Tema 49
España: la II República y la guerra civil

Última revisión junio del 2008. Ver un resumen.

Introducción *

La ley electoral * El Estado republicano * El Parlamento * Los agentes políticos *
El gobierno constituyente *
El bienio radical-cedista o negro (1933-1935) *
El triunfo del Frente Popular: 1936 *
El cambio social * El campesinado *
Las condiciones del proletariado *
El sindicalismo *
La política económica *
La guerra civil *
Bibliografía *

Tema

Introducción

     La República Española se proclama en 14 de abril de 1931 en una coyuntura internacional muy difícil. Estamos en plena crisis económica de 1929, y están surgiendo, por todas partes, dictaduras de corte fascista. En España, en cambio, existe un profundo espíritu democrático en toda la sociedad, aunque no es ajena a la crisis económica que afecta a todo el mundo.

     Tres son las bases que permiten la llegada de la democracia, y la república, a España: el ordenamiento jurídico electoral anticaciquista, el Parlamento y la constitución de 1931, además del reconocimiento de la personalidad regional de Cataluña (en 1932) y el País Vasco (en 1936).

La ley electoral

     La ley electoral es fundamental para el asentamiento de la nueva democracia. La antigua ley estaba dominada por las oligarquías del país, sobre todo en el campo.

     La ley electoral se reforma para votar a las nuevas Cortes constituyentes, sin las presiones de la coacción caciquil, ni la compra de votos. Lo más importante de la nueva ley es el sufragio universal, que concede el voto a las mujeres y que les permite, por primera vez, acceder a las Cortes, de las que entran a formar parte desde el principio. Además, se extiende a toda la provincia el mismo sistema electoral que se aplicaba a las ciudades, es decir, se votan tantos diputados como se tienen asignados, en contra del voto restringido que dominaba anteriormente.

El Estado republicano

     Antes que en Madrid, y en toda España, se proclama la república en Cataluña y en el País Vasco. Los nacionalismos son muy poderosos en esas fechas. El primer lugar en donde se proclama la república es en la Generalitat de Cataluña.

     Desde el primer momento se recoge en la Constitución la promesa de dar gobiernos autónomos a aquellas provincias que llegasen a acuerdos para pedir la autonomía. Los catalanes proclamarán el Estatuto de Nuria, que a la postre será el estatuto catalán, aunque sensiblemente recortado por Azaña. Cataluña accederá a la autonomía el 9 de septiembre de 1932. El País Vasco también tendrá su estatuto de autonomía, pero ya en plena guerra civil, el 1 de octubre de 1936, por lo que nunca se llevó a la práctica. En las demás regiones hubo proyectos de estatutos de autonomía, como en Galicia o Andalucía, pero que nunca llegaron aprobarse.

El Parlamento

     El Parlamento tiene como primera tarea la de hacer una constitución que sea ley fundamental. Esta es una novedad en el constitucionalismo español, es la primera vez que todas las leyes han de supeditarse a la constitución. Consagra el federalismo, y tiende al anticlericalismo, al pacifismo y al colectivismo.

     La cuestión religiosa creará tensiones con el primer presidente de la República: Niceto Alcalá Zamora.

     En la constitución, el Ejecutivo queda supeditado a las Cortes, que tienen voto de censura, y pueden provocar la destitución de un ministro, por mayoría absoluta.

Los agentes políticos

     En la república se dan cita multitud de partidos, aunque son pocos los que tienen, tras la proclamación del nuevo régimen, posibilidades de gobernar. En el fondo sólo los radicales y los socialistas tendrán aspiraciones serias de dirigir el país. También son muchos los anarquistas, aunque estos no entren en el proceso electoral.

     En general, cuanto más extremistas sean más disgregación hay en los partidos, aunque con el tiempo se tiende a la concentración. Grupos como el Partido Republicano Progresista de Alcalá Zamora, o el Partido Conservador de Miguel Maura, o la CEDA, el Partido Radical y el Partido Agrario son los defensores de los intereses de la derecha. La derecha está mucho más disgregada que la izquierda, puesto que también tiene a los partidos fascistas como Falange y los carlistas. Por la izquierda están los partidos: PSOE, POUM y PCE; y los anarquistas de la FAI y la CNT. Con el tiempo sólo quedan con opciones la CEDA y el Frente Popular (coalición de los partidos de izquierda).

     A pesar de todo, las urnas continúan reflejando las diferencias entre la España republicana y laica, y el catolicismo militante tradicional.

     En las elecciones se ponen en marcha las estrategias de partido para convencer a la gente con el mitin político y la propaganda, encaminada a ganar el poder en las urnas, como en las democracias avanzadas.

El gobierno constituyente

     La república no se proclamó tras unas elecciones generales, sino tras unas elecciones municipales, en las que ganaron, mayoritariamente, los partidos republicanos de izquierda. Sobre todo en las principales capitales de España. Tras la crisis producida por esta victoria, Alfonso XIII se exilia, y se proclama la república, con Alcalá Zamora como primer presidente provisional y Miguel Maura como primer ministro de la gobernación.

     Esta es una república de la intelectualidad, las clases medias y el proletariado, en la que la oligarquía tradicional, que venía dominando el país, queda fuera del poder político, e incluso del económico.

     Nada más proclamarse la república se producen dos crisis: una en octubre, cuando dimiten Zamora y Maura debido al explícito laicismo constitucional; y una segunda crisis que tiene como protagonistas a los radicales de Alejandro Lerroux y a los socialistas de Largo Caballero, que se enfrentan por el poder. Es la época social-azañista, en la que los socialistas entran en el poder.

     Pero no todo son cambios en la república, la continuidad persiste en muchos ámbitos, como en el Ejército, la Administración periférica, la Iglesia, etc. A pesar de las medidas contra ellos, no se cumple la expulsión de los jesuitas que se decreta en 1932.

El bienio radical-cedista o negro (1933-1935)

     Tras la euforia izquierdista de los primeros momentos, la república se derechiza; y se paran todas las reformas que se habían puesto en marcha. La CEDA, coalición de partidos republicanos de derecha, al frente de la cual está José María Gil Robles, gana las elecciones en 1933. Alcalá Zamora le encarga a Alejandro Lerroux formar el gobierno, líder del Partido Radical, uno de los partidos que integran la CEDA. Alcalá Zamora considera que Lerroux está más comprometido con la República que Gil Robles.

     Pero no será por la derecha por donde la república se sienta más amenazada, sino por la izquierda. Es en esta época cuando se produce la revolución de octubre de 1934, en Asturias y Cataluña, y los sucesos de Casas Viejas. Es en este período cuando Victoria Kent tiene un cargo importante: directora de cárceles.

El triunfo del Frente Popular: 1936

     El gobierno de derechas no es estable, y convoca nuevas elecciones, en 1936, para consolidarse. Pero las elecciones son ganadas por una coalición de izquierda: el Frente Popular.

     El nuevo gobierno pone en marcha, rápidamente, las reformas que habían quedado en suspenso y las que eran demandadas por la sociedad. Una de las primera medidas que toma es la liberación de los presos políticos. Pero sus formas no son tan rápidas como el pueblo quiere, al menos los anarquistas. El pueblo se lanza a realizar las reformas por su cuenta, ocupando tierras, y el gobierno se limita a legalizar situaciones de hecho. La oligarquía tradicionalista se siente más amenazada que nunca. Además, desde hace tiempo viene conspirando, en secreto, contra la república.

El cambio social

     Quizás lo más llamativo de la república es el cambio social que se produce en España. La derecha tratará de consolidar la revolución liberal con un régimen parlamentario democrático, lejos de la monarquía constitucional, y a la manera del resto del mundo. La izquierda tratará de fomentar las transformaciones sociales hasta conseguir las condiciones propicias para una revolución social. Se trata de seguir el ejemplo de la URSS, y los momentos cumbres son la revolución de Asturias en de 1934 y los sucesos Casa Viejas.

     Pero además, y a la sombra de la crisis económica, se desarrollan los fascismos, tanto en España como en el resto de Europa.

     El primer gobierno de la república se formó en julio de 1931 con miembros de todos los partidos republicanos, con el encargo de hacer una constitución. Pero la situación en la que queda la Iglesia dentro de esa constitución, provoca la primera crisis de la república, derribando al gobierno.

     Una vez terminada la constitución el primer presidente, Alcalá Zamora, afronta los asuntos de: la cuestión agraria y del estatuto de autonomía para Cataluña. Estos serán los problemas centrales de la república, y los que produzcan mayores tensiones sociales.

     La proclamación de la república no supuso el cambio automático de la estructura social del país, pero la oligarquía burguesa, la aristocracia y los terratenientes, perdieron el control de sus órganos de gobierno, aunque conservaron el poder económico. Se harán esfuerzos para arrebatárselo.

     La tenencia de la tierra era un modelo de prestigio social, y el símbolo del control económico. Se prolongan las estructuras del Antiguo Régimen, por lo que se hace necesaria una reforma agraria, política. Aumenta el número de jornaleros y caen las servidumbres de la propiedad.

     Durante la república quien toma el poder es la pequeña burguesía democrática y autonomista, modernizadora del país; y está impulsada por los intelectuales y los profesionales liberales. Pero la pequeña burguesía no fue capaz de crear una sociedad civil apropiada y sucumbió víctima de sus divisiones internas, su heterogeneidad y sus sentimientos y tendencias localistas. Además, la pequeña burguesía tampoco era muy abundante en el país. Se truncaron las posibilidades de aunarse en la defensa de unos intereses de clase comunes.

El campesinado

     El campesinado es el sector de la población más activo políticamente, y el más numeroso. Además, la agricultura es la principal fuente de recursos para la mayor parte de la población, aunque la industria y los servicios, juntos, superen a los campesinos.

     La mitad de la fuerza de trabajo campesina, española, era jornalera y la otra mitad propietaria o arrendataria de explotaciones de todos los tamaños, aunque prevalecía la pequeña explotación. Para ellos la república significaba la reforma agraria política, que acabase con la gran propiedad. Esta era una lucha entre el conservadurismo y la revolución, que pretendía acabar con los latifundios y las grandes explotaciones, en favor de los más humildes. Según Malefaquis, el empresariado agrícola, los propietarios que contrataban obreros y jornaleros, eran los terratenientes absentistas que no superaban el 12% de los propietarios. La mayoría de las explotaciones agrícolas eran empresas familiares, en las que había unas duras condiciones de vida, pero que tienden a la conservación y al orden social, para poder prosperar con sus pequeños negocios. Ellos suponen un 40% en el norte y un 14% en el sur, además de un 11% de aparceros y arrendatarios.

     Por último están los obreros y jornaleros que trabajan en el campo, con un empleo fijo o eventual. En el norte los obreros no superan más de un 7%, mientras que en el sur son un 13% de personal fijo. Los eventuales son un 16% en el norte y un 44% en el sur. La situación de los jornaleros es la más dura, padecen el paro crónico, y las condiciones de alquiler de su fuerza de trabajo son abusivas. Este es el grupo más revolucionario, no tenían nada que perder, el proletariado rural está dominado por los anarquistas. No se les respetó el salario mínimo debido a la abundancia de jornaleros, lo que suponía sobrevivir en el umbral de la subsistencia.

     La solución del problema pasaba por las expropiaciones y la colectivización de la tierra, la reforma agraria política y la transformación radical de las estructuras de la propiedad. Los campesinos serán proclives a la acción revolucionaria, y a la toma de las tierras y la colectivización por la fuerza, como sucedió en Casas Viejas.

Las condiciones del proletariado

     El proletariado supone un 55% de la población activa, que se divide en un 45% en el sector primario, un 27% en el sector secundario y un 28% en el sector terciario. El sector primario es fundamental y el más revolucionario, debido al subdesarrollo agrícola. El sector secundario es muy débil e inestable, sobre todo en minería e industria. En el sector terciario hay un notable atraso, está dominado por el servicio doméstico y el subempleo.

     Con la llegada de la república y a pesar de la crisis, los salarios suben, sobre todo en la industria. Baja el trabajo femenino, principalmente en los trabajos especializados; pero, en realidad, lo que suben son los salarios nominales, y no los salarios reales, por culpa de la inflación. La mejora no afecta en exceso a las economías familiares, que siguen teniendo salarios bajos y se reduce su capacidad adquisitiva. Los precios de los productos básicos permanecen constantes a pesar de la crisis, pero las necesidades básicas no están cubiertas, ya que cada vez se diversifican más.

     Con la crisis aumenta el paro, que sufre un cambio trascendental al cerrarse la posibilidad de la emigración, se incrementa exageradamente. Se crea una Caja Nacional del Seguro Contra el Paro, se conoce, así, el número de parados, y se les garantiza una cierta seguridad. En 1930 había un 4% de parados, en 1934 un 7%. Son parados estructurales, sin posibilidades de recibir prestaciones. Las regiones más afectadas por el desempleo son las provincias latifundistas. El paro aumenta tanto por la recesión de las emigraciones como por la falta de inversión, debido a la crisis económica.

     La alimentación del proletariado era pobre y poco variada. Se llevaba el 64% del presupuesto familiar, el resto era para vestido, medicinas y vivienda. Con frecuencia, un solo sueldo, no llegaba para las necesidades de la familia y era necesario el trabajo femenino y el infantil, para llegar al nivel de subsistencia. Las condiciones de habitación y de higiene del proletariado eran lamentables, y eran frecuentes las enfermedades socioprofesionales. La vivienda era, en realidad, infravivienda, en sótanos, pisos de alquiler en malas condiciones en el casco antiguo, buhardillas, corrales, chabolas, etc.

     Legalmente se instauró la Seguridad Social, pero hubo falta de presupuestos para desarrollarla, además de una escasa voluntad política.

     En 1919 se había conseguido en España la jornada laboral de ocho horas, el descanso anual de ocho días y el descanso de un día a la semana. Se intenta mejorar la seguridad y la higiene en el trabajo. Pero todo queda en meras normas que no se llevan a cabo.

     Existe un elevado índice de analfabetismo que llega hasta un 30% en el campo. Se hace un importante esfuerzo de escolarización, pero no más de un 50% de los niños llegan a estudiar. Lo que más se promueve son las escuelas profesionales. Este fracaso se debe, en gran medida, a que toda la unidad familiar está obligada a ganar un jornal para poder sobrevivir. En estas condiciones no se puede hablar de hogar familiar, tal y como lo concibe la burguesía.

El sindicalismo

     Los empresarios que habían perdido el poder político, asumieron posturas intransigentes frente a las reivindicaciones del proletariado, lo que originó conflictos. Los sindicatos se apropiaron de la república, como la UGT, a través de sus partidos políticos, que entraron en el gobierno, y legislaron de una manera interesada en favor del proletariado, lo que irritó a la oligarquía.

     Pero a pesar de todo esto los sindicatos de clase no consideraban que se estuviese beneficiando al proletariado. Los sindicatos tenían tendencias revolucionarias, pues pretendían llegar al socialismo a través de la república. La UGT se radicaliza y dirige la revolución de octubre de 1934 en Asturias, junto con la CNT. La CNT es el sindicato más importante por su número de afiliados, y es el más revolucionario, de ideología anarquista. Con la acción revolucionaria se pretende minar el nuevo Estado burgués. El alto índice de afiliados que tienen la UGT y la CNT se explica por la esperanza del proletariado de provocar una revolución socialista. La acción revolucionaria de la CNT se concentra en las zonas que controla, el alto Llobregat en 1932, y en enero y diciembre del 33. Las huelgas son continuas y los conflictos sociales numerosos, y por lo general violentos.

     Del otro lado están los sindicatos confesionales, agrarios y de la pequeña burguesía, como la Confederación Nacional de Sindicatos Católicos. Son sindicatos que buscan el orden social, y que prefieren la negociación con la burguesía a la lucha de clases. Estos sindicatos se alinearán con el fascismo y la burguesía, utilizarán a ambos para controlar las reivindicaciones del proletariado, incluso por métodos violentos.

La política económica

     La política económica durante la república es la típica de los tiempos de crisis, el proteccionismo nacionalista ante la situación internacional de crisis económica.

     El problema más acuciante de resolver es la situación agraria. Esta es una cuestión estructural que exige una acción decisiva: una reforma agraria política. Pero las oligarquías terratenientes y la crisis mundial impiden que se lleve a cabo; aparte de la voluntad política.

     La industria se estanca al no poder vender sus productos en el extranjero. Por otro lado tenemos la crisis monetaria: con la inflación se agrava la situación económica de las familias. La crisis del 29 domina las decisiones económicas de todos los gobiernos de la época y perjudica la frágil situación de la reciente república.

     La situación económica provoca conflictos sociales que son reprimidos violentamente por la represión policial y militar.

     La Iglesia, a pesar del anticlericalismo de muchos republicanos, se instala en el poder, durante el bienio radical-cedista. Hay continuas tensiones con la Iglesia, que van desde el polémico artículo 26 de la constitución, a la quema de conventos e iglesias en la época de máxima tensión, exagerada por la propaganda.

     Pero a pesar de todos los problemas de la república, este es un período de máximo esplendor cultural, sobre todo en literatura, con las generaciones del 98 y el 27. La ciencia, la filosofía y la cultura son un arma de combate.

La guerra civil

     La conspiración del Ejército que lleva a la guerra civil es larga y laboriosa. Casi desde el primer momento de la república ha de hacer frente a las conspiraciones que se detectan en el Ejército. En 1936 gana las elecciones el Frente Popular, e inmediatamente dan un impulso rápido a todas las reformas que de ellos se esperaban. Las oligarquías económicas se sienten más alejadas que nunca del poder, por lo que deciden acudir al fascismo y al Ejército, para recuperar el poder a través de un golpe de Estado.

     El 17 de julio de 1936 comienzan los incidentes en el cuartel de Melilla, y el 18 de julio de 1936 la rebeldía del Ejército se extiende por toda España. Pero en la mayoría de las ciudades, capitales de provincia y en las regiones industriales del país, el golpe fracasa, y lo que pretendía ser un golpe de Estado se convierte en una guerra civil.

     España queda, rápidamente, dividida en dos bandos, el leal a la república y el sublevado. En el bando leal a la república se desencadena un proceso revolucionario; que era lo que los sublevados pretendían evitar. Es el pueblo armado el que detiene a los insurrectos, ante la ineficacia de las fuerzas de seguridad. Los leales a la república controlan la mayor parte del país, las zonas industriales y las más pobladas, pero muy pronto dentro de ellos se adivina una división fundamental entre: ganar la guerra y hacer la revolución. Aparecen dos bandos, uno revolucionario que pretende acabar con la república, dominado por la CNT y el POUM, y otro que pretende mantener la república, dominado por el PCE y el PSOE.

     El PCE es un pequeño partido de los que forman el Frente Popular, pero muy disciplinado, y tiene la ayuda de la URSS, con lo que rápidamente puede organizar un ejército con el que oponerse las fuerzas rebeldes. Pero quienes habían detenido a los fascistas habían sido las milicias, que habían desencadenado la revolución, al mismo tiempo. Estos no estaban dispuestos a luchar por una república burguesa, y los comunistas del PCE tenían claro que para ganar la guerra era necesario la ayuda de las democracias occidentales, y que estas no querían una revolución en España. La república sólo recibirá la ayuda desinteresada de las Brigadas Internacionales, que se organizan con voluntarios de todo el mundo, reclutados por los partidos comunistas de sus respectivos países. También recibirá la ayuda de la URSS. Las democracias occidentales se desentienden del problema. Para implicarlas en el conflicto el PCE desencadena un proceso contrarrevolucionario contra el POUM y la CNT, que tiene su culmen en la guerra civil de los tres días de mayo de 1937. Al final se trata de salvar la república burguesa, pero tampoco esta opción recibe la ayuda de las democracias occidentales.

     Durante toda la guerra el gobierno de la república está en crisis. Se le concede el estatuto de autonomía al País Vasco (1-10-36), cosa que carece de transcendencia puesto que esta zona está aislada del gobierno central y pronto caerá en poder de los sublevados (marzo, abril de 1937). Los gobiernos se suceden vertiginosamente. El más estable es Juan Negrín. Y hasta los anarquistas entran a formar parte del gobierno. Tal era la urgencia de ganar la guerra y no perder la revolución.

     Los defensores del golpe también desencadenan una revolución, pero de carácter fascista, y en favor del gran capital y de la instauración de una dictadura personal en España. Francisco Franco será quien aglutine todas las fuerzas, en un principio dispersas, bajo una estructura militar. Los fascistas se hacen con el poder, y Franco aparece como el jefe al que obedecer. Franco hará también su contrarrevolución, depurando a los más extremistas de su bando. Las fuerzas rebeldes tienen bajo su control la España agrícola, que a la postre, en una guerra larga, será más importante que la industrial, por la posibilidad de alimentar a sus tropas. Ante la evidencia de una guerra larga, Franco crea un gobierno rebelde en Burgos, con el que negociarán las potencias fascistas de la época, Alemania e Italia, y más tarde las democracias occidentales.

     El objetivo prioritario de la guerra es la conquista de Madrid. Pero Madrid no es una plaza fácil de tomar, y Franco emplea sus tropas en la conquista de otros territorios importantes para controlar el país, antes de asaltar Madrid. En 1937 el general José Solchaga invade Asturias y el País Vasco, dos de las zonas industriales. La ayuda alemana e italiana es vital para el ejército rebelde. En España el ejército alemán ensayará las tácticas que pondrá en marcha durante la segunda guerra mundial, como la guerra en columnas, que superan al ejército republicano, por su indecisión, y el bombardeo de la población civil, como en Guernica.

     El ejército republicano no tiene capacidad de respuesta ante un ejército rebelde bien organizado. Brunete, Belchite y Teruel son las ofensivas más significativas del ejército republicano, pero nunca son ataques decisivos. La última ofensiva, de la República Española, que pretende ser decisiva, es la batalla del Ebro, pero también son rechazados, y el ejército sublevado se hace con toda Cataluña y Levante. Era en Valencia donde estaba el gobierno republicano. Con la caída de Cataluña y Levante la guerra está virtualmente terminada, Madrid cae el 1 de abril de 1939 y termina la guerra.

     Durante mucho tiempo se ha considerado a la guerra civil española como la primera fase de la segunda guerra mundial, por ser una guerra entre las democracias y el fascismo. Pero no se tiene en cuenta que en la República Española se desencadenó una revolución, por lo que la guerra española fue una guerra entre el fascismo y la revolución, mientras que la segunda guerra mundial fue una guerra entre el fascismo y las democracias occidentales.

Bibliografía

Gerald Bernan: «El laberinto Español. Antecedentes sociales y políticos de la guerra civil». Plaza Janés. Barcelona 1985
VV.AA.: «Historia de España». Tomos 12 y 13 Gredos. Madrid 1995
Ricardo de la Cierva: «Historia esencial de la guerra civil española». Fénix. Madridejos 1996
Gabriel Jackson: «La República Española y la guerra civil». Crítica. Barcelona 1976

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