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En Medinet Habu, pequeño pueblo situado a poco más de dos kilómetros al sur del Ramesseum, se encuentra el templo de Tebas mejor conservado, con unas superficies decoradas que ocupaban unos 7.000 m2. Este complejo templario no solamente está formado por el templo de Ramsés III, sino que posee una serie de estructuras de distintos períodos tanto anteriores como posteriores. Los antiguos egipcios llamaban a este lugar Djanet y, según la tradición, está considerado un lugar sagrado mucho antes de que Ramsés edificara su templo funerario. Medinet Habu es uno de los primeros lugares de la zona tebana en ser asociado con el dios Amón. El complejo templario estaba rodeado por una muralla en cuya entrada principal se construyó una torre en forma de migdol (fortaleza militar de Asia Menor) que daba al templo una apariencia de fortaleza y cumplía funciones de protección en la gran muralla que lo circundaba. Delante de esta puerta fue excavado un atracadero, conectado al Nilo por medio de un canal; aquí anclaban las barcas sagradas, que llevaban en procesión las imágenes de las divinidades, y la nave real, en la que llegaba el soberano desde su residencia en el delta para participar en las fiestas. La torre de esta entrada oriental está decorada con escenas representando a Ramsés III derrotando a sus enemigos, así como realizando ofrendas a las divinidades. A través de esta puerta se adentra en un gran espacio que precede al primer pilono del templo principal, y un poco a la izquierda están los restos de varias capillas funerarias construidas durante la XXV y la XXVI Dinastías para las Divinas Adoradoras de Amón. La primera capilla, dedicada a Amenardis, es la que se conserva mejor. A la derecha de esta entrada se encuentra el templo de Amón de la XVIII Dinastía. Este templo fue víctima de repetidas usurpaciones y ampliaciones a lo largo de los tiempos. Su construcción fue la inició Amenhotep I, si bien el núcleo de este templo es de Hatshepsut y Tutmosis III. Este edificio pasó a ser la única parte del complejo que siguió funcionando con el discurrir de los años. Al norte de este Pequeño Templo se encuentra un lago sagrado y el llamado “nilómetro” mandado construir por Nectanebo I.
El templo estaba rodeado, en tres de sus lados, por edificios dedicados a viviendas, almacenes y oficinas.
Plano y
distribución del templo de Ramsés III
Tras la muerte de Ramsés III, Medinet Habu pasó a convertirse en centro administrativo de la rigión tebana. Bajo el reinado de Ramsés XI estalló un conflicto entre el clero de Amón y el virrey de Nubia. Este último invadió el Alto Egipto y atacó el complejo de Medinet Habu, donde había buscado refugio la población, destruyendo casi completamente la puerta fortificada occidental. Durante la XXI Dinastía, Tebas se convirtió en capital de un estado independiente, y el templo de Ramsés III volvió a convertirse en sede de la administración. Hacia el siglo IX a. C. se construyeron tumbas de nobles en el interior del recinto e incluso del templo mismo. En época copta, entre las ruinas del templo se fue creando una ciudad, que con el paso del tiempo se fue ampliando extramuros, llegando en el momento de apogeo a superar los diez mil habitantes. EXCAVACIONES CIENTÍFICAS EN LA ZONA Las primeras información científicas y detalladas (incluso con reproducciones gráficas) de Medinet Habu fueron recogidas por la expedición napoleónica, en 1.801. Champollion y Lepsius visitaron esta zona, copiando parte de las inscripciones y representaciones del templo. En el año 1.859 Auguste Mariette, entonces Director del Servicio de las Antigüedades, decidió realizar una exploración sistemática, confiando el encargo a Bonnefoy, que murió de una insolación, mientras estaba en la cantera de excavación. Su trabajo lo continuó Gabet. Después de un período de abandono, las excavaciones se retomaron por el Servicio de Antigüedades en 1.889, bajo la dirección de Georges Daressy, cuya misión era hacer los monumentos de Medinet Habu accesibles a los visitantes. Estas excavaciones finalizaron en 1.899, pensando que ya nada que mereciera la pena quedaba por excavar. Pero, como ocurrió en otros muchos lugares de Egipto, las excavaciones clandestinas encontraron azulejos esmaltados, que fueron puestos a la venta llegando a los museos norteamericanos y europeos, y esto provocó que se volviera a despertar el interés por la zona. Gaston Maspero, Director del Servicio de Antigüedades en aquel entonces, envió a Theodore M. Davis, con el encargo de descubrir si en el interior del recinto amurallado se encontraban edificios importantes. Davis encontró bases de columnas, jambas de piedra y el podio de un trono. Estos descubrimientos permitieron identificar el palacio de Ramsés III. Breasted, en los años veinte del siglo pasado, promovió una iniciativa para preservar inscripciones y representaciones de gran importancia desde el punto de vista histórico y arqueológico. Nació así el Reconocimiento Epigráfico y Arquitectónico de Egipto, financiado por el Oriental Institute de Chicago. El proyecto inicial tomó como banco de pruebas el complejo funerario de Ramsés III. Los resultados obtenidos llevaron a la decisión de retomar las excavaciones. Fue nombrado director de las excavaciones Uvo Hölscher que comenzó las investigaciones en 1.927. En el año 1.970 finalizó este gigantesco proyecto que dio lugar a la publicación de cinco volúmenes que contenían la relación de las excavaciones llevadas a cabo por Hölscher, y ocho que recogían 660 tablas en blanco y negro y en color, reproducciones de las escenas copiadas de los muros del templo y de puerta fortificada de este. BIBLIOGRAFÍA
Autor: Pedro Mancebo Mancebo
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