas del siglo XVI favorecen la recepción del Derecho romano, que se convertirá en el modelo de derecho, gracias a la labor de los letrados que se forman en universidades; como las de Bolonia, Salamanca, París, Palencia o Valladolid, y que serán quienes sostengan ideológicamente a la monarquía absoluta. La recepción significa, entre otras cosas, que el rey está sometido a sus propias leyes. Las leyes se crean por medio de las pragmáticas, que se publican en las distintas lenguas de los diferentes reinos y sólo tiene vigencia en los reinos en los que se publican. Estas pragmáticas, generalmente, están destinadas a resolver problemas concretos, y no suelen contradecir el Derecho romano.

La Corte

     Con la herencia de las coronas de Aragón y Castilla que recibe Carlos I, se forma la monarquía hispánica, a partir de ahora el rey será rey de España, título que no se había empleado hasta el momento por considerarse que todos los reyes de la península eran reyes españoles. Sin embargo, las condiciones en las que vive el rey y emperador son las mismas que las de sus ascendientes medievales. Esta condición errante del emperador la adoptó en 1529, por la que debe visitar periódicamente todos sus reinos para resolver los diferentes problemas, lo que hace muy lenta la toma de decisiones. Además, debe desplazarse con toda la Corte y todos los asuntos.

     Felipe II abandona esta condición y opta por establecer un centro donde acudan todas las informaciones y todos los que deseen resolver algún problema. De este centro parten, también, todas las decisiones. Felipe II se resistirá a abandonar la capital, y solo irá a los Reales Sitios. Esta capital se establece primero en Valladolid y luego en Madrid, donde se asentará la Corte definitivamente en 1561; tras alguna vuelta a Valladolid.

     La sedentarización de la Corte implica la creación de algunas instituciones políticas, necesarias para el funcionamiento de un incipiente Estado. Sólo al Inquisición era una institución implantada en todos los reinos.

Los secretarios

     Los secretarios son herederos de los antiguos escribanos. Son los inmediatos colaboradores del rey, y sus hombres de confianza, a quienes consulta sobre cualquier asunto. Hay secretarios del Rey, secretarios de Estado y secretarios de Despacho, cada uno con sus funciones. Tienen relaciones con los consejos, y son consultados en privado, o antes de tomar una decisión.

     En la centuria siguiente los secretarios pierden su influencia en favor de los validos, que tienen competencias menos definidas, pero que gozan de la confianza del rey y ejecutan en su nombre, incluso llegan a sustituirles. Sólo Godoy llegó a recibir una delegación oficial de competencias.

Los consejos

     Los consejos son órganos colegiados que adoptará Carlos I. El primero en crearse, y el más importante, fue el Consejo de Estado. El secretario de Estado se encargaba de las relaciones entre el Consejo de Estado y el rey. Son órganos consultivos formados por juristas (reunidos para la ocasión) y presididos por el rey.

     Los consejos son herencia de la Edad Media, donde existían los consejos de Castilla y de Aragón, pero con Carlos I se hacen más complejos y cambian de naturaleza. El consejo fue un órgano útil en la Edad Media en Aragón y Castilla ya que gobernaba en ausencia del rey.

     En el siglo XVI su carácter consultivo implicaba que no fuesen responsables de ejecutar las decisiones del rey. En un principio trataba de todos los temas, pero progresivamente se fueron desgajando de él ciertos asuntos, y se crearon los consejos de Guerra, Hacienda, Inquisición, la Mesta, etc. A partir de 1524 se comienzan a crear consejos territoriales, como los de Aragón, Italia, Indias, Flandes, Portugal, etc. debido a la falta de integración política de los reinos de la corona.

Las pragmáticas

     La pragmática es la institución por la cual el rey crea leyes. Las pragmáticas, sólo en contadas ocasiones, regulan la vida de los súbditos; para eso está la recepción del Derecho romano; pero sí regulan el funcionamiento de las instituciones. Los municipios no tienen una ley impuesta que deban cumplir, pero no pueden cambiarla sin autorización real expresa.

     Hay leyes para grupos privilegiados, como la Mesta, o los gremios, pero no hay una ley para todo el territorio de la corona, aunque la pragmática tiene validez en todo un reino. La recepción del Derecho romano es la fuente de la ley y las pragmáticas.

El virrey

     El virrey es una institución aragonesa que se extendió a todos los reinos de la corona española. El virrey es el que hace las funciones del rey en ausencia de este. Desde que Felipe II se instaló en Madrid permanentemente esta figura se convirtió en imprescindible en todos los reinos.

     Los virreyes eran personas de confianza del rey, y miembros de su familia o la nobleza. Al ser designados reciban también instrucciones escritas. Recibieron apoyo de las instituciones, tanto del Consejo, para la gobernación, como de la Audiencia, para la justicia. Podían promulgar pragmáticas que debían ser ratificadas por el rey. Estas pragmáticas se recogían en recopilaciones. Los Austrias, en un intento de lograr la integración de los reinos de la corona, y para evitar la creación de oligarquías autóctonas, solían nombrar virreyes ajenos al reino al que iban a gobernar, lo que no dejó de traer problemas.

     Para controlar las actuaciones de los virreyes se empleó la visita y el juicio de residencia, o purga de taula. Entre las obligaciones de virrey estaban asegurar el orden público y convocar las Cortes.

Las Cortes

     Las Cortes son el órgano de representación de los reinos ante el rey. No son Cortes como las actuales, sino medievales, que tienen peticiones acordes con su época, y donde estaban representadas las ciudades. Las Cortes, en todo momento, pretendieron limitar el poder del rey, poniendo por delante de la voluntad del rey sus leyes tradicionales. Las Cortes se reunían, sobre todo, para ratificar la coronación del rey (ceremonia en la que se comprometía a respetar sus costumbres) para votar los impuestos extraordinarios o aumentar los ordinarios, y para prestar diversos servicios, como los de armas. A pesar del absolutismo de los Austrias, las Cortes se siguieron convocando hasta bien entrado el siglo XVII, y la diputación (institución creada en Cataluña que fue adoptada en todos los reinos) continuó funcionando, ya que era la encargada de ejecutar las decisiones de las Cortes. Pero la convocatoria de las Cortes se fue dilatando cada vez más, y los conflictos fueron cada vez más frecuentes.

     En la monarquía hispánica cada reino conservó sus Cortes (stamenti, senato) con sus Estados Provinciales y Generales, aunque con el tiempo las Cortes castellanas tuvieron más importancia que las del resto de los reinos. Todas ellas responden a un modelo común, divididas en brazos (Nobleza, Clero y Reino o Tercer Estado). Las competencias de las Cortes nunca se pusieron por escrito, pero trataban fundamentalmente de asuntos financieros y presentación de peticiones al rey. En Aragón, antes de tratar de cualquier asunto, lo primero era la reparación de agravios. Lo que nunca hicieron estas Cortes fue compartir con el rey la potestad legislativa. También se reunían los estamentos por separado, para tratar asuntos de especial importancia, en lo que se llamaban parlamentos.

     Las Cortes de los siglos XVI y XVII continuaron con las mismas competencias que la medievales y la misma representación en cada territorio, cada reino tenía sus Cortes ya que tenía su Hacienda y su aportación al Ejército. Sólo el conde-duque de Olivares intentó unificar el ejército de toda la monarquía, pero fracasó. Los servicios extraordinarios que se pedían a las Cortes eran recibidos con muchas precauciones y eran concedidos a cambio de alguna delegación del poder real; a cambio el rey intentaba que fuesen permanentes, y no solía cumplir las condiciones pactadas, por lo que eran frecuentes las tensiones. Una labor a la que se dedicaron las Cortes fue la recopilación de los fueros por escrito, como los Usatges, las Costumes o los Fueros, para asegurarse el cumplimiento de las promesas reales y la limitación del poder del rey. La Ley Vieja era más importante para las Cortes que las decisiones del rey y en ocasiones se utilizaba la fórmula «se obedece, pero no se cumple» con el fin de evitar enfrentamientos.

     Uno de los servicios que las Cortes debían prestar al rey era el de armas, pero a este servicio no estaban obligados todos los reinos por igual, y los conflictos en los que se veía involucrado el rey eran cosa de cada reino. Los conflictos de Felipe II en los Países Bajos, o la secesión en 1640 de Portugal con Juan de Braganza, fueron conflictos de estos reinos con su rey, no con España.

     Las Cortes se fueron convocando cada vez más raramente, en la medida que la corona podía disponer de dinero sin convocarlas. Desde 1620 en la convocatoria de las Cortes no hay peticiones y desde 1658 la Diputación pasó a ser la Sala de Millones del Consejo de Hacienda. Tras la guerra de Sucesión, en 1715, las Cortes no se volvieron a convocar nada más que para coronar reyes.

Las cancillerías y las audiencias

     Las cancillerías y las audiencias fueron los órganos judiciales por excelencia, en ausencia del rey. Estaban compuestas por letrados y juristas. La Cancillería, nacida en el siglo XII, era la institución encargada de redactar la documentación regia, y de validarla con el sello real. Además, también era la encargada de vigilar que las decisiones del rey se ajustasen a derecho. Los dictámenes de las audiencias debían ser validados con el sello real, de ahí su importancia. Sólo existieron dos cancillerías: una en Valladolid y otra en Granada, desde 1505 (fundada en Ciudad Real en 1494).

     Pero los auténticos órganos judiciales de rango superior en los distintos reinos eran las audiencias, la primera instancia de la justicia eran los alcaldes. En ocasiones estaban tan sólo sometidas, jerárquicamente, a los consejos territoriales. La justicia era una prerrogativa del rey, pero la delegaba en la Audiencia. La última instancia era el rey.

     En los siglos XVI y XVII se crearon audiencias en Galicia, Canarias (1526), Sevilla (1566), Asturias (1717) y Extremadura (1790). Navarra no contó con audiencia, puesto que la función de jueces superiores la desempeñaba su Consejo Real. En la Corona de Aragón cada reino tuvo su audiencia. También se crearon audiencias en las Indias, en Santo Domingo en 1511, México en 1527, Panamá en 1538, Lima y Guatemala en 1542, Bogotá y Guadalajara en 1548, Charcas en 1559, Quito en 1563, Concepción entre 1565 y 1573, Manila en 1583, Santiago en 1606 y Buenos Aires entre 1661 y 1671. Estas audiencias tenían, también, competencias en el gobierno. El presidente de las audiencias americanas solía ser el virrey o un presidente civil o militar si no había virrey en la ciudad.

La Hacienda

     La hacienda del Estado estaba a cargo del Consejo de Hacienda. La hacienda tiene un fin recaudador, pero recaudar el dinero de los súbditos, en aquella época, era muy complejo y caro, por lo que se suelen alquilar los derechos de recaudación, es lo que se conoce con el nombre de encabezamientos.

     La hacienda moderna es una prolongación de los principios fiscales de la medieval. Continúa la pluralidad de haciendas, ya que cada reino tenía la suya. Otro problema importante era el del traslado de capitales, por lo que las rentas había que consumirlas en el lugar donde se pagaban. El afán recaudador del rey estaba limitado por las Cortes, que era la que debía autorizar la recaudación de los impuestos extraordinarios.

     Las rentas ordinarias son muchas y consumen gran parte de los excedentes de la producción agrícola e industrial. Una de las características de la hacienda del Antiguo Régimen es la ausencia de impuestos directos. Impuestos directos, tradicionales en Castilla, como la cartinega y la renta de población fueron perdiendo importancia económica.

     La recaudación de impuestos suponía más gastos que ingresos, por eso se inventó el sistema de encabezamientos, o alquiler del derecho de recaudación, con lo que la corona se aseguraba unos ingresos fijos, aunque menores de lo que le hubiese correspondido. Los que consiguen, tras subasta, un encabezamiento se les llama arrendadores mayores. Los encabezamientos aparecen en los primeros años del siglo XVI y se subastaba en los territorios. En 1534 se subastó en todo el reino el encabezamiento general, pero no fue suscrito hasta el 15 de agosto de 1536.

     Mayor importancia tuvieron los impuestos indirectos, que gravaban, sobre todo, el comercio y el transporte. Hay diversas tasas, las más importantes son: las alcabalas y las rentas generales. La alcabala fue la más importante figura fiscal del Antiguo Régimen. En su origen fue un impuesto local, que data de 1342. Generalmente era un 10% del valor de las cosas.

     Ante la tendencia a perpetuarse las cantidades pagadas, a pesar de la inflación, Felipe IV se vio obligado a aumentar sus ingresos creando nuevos impuestos; entre los que destacan los cientos, un aumento porcentual de la tasa de la alcabala. En un principio sólo era para determinados servicios, pero su vinculación a la alcabala permitió que se perpetuase. Pero lo normal era que se tuviese que recurrir a los impuestos extraordinarios.

     También existieron impuestos territoriales fijos, recaudados por las diputaciones. Fueron los equivalentes en Aragón, o la contribución única en Navarra. Esta contribución territorial se determinaba según la riqueza territorial teórica; pero no hubo un intento serio de conocer cuál era la riqueza real del reino hasta la encuesta (el catastro de la riqueza) del Marqués de Ensenada de 1749, que sustituirá las rentas directas por rentas provinciales. Se pretenderá sustituir la multitud de impuestos: millones, cientos, alcabalas, servicios, etc., por uno solo.

     No sólo el rey recaudaba impuestos, sino que también lo hacían los señores feudales y la Iglesia, con el diezmo.

Las tasas

     Las tasas gravan el comercio con impuestos de paso y aduanas, como: el portazgo, el pontazgo, las alcabalas, el almojarifazgo o impuesto de aduana, o el de Indias en Sevilla. El comercio era de las actividades económicas más gravadas.

Los estancos

     Los estancos eran monopolios comerciales, de producción y venta, del Estado. Se centraban en los productos básicos, como la sal que promulgó Alfonso XI en 1338, el hielo, el plomo, el azufre, los naipes, el azogue, el tabaco que se promulgó en 1636 para Castilla, el papel sellado, etc.

Los impuestos transferidos: las contribuciones eclesiásticas

     Aunque la Iglesia no pagaba impuestos, y si los recaudaba (el diezmo), para mantener sus privilegios ante el rey hubo de conceder contribuciones para el sostenimiento del Estado. Fue una contribución mínima, y en principio de carácter extraordinario, que la corona trató de perpetuar.

     Desde de siglo XIII se vienen pagando las tercias reales que quedaron fijadas en dos novenos del diezmo. En 1485 se crea la bula de cruzada, un privilegio que la Iglesia concedió al Estado y que terminó perpetuándose. En 1565 Felipe II instituyó el excusado, como una serie de bulas de la Iglesia al Estado. El cobro del excusado no comenzó hasta 1572. En el quinquenio de 1573 a 1577 aparecen las concordias otra contribución de la Iglesia al Estado. Además, hubo de pagar impuestos extraordinarios como el fondo pío beneficial, para financiar guerras.

Servicios y millones

     Los servicios y los millones son impuestos extraordinarios que la corona pide a las Cortes, y que intentará hacerlos perpetuos. Son cantidades fijas y ocasionales, que serán concedidos al rey a cambio de privilegios para el Reino. Estos impuestos serán recaudados por las diputaciones.

     Los servicios se fijaron definitivamente en 1538, en las Cortes de Toledo, en 300 millones de maravedís, con lo que se convirtió en un impuesto ordinario.

     En 1590 se votan los primeros millones. El presidente de las Cortes los pide en nombre del rey, se discute la cuantía, y se conceden con determinadas condiciones. El rey tratará de no cumplirlas.

     Otro impuesto extraordinario fue la sisa, que no se podía mantener durante mucho tiempo, ya que consistía en entregar, al mismo precio, menores cantidades de aceite, vino, vinagre, carne, azúcar, etc.

Las dificultades financieras y el crédito

     La recaudación de impuestos no es fácil, y además lo recaudado suele ser insuficiente para las necesidades financieras de una corona que está presente en todo el mundo. La división territorial de las provincias tampoco facilita la tarea, pero esto no se resolverá hasta la división provincial de 1833.

     La corona suele tener, frecuentemente, problemas de liquidez por lo que suele recurrir al préstamo de las instituciones financieras más poderosas de la época. La primera gran quiebra se produjo en 1557, un año después de la coronación de Felipe II. El sistema de asientos es una forma muy fácil de la corona para conseguir liquidez, y evitar así convocar a las Cortes. La corona suele poner como garantía el alquiler de los impuestos. Serán muy frecuentes, durante todo el Antiguo Régimen, las quiebras y bancarrotas, particularmente frecuentes en el siglo XVII que se solventan con la emisión de juros y de deuda pública. Como medio excepcional de recaudar dinero se vendió patrimonio, se obligó a hacer donaciones a los miembros más ricos de la sociedad y se «vendieron» vasallos, con lo que se concedían señoríos jurisdiccionales, en los que se podía recaudar impuestos, durante tiempos limitados. Los donativos se iniciaron en 1590 con Felipe II. La venta de vasallos era más problemática, puesto que requería la aprobación de las Cortes.

     Los banqueros más importantes de la época fueron los italianos Gentile y Spinola, que prestaron a Carlos I; los alemanes Fúgger y Schultz, que prestaron a Felipe II; y los españoles Bernuy, Cueñas y Curiel de Torre. A todos ellos se les pagaba con el oro que llegaba de América.

La política europea

     La política de España en Europa está directamente relacionada con la de la corona imperial. La formación de una monarquía hispánica, desvinculando de la corona de España y la corona del Imperio no significó que España dejase de ser la primera potencia mundial, ni que el titular de la corona imperial tuviese más influencia. Además, pertenecía a la misma familia, con lo que España tendió a ayudar a la corona imperial.

     Si Castilla se había orientado hacia el Atlántico, Aragón había conseguido una importante base territorial en el Mediterráneo, que iba de los Pirineos, a ambos lados, hasta Grecia, pasando por Italia y el norte de África. El proceso lo culminó Felipe II en la batalla de Lepanto. Sin embargo, los Austrias sustituyen el tradicional pactismo de la monarquía medieval aragonesa por un autoritarismo absoluto.

     La herencia europea de los Habsburgo es impresionante, ya que tiene bases territoriales, en los Países Bajos y en Portugal. Esta extensión de la corona de España le vale para que se formen alianzas contra ella, particularmente de Francia, Inglaterra, algunos países alemanes protestantes y el papado, de carácter antiespañol.

     La disputa de la corona imperial lleva a una guerra con Francia entre Carlos V y Francisco I. Estas guerras se disputan, principalmente, en Italia, en los Estados Pontificios, ya que el Imperio tiene motivos de disputa de la legitimidad con el papa.

     La guerra de los Treinta Años será la más importante en la que se verá involucrada la corona española. Es inicia en 1618 dentro del Imperio y acaba en 1648 siendo una guerra europea por el juego de solidaridades dinásticas y la defensa de intereses particulares. Esta guerra ha sido considerada, primero como una guerra religiosa, del catolicismo contra el protestantismo; pero también tenía una importante componente política, porque estaba en juego quién mandaba en la Iglesia: si el papa, el emperador o los príncipes de los distintos países. También estaba implicada la posición de social de la burguesía; una nueva clase social que despuntaba en estos momentos. Felipe II pretendía hacer del Imperio un Estado centralizado y católico, lo que era una amenaza para el poder de los príncipes luteranos. Además, las monarquías europeas pretendían acabar con la hegemonía de los Habsburgo. España pondrá sus ejércitos al servicio de la causa imperial.

     Pero más importante que las guerras fue la importación y exportación de instituciones de unas coronas a otras. Los virreyes eran una institución de la Corona de Aragón que se extendió por toda la corona española, pero sobre todo se tendió a la centralización y a la castellanización general de las instituciones, principalmente a partir de la creación de los consejos territoriales en 1524. Este centralismo supuso un aumento de la burocracia. Para lograr una cierta integración de los reinos de la corona se ponía al frente de ellos a personas extranjeras, con lo que se pretendía evitar la consolidación de oligarquías locales, pero que generaban muchas protestas.

La política en las Indias

     Las Indias eran un territorio nuevo que no tenía Estado, y donde la corona podía ejercer su poder absoluto sin las limitaciones de los derechos adquiridos que tenía en otros lugares. Desde el principio se intenta no poner en marcha los acuerdos de las Capitulaciones de Santa Fe, lo que no será posible hasta la muerte de Colón.

     Desde muy pronto se debate el asunto de los repartimientos y la encomienda, que la corona intentará erradicar definitivamente; pero que se encontrará con las reticencias de los indianos.

     Carlos I promulgará las Leyes Nuevas para el gobierno de las Indias, en las que se reconoce que los indios son libres, pero en las que consagra la guerra justa y el requerimiento, estas leyes regulan, también, los nuevos descubrimientos. Las Leyes están inspiradas en las experiencias de fray Bartolomé de las Casas, a pesar del fracaso de su proyecto. Las encomiendas se hacen temporales, lo que condena a muerte a la institución, pero se mantienen los servicios forzosos a la comunidad.

     En las Indias se implantan las instituciones castellanas, mayoritariamente, entre las que destacan el virrey y la Audiencia.

     El poblamiento de las Indias supone, también, la creación de ciudades de nueva planta, y la evangelización de los indios, que tenderán a vivir en las ciudades de los españoles, abandonando el campo, o sus propias ciudades. La evangelización de los indios es lo que da legitimidad a la corona para someter aquellas tierras.

     Los asuntos de las Indias se centralizan en España, en el Consejo de Indias y en la Casa de Contratación.

Economía

     La economía española bajo los Austrias tiene dos tendencias, generales, diferentes: la expansión en el siglo XVI y la crisis en el siglo XVII.

Agricultura

     El tipo de agricultura dominante continúa siendo la tradicional de subsistencia, a la que llegan nuevos productos y en la que se integra el ganado y el bosque.

     En el siglo XVI se observa un importante crecimiento de la producción, que se traduce en un aumento de la población, tanto rural como urbana. El aumento de la producción agrícola genera tensiones con la Mesta, ya que necesita superficie de expansión, que ocupa la ganadería extensiva. La superficie se gana comiendo terreno a los pastos, y reduciendo la superficie de barbecho, gracias a la asociación de cultivos, que empezaba a generalizarse en esta época. Se hace necesaria más superficie de cultivo para la alimentación humana. Los bueyes, que se venían utilizando para arar las tierras y como animal de tiro, son sustituidos por mulas, mucho más rápidas y menos exigentes en la calidad de la comida (comen paja seca) pero, sin embargo, aran a una profundidad menor. No en todos los reinos hay un incremento de la población, ya que en Aragón, tras la expulsión de los moriscos en 1609, se sufre una crisis de fuerza de trabajo, y una reducción de la producción agrícola.

     En el siglo XVII se produce una decadencia de la agricultura y un reajuste de las estructuras. Fenómeno que no ocurre en todas partes a la vez; dándose el caso de que unas zonas están en crisis, otras están saliendo y otras no han entrado aún. En esta época se introducen en España productos nuevos, como el maíz, en Mondoñedo en 1645, o la patata. Se generaliza la asociación de cultivos, y de la ganadería con la agricultura, lo que a la larga supone el fin de la Mesta, ya que el ganado se hace sedentario y la producción ganadera más intensiva.

Industria

     La industria de los siglos XVI y XVII se debate entre la ubicación rural y la urbana; entre las condiciones de calidad que imponen los gremios, con sus privilegios y los precios más baratos del mundo rural; entre la prosperidad y la crisis; y con el proteccionismo de fondo, sobre todo en la importación de materias primas.

     Durante el siglo XVI se observa un fuerte crecimiento de la industria; principalmente la textil; aunque continúa produciendo unos paños de segunda calidad. Las ordenanzas que se promulgan pretenden que los paños sean mejores, y quienes se ocupan de la calidad de ellos son los gremios. Pero la industria no está preparada para esa mejora de calidad, y tiende a instalarse en el campo, donde no llega la autoridad de los gremios. El proceso de ruralización se da, sobre todo, en el norte de la península, mientras que en el sur continúa siendo urbana, y también de mejor calidad. Será en las regiones del sur donde se introduzca el cultivo y la producción de seda, con técnicas italianas. Esta es una zona productora de tradición musulmana, Toledo es el primer centro sedero del país.

     La industria metalúrgica, y particularmente la ferrería vasca, tiene un auge importantísimo. Sus productos se venden en toda Europa, en donde están considerados como productos de primera calidad, y donde desplazan a los productos de hierro autóctonos, por sus precios más baratos.

     Pero la producción industrial española tuvo un importante vicio: los altos aranceles imponían un auténtico proteccionismo de la industria española, con lo que los productos industriales, a pesar de ser de inferior calidad no tenían competencia, y las industrias no consideraron que tuviesen que modernizarse. Cuando cayó el proteccionismo las industrias españolas se encontraron en grave desventaja.

     El XVII fue un siglo de decadencia para una industria española obsoleta. La pérdida de guerras en Europa supuso el debilitamiento del proteccionismo. El control de los gremios se hace insoportable y antieconómico, por lo que la industria se ruraliza aún más. Se incrementan las importaciones de productos de todo tipo, que compiten con ventaja con los autóctonos, ya que son más baratos y de calidad homologable.

Comercio

     El comercio en los siglos XVI y XVII tiene, aún, muchos puntos en común con el medieval. Se mejora la red de caminos, con la construcción de posadas, ventas y mesones, lo que hace aumentar la seguridad. Se crea la Santa Hermandad (en 1476) que vela por la seguridad en los caminos. Se promulga una Reglamento de Nuevas Poblaciones de Sierra Morena, que era la zona más despoblada de España, y la menos segura para el transporte. Y se privilegia a las asociaciones de carreteros (los que transportan grandes volúmenes de mercancías en carretas y por carreteras) y arrieros (los que transportan pequeños volúmenes de mercancía por caminos de herradura). Continúa habiendo carreteros y arrieros temporales, aunque también los hay profesionales, que suelen pertenecer a ciertas zonas, como los maragatos, o ciertas etnias, como los moriscos. Se intenta mejorar la red de canales y ríos navegables. Son muchos los proyectos que se emprenden en tiempos de Felipe II, la mayoría fracasados, como el proyecto de hacer navegable el Tajo desde Madrid hasta Lisboa. Se mejora la red de puertos, que estaba en manos privadas, y la circulación por los mares. La navegación de cabotaje fue la que más mercancía movió, hasta el siglo XIX. El buen estado de los caminos era responsabilidad de los ayuntamientos, aunque frecuentemente sólo se adecentaban con motivo de una visita real.

     El comercio se organiza alrededor de un sistema de ferias y mercados itinerantes. No existía un mercado nacional, muy al contrario, había multitud de aduanas e impuestos de paso. En el siglo XVI se observa la decadencia de la feria de Medina del Campo y del ciclo de ferias en torno al camino de Santiago. Apenas existen tiendas fijas, todas ellas son, en realidad, talleres en los que se vende la producción. En muchas ciudades se creó la lonja como lugar de contratación principal. Las ferias y mercados se continuaron haciendo en días fijos, pero el sistema se extendió a toda España. Los comerciantes iban de una ciudad a otra en circuitos locales o comarcales, aunque también había comerciantes con circuitos más amplios, regionales o nacionales.

     Una parte importante de los ingresos de la corona venía del control del comercio con las Indias. Desde el primer momento se trató de controlar ese comercio con la creación de la Casa de Contratación (1503) y el Consulado de Sevilla (1543) en Sevilla, donde debían arribar todas las flotas y galeones que comerciasen con las Indias. La Casa de Contratación se ocupaba de organizar las flotas, que debían ir protegidas en convoyes, a causa de la piratería; y el Consulado de Sevilla controlaba a los comerciantes matriculados, que tenían permiso para negociar con las Indias. Pero no faltaron compañías privilegiadas que comerciaban con América al margen de la Casa de Contratación, aunque las del siglo XVII fracasaron.

Sociedad

     La de los siglos XVI y XVII es una sociedad estamental, con grandes diferencias sociales y algunos conflictos violentos, aunque en general se puede decir que es una sociedad estable.

Población

     La población española de la época de los Austrias aumenta en el siglo XVI, gracias al crecimiento económico, y desciende en el siglo XVII, debido a la crisis. Es una sociedad sometida al ciclo demográfico antiguo, que depende de la coyuntura económica para producir. Se dan crisis económicas, y hasta de subsistencia, cuando falta mano de obra, como sucedió en el siglo XVI en Aragón tras la expulsión de los moriscos.

Estructura

     La sociedad moderna es plenamente estamental. Existe una profunda desigualdad social, en la que los estamentos son mucho más cerrados que en la Edad Media. Ahora sólo se pertenece a ellos por nobleza de sangre.

     La nobleza y el clero son los estamentos privilegiados. La nobleza se convierte en un estamento cerrado al que sólo se puede pertenecer por linaje, aunque es un estamento con fuertes diferencias económicas, en el que destacan los grandes de España (que son los más ricos), y a los que se contrapone la pequeña nobleza, como los hidalgos que viven gracias a los cargos públicos que se les conceden. En el siglo XVI la nobleza española se hace cortesana y tiende a vivir Madrid, cerca del rey. Los caballeros son una nobleza media, ya que poseían cierta fortuna. El clero es, por su condición, un estamento más abierto, ya que ingresan en él personas de toda condición. Sin embargo, también había grados dentro de la Iglesia. Los cargos eclesiásticos más relevantes estaban reservados a personas pertenecientes a la nobleza, mientras que los curas párrocos rurales eran personas descendientes el pueblo. Sin embargo, las mayores diferencias económicas se daban entre los religiosos seculares y los que pertenecían a órdenes religiosas, con un capital patrimonial muy importante. También era muy importante el patrimonio de algunos obispados, como el de Toledo. El privilegio de estas clases consistía, fundamentalmente, en la exención de pagar impuestos, y la aplicación de una legislación diferente, con jueces propios.

     El estado llano era aún más heterogéneo, pues a él pertenecían desde la burguesía mercantil y financiera, que prestaban dinero a la corona, hasta los mendigos. La burguesía urbana controlaba el gobierno municipal y las Cortes, a través de los ciudadanos honrados que había en todas las ciudades. También había diferencia patrimonial entre el campesinado, ya que había campesinos que podían arrendar o subarrendar sus tierras, y jornaleros que estaban en paro la mayor parte del año.

     También hubo, en la sociedad de los siglos XVI y XVII, minorías perseguidas, como los moriscos o los gitanos. Con los mudéjares hubo conflictos desde que en 1499, tras la rebelión del Albaicín, los Reyes Católicos promulgaron la Pragmática de Conversión Forzosa, a la que siguió la rebelión de las Alpujarras en 1502. Pero los verdaderos conflictos con los moriscos se produjeron en el siglo XVI, porque como sus formas de vida rurales continuaban siendo tradicionales, los cristianos viejos dudaban de su conversión. Hubo muchos pogromos contra los cristianos nuevos, entre los que también estaban los judeoconversos. La rebelión más importante de moriscos se produjo en las Alpujarras, entre 1568 y 1569, por los decretos que limitaban el derecho de propiedad a los moriscos. Finalmente el duque de Lerma, valido de Felipe III, promulga el Decreto de Expulsión. Los moriscos comienzan a salir de España el 22 de septiembre de 1609.

     Otra minoría importante en los siglos XVI y XVII es la de los extranjeros, principalmente franceses y genoveses que se instalan en el reino de Aragón o Castilla, en busca de mejores condiciones de vida. El concepto de extranjero en está época incluye a todos los que no son naturales del reino, aunque pertenezcan a la misma corona.

     Una minoría importante, y problemática, es la de los gitanos, que son vistos como vagabundos, sin oficio. Los gitanos llegan a España a comienzos del siglo XV. Son sistemáticamente perseguidos, y se intenta por todos los medios que se establezcan en ciudades. La primera pragmática en este sentido la promulgan los Reyes Católicos en 1499, y se repetirá en múltiples ocasiones, hasta que en 1570 Felipe II decrete el Encarcelamiento General. Esta situación de persecución oficial no se acabará hasta que en 1783 Carlos III promulgue su pragmática declarándoles útiles a la Corona.

     Otra minoría importante fue la de mendigos y vagabundos, cuyo número es incierto, pero que fue aumentando, sobre todo en el siglo XVII. Una manifestación clara de esta forma de vida es la que se refleja en la novela picaresca. Contra los mendigos y vagabundos se decretan numerosas levas, que les obligan al servicio de armas forzoso; y las leyes de vagos, que les obligan a realizar diferentes trabajos.

     También hubo en España esclavos, sobre todo en la corte y en Sevilla, si bien eran anecdóticos y residuales.

Conflictos sociales

     A pesar de los problemas económicos y sociales, con las minorías marginadas, se puede considerar el periodo de los Austrias como una época socialmente tranquila. Esto no significa que no haya habido conflictos muy violentos.

     El conflicto más importante se produjo en 1520-1521, al poco tiempo de ser coronado rey Carlos I, fue la rebelión de los comuneros y las germanías. El conflicto comunero es muy complejo, ya que se mezclan el malestar político por la llegada de un rey extranjero, con las luchas antiseñoriales de la burguesía urbana, e incluso con el igualitarismo que se reclama en la fase más radical de la rebelión. También está en juego la autonomía de las ciudades frente al absolutismo que representaban los Habsburgo. Las germanías llegan a intentar derrocar a los señores y a los maestros de los gremios. Estas revueltas se resuelven con diligencia con una victoria incontestable del rey, en Villalar y en Valencia.

     El siguiente conflicto importante no sucederá hasta 1568-1569, años en los que tienen lugar la rebelión de los moriscos en las Alpujarras.

     Otros conflictos políticos de importancia se dan en Aragón en 1591, o en Cataluña en 1640, con reivindicaciones parecidas a las de los comuneros, ya que reivindican la autoridad de las Cortes y la vigencia de los fueros.

     Más importancia social tuvo el bandolerismo, que en Aragón y en Andalucía se convirtió en una forma de vida para los campesinos sin tierra. Los bandoleros llegaron a ser un problema importante para la seguridad de los caminos, contra los que luchaba la Santa Hermandad.

     También fueron relativamente frecuentes los motines de subsistencia, sobre todo en el siglo XVII, las luchas, incluso sangrientas, por el poder municipal y los disturbios por motivos fiscales. El más importante de los disturbios por motivos fiscales tuvo lugar en 1632 en Vizcaya. Fue el motín de la sal, un motín con reivindicaciones antifiscales y contra el intento de trasladar la aduana a la costa.

     El otro gran conflicto de la época se dio en 1640, año en el que Portugal se rebela contra su rey y declara la independencia. Simultáneamente, Cataluña intenta, también, conseguir la independencia, pero fracasa.

     También se dan revueltas campesinas, aunque escasas, y que por regla general se solucionan negociando. Las rebeliones campesinas tiene menos incidencia debido a su carácter rural. Las más importantes fueron la de los barretines en Cataluña en 1688-1689, y la segunda germanía, en Valencia en 1693, a demás de otras muchas esporádicas.

Cultura

     La cultura en la España de los siglos XVI y XVII fue esplendorosa, no en vano se le conoce como el Siglo de Oro, y no sólo en literatura, sino en todos los campos del arte, incluso el ajedrez moderno, cuyas reglas se habían fijado es España en la última década del siglo XV, y ahora viven aquí los principales ajedrecistas del mundo. España era la primera potencia mundial.

Educación

     En el siglo XVI se extiende por España el Humanismo y las ideas renacentistas. Se presta especial atención a las ideas pedagógicas, haciendo particular hincapié en la enseñanza de la poesía, la retórica, la belleza y el trabajo de los clásicos. Se enseña el trívium y el quadrívium.

     Destaca, sobre todas, la figura de Nebrija, uno de los principales humanistas de la época, educado en Italia, que escribe la primera Gramática de la lengua española en 1492, y numerosos libros de pedagogía.

     Las escuelas españolas están en manos del clero, que enseñan en los pueblos las primeras letras, la doctrina cristiana y la cultura universal. Son los propios alumnos, y el municipio, los que mantienen a los maestros. Tras el Concilio de Trento serán las órdenes religiosas, como los jesuitas, las que con más ahínco se dediquen a la educación de los niños. Una de las materias más importantes es el latín, no sólo porque la liturgia se dijese en latín sino porque era la lengua franca que se hablaba en todas las universidades del mundo.

     La universidad fue una de las instituciones más importantes, ya que facultaba a sus estudiantes para ejercer su profesión en todo el orbe cristiano. Había tres tipos básicos de universidades: El tipo salmantino en donde la máxima autoridad era el Claustro de Doctores. El rector tenía menos autoridad, había también un maesterescuela, que era un alumno. El tipo alcalino, o complutense, en el que los estudios eran amparados por un colegio, y en donde se juntaban los poderes del rector y el maesterescuela. Y el tipo valenciano donde la universidad depende del municipio. En el claustro se encuentra representados los poderes municipales, la Iglesia y la Universidad, hay un maesterescuela, que es el arzobispo, y un rector. Todas ellas gozan de autonomía frente al poder central, pero están controladas por la Iglesia y los colegios. La enseñanza en las universidades se divide en tres etapas: de los 12 a los 14 años se enseña gramática latina, de los 15 a los 17 se ingresa en la facultad menor donde se enseña Filosofía y artes, y luego están las facultades mayores, donde se estudia, Medicina, Derecho, etc. El método de enseñanza es memorístico, se lee la lección y se disputa, se repite y se discute, siempre en latín. El título que se obtienen es el de bachiller.

Literatura

     La calidad de la literatura española del siglo XVI ha hecho que a este se le conozca como el Siglo de Oro. Las figuras más representativas de esa época son Fray Luis de León, Juan Boscán, Garcilaso de la Vega, que introducen el metro italiano en la poesía, santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz, máximos representantes de la poesía mística, Francisco de Quevedo y Luis de Góngora, los grandes poetas satíricos, representantes del conceptismo y del culteranismo, respectivamente. También en las Indias hay grandes plumas, como la de sor Juana Inés de la Cruz.

     Destaca la novela, sobre todo la picaresca como La Celestina de Fernando de Rojas, las obras de Francisco Delicado, o el Lazarillo de Tormes de autor anónimo. Pero sobre todas destaca la figura de Miguel de Cervantes, con El Quijote, La Dorotea, las Novelas Ejemplares, etc. Proliferan las novelas pastoriles, las de caballerías, etc.

     También destaca el teatro con autores como Lope de Rueda, Tirso de Molina, Calderón de la Barca, Francisco de Rojas, Fernando de Rojas, Agustín Moreto y, principalmente, Lope de Vega.

     También fueron importantes escritores los que relataron la conquista del Nuevo Mundo, las crónicas de indias, como Garcilaso el Inca, Francisco López de Gómara, Bernal Díaz del Castillo, José de Acosta, etc.

Arte

     La escultura, pintura y arquitectura de los siglos XVI y XVII se desarrolla entre el renacimiento y el barroco.

     El renacimiento español no se ajusta al modelo italiano debido a la dictadura estética que impone Felipe II. Hay tres fases fundamentales el plateresco, que culmina en el reinado de Carlos I, el purismo entre 1530 y 1555, y el escurialense a partir del reinado de Felipe II. Destacan las figuras de Lorenzo Vázquez, en Valladolid; Diego Riaño, en Salamanca; Juan de Álava y Juan Gil Hontañón; y Diego de Siloé en Granada. En escultura destaca la imaginería con representantes como Vasco de la Zarza, Juan Valmaseda, Alonso Berruguete, Juan de Juni, Gaspar Becerra, etc. En pintura destacan Pedro Berruguete, Juan de Borgoña, Luis Morales y sobre todos El Greco.

     El siglo XVII es el del barroco, que se caracteriza por un mayor centralismo, desde que en 1561 se instala la capital en Madrid. En arquitectura predomina la estética de El Escorial. El arte está muy influenciado por la ortodoxia católica que se impone tras el Concilio de Trento. Destacan Francisco Mora, Juan de Tolosa, Juan de Nantes, Narciso Tomé, Francisco Hurtado, y sobre todos Churriguera. En imaginería hay varias escuelas como la de Valladolid, con Gregorio Fernández, en Portugal Manuel Pereira, y en Andalucía Juan Martínez, Alonso Cano y Pedro Mena. En pintura destacan José Rivera, Francisco Ribalta, representantes del tenebrismo, Claudio Coello, y sobre todos, Zurbarán, Murillo y Velázquez.

Música

     También en el siglo XVI es importante para la música española, en esta época el centro musical del mundo es España, aquí se encuentra Juan del Encina, con sus recopilaciones de cancioneros, Francisco Torre, uno de los grandes representantes de la música instrumental, junto con Antonio Cabezón, Francisco y Pedro Guerrero que popularizan el madrigal italiano. También trabaja en España Tomás Luis de Victoria uno de los más importantes compositores de música religiosa, y junto con él Cristóbal Morales.

     Durante el barroco se inventan formas como la zarzuela y la tonadilla, y se hacen célebres el padre Soler y Patiño. Algunas de las formas típicamente españolas, como la zarabanda, serán fundamentales en la creación de la forma sonata y la sinfonía. Sin embargo, en España se continuará haciendo música polifónica, como en el siglo XVI, mientras que en Italia y en Alemania, se investigan nuevas formas musicales.

Bibliografía

Miguel Artola: «Enciclopedia de historia de España». Alianza. Madrid 1988
Emilio Sola Castaño: «La España de los Austrias: La hegemonía mundial». Anaya. Madrid 1988
Eduardo Ibarra y Rodríguez: «España bajo los Austrias». Labor. Barcelona 1955
John Lynch: «Los Austrias». Crítica. Barcelona 1993

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